Blogoteca: noviembre 2010

domingo, 28 de noviembre de 2010

Pajín. Y Herodes abrió una guardería, por Pablo Molina



Espero que no quede alguien en España capaz de confiar en la sinceridad de Rubalcaba, porque una cosa es que seamos un país grotesco, que vota a una calamidad sonriente porque "parece buena persona", y otra muy distinta que la mayoría de españoles crea que el socialismo reforma las leyes pensando en el bien común, en cuyo caso más nos valdría ir haciendo las maletas.
Rubalcaba ha dicho que la alucinante reforma del código civil anunciada el jueves por una Pajín más aturdida de lo habitual, que destruye pro domo sua el principal pilar del Estado de derecho tal que la presunción de inocencia, se hace pensando en los niños, esas criaturas desamparadas que D. Alfredo quiere proteger del machismo imperante en una sociedad que conviene desmontar de arriba abajo. Poco importa que los jueces se hayan dado a la bebida ante el anuncio de una reforma legal que convierte a las garantías procesales en una entelequia en beneficio de una de las partes, la mujer, a la que el feminista de Zapatero ha decidido convertir en la excusa para su revolución. De lo que se trata no es de mejorar las leyes existentes, sino de torcerlas para imponer una agenda política radical determinada de antemano.
Así que ahora los niños preocupan extraordinariamente al Gobierno socialista. Pues cuando convirtieron el asesinato indiscriminado de niños en un "derecho" (sic) del que podían hacer uso incluso las niñas adolescentes no era eso lo que les afligía, sino el deseo de dar otro golpe de martillo pilón a la familia, célula imprescindible de todo orden social.
Los socialistas deciden quién vive y quién no. Si tienes la suerte de nacer te adoctrinan en el colegio y te embrutecen con la cultura de masas. Y por si acaso te escapas y amenazas con convertirte en un adulto decente, a partir de ahora ponen en marcha los mecanismos para que cualquier discusión doméstica acabe con uno de los "conyugues" despojado de sus derechos en una aventura judicial sin marcha atrás.
Pero todo esto es, como dice Rubalcaba, pensando únicamente en el bien de las criaturas. Pues no se rían. En cuanto lo repitan varios días consecutivos los locutores de los telediarios nacionales y salga el típico imbécil del PP opinando a favor, los socialistas habrán conseguido imponer otro jalón de su agenda por la vía de los hechos. Los españoles, para nuestra desgracia, somos así. 
Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.
Libertad Digital

lunes, 22 de noviembre de 2010

O los Estados Unidos de Europa o la salida del euro, por Ángel Gimeno




18 de noviembre de 2010

Lo que admiro de los políticos serios, es esa capacidad para ser sinceros en entornos complicados y complejos,defensores de la verdad y enemigos de la mentira.
Justo lo contrario de lo que vivimos en España.

¿Tiene sentido la disciplina alemana para resolver los problemas del euro y los de los países con déficit presupuestario?
Nuestra respuesta es que no.Hace falta mucho más para resolver los problemas de quince por no decir los de los veintisiete países europeos.

Es imprescindible darse cuenta de que debemos tratar la problemática del déficit con realismo. Salvar el euro hoy día es muy difícil. Está sin control.
Una Unión Monetaria sin una Unión Fiscal es casi imposible. La actuación conjunta de los Bancos Centrales de Inglaterra, EEUU, Europa, Japón y China tiene serias dificultades para mantener el euro en el contexto en que se mueve hoy día.

Debemos ser más racionales que nunca en Europa y tratar la realidad que vivimos con seriedad y exigencia de sentido crítico, pero sin pedir a los países lo que no pueden dar y peor todavía, castigarlos después por no dar lo que no tienen.

SI CREEMOS EN UNA MAYOR INTEGRACIÓN EUROPEA, DEBEMOS CREER EN LA OBLIGACION DE DISMINUIR LAS DIVERGENCIAS ENTRE UNOS PAISES Y OTROS. El FONDO MONETARIO EUROPEO

El objetivo de la Integración Europea, que en principio preferimos a su desintegración, sólo podemos conseguirlo con un instrumento nuevo,como podría ser el FONDO MONETARIO EUROPEO, parecido aunque no idéntico , al Fondo Monetario Internacional ,creado en Bretton Woods ,capaz de organizar las convergencias en los buenos momentos, y eficaz pero sobre todo eficiente en amortiguar el ajuste en los momentos difíciles.

El FONDO MONETARIO EUROPEO, debería ser capaz de igualar las economías de países con Balanzas comerciales deficitarias, con países con Balanzas comerciales con excedentes y eso sólo puede conseguirlo impulsando reformas profundas en los países deficitarios.
Reformas que aumenten la convergencia entre países, del tipo de las Reformas del Mercado Laboral , que necesita España, en los campos de la contratación laboral y la Negociación Colectiva.
Reformas educativas que faciliten la interconexión entre el mundo universitario y el sistema productivo de cada país.

Reformas Logísticas, para permitirnos entrar en la Economía de aprovechamiento del tiempo y actuar y decidir casi en tiempo real en el mundo global actual.
Reformas y aumento real de las Inversiones en I+D+I, aplicadas a aquellos Centros de Investigación, Departamentos Universitarios dedicados a la Investigación básica o aplicada y los propios Centros de Investigación de las empresas que mayor rentabilidad obtienen de la Inversión utilizada.
Todas estas Reformas deberían ser dirigidas por los mejores de cada país, y con el objetivo decidido de hacer más competitivas sus economías, para aumentar las exportaciones de las mismas.

LA SOLIDARIDAD INTEREUROPEA ES IMPRESCINDIBLE . REQUIERE A PARTE DEL FONDO MONETARIO EUROPEO YA EXPLICADO , LA CREACION DE UN FONDO DE DEUDA PUBLICA DE LOS PAISES DE LA UNION MONETARIA EUROPEA.

El Fondo de Deuda Pública Europea, debería formarse con Deuda Pública de todos los países de la Unión Monetaria Europea, con la Totalidad de la Deuda Pública resultante de la suma de los 60% de la Deuda Pública de cada país.
Este Fondo de Deuda Pública de los países de la Unión Monetaria Europea estaría dirigido por un Consejo formado por representantes de todos los países de la Unión Monetaria .

El 40% restante de la Deuda de cada país miembro, sería gestionado por cada país ,tras ser autorizada la cantidad resultante por el Consejo del Fondo de Deuda Pública Europea.
Es inevitable que en estos momentos, la Deuda de cada país en situación de dificultades debería ser reestructurada para poder ser atendida a sus vencimientos.

De no hacer ésto, los Sectores Financieros de todos los países europeos,unos por deudores y otros por acreedores pasarían grandes problemas, al igual que el Sector Financiero Internacional fuertemente interrelacionado con el Europeo.
ANGELA MERKEL DEBE ENTENDER QUE EL EGOISMO NO LLEVA A NINGUNA PARTE.
No es difícil entender a Angela Merkel , tras casi conseguir que Sarkozy se prestase a introducir en la Constitución Francesa la condición de no poder tener déficits en los Presupuestos anuales.
¿Pero conseguirá Sarkozy al igual que el resto de los países europeos , que sus Parlamentos nacionales se impongan ese autocontrol respecto al Déficit Público anual?. Yo creo que no.
Para eso sería mejor ir directamente a la Unión Política Europea, a los ESTADOS UNIDOS DE EUROPA, a la que nos hemos negado reiterativamente todos los países europeos, aunque unos más que otros sin duda alguna.

Alemania tiene que darse cuenta de que su superavit comercial lo consigue gracias al resto de los países europeos, cosa que no conseguiría si no existiera la Unión Europea.
Es cierto que Alemania ha hecho sus deberes, pero también es cierto, que tanto ellos como los franceses fueron los primeros en incumplir las condiciones de Déficit y Deuda del Plan de Estabilidad, con Schroeder y Chirac de máximos dirigentes, cuando tuvieron problemas hace unos años.
Ahora no pueden pretender imponer sanciones a los demás. De hacerlo, los pueblos de los países afectados se rebelarían contra una Unión Europea, con unos Organos Directivos no elegidos democráticamente y que además se caracterizan por estar compuestos por los personajes más mediocres de la Unión en los últimos cincuenta años.

Con gente mediocre no se puede conseguir la convergencia que todos deseamos y en consecuencia una mayor Integración Europea.
Un poder no controlado por nadie pretende controlar los Parlamentos nacionales y limitarles en su funcionamiento, mediante directrices anteriores a las discusiones presupuestarias de los respectivos Parlamentos Nacionales.
Es evidente que la insolencia de esta Comisión tan liberal y tan poco social, se sale fuera de lo que sería razonable, aunque parezca que no se dan cuenta de ello.
Si con todos los problemas que tenemos, los Gastos Comunitarios se pretenden incrementar el 2,9%, no me extraña que tanto el nuevo Ministro de Finanzas Británico, George Osborne, como Christine Lagarde, su colega francesa se nieguen a admitir ese incremento presupuestario. Suecia, Austria, Países Bajos y Dinamarca piensan lo mismo.

Prorrogar los Presupuestos del 2010 parece una solución razonable, en tanto no se tomen medidas de mayor calado.
NUESTRA DIGNIDAD ESTA EN JUEGO.
En estos momentos, en que nuestros dirigentes políticos, empezando por el Presidente del Gobierno español parecen noqueados, y dispuestos a ponerse de rodillas ante las órdenes y sugerencias de Angela Merkel , los españoles con conocimientos políticos y económicos, y dignidad suficiente para abordarlos con seriedad, debemos impedir que se acuerden definitivamente políticas que castiguen a nuestros ciudadanos con unas medidas que disminuyen su nivel de vida de forma radical, arrojando a muchos al desempleo y a la desesperación.
Y debemos informar al pueblo español con la verdad y seriedad que la situación requiere.
La obligación de todos, es anteponer los intereses de España y los españoles, tal y como nos exige la Constitución, a los de unos dirigentes que no han estado a la altura de sus responsabilidades, por la exhibición grosera de mediocridad de sus máximos representantes en el Gobierno de la Nación y en los Gobiernos Autonómicos con pocas excepciones.
La única manera de que Europa pueda avanzar es haciendo más Europa y contando con el apoyo de todos los ciudadanos europeos.
En caso contrario elegir la salida del euro y del Sistema Monetario Europeo, en el momento adecuado, debería ser el leiv motiv de nuestra política en los próximos tres años.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Los grandes empresarios piden al Rey que evite el desmoronamiento de España

El sector privado sufre los desmanes de la clase política y la deriva populista e irresponsable de PSOE y PP. Por ello, un centenar de grandes empresarios ha entregado un informe al Rey en el que reclaman un nuevo sistema electoral y un modelo de Estado que garantice la democracia.

LORENZO RAMÍREZ
Los primeros espadas de las multinacionales españolas han decidido dejar de asistir impávidos a la destrucción institucional y económica de España que ha sido provocada por la falta de responsabilidad y las ansias de poder de los líderes de los partidos políticos, que se han olvidado de que su labor es representar y defender los intereses de los ciudadanos y garantizar la existencia de un Estado de Derecho que sirva de base para nuestra joven democracia.

Un centenar de grandes empresarios, expertos económicos y emprendedores han preparado un documento en el que se plasman estas preocupaciones y se lo han entregado al Rey Juan Carlos I en audiencia privada, para que conozca de primera mano cual es la delicada situación a la que se enfrenta España y la debacle que se va a producir si no se toman las riendas a tiempo.
El texto, elaborado bajo el paraguas de la Fundación Everis –que preside el ex ministro de Defensa Eduardo Serra–, tiene un capítulo dedicado a las "reflexiones acerca del Modelo de Estado de España", en el que se pone de manifiesto la necesidad de "cambiar el sistema electoral para ajustarlo a las nuevas necesidades del país", critica la visión "cortoplacista" y la "falta de preparación" de los políticos, que degeneran en "luchas partidistas" que "erosionan la confianza de los ciudadanos" y ataca el "oportunismo e ineficiencia" de los responsables autonómicos.

Aunque no especifica hacia donde debe ir el cambio en el sistema electoral, el documento señala que es necesario superar la "democracia de incubadora" de la Transición y replantear los "poderes estabilizadores y de control" que se dieron a los partidos políticos, debido a que ahora "generan efectos divisores e inestables que, en una democracia ya asentada como la española, pueden requerir de una revisión".

Por ello, los grandes empresarios reclaman "una reflexión sin complejos, para definir en el contexto actualizado y de mayor madurez del país, el mejor sistema electoral que necesita hoy y mañana España, a la luz del conocimiento y de las lecciones aprendidas a lo largo de la etapa de democracia". A este respecto, el texto pide "modelos que permitan recuperar la representatividad social de los políticos y el acercamiento a los votantes".

Además, el informe pone en tela de juicio la labor de los sindicatos y la patronal por "no haber sido capaces de adaptarse a los cambios surgidos" en la sociedad y exige "revisar los mecanismos de financiación" de estos "agentes sociales".

Por último, el documento también incide en la necesidad de recuperar en la sociedad la percepción clara de que existe una plena separación de poderes, entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial:
En paralelo con la situación ya comentada relativa a la revisión del sistema Electoral, se considera que otro efecto que ha surgido como resultado de otorgar poderes estabilizadores y de control a los Partidos para superar el periodo de la Transición, ha sido la paulatina pérdida, o sensación de pérdida, en la Sociedad de la separación de Poderes del Estado.
Este informe se ha presentado justo después de la reunión del G-20 en Seúl, donde un nutrido grupo de representantes de las principales empresas españolas acudieron con el presidente del Gobierno para arroparle en el difícil trance de defender la solvencia de España en el exterior. No todos fueron de buena gana y algunos aprovecharon para criticar a Zapatero por su errática política económica, especialmente en materia energética.
Además, el pasado miércoles, en el Foro Latibex los primeros ejecutivos del Santander, BBVA, Telefónica, Gas Natural y Endesa admitieron que España es un lastre para sus negocios y que el peso del mercado doméstico sólo resulta llevadero gracias a la apuesta diversificadora realizada en Latinoamérica.
Mucho más explicito ha sido el economista y presidente de Libertad Digital, Alberto Recarte, que en su último libro (El Desmoronamiento de España) dedica un capítulo a denunciar la existencia de una "partitocracia" que se aprovecha de la Ley Electoral y de las lagunas de la Constitución para controlar el poder judicial. Todo con el único objetivo de mantenerse en el poder cueste lo que cueste:

La Constitución, en definitiva, permitió la transición a la democracia y el reconocimiento de las libertades fundamentales de los españoles, pero no consagró ni la separación estricta de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial, ni la independencia de éste. Al cabo de más de treinta años, podemos afirmar que una Constitución de consenso ha resultado tan insegura como otra que podría haber sido de ruptura con el pasado. (...)

Libertad Digital 

 ZP, loco y noqueado - ZP a punto de conseguir el pleno desempleo - Alarma nacional

sábado, 20 de noviembre de 2010

España, el Sahara Occidental y Marruecos, por Pío Moa

La tesis de que España tiene una responsabilidad directa con los saharauis y en la aplicación de la resolución de la ONU de celebrar un referéndum, sin ser del todo falsa, exagera bastante. Cuando el problema alcanzó su punto álgido, en 1975, hubo algo en lo que coincidían Marruecos, Argelia, Mauritania y el Frente Polisario, y era en la salida de España cuanto antes. Los polisarios, no debe olvidarse, atacaron, mataron y secuestraron a españoles, y actuaban como punta de lanza del régimen prosoviético de Argel. Usa no podía aceptar un Sahara pro argelino, que desestabilizaría y envolvería estratégicamente por tierra a Marruecos, único país pro occidental del norte de África en tiempos de fuerte expansión soviética por el continente. Por ello, ante la hostilidad general hacia España y la debilidad de esta, Washington sólo podía apoyar a Rabat.

La debilidad política de España fue entonces el factor clave. ¿Podía Madrid, en aquellas circunstancias, garantizar el referéndum? Sólo si se hallaba en posición fuerte. Es probable que un Franco en pleno vigor hubiera frustrado la amenaza marroquí y afirmado el compromiso internacional de la autodeterminación pero, justamente, estaba enfermo y a punto de entrar en la agonía. Además, la situación general del país parecía insegura, con un Rey sin excesivas simpatías en el propio régimen y al que la oposición amenazaba con un reinado muy corto. Desconocedores de la realidad social creada por el franquismo –que garantizaría una transición bastante segura y de la ley a la ley, contra peligrosas aventuras rupturistas–, la gran mayoría de los analistas fuera de España, y aun dentro, preveía la entrada del país en una crisis de incierta salida, quizá similar a la portuguesa. Y esta debilidad española pesaba en las expectativas y cálculos estratégicos de unos y de otros, desde luego en los de Usa, cuya prioridad consistía en impedir la desestabilización y la expansión pro soviética de la URSS en una zona tan sensible.

El problema se agravaba porque un referéndum daría casi con seguridad la victoria a un Polisario pro argelino, por tanto pro soviético. El franquismo había previsto una solución mucho mejor organizando el PUNS, un partido saharaui pro español que permitiese el control y explotación de los fosfatos y un territorio amigo como protección de las islas Canarias. Pero Rabat compró a varios jefes del PUNS y el plan naufragó, sin que hubiera tiempo para otra cosa, cuando, por la enfermedad y luego agonía del Caudillo, Madrid daba sensación de fragilidad a todo el mundo.

La influencia useña siempre tiene, desde luego, mucho peso, pero no debe creerse, con las habituales fantasías conspiranoicas, que su Gobierno es todopoderoso y que su CIA controla todos los movimientos políticos en la zona o en cualquier otra región del mundo. Washington sólo puede influir contando con las fuerzas reales de cada región del planeta, que la mayoría de las veces no puede controlar, o sólo muy a medias. De mantenerse una España políticamente fuerte, capaz de articular un mayoritario partido proespañol en el Sahara, Usa se inclinaría muy probablemente por esa solución –no le quedaría otro remedio–. Al no ser así, su interés a favor de Marruecos estaba claro.

