Blogoteca: César Vidal intenta refutarme, por Pío Moa

sábado, 2 de julio de 2011

César Vidal intenta refutarme, por Pío Moa

Leo con cierta sorpresa en LD que “César Vidal refuta a Pío Moa”. Querrá decir que “intenta refutar” a Pío Moa. Quedo a la espera, a ver si lo consigue. De todas formas hay que felicitarse de que ponga manos a la obra. Este país está lleno de problemas de todas clases sobre los que, sin embargo, no se plantea ningún debate racional. Ello indica el calado todavía escaso que ha alcanzado el liberalismo en España, pues uno de los rasgos del liberalismo es el debate libre y en igualdad de condiciones sobre los asuntos más variados. El asunto es ahora el franquismo, un problema clave para entender nuestra democracia y que no puede solventarse con simples declaraciones o condenas dogmáticas como suele hacer nuestra lamentable izquierda.

Leo la primera entrega de César Vidal y encuentro en ella, de entrada, algún error de matiz, aunque no desdeñable, atribuyéndome “la afirmación de que el liberalismo debe asumir el franquismo sobre la base de sus bondades reales o supuestas”. Eso depende de qué se entienda por asumir. Si quiere decir que el liberalismo debe identificarse con el franquismo, está claro que no es lo que digo, y ahí no puede haber debate. Si quiere decir que debemos asumir el franquismo como una realidad histórica con sus luces (a mi juicio muchas) y sus sombras (menos), entonces creo que estaremos de acuerdo. Dice también el señor Vidal que estos debates le dan una “enorme pereza”. Pues no debieran dársela, porque la cuestión del franquismo, como digo, es crucial para entender nuestra democracia (más o menos) liberal, que, según yo sostengo, procede de aquel régimen. A menos, claro está, que el señor Vidal pueda demostrar lo contrario. He enviado un artículo sobre el grave problema del origen de nuestra democracia, que espero me publiquen pronto en LD.

Aunque no tengo nada de anglómano, soy partidario del método anglosajón de debate, que va al grano y llega a conclusiones, en lugar de dar por demostrado lo que tendría que demostrar y extenderse demasiado en consideraciones personales. Y creo que César Vidal cae un poco en estos dos defectos.
Por ejemplo: “Es cierto que Moa carecía de preparación formal en el terreno historiográfico”, lo que califica de “imponente escollo”. Pues para carecer de preparación formal, lo cierto es que mis libros no han podido ser rebatidos por quienes presumen de tal preparación sin demostrarlo en sus obras, como ha sido el caso de todos los historiadores académicos que se han dedicado a descalificarme. Y por cierto que el mismo reproche hacen a César Vidal. Creo que don César cae también en cierta manía, muy hispánica, de juzgar las cosas por “lo que me gusta o no me gusta”, como si ese fuera un argumento de algún peso. Así, dice que un libro de José María Carrascal sobre Franco le "resultó mucho más lúcido e inteligente” que el mío. El lector supone que a continuación dirá por qué, pero no lo dice. O bien afirma que el tercer tomo de mi trilogía le pareció muy inferior a los anteriores, aunque tampoco aclara por qué.
Mi Nueva historia de España le “decepcionó profundamente”, pero en lugar de explicar la causa, divaga sobre los motivos que él cree que tuve para escribirlo. Por mi parte creo saber el motivo de la decepción de don César: siendo él protestante, no podía gustarle de ningún modo mi enfoque. Luego da una versión de una entrevista que le pedí sobre mi libro acerca de la Transición, y me temo que no es muy exacto. Primero me dijo que sí, con mucho gusto; luego dijo que la metería en un programa sobre el 23-f. Pensé que invitaría también a Jesús Palacios y a algún otro especialista en el asunto, pero finalmente, sin comunicarme nada más, hizo el programa en exclusiva con Federico y Herrero, a ninguno de los cuales, ni a él mismo, creo que quepa considerar especialista. No me pareció muy bien, pero como él dice que no me llevó porque encontró el libro muy flojo, tendré que creerle, a la espera, una vez más, de que se explique con más concreción.

Finalmente asegura “con pena”, que me vengo metiendo en asuntos sobre los que no tengo “conocimientos más allá de la simple opinión”. Bueno. Quedo, una vez más, pendiente de que lo demuestre. Mi método suele ser explicar y tratar de demostrar los asuntos en cuestión, exponiendo pros y contras, y llegar a conclusiones, dejando de lado o limitando al mínimo la exhibición de preferencias personales. Don César empieza por las conclusiones y preferencia particulares. Bien, también puede hacerse así. De modo que, repito, quedamos a la espera, porque de momento no ha dicho nada sobre lo que se pueda debatir. Estoy seguro de que don César no defraudará nuestras expectativas.

No hay comentarios: