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lunes, 13 de junio de 2011

Réplica a Pío Moa. Defender la democracia


José Carlos Rodríguez

&quote&quoteSu régimen, por mucho que lo revistiese de justificaciones históricas e ideológicas, era excepcional por naturaleza. Y la prueba es que no continuó tras su muerte. Y es condenable que mantuviese esa excepción durante 36 años.

Ha escrito Pío Moa un artículo que constituye una defensa del régimen de Franco. Lo original es que lo hace desde "los valores de la democracia liberal". El empeño es audaz, teniendo en cuenta que el régimen de Franco fue una dictadura que duró 36 años. Pero ni la audacia, ni el profundo conocimiento de Pío Moa de aquel régimen, ni la permanente defensa de la democracia que hace en sus libros y escritos son suficientes para lograr defender el franquismo, como se llama su artículo, desde postulados democráticos.
No es que Moa, que conoce bien mi devoción por su persona y por su obra, no alegue razones que puedan considerarse válidas. Lo que entiendo es que son insuficientes y que ni siquiera se acercan al que es su propósito declarado: dar un salto (mortal de necesidad) desde la democracia hasta el juicio histórico globalmente positivo del franquismo.
Reconozcamos de antemano que no se puede juzgar al franquismo contraponiéndolo con una opción ideal, partiendo del hecho de que su nacimiento está ligado a una guerra civil que a su vez surge de una confrontación enconada de dos posturas contrapuestas, antitéticas incluso, entre la revolución y la contrarrevolución. Franco derrotó la revolución, como él apunta, aunque creo humildemente que aún no está resuelto históricamente que la revolución en marcha durante el Frente Popular no fuera reconducible de un modo distinto al golpe de estado que, como muy bien vio Franco desde el comienzo, llevaría a una larga y sangrienta guerra civil.
Luego es cierto que debemos juzgar su régimen desde las fuerzas históricas que llevaron a su creación. En cierto sentido, el franquismo es lo que la izquierda obligó a convertirse a la derecha. Pero tampoco tenemos por qué aferrarnos a una visión panglossiana del pasado y desconocer que había otras opciones. ¿Eran necesarias las 30.000 ejecuciones que llevó a cabo el régimen una vez instaurado? ¿Eran precisas otras violaciones de los derechos individuales?
Es ilusorio pensar que Franco, que se había apoyado en Hitler y Mussolini y que era muy crítico con el sistema multipartidista, se convirtiese en una especie de Jefferson español, especialmente durante la II Guerra Mundial. No olvidemos que los aliados no tuvieron siempre todas las de ganar. Pero en la postguerra podía haber reenganchado a España con el curso de la historia, que en aquel momento era plenamente democrático, y que debió haber compartido con el resto de países europeos. Su régimen, por mucho que lo revistiese de justificaciones históricas e ideológicas, era excepcional por naturaleza. Y la prueba es que no continuó tras su muerte. Y es condenable que mantuviese esa excepción durante 36 años.
El franquismo fue, efectivamente, "autoritario, no totalitario", y "no es cierto que en el franquismo no hubiese libertades", que son dos formas de decir lo mismo. Pero de nuevo no es suficiente. ¿De qué nos vale zafarnos de una revolución si no es para recobrar las libertades amenazadas por ella? El franquismo, dice, no tuvo una oposición democrática viable, lo que es discutible. La sociedad española estaba preparada para la democracia y la libertad, y más habiendo vivido los peligros de la revolución y los horrores de una guerra civil. Y la transición "de la ley a la ley" que el propio Moa pone como ejemplo de las contribuciones de aquel régimen se podía y se debía haber producido muchos años antes.
La de España es una historia de oportunidades perdidas. Franco tuvo en su mano la de restaurar la democracia, colocando a nuestro país en el lugar que le correspondía, pero optó por mantener su propio régimen, que no reconoció el pluralismo político y no respetó ciertas libertades básicas de los ciudadanos. Y los españoles nos merecíamos otra cosa.
José Carlos Rodríguez es periodista y miembro del Instituto Juan de Mariana

1 comentario:

Rick dijo...

Franco pudo haber hecho muchas cosas, igual que todos los gobernantes del mundo pasado, presente y futuro. Difícil tarea, pues, condenar a alguien por lo que no hizo. El designio de Franco era liberar España de la monstruosidad totalitaria para anclarla en un vetusto siglo XIX, que fue siempre su modelo de sociedad ideal. Nos libró del precipicio pero, en lugar de tender un puente hacia adelante, simplemente retrocedió hasta un enroque seguro.

El problema probablemente no era él, sino las fuerzas con las que se había aliado, que eran tan reaccionarias o más que él: una Iglesia católica medieval, una Falange encasquillada en la pre-Ilustración, y simpatizantes varios del fascismo y del nazismo, inicialmente tan en boga en Europa.

Su gran virtud, pues, fue probablemente el pragmatismo, que se tradujo en una sucesión camaleónica de convenientes ideologías para contentar a todos, según soplasen los vientos.

Respetó la propiedad privada, creó la Seguridad Social, inauguró embalses, alfabetizó a la población por primera vez en la Historia, y creó una clase media estabilizadora. Personalmente, y visto en la distancia, lo único que le reprocharía es la alianza con aquella Iglesia Católica de novela, salida del Neolítico Inferior, que durante casi 40 años reinó sobre la moral y la vida cotidiana de los españoles, con su mensaje de castidad rabiosa, autoritarismo y leprosos de Molokai en blanco y negro todas las semanasantas. En paz descanse. Y para siempre.