El historiador Jesús Palacios acaba de publicar en El Mundo un brillante relato sobre la intervención de Kissinger y de Juan Carlos, y las maniobras y engaños implicados. El resultado, como él señala, fue humillante para España. Quizá la cosa habría podido ser más digna, pero siempre sobre la base de la retirada a favor de Marruecos. Todos querían expulsar a España, y allí se quedaron los poderes regionales, ellos solos, para "arreglar" el embrollo. Ya sabemos cómo lo solucionaron: mediante una guerra muy prolongada que costó a Marruecos ingentes sacrificios y arruinó a Mauritania.
El problema se relaciona con lo que representa para España nuestro vecino del sur, es decir, la única amenaza a nuestra integridad nacional. Y no sólo porque aspira a arrebatarnos Ceuta y Melilla, sino porque su Gran Estrategia parte del recuerdo de los imperios magrebíes de hace siglos, de los que se considera heredero, y que llegaron a ocupar gran parte de la Península Ibérica; sin contar la idea, muy extendida en el islam, de que Al Ándalus podría volver, si Alá lo quiere. La política española, aun buscando la concordia y la relación económica, debe tomar muy en cuenta estas realidades, junto con el hecho desagradable, pero imposible de evitar, de que nuestros aliados Usa y Francia lo son también del Marruecos alauita.

En cambio, vivimos bajo un Gobierno de demagogos baratos e ignorantes, sin idea de los intereses españoles. El PSOE, cuando simpatizaba con el Polisario –debido a su carácter izquierdista–, y creía poder explotarlo para socavar a la derecha, hacía discursos como este de Felipe González en Argelia: "No se trata ya de derechos de autodeterminación, sino de acompañaros en vuestra lucha hasta la victoria final"; "Nuestro pueblo (español) también lucha contra ese Gobierno que dejó al pueblo saharaui en manos de Gobiernos reaccionarios"; "Nuestro partido está con vosotros hasta la victoria". Las solemnes promesas de los centenarios en honradez se multiplicaron cuando el PSOE no gobernaba. Cuando llegó al poder, el partido cambió de disco, y hoy tenemos a individuos como Felipe González, Moratinos o Rodríguez, a partir un piñón con el tirano de Marruecos que, repito, es nuestro único enemigo potencial. El desvergonzado cambio no refleja realismo político, sino algo bastante más turbio, en lo que probablemente tiene algo que ver el dinero de Rabat y posiblemente asuntos más oscuros. Ahora, los saharauis son masacrados ante la mirada cómplice de aquellos que se comprometían a acompañarles hasta la victoria final.

La posición internacional de España es, desde ese punto de vista, mucho más débil que en 1975. El peligro no está en Rabat, sino en Madrid.

Libertad Digital

jueves, 11 de noviembre de 2010

La última colonia, el Sahara español, por Fernando Díaz de Villanueva


Érase una vez el Sáhara... español



No existe en todo el norte de África una zona con más vínculos políticos y sentimentales con España que el Sáhara Occidental, un pedazo de desierto del tamaño de Nueva Zelanda encajonado entre Marruecos y Mauritania. Aunque no siempre fue así. 
A pesar de que nuestros marinos llevan siglos recalando en las costas saharauis, por su cercanía a las Canarias, la presencia española ahí es muy reciente; concretamente, data de 1884. En aquel año Francia, Inglaterra y Alemania se pusieron de acuerdo para convocar una conferencia internacional en Berlín al objeto de que las potencias europeas –España, aunque venida a menos, todavía lo era– se repartiesen el continente africano pacíficamente. Cada país llegó con sus reclamaciones y los hechos objetivos que las respaldaban. España, baldada después de un siglo de guerras en la Península y en ultramar, golpes de estado y tantas constituciones como gobernantes, a poco podía aspirar. Poco y malo.             
A diferencia de nuestros vecinos portugueses y franceses, no podíamos presumir de africanismo. Como durante cuatro siglos habíamos volcado nuestras fuerzas en la empresa americana, apenas nos había quedado tiempo y dinero para emprender la colonización de África. Nuestro magro patrimonio se reducía a nuestros derechos históricos sobre unos islotes del Golfo de Guinea –que se habían hecho efectivos sólo pocos años antes– y a nuestras recientes conquistas en el Rif y la costa del Sáhara. Para reclamar esta última, nuestros enviados a Berlín arguyeron que ya habíamos establecido factorías costeras y que estábamos ultimando los preparativos para la fundación de una ciudad, Villa Cisneros, en la península de Río de Oro. Alemanes, franceses y británicos, poco o nada interesados en ese despoblado rincón del desierto, accedieron a nuestras reivindicaciones, como consecuencia de lo cual surgieron dos nuevas colonias: la de Río de Oro en el sur y la de Saguia el Hamra en el norte.
La exploración fue lenta. Los habitantes eran pocos, no había ciudades y la única riqueza conocida, la pesca, se venía explotando desde tiempo inmemorial. Por otro lado, poseíamos un pequeño pero coqueto imperio, conformado por tres joyas tropicales (Cuba, Filipinas y Puerto Rico), con el que podíamos presumir de gran potencia. Pero perdimos todo el joyero de un golpe y al Gobierno no le quedó otra que mirar hacia las migajas conseguidas en la Conferencia de Berlín. La fronteras definitivas del dominio no se trazaron hasta 1920; la capital, El Aaiún, sólo se fundó en 1940, y no fue sino ya bien entrada la década de los 50 que se empezaron a explotar los recursos naturales, con vistas a costear, siquiera en parte, los cuantiosos gastos que ocasionaba aquel remoto e improductivo lugar.
Para entonces el Sáhara se había convertido ya en el África Occidental Española, pomposa denominación inspirada en los usos franceses. En 1958, coincidiendo con la independencia de Marruecos y la entrega a Rabat de la colonia de Cabo Juby, las posesiones saharianas pasaron a ser una provincia española casi como cualquier otra: enviaba procuradores a Cortes, tenía código propio de matrícula (SH) y un gobernador general.

