Blogoteca: 10 asesinos de la lengua, Arcadi Espada

domingo, 9 de enero de 2011

10 asesinos de la lengua, Arcadi Espada

 © Las listas listas de Cristian Campos

1. Los comisarios de arte 


Es difícil encontrar un mejor ejemplo de prosa atroz, vacía, confusa y pedante que la de los comisarios españoles de arte contemporáneo. Ante la necesidad de darle empaque intelectual a la nada más absoluta, dichos comisarios se ven obligados a desplegar una prosa supuestamente erudita que, en realidad, no es más que el amontonamiento de los palabros de moda en la secta artística. Por ejemplo:

“La instalación de Balka excluye tanto la sintaxis narrativa como la exégesis explícita. La situación que los visitantes se encuentran en Silos permanece tan oscura en su forma como en su temporalidad. Como en otros aspectos de su trabajo, la principal herramienta para la construcción de significado es su compromiso físico directo, revestido de metáfora y memoria.” (De aquí)

“Los deslizamientos de sentido como este, desde la convención semántica a la identitaria y viceversa, con todas sus contradicciones implícitas, sus paradojas, sus irrisiones y hasta sus posibles escándalos, son característica fundamental en la estrategia contestataria de Latifa Echakhch.” (De aquí)

“[La exposición] explora las múltiples dinámicas de las colaboraciones vividas en los laboratorios. Las obras presentadas muestran el potencial comunicativo de las respuestas de los artistas en la investigación científica. Se difuminan las percepciones preestablecidas de la ciencia y el arte. (…) El proyecto expositivo en Barcelona aporta un componente local con actividades educativas, de debate investigación con metodologías que fomenten una creatividad multidisciplinaria.” (De aquí)

2. Los poéticos

Un poético no es lo mismo que un poeta. Un poeta es un individuo, generalmente argentino y ciclotímico, que escribe poemas. Un poético es uno de esos que le añade poesía a todo lo que escribe, como el que le añade vainilla a todos sus platos aunque su ingrediente principal sean los garbanzos de Fuentesaúco. Si al texto de un poético le quitas la cursilería, te quedas con una sarta de obviedades del tipo “el tiempo pasa”, “me gustaría tener más tiempo libre para tener más tiempo libre” o “las cosas tristes me ponen triste”:

“Ni siquiera me atrevo a escribir los propósitos de año nuevo, ni siquiera puedo llamarlos así. El tiempo, ese juguete que nos juega, acorta los deseos. No me darán las horas para hacer tanto de lo que quiero. Entre otras cosas, perderlas. Perder las horas sin que me aplaste la culpa. Y ganarle horas al año.” (De aquí)

3. Los pedagogos 

Los pedagogos son esos individuos que pretenden poner a prueba SUS utopías sociales en la piel de TUS hijos. Conceptos como “realidad” o “naturaleza humana” son para ellos maquinaciones de algún malvado fascista, y de ahí que su prosa, levemente menos farfullante pero igual de confusa que la de los comisarios de arte, desprenda la cegadora aura de los iluminados:

“En este trabajo se subraya la tesis de que la antropología filosófica es imprescindible para acceder a la comprensión de la realidad educativa, que al pertenecer al núcleo mismo del ser humano, resultaría indescifrable sin los códigos de la antropología integral, en la que confluyen los conocimientos científicos y el saber comprensivo filosófico. Desde su dimensión natural y cultural, hasta su configuración como ser personal, dialógico, libre y trascendente, todo en el hombre apunta a la educación y culmina en ella, otorgándole ésta a su vida el verdadero sentido.” (De Revista Española de Pedagogía)

“Presencia de la Zona de Desarrollo Próximo como distancia que media entre el nivel real de desarrollo y el nivel de desarrollo potencial. (…) Aunque en la clase hay una fuerte presencia del desarrollo potencial, se arriba también paulatinamente al nivel real de desarrollo, los estudiantes, logran de manera más independiente la realización de actividades no realizadas por ellos anteriormente. Cabe destacar que ese nivel real de desarrollo se irá alcanzando poco a poco, incluso en espacios que escapan a la clase y aparecerán otros niveles, lo que evidencia el dinamismo de este proceso”. (De aquí)

4. Los leguleyos

En realidad, este apartado debería pertenecerle sin más a la prosa administrativa, pero también es cierto que legisladores, jueces y abogados destacan sin duda alguna como los más grumosos, prehistóricos y oscuros del lote funcionarial. De hecho, pueden encontrarse libros de caballerías del siglo 16 escritos en un español más moderno que el de la mayoría de las leyes, demandas o sentencias judiciales de hoy en día. Y no se trata sólo de formulismos arcaicos como los de “en la representación que tiene acreditada”, “así por esta mi sentencia de la que se unirá certificación a los autos correspondientes, lo pronuncio, mando y firmo” o “interesado el recibimiento a prueba por las partes”. Se trata, sobre todo, de esa incapacidad para estructurar un texto de forma lógica, coherente, clara y recta, o de la negación de las virtudes de la economía del lenguaje:

“A resultas de los golpes proferidos por los guardias civiles Sergio García Andrade y Sergio Martínez Tomé en el marco de un actuación policial dirigida por el sargento Casas, que, este último, teniendo obligación legal por razón de su función directiva de impedir, permitió le fueran infligidos, el detenido Mattin Sarasola sufrió las siguientes lesiones…”

“Las cuotas aplicadas al derecho de sufragio generan hacia quienes pretendan formar parte de las candidaturas y no puedan hacerlo por sobrepasar los optantes de su género un número mayor al legalmente establecido una vulneración de su derecho a la igualdad por razón de su sexo, que se suma a la ya argumentada violación de su derecho de acceso a los cargos públicos representativos, sin que esta desigualdad pueda ser exculpada como medida de discriminación positiva en los términos expresados por el propio Tribunal en resoluciones como las SSTC 28/1992, 3/1993, 216/1991 y 16/1995, entre otras.”
5. Leire Pajín

En honor a la verdad, hay que decir que Leire Pajín no es la inventora ni será la última hablante del politiqués socialdemócrata, ese buñuelo de viento idiomático cuya mayor virtud reside en su inanidad; pero sí podemos decir que con el blog de Leire, el politiqués socialdemócrata ha alcanzado sus más altas cimas. Lugares comunes, cursiladas, obviedades, topicazos, demagogias sin ton ni son, pleonasmos y la búsqueda del nivel cero de la inteligencia del lector/oyente son los rasgos distintivos del politiqués de Leire Pajín (aunque no le andan a la zaga sospechosos habituales como Pepe BlancoElena ValencianoPedro Zerolo o esa Al Qaeda de la sacrosanta gramática española que es Isabel López Chamosa):

"…Conozco muchas historias de la minería, transmitidas de hijos a padres, historias que forman parte de la identidad de algunos pueblos de nuestro país, como los de la montaña de León, lugares que forman parte de mis raíces."

“Imaginaos el poder que podríamos liberar si las mujeres fueran libres de esa carga y pudieran perseguir sus propios sueños, abrirse a nuevas oportunidades y ayudar a mejorar su vida y la de las personas que tienen alrededor.”

“Realizar entrevistas en medios de comunicación en directo tiene algo mágico. La sensación de que al otro lado hay personas pendientes de aquello que contamos, aunque no les estemos viendo en el momento, requiere de un esfuerzo especial por nuestra parte para explicar adecuadamente, sin prisa pero sin pausa, aquello en lo que creemos.”

6. Las Mis Labores

Las Mis Labores, discípulas intelectuales de Maruja Torres, son todas esas redactoras de opinión que han confundido su columna con el diario personal de una quinceañera. Las Mis Labores se han ido al extremo opuesto de la artificiosidad erudita de un Umbral o un Raúl del Pozo, es decir a la banalidad más total y absoluta. No son las únicas que han confundido el costumbrismo y la cotidianeidad con la chorrez, pero sí las más llamativas. Su objetivo es convertir los diarios españoles en unareunión de Tupperware. Da igual el tema del que hablen: en su columna siempre empiezan hablando de ellas, continúan hablando de ellas, añaden un rápido apunte sobre ellas y rematan relacionando de la manera más chusca posible el supuesto tema de su columna con, lo han adivinado, ellas. En realidad, el tema de su columna siempre son ellas:

“Hace frío, se ha estropeado la calefacción y el agua del grifo sale helada. Un fastidio terminar el año de este modo tan precario. Mientras enchufo estufas y caliento baldes de agua, como en los viejos tiempos, pienso si no será un presagio de lo que nos espera en estos cinco años difíciles que, según Zapatero, nos quedan por delante. Afortunados los que podemos permitirnos el lujo de pagar el recibo de la luz y el del gas, comprarnos un billete de tren o llenar de combustible el depósito del coche, teniendo en cuenta que los precios han subido entre un 4% y un 10%.” (De aquí)

“Esta es la historia de unos pulmones vacíos. Demasiado sanos. Demasiado enfermos. Demasiado llenos de aire y humo como para acordarse bien. Recuerdo mi primer cigarrillo, creo que era 2004… o 2005, en los baños de una residencia francesa durante el viaje de estudios. Marta y Miguel me dieron a probar los Black Devil, esos cigarrillos de color negro con sabor a chocolate que poco a poco se van haciendo empalagosos en la boca. Pasé muchos meses sin volver a probarlo.” (De aquí)

