Blogoteca: febrero 2012

miércoles, 29 de febrero de 2012

La triste historia del cándido Público y su dueño desalmado, Roures

Un 'capricho personal' de Jaume Roures acaba con 160 trabajadores en la calle

La izquierda 'champagne' pierde gas: cinco claves del cierre de Público

A la izquierda de El País sólo había sitio para un diario que vendía apenas 24.000 ejemplares en los kioskos

Roberto Marbán / Luis Balcarce, 27 de febrero de 2012 a las 16:45

Una viñeta de Público.es del pasado sábado 25 de febrero de 2012 -el día del cierre de la edición en papel- se afanaba en asegurar que los 'asesinos' de su edición impresa eran la banca, la patronal, la

Un caradura al frente del Sindic de Greuges, por Antonio Robles

Que un Defensor del Pueblo tenga el cinismo de negar lo sentenciado por el Tribunal Supremo a favor del individuo y en contra de la Administración, es síntoma de que en Cataluña hay muy poco respeto por el orden constitucional

 En Cataluña el cinismo de relevantes cargos públicos públicos llega a tal grado de impostura que sólo el exabrupto puede catalogar con precisión la dejación de responsabilidades en defensa de los derechos de los ciudadanos. Permítanme que sea irreverente, harto de utilizar el derecho y la razón en vano.

De caradura, de sinvergüenza, de hipócrita y cínico, catalogo la inhibición verbalizada del Sindic de Greuges de Cataluña, Rafael Ribó ante su falta de celo para hacer cumplir a la Administración catalana con las sentencias del TC, TS y TSJC que obligan a respetar la enseñanza en castellano en las escuelas catalanas.

En la rueda de prensa que dio en el Parlamento de Cataluña tras la presentación del Informe anual sobre la actuación de la Sindicatura de Greuges correspondiente a 2011, tuvo el comunista de salón la caradura de negar que las cinco sentencias del Tribunal Supremo instaran a la Generalidad a restablecer el bilingüismo en las escuelas.Ver el vídeo que adjunto, da la medida de ese cinismo. Que un Defensor del Pueblo, figura que nació para defender los derechos individuales de los ciudadanos frente a los abusos de la Administración, tenga el cinismo de negar lo sentenciado por el Tribunal Supremo a favor del individuo y en contra de la Administración, es síntoma de que en Cataluña hay muy poco respeto por el orden constitucional. Que encima tenga la caradura de hablar de "exquisito equilibrio del régimen lingüístico en Cataluña" o que las quejas hayan sido "poquísimas", como si una no fuera suficiente, raya el recochineo.

Conozco muy bien las raíces sectarias del señor Rafael Ribó cuando de lengua y nacionalismo se trata. Con él he sostenido varios rifirrafes sobre el particular en el Parlamento de Cataluña en la anterior legislatura. En todas actuó como uno más de los defensores del monolingüismo catalán. Le refuté con datos, le insté a que actuara de oficio, le demostré por qué las quejas lingüísticas de los ciudadanos catalanes se dirigían mayoritariamente al Defensor del Pueblo de España en lugar de hacerlo al Sindic de Greuges Catalán que él preside hastiados de que su institución subvencionadísima las archivara, pero no fue hasta un viaje que hicimos juntos a Bosnia en 2009, durante el cual llegamos a hablar horas sobre este tema, donde descubrí que tenía corazón, utilizaba el sentido común y reconocía las razones de las denuncias de discriminación lingüística que se estaban dando en Cataluña. Una noche, durante una cena en la casa del embajador de España en Sarajevo, que se extendió hasta altas horas de la madrugada, logré sacarle una promesa: "Mira Antonio, el día que una sentencia de los tribunales de justicia diga que el castellano ha de ser también lengua vehicular de la escuela catalana…, - se detuvo, meditó y mirándome intensamente a los ojos me aseguró – ese día, Antonio, el Sindic no esperará a las quejas de los ciudadanos, actuará de oficio".

Vean el vídeo, escúchenlo: Es un caradura. Lo es en primer lugar porque niega lo que afirman las sentencias  del Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña:  “la Generalidad deberá adoptar cuantas medidas sean precisas para adoptar su sistema de enseñanza a la nueva situación creada por la declaración de la sentencia 31/2010 del Tribunal Constitucional que considera también al castellano como lengua vehicular de la enseñanza en Cataluña junto con el catalán”; y en segundo lugar, porque sabe perfectamente cuántos son los abusos, tiene información de todas las directrices maliciosas de la administración para imponer el monolingüismo, él mismo las ha apoyado como secretario general del PSUC primero y como presidente de ICV después, y ahora, como Ombudsman. Hasta el Defensor del pueblo de Cataluña se ha de amoldar a la imposición lingüística si quiere formar parte de la manada y vivir del “negocio nacional”, aunque sea  a costa de negar el fin para lo que fue nombrado.  Y él forma parte de la manada desde que nació.

Mientras tanto el PPC, con Alicia Sánchez Camacho, acaba de apoyar los Presupuestos de CiU sin concretar rebaja alguna en cuestiones identitarias, ni mentar el cumplimiento de las sentencias de los tribunales en materia lingüística. Otro fraude. En este caso, electoral. Y van 8 legislaturas. No me sirve, al menos a mi no me sirve, el recurso a la administración sabia de los tiempos en política. Con esa maldita disculpa llevan engañándonos  8 legislaturas. Al menos José Mota lo vende con gracia: "Hoy, ¡no!, ¡mañaaana!"

domingo, 26 de febrero de 2012

Lo que Toxo no se atreve a contar: subvenciones sindicales

&quote&quoteLo que no dice Toxo es que, además de las subvenciones para pagar los gastos de funcionamiento, su sindicato recibe una millonada de los presupuestos públicos

Ignacio Fernández Toxo es un hombre echao palante. Curtido en los rigores climáticos del Báltico, que tanto contribuyen a forjar la personalidad de un líder sindical de izquierdas, el secretario general de Comisiones Obreras ha retado al gobierno a eliminar las subvenciones de los sindicatos y del resto de trincones que fagocitan los presupuestos estatales. Sólo la absoluta seguridad de que ningún gobierno, y menos uno del PP, va a estar dispuesto a suscribir el desafío, permite explicar la irresponsabilidad de un líder de izquierdas que de esa manera tan abierta se ha atrevido a poner en tela de juicio la supervivencia de una organización que, diga lo que diga el camarada Toxo, sólo puede mantener su entramado burocrático gracias al dinero que le llega del bolsillo de todos los españoles.

Sostiene Toxo que las subvenciones sólo representan el diez por ciento de los ingresos de su formación. Aunque el dato ya resulta escandaloso por sí mismo –piense solamente lo que supondría para usted que el gobierno le pagara la décima parte de sus gastos anuales-,  lo que olvida explicar el secretario general de CCOO es que ese dinero corresponde únicamente a las subvenciones directas que el sindicato trinca de las diferentes administraciones en función de su representatividad. Es decir, eso es sólo el dineral que ingresa para engordar las arcas sindicales y emplearlo en aquello que los dirigentes consideren necesario a su entera discreción, cantidad que este año rondará los 18 millones de euros.

Lo que no dice Toxo es que, además de esas subvenciones para pagar los gastos de funcionamiento, su sindicato –como la UGT- recibe una millonada de los presupuestos públicos que, en el caso de CCOO, no es el diez por ciento del presupuesto del sindicato como afirma, sino practicamente la mitad de todo lo que ingresa.

No lo digo yo. Lo explica, y muy bien, la federación riojana de Comisiones Obreras, que hasta ha diseñado un documento gráfico (segundo enlace de la búsqueda) en el que detalla que de los 455 millones que anualmente viene a recibir el sindicato a nivel nacional, 255 millones provienen de los poderes públicos, es decir, del bolsillo de todos los contribuyentes. La mayor parte de ese dinero procede de los famosos fondos para los cursos de formación, un destino finalista que según los sindicatos no les deja ni un euro, a pesar de que ellos mismos se acusen entre sí de “mangonear” y “vender” unos cursos inexistentes para trincar la subvención sin realizar la actividad a que iban dirigidos.

Pero es que además, los responsables de la sección riojana del sindicato -cuyo futuro en la organización a partir de hoy va a ser bastante oscuro-, han tenido el gesto de explicarnos algunos otros detalles financieros que  Fernández Toxo, seguramente sin intención, ha hurtado a los ciudadanos en su machada radiofónica de esta mañana. Por ejemplo, que Comisiones Obreras ingresa al año otros 20 millones de euros como honorarios por negociar Expedientes de Regulación de Empleo y convenios colectivos o más concretamente, -y esto le va a encantar especialmente al camarada Toxo-, nada menos que 15 millones de euros en dividendos por participaciones en empresas e intereses financieros de las cantidades depositadas en cuentas bancarias y otros instrumentos de ahorro. Esto último significa que, con una rentabilidad media anual del 5 por ciento, Comisiones Obreras tiene un patrimonio mobiliario no inferior a los 300 millones de euros.

Con esa envidiable salud financiera es natural que el jefe de Comisiones Obreras nos chulee a todos los contribuyentes con el asunto de las subvenciones. A ver si con un poco de suerte Rajoy y Montoro le toman la palabra.

Libertad Digital

viernes, 10 de febrero de 2012

Modelando cabecitas, por Juan Carlos Girauta

La sustitución de su materia estrella, la Formación del Espíritu Indignado, por una que explique la Constitución era preceptiva en un gobierno serio, pero el mal de la escuela es más hondo

Día 10/02/2012 - 11.31h
UN diputado socialista pide a Wert algún ejemplo de adoctrinamiento en los manuales de Educación para la Ciudadanía. El ministro le lanza este: la Revolución Soviética «instauró un régimen de igualdad y libertades colectivas que se llamó socialismo». Los menores que, con el tiempo, lleguen a leer obras como El libro negro del comunismo podrán ejercitar la aritmética calculando las decenas de millones de cadáveres iguales y libres del socialismo real. Al resto podemos darlo por perdido en el conocimiento de la historia contemporánea.
El progre trasnochado dedicado a la docencia encontrará el modo de compartir, en las clases de historia o de literatura, su turrón mental anticapitalista, indigenista, judeófobo, feminista de la paranoia de género, antiglobalizador, okupa, animalista, procastrista, bolivariano, ateísta, abortista y antiamericano. La sustitución de su materia estrella, la Formación del Espíritu Indignado, por una que explique la Constitución era preceptiva en un gobierno serio, pero el mal de la escuela es más hondo. La anomia reina en un espacio pensado para los valores civilizatorios, se canta a la ruptura del canon (político, plástico, literario) ante un público que nada puede romper por falta de referentes. Seres frustrados, incompetentes y depresivos enconan, analfabetizan y desaniman al educando, profanando un templo de saber, orientación y ejemplo. Nada de esto sufre el hijo del pudiente en la escuela privada. Es al alumno de la escuela pública a quien se le arrebata la oportunidad de la excelencia, a quien se convierte en carne de cañón desalentada e iracunda. Poco han podido hacer los profesores responsables y conscientes por introducir la meritocracia, el esfuerzo y la disciplina en esa pompa de jabón. Separados del mundo, sometidos a distorsionadoras visiones, formados en el desprecio a la competencia, en la igualdad de resultados y en la desconfianza a los generadores de riqueza, crecen los chavales. Luego la pompa desaparece y entran en contacto con la realidad. Robado su futuro, muchos engrosarán las filas del paro juvenil más elevado de Occidente. Les queda la nostalgia de la pompa, con sus revoluciones falsificadas.

martes, 7 de febrero de 2012

Mal apaño, compañeros, por Hermann Tertsch

Aquí se insiste en el mantra de
que «necesitamos un PSOE fuerte». No. Necesitamos una
oposición fuerte y digna

AUNQUE todos ustedes tienen problemas más inmediatos y les traiga probablemente al pairo quien dirige o dirigirá al partido socialista en los próximos meses, lo cierto es que pocos habrán podido evitar asomarse a la cocina del 38.Congreso del PSOE. Especialmente porque nuestra televisión pública del Estado, RTVE, ha otorgado a este congreso socialista una cobertura tan exhaustiva como sólo recordaba yo de mis congresos de los partidos únicos en Europa central y oriental en los años ochenta. Nombres, hechos, cifras y anécdotas. Todo lo que usted necesita saber del 38 Congreso. Entrevistas, comentarios, análisis, hasta las biografías, tan tramposas algunas. Parecía en TVE que este fin de semana nos jugábamos en Sevilla el futuro de nuestro país y nuestros hijos. Cuando en realidad era una mera lucha entre dos facciones de un partido político en profunda crisis, fraccionado, con fuga de militantes, quiebra económica, prestigio arruinado, escasísimo poder remanente y pésimos augurios para unas elecciones inminentes en el último refugio que le queda a su práctica descalificada de ejercer el poder. Finalmente ganó Rubalcaba porque es más serio y tenía a profesionales del cambalache como Pepiño Blanco y Trampas Zarrías entregados en el parqué de la sede del congreso al retorcimiento de voluntades. La niña de Felipe, compuesta y sin Felipe, demostró una ingenuidad de derechas en los preparativos de este congreso y después en el propio hotel Renacimiento, donde le robaron a la niña definitivamente la cartera. La votación y la espera del recuento fue un auténtico «reality show». Como todos los participantes se conocen bien, luego nadie se fiaba de nadie, el recuento debió de ser de traca. Con recuento incluido. Todos debían creer al prójimo capaz de todo… como a uno mismo. El berrinche de Carmen —que se supone volverá a ser Carma ahora— fue mayúsculo. Ella, ofendida, no quería nada para sí. Pero pedía clemencia para los suyos. ¿Clemencia? ¡Quiá! Y Rubalcaba ya había avisado. Despreció públicamente la oferta de Chacón de integrarlo en su equipo. «Esas cosas se dicen». Él ni siquiera las dijo. Ha montado una ejecutiva en la que mandan dos de los personajes más pobres y sectarios que ha dado el socialismo patrio en muchos años. Y esto no es decir poco. Me refiero a Elena Valenciano y a Eduardo Madina. Si pensamos que en el SPD alemán, también en la oposición, la función de estos dos la tienen Frank Walter Steinmeier y Peer Steinbrück, dos pesos pesados de la política europea, vemos las dimensiones reales del partido de medio pelo que trata de componer Rubalcaba. Si el nivel general bajo el zapaterismo era de vergüenza propia y ajena, ahora que su capital humano se ha visto demediado por la purga sectaria, está para los leones. El congreso se ha cerrado en falso por mucho que sobreactúen los vencedores en su entusiasmo. Por lo que necesitará tarde o temprano otro congreso para intentar generar una opción sana en la izquierda que entierre para siempre a los directamente comprometidos con el zapaterismo, Rubalcaba y Carma incluidos. Y si Rubalcaba lo impide puede que se vayan el partido y sus siglas por el sumidero del tiempo agotado. El Partido Socialista de Italia (PSI) también era centenario. No sobrevivió a Bettino Craxi. Y no pasa nada. Aquí se insiste en el mantra de que «necesitamos un PSOE fuerte». No. Necesitamos una oposición fuerte y digna. Quizás no pueda serlo ya el PSOE, después de todo lo habido. Y tenga que surgir un partido nuevo de izquierda europea que no busque legitimidad ni raíces en la siniestra historia del socialismo español de los años treinta. Quizás este mal apaño sean los estertores.

lunes, 6 de febrero de 2012

¿Y si Grecia saliera de la zona euro?

¿Puede Grecia, un país que representa el 3 por ciento del PIB europeo mantener en vilo a toda la zona euro? Economistas y diplomáticos europeos consideran que se está jugando una formidable partida de póquer entre los que creen que la única solución para salvar la moneda única es dejar caer a Grecia, con el ministro alemán de Economía Wolfgang Schauber en cabeza, y los que desde Atenas creen que pase lo que pase al final Bruselas (es decir Alemania) pagará para salvar la reputación comunitaria.
La suspensión de la reunión de ministros de economía que debía haber tenido lugar mañana lunes es un síntoma evidente de que la partida está en el límite de las apuestas, en un todo o nada del que tiene que salir una decisión que no podrá ser de compromiso: o la UE se queda con Grecia y le pagan lo que le han prometido para evitar que Atenas se declare en quiebra a final de marzo, o le programan una salida del euro que le permita volver a tener una moneda propia y defenderse así de la crisis con medios tradicionales.
La influencia de Grecia sobre la zona euro rebasa en mucho ese tres por ciento. Después de la ultima cumbre en la que la canciller Merkelconsiguió que todos los demás se comprometiesen por un tratado solemne a vigilar sus cuentas públicas, más o menos todo lo demás parece enfocado.