Los lugareños, conocidos como saharauis, eran prácticamente españoles. Podían viajar a la metrópoli y establecerse en ella si así lo deseaban, libraban sus deudas en pesetas y se les expedía un DNI parecido al nuestro pero con un distintivo rojo. Durante 18 años, los que estuvo jurídicamente vivo el llamado Sáhara Español, la nueva provincia registró un importante crecimiento económico y demográfico. Las minas de fosfatos, descubiertas a finales de los 40, y la exuberante pesquería costera, unido a un flujo ininterrumpido de capital desde la península, pusieron el territorio en el mapa por primera vez en la historia.
La situación no tardó en dar un brusco giro. Hassán II, rey de Marruecos desde 1961, se tomó como algo personal la anexión del Sáhara, que consideraba parte irrenunciable de su país. Después de caldear el ambiente durante varios años, en octubre de 1975 organizó una expedición, a la que denominó Marcha Verde, con 300.000 civiles desarmados. Su misión sería cruzar la frontera y plantarse delante de las tropas españolas, que tendrían que elegir entre perpetrar una matanza de civiles o retirarse con el rabo entre las piernas. Por otro lado, el estruendo revolucionario de las guerras de independencia africanas había llegado a la zona: en 1973, unos jóvenes universitarios capitaneados por El Uali Mustafa Sayed fundaron el Frente Polisario, a imagen y semejanza de los movimientos de liberación nacional que proliferaban por el Tercer Mundo.

El Polisario, cuyas siglas responden al castellanísimo nombre de Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro, no tardó en atentar contra los destacamentos españoles y las instalaciones mineras. Para colmo, Franco se estaba muriendo y en la Península se abría una nueva etapa política, llena de incógnitas. Todos, empezando por el Rey, sabían que había que salir del Sáhara. La cuestión era cuándo y cómo. La respuesta se dio seis días antes de morir el dictador: España, Marruecos y Mauritania firmaron un protocolo por el cual Madrid cedía a las otras dos partes el territorio, y se comprometía a abandonar el mismo antes del 28 de febrero de 1976.
La evacuación fue rapidísima. Se puso en marcha la Operación Golondrina, cuyo objetivo era que todos los españoles abandonaran la provincia de inmediato. El Estado se encargó del transporte de personas y bienes hasta las Canarias, donde se reasentó la mayor parte de los desplazados. Se cerraron comercios, se vaciaron casas e iglesias, hasta se sacó a los muertos de sus tumbas. Todo lo que se podía mover se movió, a Gran Canaria o a Fuerteventura. La operación aeronaval fue de tal envergadura que durante los meses de noviembre y diciembre la Armada despachó para las costas del Sáhara, aparte de los transportes, dos fragatas, dos destructores, una corbeta y un dique de desembarco, el Galicia, que había servido en la Guerra Mundial durante la invasión de Okinawa. La Armada no había ordenado una maniobra semejante desde la Guerra de Cuba.

A mediados de enero apenas quedaban españoles en el Sáhara. Los saharauis quedaron a merced de los marroquíes y los mauritanos. Éstos se retiraron pronto, cuando comprobaron que conquistar el Sáhara pedía mucho a cambio de casi nada. Los primeros siguen allí, sin que España, que hasta que se dirima a quién pertenece el territorio sigue siendo la potencia administradora, diga esta boca es mía.
De todas las colonias españolas, y han sido muchas en casi 500 años, la sahariana ha sido la que peor y con más cobardía hemos tratado. El Sáhara sigue siendo una asignatura pendiente de un tiempo y un país de los que nadie se acuerda.

Pinche aquí para acceder a la web de FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA.

Libertad Digital

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Salgado hunde empresas con "apaños" fiscales y los bancos temen el "colapso" en 2012


La prensa salmón baja a la tierra y ya no duda en emplear términos claros para definir la situación económica nacional. El maquillaje de las cuentas públicas y los problemas financieros de los bancos y cajas ponen a España en una situación muy complicada.



Lorenzo Ramírez, Libertad Digital.

Muchos periodistas y ministros del Gobierno llevan años llamando apocalípticos y antipatriotas a aquellos que hemos advertido de la fragilidad del sector financiero español y de la falta de solvencia del sector público por el despilfarro sistemático de nuestros gobernantes. Ahora hasta los diarios considerados más serios y rigurosos destacan en sus portadas, a toda página, la gravedad de la situación económica nacional y no les importa utilizar adjetivos que hasta ahora estaban reservados a la prensa independiente para definir el abismo al que se asoma España.

Expansión asegura que "bancos y cajas se lanzan a canjear deuda para evitar el colapso en 2012". Resulta que en 2011 las entidades españolas deben devolver más de 94.000 millones a los inversores, una cantidad a la que hay que sumar los 126.000 millones de 2012. En total deben refinanciar 220.000 millones de euros. Esto quiere decir que bancos y cajas deben sentarse en la mesa con sus acreedores y negociar la renovación de estos préstamos, justo cuando la vuelve desconfianza del mundo financiero en la maltrecha economía española.

Como señala el periódico en su Editorial: "con un paro enquistado en el 20% y una reducción generalizada de los salarios, sólo cabe esperar que prosiga la inhibición del consumo privado, y con ella las pobres expectativas de negocio e inversión". Esto "degrada la solvencia de los clientes de bancos y cajas que eleva la morosidad y dificulta el ajuste del sector inmobiliario". Más claro, agua.
Y eso que el salmón de Unidad Editorial no habla de la exposición de bancos y cajas españoles a la posible suspensión de pagos de Irlanda o Portugal, una cuestión que sí destaca hoy Cinco Días, su competidor de Prisa. Eso sí, para no meter el miedo en el cuerpo de los lectores, el diario titula: "la banca alemana y la británica, las más expuestas a Irlanda y Portugal": casi 250.000 millones de euros.

Sin embargo, si tenemos sólo en cuenta a Portugal, el país más afectado por la crisis de deuda es España, ya que nuestras entidades son las principales acreedoras de los bonos lusos, con 56.200 millones (En Irlanda los bancos y cajas españoles tienen una exposición de 14.000 millones).
Si hacemos caso a la propuesta alemana de "quiebras ordenadas" resulta que las entidades financieras deberán renunciar a cobrar una parte de este dinero, lo que pondría aún más en riesgo las cuentas de un sector que hasta hace poco Zapatero definía como el "más sólido" del mundo. Claro, que por aquellas fechas estábamos en la Champions League....

El salmón de Prisa le pasa la mano por el lomo al PSOE en general y a Rubalcaba en particular en su Editorial, titulado "una agenda social aún por despejar". Atención al enfoque que da Cinco Días a los intentos desesperados del Gobierno para manipular a los ciudadanos, salvar los muebles en los comicios autonómicos y municipales y lograr la reválida en las generales de 2012.

"La estrategia de José Luis Rodríguez Zapatero para contrarrestar las encuestas va tomando forma. Primero fue el pacto de legislatura con el PNV y CC, que aleja las elecciones anticipadas. Luego, la renovación del Gobierno, que intenta transmitir a la sociedad fuerzas renovadas. Ahora, el siguiente paso es recuperar el banderín social, tras el desgaste que han acarreado medidas como la reforma laboral, la rebaja salarial de los funcionarios, la congelación de las pensiones o el anuncio de la intención de ampliar la edad de jubilación a 67 años".

Finalmente, El Economista prefiere hablar del maquillaje que está haciendo la vicepresidenta Salgado del déficit público (ya saben el agujero generado en las cuentas públicas por gastar el doble de lo que se ingresa). La nueva trampa es retrasar la devolución del dinero que el Estado debe a los empresarios por el pago del IVA para que no se noten demasiado los problemas de la caja pública, especialmente ahora que todas las miradas de los inversores (especuladores para el Gobierno) están puestas en España.

