Blogoteca: abril 2011

viernes, 22 de abril de 2011

La costumbre, Alfonso Ussía

El presidente del «Barça», señor Rosell, haciendo uso de su elegancia innata, adelantó que el resultado de la final de la Copa del Rey –de España o de Espanya según el gusto de cada cual–, sería un 5-0 a favor del Barcelona «para no perder la costumbre». A su lado se hallaba el muy Honorable Presidente de la Generalidad de Cataluña –o Catalunya, según el gusto de cada cual–, algo más modesto. Su pronóstico se inspiró en la grímpola cuatribarrada del Reino de Aragón. «Será un 4-0 en homenaje a las cuatro barras de nuestra bandera». Es decir, un vaticinio bastante paleto y ajustado a la aldea. Ni costumbre ni bandera. Creo recordar que al final ganó la Copa de Su Majestad el Rey el Real Madrid por un gol a cero. No puedo asegurarlo, pero mis informadores futbolísticos así me lo dicen, no tengo motivos para sospechar de sus buenas fuentes.

Una buena parte de la masa futbolera proveniente de Barcelona abucheó a los Reyes. Está en el guión. Y una buena parte de la masa madridista ovacionó a los Reyes, que también se contempla en el argumento. Para mí, que es más lógico el aplauso que el berrido, por respeto a las personas y a la Institución que encarnan, además de la razón de sus presencias. Se disputaba al final de su Copa, de la Copa del Rey que ha impulsado la descentralización del Reino y el establecimiento de las autonomías, y ese detalle, por lo menos, merecía la venia de la cortesía. Sucede que la aldea anda últimamente un celemín airada. Todavía se recuerda la pregunta que le formuló el preanterior Presidente de la Generalidad, Pascual Maragall, a uno de los arquitectos de la bellísima Torre Agbar el día de su inauguración. «¿Se trabajaba en catalán o en español?». El arquitecto le respondió que en catalán y Maragall se puso muy contento, aunque era mentira. En esas minucias pierden el tiempo, como les dijo Esperanza Aguirre a los empresarios catalanes en Barcelona cuando uno de ellos le preguntó por las causas del gran desarrollo industrial en la provincia de Madrid. «Sinceramente, porque allí nos dedicamos sólo a trabajar y a no perder el tiempo discutiendo por cosas secundarias».

Asumo que este artículo va a sentar con un zumo de naranja de los que ofrece «Iberia» en el desayuno a muchos de mis lectores. No lo pretendo. Cataluña en general y Barcelona en particular están en mi corazón y mi alma profundamente arraigadas. Siempre han sido un modelo de buena educación y cortesía. Pero el nacionalismo –mejor escrito, el independentismo– ha quebrado su antigua armonía. 



Los mesetarios acudíamos a Barcelona con la admiración clavada en la mirada. Y en Cataluña, donde siempre se habló su cultísima lengua, se practicaba el bilingüismo con absoluta naturalidad. De joven, y para no perder matices del original, leí a Salvador Espriú en catalán ayudado de un diccionario. No me resultó fácil, pero me compensó el esfuerzo, aunque sólo fuera para corresponder a la amabilidad y el cariño que siempre había recibido de Cataluña y los catalanes. En la actualidad, y es de esperar que pase la nube de la absurda singularidad, muchos catalanes han confundido el apego a su lengua y sus tradiciones con el odio a España, que es también su Patria, y al español, que es también su lengua, y a sus tradiciones, que son también  sus tradiciones, porque un catalán en Canarias es tan canario como el que más, y en Madrid tan madrileño como este servidor de ustedes. Cataluña no merece destacar en la antipatía. Menos arrogancia. Lo de menos es un resultado de fútbol. Lo grave está en la trastienda anímica.


La Razón

domingo, 17 de abril de 2011

Cataluña. La izquierda, culpable de la deriva independentista


Antonio Robles

&quote&quote¿Por qué ha de extrañarnos la superioridad moral del independentismo si quienes habrían de reaccionar contra ella están dedicados a pedirles perdón por no ser lo suficientemente nacionalistas?


Se acumulan los disparates con consultas y simulacros de independencia en la calle y en el Parlamento de Cataluña. 10-A, 13-M. La primera alegal, la segunda posible fraude de ley, las dos una estafa al sistema democrático. Una corriente de optimismo independentista parece haber tomado el control de la política catalana. Oponerse a ella obliga a la disculpa. La superioridad moral del independentismo ha sido bendecida con el voto a favor de la independencia de Pujol y Artur Mas. ¡Y después llaman friki a María Lapiedra!
¿Cómo hemos llegado a esto? O si quieren, ¿quién es el responsable de esta quiebra emocional con España? Sin lugar a dudas, el Partido Socialista (PSC) y la izquierda nacional catalana (ICV-EiUA). Mientras los hijos del nacionalismo son adiestrados en la defensa de la identidad nacional de Cataluña, el ciudadano catalán sin adscripción catalanista y las nuevas generaciones nacidas en Cataluña hijas de la inmigración e identificadas con el PSOE, han sido avergonzados por su origen, por su lengua y su nacionalidad española y empujados a redimir ese pecado original cambiando de lengua, de cultura y de nacionalidad. En lugar de compartir y sumar, han disculpado la exclusión. En el camino también perdieron la ideología. Ahora sólo son comparsas de un guión nacionalista escrito por la clase social que detestan.
Josep Ramoneda describe el desmoronamiento del PSC en esta clave, pero redundando en el error por no haber ido más lejos en su vasallaje: "Los hijos y nietos de los inmigrantes que llegaron en los setenta tienen otra relación con el país. Y parte del descenso electoral del PSC tiene que ver con que no ha sabido captar ese cambio: los descendientes de los electores del PSOE de hace 20 años no tienen por qué votar como sus padres".
No es que el PSC no haya sabido captar ese cambio, es que se ha negado a transmitir a sus hijos los valores constitucionales de la nación española. En su lugar, la escuela, los medios y la atmósfera social de acoso moral a su origen hizo el resto. Y los electores se lo recuerdan en cada cita electoral.
Lo hemos comprobado en los posicionamientos del PSC e ICV-EiUA ante las consultas y ante la Proposición de Ley de Declaración de Independencia de Cataluña. Pocos dirigentes socialistas han abierto el pico, y quienes lo han hecho, caso de Jordi Hereu, se han centrado en señalar las contradicciones de CiU por votar a escondidas por la independencia en las consultas no vinculantes y abstenerse en el Parlamento. Meras justificaciones. Montserrat Tura ha evidenciado aún más su condición de comparsa del nacionalismo en RAC-1 al mostrar su disposición a hablar de independencia porque España "no acaba de entender el sentimiento que se está produciendo en Cataluña". Lo mismo ha hecho Dolors Camats de ICV-EiUA amparándose en la confederación de los pueblos de España. Otro modo de reivindicar el concierto económico y el monolingüismo institucional.
Si reparan, no se enfrentan a la naturaleza inconstitucional e insurreccional del separatismo, ni señalan la quiebra de la igualdad de derechos y deberes de todos los españoles, ni sopesan las consecuencias económicas que tal pleito traería aparejado para las partes; ni advierten de las consecuencias nefastas que provocaría un proceso traumático de independencia para el entramado de afectos que enlazan a millones de españoles dentro y fuera de Cataluña. Por no enfrentarse, ni siquiera tienen la dignidad de reclamar lealtad y respeto por una cultura española rica y próspera llena de pasado y preñada de futuro.
¿Por qué ha de extrañarnos la superioridad moral del independentismo si quienes habrían de reaccionar contra ella están dedicados a pedirles perdón por no ser lo suficientemente nacionalistas?
Libertad Digital

sábado, 16 de abril de 2011

La República en síntesis, por Pío Moa



LA REPÚBLICA EN SÍNTESIS

   1.- Origen y legitimidad

   Al irse Primo de Rivera, Alfonso XIII impulsó una transición para volver al régimen constitucional. No le apoyó la mayoría de los monárquicos y crecieron los republicanos, estimulados por intelectuales influyentes como Ortega, Marañón o Pérez de Ayala, “padres espirituales de la República”. Los republicanos estaban desunidos, y fueron los derechistas ex monárquicos Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura quienes los concertaron en el Pacto de San Sebastián, en agosto de 1930. Los pactantes intentaron un golpe militar que fracasó en diciembre, pero el fracaso se convirtió en éxito político por las facilidades que les otorgó la monarquía, como recuerda Maura.
    
Para hacer la transición, el gobierno abrió un proceso gradual cuyo primer paso serían unas elecciones municipales. Estas tuvieron lugar el 12 de abril de 1931 y dieron amplia victoria a los monárquicos, excepto en la mayoría de la capitales de provincia. Sin embargo los monárquicos se desmoralizaron, el general Sanjurjo rehusó  emplear la Guardia Civil contra posibles disturbios, comenzaron las manifestaciones callejeras y Maura empujó a los republicanos a apoderarse del poder. Dentro del gobierno, Romanones obró como agente desintegrador. El rey cedió y abandonó el trono. Las memorias de los políticos no dejan lugar a dudas sobre la sucesión de los hechos, muy tergiversados en historias posteriores.
  
  Así, la república no llegó por elecciones, como se dice, sino por un golpe de estado, precedido por un golpe militar fallido. El golpe final no lo dieron los republicanos, sino los monárquicos contra su propio régimen, despreciando a sus votantes.  La república tuvo, pues, legitimidad: otorgada, paradójicamente, por una monarquía en crisis moral suicida.


2.- ¿Un régimen democrático?

   La Constitución republicana fue parcialmente democrática, pues afirmaba las libertades  y la alternancia mediante elecciones. Pero no era laica, sino anticristiana, reducía al clero a una ciudadanía de segunda y a la miseria, dejaba en inferioridad a los ciudadanos católicos y asestaba un duro golpe a la enseñanza.

    Este carácter solo parcialmente democrático quedaría aún más limitado por la Ley de Defensa de la República, que autorizaba detenciones arbitrarias, deportaciones, cierre de prensa, etc. La censura y la suspensión de periódicos se hicieron habituales. También data de entonces la Ley de Vagos y Maleantes.

   Azaña trazó para el régimen una estrategia ilusoria: “la inteligencia republicana” -- él mismo y sus correligionarios-- utilizaría como “brazos” a “los gruesos batallones populares en la bárbara robustez de su instinto”, es decir, a los sindicatos y partidos obreristas, en pro de un régimen de izquierdas. Sus Diarios muestran que pronto comprendió que la inteligencia republicana era escasa y que los gruesos batallones no se dejaban mandar por ella. No obstante, persistió hasta el final  en su catastrófica idea, corroyendo lo que tenía de democrático el régimen. 


3.- Los enemigos de la república

  Desde el comienzo atacaron a la república los comunistas, un partido débil, y los anarquistas, mucho más fuertes, mediante insurrecciones y huelgas salvajes. Los socialistas veían en la república “burguesa” una mera etapa para llegar a su propia dictadura, y los nacionalistas catalanes y vascos entendían la autonomía como un paso hacia una probable secesión. 
El régimen, traído de hecho por monárquicos, no tuvo al principio enemigos de derecha, la cual solo empezó a organizar complots militares –inocuos—tras la “quema de conventos”. Si esta quema despegó a la derecha de  la república, el grueso de la izquierda la atacaba o la usaba como medio para alcanzar un sistema de tipo soviético, haciendo la crisis permanente. Además, su personal político era de bajo perfil.  


4.- El personal republicano

   Ciertas historias presentan a unos líderes republicanos de alto nivel intelectual (“república de profesores”), bienintencionados, aunque ingenuos y blandos con los enemigos de derecha. No decía lo mismo Azaña en sus Diarios, documento histórico crucial donde califica a sus correligionarios de "obtusos", "botarates", "gente impresionable, ligera, sentimental y de poca chaveta", notables por su "inepcia, injusticia, mezquindad o tontería": "Me entristezco casi hasta las lágrimas por mi país, por el corto entendimiento de sus directores y por la corrupción de los caracteres". "Zafiedad", "politiquería", "ruines intenciones". "Conciben el presente y el porvenir de España según se los dicta el interés personal". "Política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta". Etc. 
Su relato de cómo preparaban la reforma agraria, y otras, colisiona con las que nos cuenta la historia de izquierdasMaura llama a los gobernadores republicanos “instrumentos de desgobierno” y define  la situación como “un manicomio suelto y desbordado”. 
Para Lerroux, único jefe republicano de larga trayectoria, "no traían saber, ni experiencia, ni fe, ni prestigio. Nada más que esa audacia tan semejante a la impudicia, que suele paralizar a los candorosos y de buena fe cuando la ven avanzar desenfadadamente, imaginando que es una fuerza de choque".  Alcalá-Zamora afirma que “constituyen un manicomio  no ya suelto, sino judicial, porque entre su ceguera y la carencia de escrúpulos sobre los medios para mandar, están en la zona mixta de la locura y la delincuencia”.
   
Estos testimonios deben contrastarse con la evolución real del régimen.


5.   Desarrollo de la República

 Aunque el régimen fue traído por jefes derechistas y suicidio monárquico, cobró enseguida un tinte ultra izquierdista. Pueden distinguirse en él cuatro etapas:

a) De abril a diciembre del 1931, un gobierno provisional promovió las primeras elecciones, ganadas ampliamente por la izquierda, y la Constitución. Esos 8 meses vieron  una oleada de incendios de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza, con complicidad de facto del gobierno, causa de una primera quiebra social. También movimientos insurreccionales anarquistas y choque de izquierdistas y policías más sangrientos que cualesquiera de la monarquía.


b) Bienio republicano-socialista, diciembre del 1931 a diciembre del 1933, dirigido la mayor parte del tiempo por Azaña. Presenció el pequeño golpe de Sanjurjo, espiado y vencido por el gobierno, y nuevas insurrecciones anarquistas. Una de estas culminó en la matanza de campesinos de Casas Viejas por la Guardia de Asalto. Azaña quedó desprestigiado,  perdió varios comicios parciales y el presidente Alcalá-Zamora le hizo dimitir. En ese bienio aumentó la delincuencia y la agitación política, con numerosos muertos, y  el hambre volvió a los niveles de principios de siglo. Las reformas (agraria, militar y en la enseñanza) fracasaron por su sectarismo e ineficacia. La mayoría del pueblo, harto, votó al centro-derecha en noviembre de 1933.


c) Bienio de centro-derecha, diciembre de 1933 a febrero de 1936. La izquierda no aceptó la victoria derechista en las urnas e intentó golpes de estado (Azaña) y una nueva insurrección anarquista, el PSOE preparó una insurrección armada para instaurar su dictadura, Companys  aprestó una rebelión en toda regla y el PNV desestabilizó al gobierno. La insurrección, planeada textualmente como guerra civil, estalló en octubre de 1934, pretextando un falso peligro fascista, y fracasó, dejando 1.300 muertos. Se alzaron el PSOE, los nacionalistas catalanes, el PCE y sectores anarquistas, con apoyo de los republicanos de izquierda. Luego, Alcalá-Zamora intrigó contra los gobiernos de derecha, imponiéndoles políticos también derechistas, pero afectos personalmente a él,  destruyó políticamente a Lerroux, expulsó a Gil-Robles (CEDA) y llevó al régimen a una crisis en la que el propio Alcalá-Zamora y su protegido Portela iban a ser juzgados por ilegalidades. Por evitarlo disolvieron las Cortes y convocaron elecciones para el 16 de febrero del 36. Pese a todo, en ese bienio, llamado “negro” por la izquierda, se reactivó la economía y descendió el hambre.


d) Febrero a julio de 1936, cinco meses de demolición revolucionaria del régimen por las izquierdas, que arrasan violentamente su legalidad. Tras las furiosas elecciones de febrero, el Frente Popular se arrogó la victoria, aunque nunca publicó las votaciones, arrebató ilegalmente escaños a la derecha y destituyó a Alcalá-Zamora, también de forma ilegal. Marcaron la etapa, verdadera guerra civil “fría”, cientos de asesinatos, incendios de iglesias, asaltos a sedes y prensa de la derecha, invasión de fincas, huelgas salvajes y subida vertical del paro. Era un nuevo régimen ilegítimo, retratado con el asesinato de Calvo Sotelo por milicianos socialistas y policías y el aplastamiento sangriento de las protestas. Cuando el 17 de julio se sublevó por fin una parte del ejército contra un régimen ya plenamente deslegitimado, recomenzó la guerra civil “caliente” emprendida por las izquierdas en 1934 y no rectificada en su espíritu.   