Precedente infernal

Irlanda se recupera claramente, Portugal puede ofrecer algunas sombras, pero dispone al menos de dos años de maniobra, Italia empieza a calmar a los mercados y España se dirige claramente hacia un proceso dereformas bien orientadas. Solo faltaría cuadrar el caso griego para empezar a ver las cosas con optimismo.
Es decir, el peso de la rémora que significa Grecia es ahora en realidad del 100 por ciento, porque está reteniendo todo lo demás. Pero por otro lado, reconocer que un país puede dejar el euro significaría un precedente infernal, a partir de entonces nadie más volvería a confiar en la palabra de la UE y todas las especulaciones serían apuestas sobre quien es el próximo.
Esa era la disyuntiva maldita hasta ahora. El mensaje de la suspensión de la reunión de los ministros de economía es una señal de que tal vez las apuestas han subido un escalón inquietantemente peligroso.
En Bruselas todo el mundo que está vinculado a las negociaciones con Atenas dice estar harto de la falta de avances de las reformas, de la incapacidad del gobierno griego de cumplir sus compromisos, de su ineficiencia absoluta para gestar una administración digna de ese nombre; cada reunión de la troika convence a más economistas de que pase lo que pase Grecia no puede funcionar ni aunque le perdonasen todas sus deudas.
En las últimas horas han llovido incluso insultos personales contra el ministro de economía griego, Evangelos Venizelos. Es el «rien ne va plus» de esta dramática partida de póquer en la que las dos partes creen jugar de farol, y en la que ambas pueden salir perdiendo.

domingo, 5 de febrero de 2012

Mientra se aleja del euro... Gran Bretaña se queda sola


  • El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte pelea, renqueante y fiel como siempre a su estilo, por salir de la crisis convencido de seguir su propio camino alejándose de Europa.

  • El de las paradojas es, quizá, el más preciso de los sintagmas con el que definir hoy al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Orgulloso adalid del liberalismo político y económico y de la tradición con mayúsculas a un tiempo. Defensor de sus arraigados rituales, fórmulas y medidas pero apasionado por la moda, el diseño y por efímeras tendencias que viajan por los vagones del metro londinense a velocidad de vértigo. Una mitad del país celebra a Margaret Thatcher por su coherencia y rigor intelectual cuando la película sobre su vida –La dama de hierro, protagonizada por Meryl Streep– se encuentra en los cines y la otra la detesta por haber destruido la industria y desdeñado logros del Estado de bienestar de la posguerra. Sociedad, la británica, cosmopolita como pocas en el planeta y, sin embargo, dirigida por una élite orgullosamente chovinista además de convencida de su eterna singularidad insular. La del Reino Unido es la única de las grandes economías de la Unión Europea que ha preservado su independencia monetaria. Y su primer ministro, el conservador David Cameron, entretanto, se mofa del malhadado euro asegurando que nunca abandonarán la libra esterlina. Reino Unido debate con más flema que pasión la celebración de un referéndum sobre la secesión de Escocia y puede acabar, por ende, más desunido que nunca. Una Pérfida Albión que si no existiera, sin duda, habría que inventar.
    Al ex primer ministro Winston Churchill se le atribuye aquella frase –entre tantas otras de uno de los iconos del ingenio nacional– de que “cuando en Gran Bretaña llama un desconocido a la puerta de casa sólo podrá tratarse del cartero o el lechero”. Hoy, sin embargo, a la puerta de ciertos comercios –y sin llamar precisamente– puede uno encontrarse con toda una turba de adolescentes dispuestos a saquear las existencias, preferentemente móviles o zapatillas de deporte de última gama. Así ocurrió el pasado verano en varias ciudades del país, de manera destacada en la capital, que ciertos medios de comunicación llaman Londonstan con ironía por la numerosa presencia de asiáticos de fe musulmana en ciertas áreas. El país ha cambiado mucho desde que se construyen los estereotipos internacionales sobre él. A pesar de que los dramas y las series de ambientación victoriana, renacentista o del periodo de entreguerras siguen cosechando exitosos índices de audiencia (Downton Abbey, por ejemplo), el Reino Unido es una realidad muy alejada de las metáforas y clichés que en el mundo perduran sobre el país. Su viejo imperio, cuya Corona llegó a poseer una quinta parte de las tierras firmes del planeta, sólo puede hoy intuirse arqueológicamente en la Commonwealth of Nations, un concierto de países dispares, con poco apego a la idea y sin competencias vinculantes reales para el conjunto. La simbología imperial resulta vergonzante para amplias capas de la población. Hace tres semanas, sin ir más lejos, la nueva presidenta de Jamaica anunciaba sus intenciones de convertir el país en una república, con lo que la reina Isabel II –que celebrará este verano el Jubileo de Diamantes, 60 años en el trono– dejaría de ostentar la jefatura del Estado.
    En el terreno económico, por ejemplo, la industria manufacturera es sólo un eco de lo que llegó a ser. La empresa automovilística Rolls Royce, enseña del lujo británico, está integrada en el grupo alemán –pueblo enemigo por antonomasia de los británicos; “con cuidado siempre con los alemanes”, es la divisa popular– BMW. Las élites políticas, mediáticas y empresariales no son ajenas a esta pérdida de potencial económico. La adquisición del Abbey o la de la empresa de chocolates Cadbury por el español Santander o la norteamericana Kraft respectivamente se encajaron como derrotas nacionales en la vieja Albión. El 26 de diciembre se anunciaba que Brasil adelantaba al Reino Unido como sexta economía mundial, según los datos de un think tank local, el Centre for Economics and Business Research (CEBR). La conclusión corría de nuevo por las frenéticas avenidas de la City: los BRIC (el término que engloba a Brasil, Rusia, India y China) se imponen sin remedio a los viejos países industriales que marcaron la modernidad.
    De ‘Rule Britannia’ a ‘Cool Britannia’
    Pese a todo, el poder de seducción de Londres y, en general, de mucho de aquello etiquetado como British sigue siendo muy poderoso en todo el mundo. Como demandaba el intelectual europeísta británico Mark Leonard, el país ha de abandonar el Motto Rule Britannia –título de una conocida canción patriótica que enaltece la capacidad de Londres de dominar mares y territorios lejanos– para hacerse cada vez más Cool Britannia. Es decir, seductora, original, diversa, atrevida. Explorar su capacidad de innovación y cosmopolitismo para construir una alternativa que permita hacer del país una referencia atractiva en nuevos terrenos, entre ellos, políticamente hablando, ejerciendo el llamado soft power. Una conocida tienda de recuerdos poblada de Union Jacks, la bandera de la unión que –hoy parece peligrar– de Inglaterra, Escocia, el País de Gales e Irlanda del Norte, en Picadilly Circus, corazón comercial de Londres, utiliza Cool Britannia como nombre y reclamo. Incluso la bandera de la Unión ha sido rescatada con éxito por marcas de ropa y complementos de moda en los últimos años, distanciándose de connotaciones nacionalistas.
    Pero el Reino Unido, a pesar del flemático carácter atribuido a sus gentes, parece poco dispuesto a aceptar con facilidad muchas de esas inevitabilidades. En el ámbito regional, los tiempos marcan para los países del Viejo Continente la necesidad de unirse en todos los ámbitos de pretender seguir siendo competitivos en un mundo que observa la emergencia de gigantes como los citados BRIC y la pervivencia de las potencias norteamericana o japonesa. La actual crisis económica, que ha removido los cimientos de la Unión Europea, está obligando a la arquitectura comunitaria a renovar sus pilares.
    Los líderes de la mayoría de los países europeos, liderados por Francia y Alemania, parecen convencidos de que el acercamiento político y fiscal es la única vía para la supervivencia del proyecto y la exclusiva forma de evitar que los 27 países de la UE acaben sumidos en la irrelevancia internacional. Pero, ¿todos piensan igual? ¿Todos? Menos uno que conduce por el lado contrario de la calzada. En la cumbre de Bruselas del pasado mes de diciembre David Cameron decidía no apoyar el nuevo tratado en ciernes llamado a aproximar a los países de la Eurozona en materia fiscal con objeto de salvar la moneda única. “La tormenta en el Canal ha dejado aislado al continente de Gran Bretaña”, rezaba el famoso titular del Daily Telegraph en 1928. Los seis kilómetros que distan entre los acantilados de Dover, en el condado de Kent, y el Cabo Gris Nez, en la costa de Calais, en Francia, parecían de nuevo ensancharse como un océano.
