Blogoteca: junio 2011

jueves, 30 de junio de 2011

Se completa la infamia de Zapatero y Rubalcaba, EDITORIAL de LD


La decisión del Tribunal Constitucional de enmendar la plana al Supremo y permitir que Bildu se presentara a las elecciones municipales no se tomó de acuerdo a criterios jurídicos, sino políticos. Las pruebas de que Bildu era una coalición de Alternatiba, Eusko Alkartasuna y, sobre todo, Batasuna –la marca electoral de la ETA– eran abundantes. Así lo habían recogido los informes policiales y así lo valoró con acierto el Supremo.
Sin embargo, el Gobierno de Zapatero y Rubalcaba ya había acordado que la banda terrorista estuviera presente en los comicios y que detentara tanto poder como le fuera posible (e incluso más, pues una semana después del 22-M, la Agencia Tributaria permitió que los batasunos pudieran acceder a los datos fiscales de todos los españoles). Y así ha sucedido: Bildu, es decir, Batasuna –es decir, la ETA– ha alcanzado las mayores cotas de poder de toda su historia gracias a la forzada inaplicación socialista de la Ley de Partidos.
Tan seguros estaban los herederos de Batasuna de que el Gobierno, a través de sus magistrados-títeres, les salvaría finalmente la papeleta, que en ningún momento fueron cuidadosos de ocultar su verdadera cara; ni antes ni después de las elecciones. Así, Martín Garitano, ex subdirector de Gara, ya había dejado constancia en numerosas ocasiones de sus ideas favorables a la banda. Incluso se negó, seis días antes de las elecciones, a condenar en televisión a los terroristas. Conociendo semejante trayectoria, a pocos les sorprenderá ahora que Garitano haya tomado posesión como diputado foral de Guipúzcoa insultando a las víctimas de ETA y homenajeando a Otegi (aquel "hombre de paz" que por supuesto jaleó la victoria de Bildu como un éxito propio de Batasuna).
Pero la ignominia de Garitano es sólo la última manifestación de la estrecha relación entre Bildu y la ETA de la que todos los ciudadanos hemos ido siendo conscientes. Cuando sus concejales amedrentan al edil del PP en Elorrio, cuando un etarra condenado ha sido contratado como portero del Ayuntamiento de Lizarza, cuando el último portavoz de Batasuna es recolocado como asesor del nuevo alcalde de San Sebastián, Bildu nos demuestra realmente quiénes son, qué fines persiguen y qué métodos mafiosos utilizan para ello.
Nada, por otro lado, que no supiéramos todos, incluido el Gobierno y sus jueces en el Constitucional. De ahí que la primera responsabilidad de toda esta infamia sea de Zapatero y de Rubalcaba. A ellos les tiene que agradecer la ETA tener más poder institucional del que jamás había soñado y a ellos les deberemos exigir cuentas todos los españoles.
Libertad Digital

miércoles, 29 de junio de 2011

Izquierda y derecha Enfoques de la Guerra Civil, por Pío Moa


Pío Moa 29

&quote&quoteLa historia y naufragio de la república se resumen en la pugna entre la izquierda por imponerse cada vez más violentamente, y la resistencia de la derecha a dejarse avasallar.

En una tertulia de amigos, alguien afirmó que mis puntos de vista sobre la república y la guerra eran ya conocidos, concediendo solo que yo los había hecho más eficaces al apoyarlos en fuentes de la propia izquierda. A mí me parece que mi enfoque de tales asuntos difiere tanto de los tradicionales de izquierda como de la derecha.
La izquierda ha explicado la guerra civil según la "lucha de clases" (obreros-capitalistas, privilegiados-desheredados, progresismo-reacción semifeudal, etc.) y secundariamente invocando la democracia, entendida también desde la lucha de clases. La derecha ha tendido a interpretarla según la alternativa orden-desorden o cristianismo-comunismo, junto a conceptos de justicia social. Y a menudo se han mezclado puntos de vista derechistas e izquierdistas, con resultado de una notable confusión que volvía los sucesos aún más ininteligibles.
Mi enfoque, por el contrario, se basa en la democracia liberal (única democracia posible, en realidad). El modo como llegó la república, sin oposición, permitía construir una democracia de libertades, separación de poderes y alternancia en el poder, respetuosa con la tradición y cultura españolas, muy mayoritariamente católicas. Pero, como he explicado al señor Malefakis, este no era el concepto de democracia que tenían las izquierdas. Dentro de ellas había ideas diversas y contradictorias, pero concordaban en algo que podría expresarse así: la democracia consistía en el gobierno de la izquierda y en la liquidación de la Iglesia. La historia y naufragio de la república se resumen en la pugna entre la izquierda por imponerse cada vez más violentamente, y la resistencia de la derecha a dejarse avasallar. Las agresiones partieron, con pocas excepciones, de la izquierda, y con mucha mayor furia.
Se ha dicho que la república fracasó porque no había republicanos. En realidad eran republicanas todas las izquierdas y parte de las derechas. Entre estas, la mayoría aceptó al régimen, aunque sin fervor, y solo una fracción menor lo rechazó, y aun después de trauma inicial de la quema de conventos, bibliotecas y escuelas por la izquierda. Lo que apenas había era demócratas liberales. En la izquierda, solo excepciones como Besteiro (a pesar de su pintoresco marxismo); y casi toda la derecha temía la democracia, al identificarla con el energumenismo izquierdista. Se resignó a ella de mala gana, hasta que la propia legalidad impuesta por las izquierdas fue demolida por estas en el Frente Popular.
Este enfoque, como digo, difiere mucho de los tradicionales y creo que permite explicar y entender mejor los hechos. Incluido el franquismo posterior y la transición.
LD

martes, 14 de junio de 2011

Réplica a J. C. Rodríguez: Franco, desde el liberalismo


Pío Moa

&quote&quoteLos antifranquistas, que invocan tanto la república sin tener en cuenta sus efectos históricos, siguen socavando hoy la convivencia democrática

Dado que un rasgo de la inanidad o páramo intelectual en que vive España es la ausencia de debate a pesar de los gravísimos problemas a que nos enfrentamos, siempre es bienvenida la argumentación discrepante y razonada. Así, mi amigo José Carlos Rodríguez contradice mi tesis de que el franquismo puede defenderse desde la democracia liberal.
Un problema típico en las discusiones reside en el intento de argumentar con un principio abstracto sin tener en cuenta su interrelación con otros principios concurrentes ni las circunstancias reales, históricas. Así, enarbolando el principio de la democracia –y sin explicar bien qué entendemos por ella– muchos condenan bobamente todos los regímenes europeos habidos en la historia antes del siglo XX (quizá con la excepción del suizo). Esto es típico de cierto pensamiento o antipensamiento muy difundido en España, y me temo que José Carlos Rodríguez cae un poco en esa tendencia.
Partamos de los hechos básicos, tan a menudo pasados por alto o tergiversados: nuestra democracia procede de la legitimidad franquista mediante una reforma de la ley a la ley. Y precisamente en contra de la opción rupturista, que pretendía legitimar a la república (al Frente Popular, más bien), opción que parecía a muchos más democrática. Pero el apoyo popular a la reforma franquista se apoyaba en una experiencia histórica que por entonces muy pocos discutíamos: la paz, prosperidad, reconciliación, independencia y unidad nacional alcanzadas en superación de una república que había echado abajo todos esos valores. Estos son hechos indiscutibles. Y aquí vienen otros hechos: los antifranquistas, que invocan tanto la república sin tener en cuenta sus efectos históricos, siguen socavando hoy la convivencia democrática: terrorismo o colaboración con él, separatismos, ataques a Montesquieu, niveles de corrupción muy superiores a los del franquismo, corrosión de la soberanía y la unidad nacional...
Todo esto no ha ocurrido por casualidad, y frente a ello tienen un peso menor –aunque sean interesantes– cuestiones sobre si el Frente Popular pudo haberse moderado (en mi opinión, no, en absoluto, y lo que ya había hecho justificaba plenamente la rebelión). Rodríguez dice que no eran necesarias las 30.000 ejecuciones de posguerra o la violación de derechos individuales. En realidad, el asunto de las ejecuciones está aún por investigar seriamente, y a partir de ciertos indicios creo que las cifras son muy inferiores, aparte de que se trató de ejecuciones legales casi todas y a menudo por crímenes espeluznantes. Y en todas las posguerras los derechos individuales son masivamente violados, como pasó en Europa Occidental después de la guerra mundial. En países democratizados como Francia o Italia, por ejemplo, las represalias fueron terribles y, al revés que en España, sin trámite judicial. ¿Los invalida como países democráticos? No hablemos ya de los países del este... O, por poner otro caso, los masivamente criminales bombardeos sobre la población civil alemana, ¿invalidan la causa de los Aliados? Yo creo que no, pero no dejan de ser cuestiones interesantes.
No tiene sentido comparar la actitud de Franco con la de Jefferson (más bien con la de Pilsudki, por ejemplo). Franco quería al principio una democratización en orden, pero la experiencia de la república le hizo creer que era imposible (e históricamente lo fue). Ni es cierto que nuestra historia sea la de las oportunidades perdidas. Al terminar la guerra mundial, Franco no tenía por qué "reengancharse" con los Aliados, que no paraban de chantajearle e intimidarle, pese a deberle tanto. La salida presuntamente democrática de Don Juan o el maquis habría significado con toda seguridad la vuelta a la guerra civil (lo explico en Años de hierro), porque otro rasgo del franquismo es que jamás tuvo oposición democrática real. Su oposición, incluso 36 años después, pretendía volver a las andadas, y lo está haciendo ahora mismo. Y si la sociedad española estaba preparada para la democracia al final del régimen, fue justamente por la obra de la dictadura autoritaria, de ningún modo por la de cualquier oposición.
Franco, en suma, libró a España de una revolución y no tuvo en su mano restaurar la democracia. Primero, porque no creía en ella tras la experiencia republicana; segundo, porque la mayoría de la población pensaba lo mismo, pues guardaba aún viva memoria de aquella república que quieren presentarnos ahora como modélica; y tercero porque la oposición era de tendencia totalitaria y terrorista o pro terrorista... por cierto que muy apoyada por las democracia europeas (y por gran parte de la Iglesia), algo a tener muy en cuenta, como recuerdo en La Transición de cristal.
La democracia llegó cuando pudo, se la debemos a la obra del franquismo y está muy amenazada precisamente por los antifranquistas. Así creo que fue y es, atendiendo a los hechos y no a buenos deseos algo etéreos.

lunes, 13 de junio de 2011

Réplica a Pío Moa. Defender la democracia


José Carlos Rodríguez

&quote&quoteSu régimen, por mucho que lo revistiese de justificaciones históricas e ideológicas, era excepcional por naturaleza. Y la prueba es que no continuó tras su muerte. Y es condenable que mantuviese esa excepción durante 36 años.

Ha escrito Pío Moa un artículo que constituye una defensa del régimen de Franco. Lo original es que lo hace desde "los valores de la democracia liberal". El empeño es audaz, teniendo en cuenta que el régimen de Franco fue una dictadura que duró 36 años. Pero ni la audacia, ni el profundo conocimiento de Pío Moa de aquel régimen, ni la permanente defensa de la democracia que hace en sus libros y escritos son suficientes para lograr defender el franquismo, como se llama su artículo, desde postulados democráticos.
No es que Moa, que conoce bien mi devoción por su persona y por su obra, no alegue razones que puedan considerarse válidas. Lo que entiendo es que son insuficientes y que ni siquiera se acercan al que es su propósito declarado: dar un salto (mortal de necesidad) desde la democracia hasta el juicio histórico globalmente positivo del franquismo.
Reconozcamos de antemano que no se puede juzgar al franquismo contraponiéndolo con una opción ideal, partiendo del hecho de que su nacimiento está ligado a una guerra civil que a su vez surge de una confrontación enconada de dos posturas contrapuestas, antitéticas incluso, entre la revolución y la contrarrevolución. Franco derrotó la revolución, como él apunta, aunque creo humildemente que aún no está resuelto históricamente que la revolución en marcha durante el Frente Popular no fuera reconducible de un modo distinto al golpe de estado que, como muy bien vio Franco desde el comienzo, llevaría a una larga y sangrienta guerra civil.
Luego es cierto que debemos juzgar su régimen desde las fuerzas históricas que llevaron a su creación. En cierto sentido, el franquismo es lo que la izquierda obligó a convertirse a la derecha. Pero tampoco tenemos por qué aferrarnos a una visión panglossiana del pasado y desconocer que había otras opciones. ¿Eran necesarias las 30.000 ejecuciones que llevó a cabo el régimen una vez instaurado? ¿Eran precisas otras violaciones de los derechos individuales?
Es ilusorio pensar que Franco, que se había apoyado en Hitler y Mussolini y que era muy crítico con el sistema multipartidista, se convirtiese en una especie de Jefferson español, especialmente durante la II Guerra Mundial. No olvidemos que los aliados no tuvieron siempre todas las de ganar. Pero en la postguerra podía haber reenganchado a España con el curso de la historia, que en aquel momento era plenamente democrático, y que debió haber compartido con el resto de países europeos. Su régimen, por mucho que lo revistiese de justificaciones históricas e ideológicas, era excepcional por naturaleza. Y la prueba es que no continuó tras su muerte. Y es condenable que mantuviese esa excepción durante 36 años.
El franquismo fue, efectivamente, "autoritario, no totalitario", y "no es cierto que en el franquismo no hubiese libertades", que son dos formas de decir lo mismo. Pero de nuevo no es suficiente. ¿De qué nos vale zafarnos de una revolución si no es para recobrar las libertades amenazadas por ella? El franquismo, dice, no tuvo una oposición democrática viable, lo que es discutible. La sociedad española estaba preparada para la democracia y la libertad, y más habiendo vivido los peligros de la revolución y los horrores de una guerra civil. Y la transición "de la ley a la ley" que el propio Moa pone como ejemplo de las contribuciones de aquel régimen se podía y se debía haber producido muchos años antes.
La de España es una historia de oportunidades perdidas. Franco tuvo en su mano la de restaurar la democracia, colocando a nuestro país en el lugar que le correspondía, pero optó por mantener su propio régimen, que no reconoció el pluralismo político y no respetó ciertas libertades básicas de los ciudadanos. Y los españoles nos merecíamos otra cosa.
José Carlos Rodríguez es periodista y miembro del Instituto Juan de Mariana

martes, 7 de junio de 2011

Cada vez más vulnerables, escribe Arturo Pérez Reverte



 El iceberg del Titanic
 
 


Ayer entré en un bar y no pude tomarme un vermut porque lamáquina registradora no funcionaba. Era un chisme con pantalla táctil y casillas determinadas para cada consumición, y se había estropeado. Le dije al camarero que me dijese cuánto debía, y punto. Como toda la vida. Pero respondió que imposible. Tenía que marcarlo antes. Sus jefes no le dejaban hacer otra cosa; y hasta que la máquina funcionase, no podía servir nada. Así que me fui al bar de enfrente, regentado por una china simpática: un sitio como Dios manda, con moscas, albañiles y borracho de plantilla. La dueña hablaba español con acento entre chino y de Lavapiés. Tomé mi vermut, pagué y dejé propina. Cuando salí a la calle me acordaba del Titanic, que era insumergible, y de los mil y pico gilipollas que se ahogaron en él con cara de asombro, como diciendo: esto no puede pasarme a mí. Cielos. No estaba previsto.

Mientras me alejaba, pensé más cosas. En cómo nos gusta apretar un botón y tener la vida resuelta. En los peligrosos atajos suicidas por donde nos deslizamos sin vuelta atrás, por la cuerda floja. En cómo hacemos el mundo cada vez más vulnerable, sujeto al chispazo más tonto, al fallo inevitable, al iceberg puesto por el Destino en el rumbo del frágil barco en el que navegamos a toda máquina, a ciegas en la noche. En los millones de cuentas bancarias y tarjetas de crédito, por ejemplo, que unos piratas informáticos destriparon hace unos días, al meterse en unas plataformas de juegos electrónicos. O en el amigo contándome hace poco que, durante un viaje a Nueva York, perdió su teléfono móvil y con él toda su agenda; y cuando le pregunté por qué no tenía una libreta de teléfonos anotados, como yo, me dijo: «Hala, antiguo», como si yo fuera el abuelo Cebolleta.

Recordé también cuando fui a echar una carta a Correos y se había ido la luz, y el de la ventanilla me dijo que verdes las iban a segar, porque la máquina de franquear era eléctrica. Y cuando pedí un sello de siempre, de aquellos con el careto del rey, se tronchó de risa y dijo que de eso no tenían ya. Que probara suerte en un estanco. También recordé cuando en un restaurante no funcionó el chisme de las tarjetas y el camarero dijo que esperase a que volviera la línea, y yo respondí que me hicieran una copia manual de la tarjeta o me iba a esperar a la calle, y entonces me hicieron la copia. Aunque la culpa fue mía; porque también, como todos, llevo la cartera llena de plástico con claves, chips y cosas así, y me la rifo aceptando las reglas de esta ruleta rusa en la que, en nombre del confort y el mínimo esfuerzo, nos zambullimos todos de cabeza. Entre otras cosas -lo diré a modo de descargo-, porque a quien no acepta lo dejan fuera. Hace tiempo, por ejemplo, que es imposible sacar un billete de avión normal en una oficina de Iberia de Madrid, y cualquier día las agencias dejan de emitirlos. Entonces sólo podrán sacarse por Internet; y el que no sepa manejarse allí, o no le apetezca, o sea un carcamal opuesto a teclas y pantallas de ordenador, que se fastidie. Que trague, o que no viaje.

Y así, unos sinvergüenzas ahorran personal y sueldos, y otros idiotas nos vamos al diablo. Resolver cualquier problema nos cuesta horas de teléfono frente a voces enlatadas, marcando tal para esto o cual para lo otro. Todo cristo se ha puesto contestador automático en el móvil, en vez de la antigua señal de comunicando sale un buzón de voz, y ahora llamamos cinco veces a quien antes llamábamos una. Coches que antes se reparaban con una llave inglesa quedan bloqueados y ni gira el volante al menor fallo electrónico. O nos vemos sin teléfono, sin ordenador portátil, sin tableta electrónica o sin lo que sea, porque se escachifolla el cargador y la tienda de repuestos no abre hasta mañana. O no hay tienda. Yo mismo, el idiota al que mejor conozco, dependo cada día de que haya electricidad para que funcionen el teclado y la pantalla con que me gano la vida. De nada me sirve haber tenido la precaución de conservar dos viejas Olivetti, por si acaso, si ya no venden en ningún sitio las cintas de máquina de escribir que las alimentan.

Hay un consuelo: así lo hemos querido. Nadie nos obligaba. Perohasta los más renuentes hemos aceptado las reglas de este disparate. De esta espiral imbécil. Nunca fuimos tan vulnerables como hoy. Hemos olvidado, porque nos conviene, que cada invento confortable tiene su accidente específico, cada Titanic su iceberg y cada playa paradisíaca su ola asesina. Por eso nos van a dar, pero bien. A todos. Ya nos están dando. Y déjenme que les diga algo: a veces, incluso cuando palmo yo, me alegro. O casi. Hay siglos en que simpatizo con el profesor Moriarty.
XL Semanal

viernes, 3 de junio de 2011

Germanófobos, lo que nos faltaba

Llaman xenófobos a quienes vienen a millones a nuestras costas y compran con fidelidad nuestros productos

Día 03/06/2011
ME entero de que una de esas fantasmales asociaciones que han surgido en la España de la tontería gratuita ha denunciado a la República italiana por los bombardeos de las tropas de Mussolini a Barcelona en la Guerra Civil. Está claro que, tras siete años gobernados por este híbrido de Alicia y Atila, en España no cabe un imbécil más. Pero los que están dentro, que son multitud, seguirán pariendo ideas para complicarnos la vida. Esta semana estos genios de la demolición del bienestar y la inteligencia están de enhorabuena. Porque es difícil encontrar una idea más peregrina, injusta, paleta y sobre todo dañina para todos nosotros que llamar a una cruzada de germanofobia. Al grito de «Alemania es culpable» nos dicen que hay que demostrar a los teutones nuestro desprecio. Y llaman xenófobos —fóbicos hacia los españoles— a quienes desde hace cincuenta años vienen a millones a nuestras costas, tienen residencia en nuestro país y compran con fidelidad y entusiasmo nuestros productos. En todos los medios surgen justicieros explicando las razones aviesas de los alemanes para destruir nuestra agricultura y su desprecio racista mediterráneo y llamando a la reacción del orgullo herido. ¡Ay, si hubiéramos tenido este orgullo para impedir que una tropa de incompetentes nos humillara por el mundo! ¡Para defender un respeto del que gozábamos hasta su nefasta llegada al poder! No perderé líneas en exponer esta nueva demostración de incompetencia del Gobierno en la crisis de los pepinos. Ni en evocar lo diferente que habría sido esto si en vez de tres chicas de cuota que no saben ni a qué teléfono llamar, la responsable hubiera sido una Loyola de Palacio que en horas habría cogido un avión para abrir puertas a patadas en Bruselas, Hamburgo y Berlín. Que habría hablado allí a todos los responsables de tú y en su idioma para exigir pruebas a sus acusaciones. Y buscar una limitación de daños para España. El primer día.
Lo que no podría haber evitado ni Loyola es la alarma por una epidemia mortal de virulenta expansión. Y que una política alemana que recibe de un laboratorio unas pruebas que determinan que en unos pepinos españoles fue detectada un tipo de bacteria E.coli lo hiciera público. Cuatro días tardaron los análisis en determinar que esta bacteria no es la misma que causa las muertes. De ser aquí un producto alemán o italiano sospechoso de muertes fulminante ¿se hubiera esperado a agotar todas las pruebas antes de paralizar preventivamente el producto? Y, de haberlo hecho, ¿asumirían los políticos los muertos que se hubieran podido salvar de haberse paralizado el producto, en caso de haberse confirmado la sospecha? Sería para echarse a temblar. Con un poco de honradez intelectual se asumirá que la única forma de limitar daños en esta tragedia era una aceleración de las pruebas con intervención in situde los defensores (?) de nuestros intereses. Para un plan de emergencia ante una epidemia mortal, coordinado en toda Europa. A través de la UE y los ministros de Sanidad —¿dónde estaba la nuestra?—. Parece olvidarse que los principales damnificados son los muertos, y sólo después los demás. Pero aquí, a un Gobierno irritado porque Alemania deja en evidencia sus fracasos y mentiras, le viene bien decirnos que la bruja Merkel sabotea los productos favoritos de los alemanes. Y mil voces se ponen a insultar a nuestro mayor aliado en Europa. Esperemos que los medios sensacionalistas alemanes no se ceben con tanto disparate antialemán. Porque si el repentino desamor se vuelve recíproco, los daños a los pepinos habrán sido una broma. Y Zapatero nos dejará aún más solos y hundidos.
ABC

Cataluña. El sabotaje permanente José García Domínguez


Ya de antiguo es sabido. Igual el cumplimiento de las leyes que el acatamiento a las sentencias, constituyen asunto facultativo en la ínsula Barataria de Artur Mas; una opción, como dicen los pijiprogres. Así, con cansina indiferencia se desechan los autos del Tribunal Supremo que ordenan el uso docente del español. Y con idéntico mohín de hastío son ignorados cuantos mandatos de las Cortes Generales no se avengan al capricho, por lo común gramático, delestablishment local. ¿A qué extrañarse entonces ante el último alarde de deslealtad institucional con matasellos y remite de la Plaza de San Jaime?
Ocurre al respecto que la Generalidad entiende empeño ajeno el compromiso de contención presupuestaria del Reino de España frente a Bruselas y los mercados mundiales de deuda. La cosa –dicen– no va con ellos. Tampoco. En soberana consecuencia, el consejero Mas-Colell viene de anunciar que Cataluña incurrirá en el déficit que se le antoje. Por más señas, justo el doble de lo establecido para las demás comunidades autónomas. O sea, el 2,6% frente al 1,3% de las restantes dieciséis. Nada nuevo, por cierto. Al contrario, tanto la letra como la música del presupuesto-bomba que acaba de desvelar constituyen un homenaje a la más célebre máxima de Eugeni d´Ors: "Todo lo que no es tradición, es plagio".
Al cabo, CiU no ha hecho cosa distinta que emular los usos y costumbres asentados por el Tripartito en materia de cuentas y cuartos. Esto es, al modo de los virreyes de Indias, si bien corregido y aumentado, ni acatar ni cumplir lo dispuesto en la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Una rutina, ésa de los catalanistas con mando en plaza y su devoción por las finanzas asilvestradas, frente a la que la Ley prevé un correctivo en verdad demoledor. Repárese, a ser posible conteniendo la respiración, en la sanción prevista para tales supuestos. "Se le formulará [a la Administración autonómica que rehúya lo establecido] una advertencia", reza con lacónica comicidad su artículo noveno. Que se vayan preparando, pues. ¡Se están arriesgando a que les riñan! "Una advertencia", ahí empieza y acaba la munición legal de que dispone el Estado español ahora mismo para hacer obedecer un mandato imperativo del Parlamento al ínclito Mas-Colell. Dura lex.
LD

jueves, 2 de junio de 2011

Sinde: Franco y el gallinero progre, Pío Moa


Ante el tratamiento del Diccionario biográfico de la Academia de la Historia a Franco y a algunos personajes de la República y del Frente Popular, la prensa progre y la Sinde, ministra de Cultura (sic), se han alborotado mucho. Ellos creen que Franco fue un dictador totalitario o fascista, destructor de una ejemplar república democrática; que Azaña fue un gran estadista y Negrín un gran patriota y defensor de la libertad; que el Frente Popular no liquidó la legalidad republicana, sino que la afirmó; que dicho Frente se componía de políticos y partidos enamorados de las libertad; que Stalin y los stalinistas defendieron la democracia española; que el envío del oro español a Moscú fue un acto legal y legítimo sin repercusión política especial; que Carrillo merece todo tipo de homenajes aunque "se pasara" un poco en algunos aspectos; que no existió el gigantesco expolio y destrucción de bibliotecas, obras de arte, iglesias, etc., ni una genocida persecución religiosa; o que, si hubo algo de ello, no tuvo mayor relevancia comparado con los crímenes "fascistas", el principal de los cuales fue haberse levantado contra tan ejemplares, progresistas y democráticos jefes izquierdistas y separatistas; que no hubo entonces un proceso revolucionario o que, si lo hubo, se debió al alzamiento fascista contra la libertad; etc. etc. Creen también en el "prestigio" como historiadores de Preston, Juliá, Viñas o Casanova.
En cambio, esa gente niega cualquier valor a méritos de Franco como haber vencido una revolución; haber mantenido a España fuera de la guerra mundial y desbaratado el injustísimo bloqueo exterior; haber eliminado el hambre y el analfabetismo e industrializado el país; haber dejado una nación próspera y reconciliada que ha permitido una transición sin demasiados traumas... Su pecado original, haber derrotado al Frente Popular e indirectamente a Stalin, borra cualquier otro mérito o gracia posible.
Bien, las creencias son libres y esos señores tienen derecho a tragarse y propalar las mayores necedades, nadie va a negárselo. Dada su presencia pública, sí cabría exigirles que se atrevieran a debatir sus creencias, pero hasta ahí no llega su audacia.
Su audacia la demuestran en otros campos: la desenvoltura con que no solo gritan, sino que demandan la censura y la imponen en cuanto está a su alcance, o exigen la "corrección" de textos no acordes con sus creencias, o acusan a otros de mentir, sin dar la menor prueba al respecto. Con lo cual demuestran ser tan "demócratas" como aquellos republicanos y frentepopulistas que tan agudamente describe Azaña: "¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?". ¿Tendremos que resignarnos a que este gallinero imponga sus memeces como historia y cultura españolas?
LD