6) “Padres espirituales de la República
   Los intelectuales que más ayudaron a traer la república denostaron la experiencia y al Frente Popular. Marañón llama a sus líderes “cretinos criminales”, “Todo es en ellos latrocinio, locura y estupidez”, “Horroriza pensar que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España (…). Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos y por haber creído en ellos”. Pérez de Ayala los considera "desalmados mentecatos", cuyo "crimen, cobardía y bajeza nunca hubiera podido imaginar". Ortega fustigó a los intelectuales extranjeros, que, ignorándolo todo de España, defendían a las izquierdas. Unamuno fulminó contra Azaña, y aunque  tuvo su célebre choque con los falangistas, mantuvo su condena a su gobierno. Besteiro admitió que los nacionales habían librado a España de una pesadilla….

   Cabe observar que quienes hoy defienden y se proclaman herederos de la república y el Frente Popular, recuerdan a aquellos republicanos tan vívidamente descritos por Azaña. En ese sentido no cabe negarle cierta cualidad profética.

viernes, 8 de abril de 2011

Pujol: La independencia equidistante de CiU


Antonio Robles

&quote&quoteUna insurrección antidemocrática. La voladura de la separación de poderes. Un disparate. Y Zapatero en Babia. O mejor, el Gobierno en pleno, el fiscal general del Estado y toda la intelectualidad orgánica. ¡Menuda tropa!


Jordi Pujol, el ex presidente de la Generalitat de Cataluña, ha votado por la independencia. Hemos de creerle, así lo declaró él. No le vimos votar, ni cámara alguna recogió el instante. Dos días después, su delfín, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Más,declaró que él también había votado pero antes. Por lo que se ve, también a escondidas. Le ha seguido este martes la consejera de Justicia de la Generalidad, Pilar Fernández Bozal, la misma que hace dos años puso el primer recurso contra el primer referéndum independentista de Arenys de Munt. Todo muy coherente y responsable. Antes lo ha hecho una retahíla de diferentes cargos institucionales y militantes significativos de CiU. Y para acabar de liarla, Durán i Lleida critica abiertamente la decisión de Artur Mas. Más coherencia.
En una semana, una propuesta de resolución del ex partido de Laporta obligará a discutir y a votar la independencia en el Parlamento de Cataluña. Lo que no sabemos aún es cómo justificará Artur Mas haber votado a favor de la independencia en ese referéndum alegal de Barcelona y oponerse a ella en una propuesta de resolución legal en el mismísimo Parlamento de Cataluña.
De un plumazo, el delfín de Pujol ha acabado con la equidistancia, el cálculo interesado, amagar y no dar, estar en misa y repicando, dar dos pasos y desandar uno para quedarse con otro. En una palabra, se acabó el jugar eternamente a la puta i la Ramoneta. Ahora sabemos –sabemos todos porque así lo ha votado el otrora "hombre de Estado"– que España es un tentempié a la espera de la bacanal. Siquiera por vergüenza democrática, hagan cumplir la ley.
¡Tómenlos en serio! Quieren conseguir una mayoría social. No harán ninguna locura, medirán cada paso, como siempre han hecho, y cuando tengan la pieza a tiro, la despiezarán para quedarse con el solomillo. Lo venimos advirtiendo desde hace años: Pujol no votó la independencia la semana pasada, Pujol la venía incubando desde mucho antes de llegar a la Generalitat. Los tontos útiles de las urnas por el derecho a decidir sólo son marionetas que el destino diseñado por Pujol ha movilizado ahora, ahora que las primeras generaciones modeladas por TV3 y la inmersión han comenzado a salir del cascarón.
Y mientras el poder ejecutivo de Cataluña se burla de la legalidad vigente, el poder legislativo de Cataluña, o sea, su Parlamento, aprueba una resolución de rechazo a las recientes sentencias del Tribunal Supremo que obligan a la Generalidad de Cataluña a respetar al castellano como lengua docente en las escuelas. O sea, la sentencia que desautorizaba la inmersión lingüística. De paso prevarican contra la sentencia del Tribunal Constitucional que dictamina que el castellano es lengua vehicular o docente en la misma forma que el catalán.
Una insurrección antidemocrática. La voladura de la separación de poderes. Un disparate. Y Zapatero en Babia. O mejor, el Gobierno en pleno, el fiscal general del Estado y toda la intelectualidad orgánica. ¡Menuda tropa!
No harán locuras, pero nos volverán locos. Esto es lo malo de la adolescencia –de las personas y de las naciones–: que hasta que no asientan cabeza, traen de cabeza a toda la familia.
Libertad Digital

martes, 5 de abril de 2011

FAVOR CON FAVOR SE PAGA Andalucía, siglo y medio de caciquismo



Cacique es una palabra taína, pero ha sido en España donde el caciquismo y los caciques han hecho mejor carrera a lo largo de la historia.

FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA
Cuando los primeros españoles llegaron a las islas del Caribe observaron como en las tribus indígenas mandaban unos reyezuelos locales que disponían de la vida y hacienda de sus súbditos. Lo hacían, además, con su pleno consentimiento. Estos primeros exploradores tomaron el término con el que los indios taínos los designaban y la incorporaron al español. La palabra era "cacique".
Las autoridades coloniales insistieron en que los caudillos locales siguiesen llamándose así, ya que la palabra en cuestión, al no existir en castellano, carecía de potestad efectiva. Así, un cacique era algo informal, muy lejos del poder que podía tener un "Señor" o, no digamos ya, un conde o un duque, cuyaautoridad estaba bien delimitada en el ordenamiento legal de la época.
Siglos después, ya en la metrópoli, se empezó a conocer como caciques a los mandarines locales que se hicieron dueños, por la vía de los hechos, del sistema político que hoy se conoce como "Restauración". Cada pueblo tenía su cacique, ante quien respondía una red clientelar que pedía favores al cacique a cambio de lealtad y, especialmente, del voto en las elecciones.
El cacicazgo se extendió como una mancha de aceite por toda la España rural, que por aquel entonces estaba atrasada económicamente y tenía un gran porcentaje de analfabetos. El sistema llegó a ser extremadamente complejo. En su apogeo, durante las primeras décadas del siglo XX, se daban amplias redes caciquiles que dominaban provincias enteras. El mejor ejemplo quizá sea el de Álvaro de Figueroa y Torres, Conde Romanones, gran cacique de Guadalajara cuyos tentáculos alcanzaban las dos Castillas.
Romanones llegó a ser varias veces ministro, presidente del Gobierno en tres ocasiones, presidente del Congreso de los Diputados y presidente del Senado. Otros caciques no llegaron a tanto. Se conformaban con ser los amos de su pueblo o su comarca y luego ofrecer sus influencias –y sus votos– al mejor postor.
"Para los enemigos la ley, para los amigos el favor"
El cacique basaba su poder en la influencia. Quitaba y ponía alcaldes, controlaba el cuartelillo de la Guardia Civil, el juzgado, la escuela y hasta la parroquia. Todo pasaba por sus manos. Si el pueblo estaba poblado y era rico, como solían ser los de Andalucía, el cacique prosperaba en instancias superiores y ampliaba su círculo de influencia. Los políticos locales se lo rifaban para conseguir votos y, si era necesario, se dejaban corromper fácilmente. Ambos extremos se dieron cita con profusión en la España de la Restauración.
Los partidos del turno –el Conservador y el Liberal– practicaban lo que se conoce como el "encasillado". Se trataba de listas que tenían que salir elegidas por deseo del ministerio de Gobernación. Los encargados de que estas listas saliesen o no elegidas finalmente era tarea de los caciques locales, que solían cobrarse el favor con otro favor o con leyes que les beneficiasen. Para poder cumplir con el acuerdo el cacique falseaba los resultados electorales a través de una infinidad de fraudes, algunos muy imaginativos como incluir en el censo a fallecidos que, milagrosamente, acudían a votar.
Con todo, el mejor modo de garantizar un pucherazo era comprar los votos a cambio de favores. El cacique prometía enchufes en la administración, agilización de los trámites burocráticos y hasta gestiones para evitar que los mozos tuviesen que ir a la guerra de África. Si el cacique cumplía acrecentaba su poder y era respetado por la población. Si alguien se oponía o denunciaba las maniobras caciquiles era laminado sin piedad y tenía que abandonar el pueblo. No existía, por lo general, violencia. Los clientes del cacique se encargaban de hacer la vida imposible al disidente hasta que éste cejaba en su empeño o se largaba del lugar. Así nació la frase "para los enemigos la ley, para los amigos el favor", que define con gran precisión en que consistía aquella turbia red de intereses entrecruzados con el poder político de telón de fondo que conocemos como caciquismo.