    La base de la posición británica estriba en la consideración de que la industria financiera de la City londinense, estandarte de su economía, corre serio peligro con un tratado que no incluye salvaguardas en relación a la capital del Támesis. La aprobación de un impuesto a las transacciones financieras comunitario, como promueve Francia, preocupa especialmente a los intereses del sector bancario de Londres. La metáfora está servida: el Reino Unido, aislado. Veintiséis de los 27 países de la Unión, de acuerdo. El euroescepticismo británico, paradojas de la vida, pone de acuerdo a Europa como nadie habría imaginado antes del encuentro de la capital belga.
    Cuna del euroescepticismo
    El euroescepticismo es una más de las acendradas tradiciones británicas. Constituye toda una corriente política trasversal, aunque está radicada fundamentalmente en las filas del Partido Conservador. La desconfianza en relación con el proyecto comunitario es tan antigua, al menos, como el europeísmo. El Reino Unido sólo entró en la Comunidad Económica Europea en 1973 –a la vez que Irlanda y Dinamarca–, con un primer ministro conservador, Edward Heath. En dos ocasiones la candidatura británica a la CEE fue rechazada, en 1963 y 1967, vetada por el general Charles de Gaulle, presidente francés, quien dudaba de la sinceridad del espíritu europeísta de los gobernantes británicos. El no a Londres contó igualmente con el apoyo del canciller alemán Konrad Adenauer, temeroso de que la cercanía del Reino Unido con EE UU, su gran socio y amigo al otro lado del Atlántico, se tornara en obstáculo para la integración europea. Hugh Gaitskell, líder a la sazón de la oposición laborista –y no menos euroescéptica– aquellos años, afirmaría en referencia al veto franco-alemán que acababa de cerrarse “un periodo de mil años de historia” .
    En suma: las élites británicas consideran que el país debe mantenerse en una prudente equidistancia con relación a sus tres esferas de influencia globales: EE UU, su principal aliado en el mundo; la Commonwealth of Nations, comunidad de antiguas colonias de Su Majestad; y, por último, Europa, donde, por geografía e historia, se inserta el Reino Unido. Los sucesivos Gobiernos de Londres han manifestado su negativa a ceder de manera indefinida soberanía desde Westminster a las dependencias de la Comisión Europea en Bruselas. Sus dirigentes abominan de la posibilidad de que la Unión se convierta en una suerte de Estados Unidos de Europa y de que los antiguos Estados-naciones queden convertidos en meros ejecutores de las órdenes e instrucciones económicas y políticas de Bruselas y sus burócratas.
    En los años de Margaret Thatcher, abiertamente contraria a la integración política comunitaria, resonaba como un latiguillo aquello de “no, no y no” pronunciado en los Comunes respecto a la concepción federalista de Europa. La líder de los tories logró en su mandato el llamado cheque británico, una compensación a Londres a cambio de su contribución al presupuesto comunitario dada su menor participación en los programas de ayudas englobados en la PAC (Política Agrícola Común). Paradójicamente, una vez más, fue mientras la dama de hierro se alojaba en Downing Street cuando el Reino Unido firmó el Acta Única Europea, base de la ulterior integración política. Y, además, sus crepusculares fobias europeas desencadenaron la crisis de autoridad que la obligó a abandonar el cargo en 1990. François Mitterrand, el presidente socialista francés, diría de ella: “Tiene los ojos de Calígula y los labios de Marilyn Monroe”. El conservador John Major, su sucesor, no se libró de las tensiones internas de los sectores euroescépticos y los menos reacios al proyecto continental. Lo cierto es que la élite dirigente británica nunca ha logrado llevar a Londres al corazón de las decisiones comunitarias.
    Una generación después, Tony Blair, premier laborista entre 1997 y 2007, pasa hoy en el resto de Europa como un euroescéptico, cuando en el Reino Unido fue un acendrado europeísta para muchos durante sus años de Gobierno. La prensa, encabezada por los tabloides –y, de manera particular, las dirigidas por el magnate australiano Rupert Murdoch, al que ha salpicado de lleno la trama de pinchazos ilegales de News of the World– rugen desde aquellos años en titulares antieuropeos. Blair nunca entró en el euro, obligado por su canciller del Tesoro, Gordon Brown –protagonizaron una larga rivalidad–, quien le sucedería en Downing Street.
    Hoy, David Cameron, primer ministro desde mayo de 2010 –merced a un pacto entre su formación, el Partido Conservador, y los Liberales Demócratas–, presume de ser un abierto euroescéptico. Nunca ha tenido reparos en proclamar su fe en la independencia del Reino Unido de las injerencias comunitarias. “Estoy muy feliz de no haber entrado en el euro”, repetía cuando la crisis despertada por el desmarque británico del futuro tratado arreciaba. La Prensa y la clase política de los principales países europeos convertía al primer ministro en blanco de sus iras. “Bye Bye, Britain”, titulaba el alemán Der Spiegel. Nicolas Sarkozy, presidente de la República Francesa, especialmente enfadado con Cameron, aseguraba que el jefe del Gobierno británico se había comportado como un “niño cabezón” en la cumbre de Bruselas.
    Pero el líder tory se crecía en casa. En Chequers, la residencia campestre del jefe del Ejecutivo, Cameron era recibido en loor de multitudes por el ala euroescéptica de su partido al regreso de la capital comunitaria. Casi al mismo tiempo, el viceprimer ministro y jefe de los Liberales Demócratas, Nick Clegg, declarado eurófilo, mostraba su “agria decepción” con Cameron por el resultado de la cumbre europea, que dejaba al Reino Unido aislado. El hermano del líder de los laboristas, David Miliband, jugaba con las palabras metiendo el dedo en la llaga: “En los sesenta fue la retirada del Este del Canal de Suez. Ahora Cameron nos retira del Este de Calais”.
    Sin embargo, hay un ala en el seno de los conservadores más euroescéptica que Cameron y sus fieles. De hecho, el jefe del Ejecutivo capeó como pudo el temporal de una parte de los diputados de su partido, hasta 79, que votaron a favor de una moción para un referéndum sobre la retirada absoluta del Reino Unido de la UE. Voces simpatizantes con este numeroso grupo de la Cámara de los Comunes demandan a Cameron que sea valiente y arranque a Londres del todo de la influencia de Bruselas, a lo que Cameron no está dispuesto. De momento.

