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lunes, 20 de diciembre de 2010

Pujol contra Vargas Llosa Vargas, por Maite Nolla


¿Por qué reaccionó Pujol cómo reaccionó contra Vargas Llosa? Pues se puede pensar que porque el galardonado con el Premio Nobel es español y no nacionalista. O directamente antinacionalista; mucho mejor. Yo me decanto por otra versión: Pujol es un tipo rencoroso, que no soporta que la imagen que él mismo ha conseguido crear, a base de esconder la realidad, se cuestione y menos con tanta repercusión. Ya sé que el libro de Sánchez Dragó y Boadella se ha hecho famoso por las aventuras del primero con las lolitas japonesas, pero al margen de ello, en uno de los pasajes del libro se pone de manifiesto la diferencia entre el que piensa que Pujol es, al menos en apariencia, un tipo amable y moderado, y el que le conoce y sabe que estamos ante un gran cómico que se aprovecha de la primera impresión y del desconocimiento.
Se desmonta el mito del inteligentísimo hombre de estado si resulta que no sabe hacer otra cosa que sacar a pasear a Franco, cuando Vargas Llosa fue naturalizado español para evitar, como él mismo dice, que se convirtiera en un apátrida. Y si alguien que ha vivido el exilio tiene la sensación de que había más libertad en Barcelona en los años setenta que ahora, eso debería avergonzar al que gobernó durante veintitrés años en Cataluña.
El caso es que al margen de este incidente y de las respuestas que ha recibido Pujol de Pepe García Domínguez o de Arcadi Espada, Vargas Llosa también es parte de la actualidad política.
 Me refiero a que desde UPyD se quejan amargamente del trato de la prensa y de la opinión y de que no se ha hecho hincapié en la relación entre Vargas Llosa y el partido de Rosa Díez.
 Echarle la culpa a la prensa está feo, máxime después de que un partido nacional haya obtenido menos de seis mil votos en Cataluña; pero es que al menos desde Libertad Digital se dijo desde el primer día que la concesión del Premio Nobel a Vargas Llosa dejaba en muy mal lugar, por ejemplo, a la candidata en su momento del PPC, a cuenta del famoso manifiesto en defensa de la lengua común que uno promovió y otra no firmó por considerarlo innecesario en Cataluña.
 Lo que sorprende es que la mejor campaña política que suponía la concesión a Vargas Llosa del Nobel se haya desaprovechado de una manera tan estúpida. Lo mismo que el caso de Paco Caja y dejar que otros se atribuyeran sus méritos. ¿Cuánta gente sabía al ir a votar que Vargas Llosa era casi uno de los fundadores de UPyD? ¿Cuántas personas sabían que Paco Caja cerraba la lista de Rosa Díez por Barcelona? Tuvieron tiempo de sobras y oportunidades más que de sobras. Y cuando parecía que ya no tenían ni una cosa ni otra llegó el Nobel. No echen la culpa a los demás.

Libertad Digital

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