7. Los confusos 

Los confusos son esos seres que han estudiado periodismo porque a ellos lo que les gusta es “escribir”, o que se han apuntado a un curso de escritura creativa para que sus reportajes de la sección de economía les salgan más imaginativos y floridos. Ante la disyuntiva de escoger entre la no-ficción, con sus esclavitudes a cuestas, y la ficción, tan cómoda ella, han optado por el camino del medio. Es decir la ficción. Porque con la realidad y la ficción ocurre como con la vieja metáfora del barril de vino: si a un barril lleno hasta arriba de basura le añades una gota del mejor vino, tendrás un barril lleno hasta arriba de basura; pero si a un barril lleno del mejor vino le añades una gota de basura, tendrás un barril lleno hasta arriba de basura. Sustituyan “basura” por “ficción” y “vino” por “realidad” y comprenderán. Pero en vez de sincerarse consigo mismos y sus lectores (un “me lo he inventado todo” bastaría), los confusos siguen dale que te pego con la matraca de “la fina línea que separa la realidad de la ficción”. Alguien debería decirles que esa fina línea tiene el grosor de la galaxia de Andrómeda. El resultado de tanta confusión suele ser un engrudo indigerible y bastante incómodo, en el que con cada frase se rompe el contrato que vincula a escritor y lector: ese que dice que lo que es verdad es verdad, y lo que es mentira, mentira. Sin término medio.

“Soy madrastra, periodista y autora de “La novia de papá”. Este blog no lo escribo yo, lo escribe Sol Beramendi, la protagonista de mi novela. O sea, que es ficción y, por lo tanto, absolutamente real.” (De aquí)

8. Los periodistas deportivos

En España aún no ha nacido el Joaquín Vidal del periodismo deportivo, alguien al que se lea con devoción mariana independientemente de que interese o no el tema de sus textos (en el caso de Vidal, los toros). Mientras ese Joaquín Vidal de los deportes no aparezca, nos tendremos que conformar con el recuerdo de la crónica de la maratón de las Olimpiadas de 1908 que Sir Arthur Conan Doyle escribió para el Daily Mail. Por cierto: curiosamente, el deportivo es uno de los pocos terrenos en los que el nivel del periodismo televisivo es, en términos generales, no demasiado inferior al del periodismo escrito. Lo que da una idea de la magnitud de la tragedia, por otro lado.

“Uno de los mayores disgustos de Guardiola la pasada temporada se produjo por la eliminación en la Copa a manos del Sevilla porque sus planes quedaron abortados de raíz. De ahí que el partido de mañana en Bilbao posea un alto contenido de relevancia en el devenir de la temporada. Las dos razones de esa importancia son de diversa índole, al margen de la propia lucha por un título.” (De aquí)

“Aquí no perderemos ni una línea recreándonos en el deterioro de la imagen del Madrid, porque cada palabra que ignore los merecimientos del Barça es negarle al equipo de Pep el mayúsculo reconocimiento que merece.” (De aquí)

9. Los panorámicos

Los panorámicos son esos que escriben a bulto. Peleados con la precisión, son a la escritura lo que los pintores de brocha gorda al arte pictórico. Lo neblinoso es su patria. Gema Martín-Muñoz, directora general de Casa Árabe y profesora de Sociología del Mundo Árabe e Islámico de la Universidad Autónoma de Madrid, además de colaboradora habitual del diario El País, es una panorámica de libro. Suyos son párrafos como estos, en los que hay que leer entre líneas para conferirle un sentido un poco más preciso a términos como “enorme”, “muchos”, “distintos”, “complejas”, “abajo”, “realidad” o “contiene”, y para entrever la sangre que ocultan:

“Bien al contrario, existe un enorme dinamismo [en las sociedades islámicas] que va abriendo las puertas a muchos cambios, si bien a ritmos distintos y en las complejas situaciones que produce la dualidad de cambiar desde abajo mientras se contiene desde arriba.”

“La visión esencialista dominante que se tiene de las sociedades árabes hace que no se manifieste interés por lo que pudiera romper una imagen fuertemente forjada sobre esa supuesta "especificidad islámica" que encierra a todas las mujeres árabes en una misma realidad, cuando lo que viven es una enorme diversidad de situaciones.

10. Los correctores de estilo

¿Cómo detectar la obra de un corrector de estilo, ese duendecillo que trabaja a la sombra remendando los textos de otros? Hay dos maneras: la primera es buscar en el texto palabros como “güiski” (por whisky), “pirsin” (por piercing) o “yas” (por jazz). Nadie que no sea un corrector de estilo tiene los santos cojones de utilizar el engendro satánico “yas” y quedarse tan ancho. “A mí no me gusta el yas, yo soy más del pan y el jarcor” es una frase típica de corrector de estilo. De hecho, un corrector de estilo eliminaría ese “yo soy más” porque le sonaría coloquial y castizo. La frase de un corrector de estilo sería más bien “A mí no me gusta el yas, me gustan más el pan y el jarcor”. La segunda manera ya es más sutil. Hay que buscar textos despersonalizados, esos que parecen haber sido escritos con plantilla, ni chicha ni limoná, textos sin aristas, sin carácter, sin sello. Sin vida, en definitiva. Pero ojo no nos vayamos a confundir, caballeros: no toda la literatura escrita por mujeres ha pasado por las manos de un corrector de estilo, aunque pueda parecerlo. Y es que ya lo decía Umbral: “El estilo es la impronta masculina por excelencia de la novela, como lo es en la pintura”. En este sentido, no hay nadie que trabaje más por el feminismo, o mejor dicho por la feminización, que un corrector de estilo.

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