jueves, 2 de febrero de 2012

Vidal Quadras pone en su sitio a Alicia Sánchez Camacho

El lenguaje del enemigo, por Alejo Vidal Quadras

En su reciente recorrido por diversos ministerios en Madrid, la presidenta del PP catalán ha pronunciado una frase curiosa. Refiriéndose a la reestructuración del sistema financiero, que Mariano Rajoy desea culminar durante el primer semestre de este año, Sánchez-Camacho ha observado que su Comunidad debe jugar un papel clave en este proceso para así permitir “un mejor anclaje de Cataluña en España”. Es notable como determinadas expresiones, cargadas de pólvora ideológica, consiguen ser impuestas por sus inventores hasta el punto que sus teóricos oponentes acaban haciéndolas suyas. Al hablar de encaje de Cataluña en España, se presupone a) que Cataluña y España son dos entidades distintas en pie de igualdad  b) que existe un problema de acoplamiento de estos dos entes diferentes y de igual rango y c) que España es la que ha de poner todo de su parte para que Cataluña se sienta a gusto en esta relación bilateral. El lenguaje nunca es inocente y en política menos que en ningún otro ámbito. Otra perspectiva desenfocada de la dirección de los populares del Principado es su esfuerzo por aparecer ante la llamada “sociedad civil catalana” como los mediadores más útiles y eficaces entre tan distinguido grupo y el Gobierno central para hurtar esta misión a los nacionalistas de CiU, tradicionales defensores de los intereses empresariales de sus financiadores en la Carrera de San Jerónimo y en La Moncloa. Si el PP de Cataluña ha de centrar su atención prioritaria en un sector social, no ha de ser precisamente en los elitistas y reducidos cenáculos que pululan por el Círculo de Economía, el Círculo Ecuestre y  Fomento del Trabajo, sino en los millones de pequeños empresarios y comerciantes, profesionales, asalariados y autónomos, que constituyen su caladero más fértil de votos en la medida que son los primeros perjudicados -aunque a menudo no lo adviertan, prisioneros de la cárcel de mentiras y apelaciones emocionales del nacionalismo- por el estilo de gobierno intervencionista, excluyente, particularista, despilfarrador e ineficiente de los cultivadores de la identidad. Ahora mismo, la buena de Alicia, rebosante de tanta ingenuidad como seráfica intención, trata de convencer a sus correligionarios Montoro y de Guindos de que incluyan el los presupuestos del Estado para 2012 las partidas correspondientes al Fondo de Competitividad y al de Infraestructuras, que Artur Mas reclama insistentemente con el argumento de que son cantidades que “se les deben”. En vez de actuar como madrina de la pandilla de manirrotos irresponsables que son los nacionalistas ayudándoles a conseguir más dinero para seguir construyendo su proyecto secesionista, lo que debería ocupar su tiempo como cabeza visible del centro-derecha catalán constitucionalista es la permanente exigencia al Consejo Ejecutivo de la Generalidad de un programa de recorte de gasto público que incluya la supresión del noventa por ciento de los organismos inútiles plagados de paniaguados que lastran la Administración autonómica, la privatización de TV3, el cierre de todas las pseudoembajadas y la eliminación de tantas y tantas subvenciones clientelares o megalómanas. Mientras el PP de Cataluña no entienda que su batalla ha de ser la de las ideas y que la ha de librar contra un enemigo que jamás será su compadre, quedará condenado a un lugar secundario en el panorama político, social y cultural catalán. Y al hacer esta afirmación, como es bien sabido, no hablo de oídas. 

                       Blog:  Aleix Vidal-Quadras