Blogoteca: Dedicado a los parásitos y caraduras piratas de Internet, por Carlos Fonseca

lunes, 27 de diciembre de 2010

Dedicado a los parásitos y caraduras piratas de Internet, por Carlos Fonseca


¡Muera la inteligencia!. ¿Les suena? Fue el grito de un tuerto y manco famoso, un tal Millán Astray, fundador de la Legión para más señas, en respuesta a la intervención de Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936, entonces día de la Raza y hoy de la Hispanidad. No le gustaron las palabras del escritor y filósofo y decidió asesinarlas. Si de aquel hombre que daba vivas a la muerte hubiese dependido, este país sería hoy un erial lleno de tullidos intelectualescomo él. 
De aquello hace ya mucho tiempo, pero el episodio le viene como anillo al dedo a la marabunta que han montado los internautas (desconozco la amplitud del alboroto) con la Ley Sinde, que preveía el cierre de páginas web de descargas ilegales previa autorización judicial. No voy a entrar en el articulado de la norma, pero que quede constancia de la vergüenza que me produce que la misma se incorporara de rondón a la Ley de Economía Sostenible y que la oposición en bloque se opusiera a ella. Supongo que porque tiene miedo al poder incorpóreo de la red y los votos que hay tras ella.
Hay mucho bobo suelto que identifica Internet con el “gratis total” y que defiende que todo lo que es susceptible de ser colgado en la red tiene que ser de acceso libre y gratuito. Lo llaman libertad de expresión y democratización de la cultura, o algo así. ¡Vaya pandilla! Primero fue la música, luego las películas y ahora están por caer los libros. No voy a defender a la industria musical, ni a la  audiovisual, ni a la editorial, cuyos márgenes comerciales desconozco pero supongo que serán elevados. Comoabusivo es el IVA con que el Gobierno grava la cultura, que más parece un artículo de lujo. Si la industria bajara los precios y el Gobierno el IVA tendríamos una cultura más accesible.
Hay mucho bobo suelto que identifica Internet con el “gratis total” y que defiende que todo lo que es susceptible de ser colgado en la red tiene que ser de acceso libre y gratuito
Pero no, la cuenta la tienen que pagar los creadores: músicos, cineastas y escritores, que son el sustento de todo este tinglado. Sus ingresos proceden de los derechos de autor que generan sus obras. Cuanto más venden, más ganan; y si venden poco, pues se quedan a verlas venir. Su medio de vida es su trabajo intelectual, y no puede ser gratuito, como no lo es el kilo de naranjas y el cuarto y mitad de pechuga de pollo que compramos en el supermercado. ¿O acaso está usted dispuesto a trabajar por la cara?
Quienes defienden que el trabajo de los creadores, no el suyo, tiene que ser gratis están gritando ¡muera la inteligencia! como Millán Astray, porque, aunque les parezca mentira, los músicos, los cineastas y los escritores también tienen hijos que mantener, hipotecas que pagar y les gusta hacer tres comidas al día. Una barbaridad.
Los bobos de los que les hablo no se dan de baja en su compañía telefónica por las tarifas abusivas de Internet, de las más caras de Europa; ni dejan de tomar café aunque les claven un euro setenta en cualquier restaurante de medio pelo; siguen comprando sus cajetillas de tabaco pese a la subida constante de su precio, y le echan gasolina al coche esté el precio del barril de brent al precio que esté. Pagan y punto pelota. Ahora, cuando se plantan delante del ordenador el mundo es suyo. Dicen los muy hipócritas que solo intercambian archivos con otros internautas, como si subir un disco, una película o un libro a una plataforma de descargas fuese el equivalente a hacer una copia del CD o del DVD para un amigo o dejar el libro al vecino. ¡Qué cara más dura!
Cultura son también los medios de información en Internet, la mayoría  gratuitos para solaz de sus lectores.De momento, la publicidad es suficiente para mantener plantillas ajustadas, pero el salto hacia  adelante en los contenidos habrá que darlo cobrando por ellos. No hay otra si queremos medios independientes y de calidad. El pago será también un medio disuasorio para los ignorantes que circulan por la red. Creen que el futuro de la publicación depende de su dedo índice y disfrazan los insultos de crítica. Otra cosa será cuando tengan que pagar.
Me da lo mismo el soporte que se utilice para difundir cultura. Internet es un medio perfecto por su inmediatez y su capacidad para llegar a cualquier hogar (que pueda pagar un ordenador y contratar una línea), pero no a costa de los creadores. Su trabajo tiene precio y hay que pagar por él. El cliente es libre de comprar o no lo que le ofrecen, pero no tiene derecho a robar lo que no le pertenece. A los que lo hacen les dedico este grito: ¡Piratas!, ¡que sois unos piratas!
Hasta el próximo lunes.

El Confidencial

1 comentario:

Rick dijo...

Dejando aparte el lado moralizante o maniqueo del asunto, los diseñadores de tenedores o de lavabos no cobran, que yo sepa, derechos de autor, y la profesión sigue en pie. Y Homero escribió la Odisea pese a que los derechos de autor tardarían todavía siglos en aparecer.

No es la moral lo que está alterando el oficio de escritor o cantante, sino la tecnología. Los automóviles acabaron con los fabricantes de carrozas, y la imprenta con los amanuenses. Parecería un poco absurdo hoy prohibir las maletas con ruedas para proteger el oficio de mozo de cuerda. La vida es espabilarse, y el que realmente tiene algo que decir, no se preocupe usted: acabará encontrando la forma de decirlo.

Y de rebote conseguiremos separar el ruido de las nueces, que ya iba haciendo falta.