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sábado, 2 de julio de 2011

¿Es liberal César Vidal?


   Evidentemente nadie sensato tomará a una persona por lo que ella  misma dice que es, por muy alto que lo afirme. Un liberal, por ejemplo, debe demostrarlo en los hechos y actitudes, y César no lo hace, al menos en este debate, no sé si es que pasa por un mal momento. En cualquier caso no aumenta el prestigio de LD, y esto es más lamentable.

  Ante todo, un debate liberal debe huir de las insidias, y la última entrega de César está repleta de ellas: En la primera entrega, lo encontré medroso, como si temiera que del debate pudiera derivar su salida de Libertad DigitalEsto se parece mucho a una confesión. Soy perro viejo y enseguida me di cuenta de aquella primera  “acotación” de estilo ofensivo, insolente y sin sustancia argumental, no podía perseguir una discusión seria. Su tono se prestaba a la burla, y si evité caer en ella fue por mi interés en llevar adelante un debate racional, sin personalismos,  sobre una cuestión de gran calado intelectual y político. Y, por supuesto también, no tengo miedo a que me echen de LD, contra lo que imagina don César.  Si realmente él buscaba hacerme “saltar”  para justificar mi expulsión de LD, ha equivocado el método.

  La confesión de César se hace más inquietante cuando la sustenta así:  A fin de cuentas, Moa provocó hace un año la salida de José María Marco de Libertad Digital. Sumergido en un bochornoso episodio de caza de brujas, Marco se marchó asqueado del acoso de la peña moísta.La afirmación no es solo insidiosa y amenazante, sino pueril, pues comprobar su falsedad está al alcance de cualquiera: basta repasar aquel debate en el que cada uno expuso libremente su punto de vista, para comprobar que yo me batí solo, sin ninguna peña, contra varios columnistas de LD, y si hubo algo parecido a caza de brujas no procedió ni pudo proceder de mí. César habla como si yo tuviera en LD un poder particular fuera del de mis mejores o peores argumentaciones, cuando, si tal poder existe, parece tenerlo, o arrogárselo, más bien él. Si Marco se fue, él sabrá por qué y puede decirlo aquí, si quiere, no creo que necesite un portavoz oficioso. Además, César Vidal olvida sus propios dicterios poco liberales contra los “pecadores” homosexuales. Por supuesto, tiene derecho a exponer esas opiniones, pero plantea el asunto en un terreno religioso, no político ni liberal. Yo lo planteo en el terreno de la ideología homosexualista, que es bastante distinto. Supongo que las opiniones de César continúan en Internet, cualquiera podrá comprobarlas, y es ingenuo salirse ahora con estas cosas, como si la gente hubiera perdido la memoria.  

    Después de presentar a Marco como víctima de la imaginaria “caza de brujas” de una “peña moísta” que, sugiere, estaría organizada y convocada por mí, pasa a hacerse él mismo la víctima de modo nuevamente insidioso. Le ha escocido -- es lógico, a cualquiera le pasaría— que la inmensa mayoría de los comentarios a sus escritos, muchos de ellos de sus admiradores defraudados, vayan contra su forma de pontificar, más bien que debatir, su manía de hablar de fuentes sin mostrar ninguna o interpretándolas de forma arbitraria, etc. Pero él no examina ni por un momento los argumentos de esos comentaristas, todos ellos lectores habituales de LD y en su gran mayoría liberales, que no dogmatizan sino que tratan de explicar sus opiniones con más o menos brío. Él los descalifica  a todos de entrada y los acusa de “peña moísta”, de hooligans, de antisemitas, fanáticos, amenazantes, escalofriantes, los mezcla con los “indignados” y con el Gran Wyoming… Esto se llama metodología. Una metodología, de nuevo, nada liberal, más bien una concatenación de insidias contra los discrepantes, al estilo de ideologías muy diferentes del liberalismo. Casi da a entender que quien esté de acuerdo con Moa debe de ser un delincuente. Y si alguien le ha amenazado realmente, me parece muy mal, me repugna y lo condeno, pero haga el favor de no intentar mezclarlo conmigo.

   Otra más: Ya al calificarme de anglómano y protestante, se movilizaron inmediatamente contra mi  algunos hooligans que se han atrevido a amenazarme en Facebook y por sms. Calificarle de protestante es justo, y no veo que tenga que avergonzarse de ello o considerarlo una acusación. Además, esa cualidad hace que César pase mucho tiempo tirando pullas a los católicos o interpretando la historia de manera peculiar, bastante en línea con la Leyenda Negra. Está en su derecho, claro, como yo lo estoy a discrepar de sus interpretaciones, aunque a él le parezca algo increíble o “franquista” o “neofranquista” como dice la izquierda –que con el mismo rigor  llaman a don César “fascista” o “de extrema derecha”--. Entre los protestantes hay de todo, como entre los católicos: liberales, fascistas, conservadores, nazis (Hitler gozó de gran apoyo entre el sector protestante alemán), comunistas o filocomunistas, etc. Decir de alguien que es protestante no es prejuzgar nada en ningún sentido político. Y si alguno de sus lectores le ha amenazado, tratar de relacionarlo conmigo es otra insidia ajena a cualquier debate no ya liberal sino simplemente serio. Yo no le he amenazado y César sí emplea un tono algo amenazante y faltón. Lo de anglómano corresponde exactamente --pero creo que con mucha más justificación-- a la acusación que él me hace de anglófobo.

  No sigo, porque esta forma de discutir, personalista y retorcida, sin ir al grano, no es lo mío. Pues, en segundo lugar, un debate realmente liberal se centra en el asunto y no se pierde  en invenciones mezclando y confundiéndolo todo. Así que vamos a ello. El tema que yo he planteado es este: ¿vino la democracia del franquismo, es decir, de las condiciones creadas por el franquismo y de las decisiones de la clase política franquista, o vino de la oposición, los liberales etc.?  Creo que la respuesta salta demasiado a la vista para cualquier liberal o simplemente para cualquier conocedor, por poco que sea, de la historia, e implica a su vez otra cuestión importante: cómo un régimen autoritario, no liberal, ha podido dar lugar a una democracia liberal, aun si muy defectuosa. Jean François Revel ha hablado algo de eso, aunque la cuestión sigue abierta. Pero don César insiste en desviar el tema hacia un seudodebate sobre si Franco era liberal o quería la democracia. No se da cuenta de que ese mero planteamiento es una tontería que nadie sostiene. Se lo he explicado y no lo voy a repetir constantemente. Ya le he indicado que podemos debatir de cualquier tema, pero lo primero es plantearlo de forma racional.

  Dice César Vidal que yo no he refutado nada de lo que él dice. Bien, es su opinión. Quien esté interesado puede acudir  a sus acotaciones y a mis respuestas y sacar libremente su propia conclusión, que sospecho no coincidirá en la mayoría de los casos con la del señor Vidal.

   Sobre las fuentes: Vidal no ha empleado ninguna, excepto en la tercera acotación y, como le expliqué, las interpreta mal, sin método histórico alguno. Si quiere seguir por ahí, es cosa suya.

   Un punto más: César escribía en los años 90 libros sobre historia de España con un enfoque perfectamente progre, de estilo socialista. Cambió en los años 2000, creo que a raíz de la publicación de mi Los orígenes de la guerra civil. ¿O fue por otra causa? En todo caso no estaría de más que explicase ese giro.

  Dice César  que le he decepcionado. Terrible argumento. Me deja desolado. En fin, espero y deseo que le pase pronto esta mala racha que le ha llevado a olvidar su viejo liberalismo.

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