Así, el diario explica que "Hacienda retrasa la devolución del IVA y hunde miles de pymes". El Gobierno atesora 5.000 millones de euros propiedad de los empresarios para maquillar el déficit. Esta cantidad supone casi la mitad de los ingresos por IVA contabilizados entre enero y septiembre. El diario El Mundo cifra la partida total en 8.000 millones de euros, que se contabilizan como ingresos sin serlo. Ya saben, lo que unos llaman ingeniería contable y otros denominamos estafa.
A esta cuestión dedica el Editorial el periódico El Economista: "quien sube el IVA, hace la trampa" (...) "en lugar de hacer apaños contables, el Gobierno debe incidir en la reformas y fomentar el dinamismo". ¡Pues no piden nada estos señores!

martes, 9 de noviembre de 2010

Perdonavidas, por Ignacio Camacho

EL debate sobre los GAL está superado por la sociedad española, está políticamente depurado en las urnas, pero no está prescrito en el Código Penal. Felipe González debería recordarlo cuando hace escabrosas confesiones implícitas que sugieren su responsabilidad en la autorización de la guerra sucia, y más ahora que ya no conserva inmunidad parlamentaria. Pero el veterano «jarrón chino» continúa sin encontrar su sitio en las estanterías de su propia posteridad. González tiene cicatrices en el alma y guarda una amarga melancolía del poder. Le puede la tentación de concederse protagonismo, aunque sea a base de miradas retroactivas sobre la bruma de un pasado que ya sólo le puede importar a algún juez deseoso de abrir los armarios polvorientos donde se almacenan —literalmente— los cadáveres de la razón de Estado.

Ese Felipe perdonavidas encapsulado en no se sabe qué remordimientos —¿le duele de veras no haber mandado asesinar a la cúpula terrorista? ¿Puede un gobernante democrático confundir un secuestro con una detención?— se ha colado con sus rencores tardíos en una escena pública obligada a trascender los resquemores de un exdirigente amortizado. Sus reflexiones tienen interés histórico y morbo político, pero el debate nacional no puede enrocarse en esos viejos demonios que forman parte de páginas pasadas. Por sugestivo que resulte ese material para el memorialismo de una época, de nada sirve convertirlo ahora en el centro de una polémica política y mediática que distorsiona el enfoque de otros problemas mucho más aflictivos y urgentes. Ninguna nación ha solventado su futuro a base de ajustes de cuentas —dudosos, por otra parte— con estatuas de sal momificadas en el retrovisor de la Historia.
No es probable que González, en sus displicentes incursiones por la memoria borrosa de episodios que no le convendría resucitar, estuviese pensando en levantar cortinas de humo sobre la actualidad incierta de un país atribulado por el estancamiento económico y la quiebra social. Es demasiado soberbio para esa estrategia; más bien parece dominado por un ensimismamiento de arrogancia, embalsamado en la historicidad que se confiere a sí mismo. Por eso es inconveniente concederle a su nostalgia la capacidad de determinar una agenda que necesita de otras prioridades. Incluso para hacerle justicia objetiva; el fracaso del zapaterismo ha engrandecido por contraste el recuerdo de aquella etapa de gobernanza, pero las luces que prevalecen del felipatoson las de su inicial impulso de modernización estructural y las del pragmatismo con que supo arrinconar la adolescencia ideológica, no las de la turbia degradación de abusos de poder, corrupción institucional y terrorismo de Estado. Si hubiese que escoger entre esa ciénaga final y esta amenazadora ineptitud, al menos los de ahora siempre podrán presumir de tener las manos limpias.

ABC

El despilfarro del Estado de las autonomías cuesta 24.000 millones al año


Los excesos de los organismos públicos son cada día “más sangrantes”, advierten los expertos. La red de clientelas surgida alrededor de los Gobiernos regionales es uno de los graves problemas del sistema.


El actual sistema autonómico es cada día más insostenible. “Estamos al borde de la bancarrota”. Así de alarmante describen la situación actual del Estado numerosos catedráticos, economistas y la práctica totalidad de los políticos pero, por el momento, sólo Mariano Rajoy ha prometido abordar una revisión en profundidad del Estado autonómico.
La propuesta, dicen en el Partido Popular, no la desvelarán hasta el programa electoral de 2012, pero ya han avanzado que el objetivo principal será delimitar competencias entre comunidades, ayuntamientos, Estado y diputaciones provinciales para acabar con los excesos del sistema.
Según un estudio realizado por el economista y dirigente de Unión, Progreso y Democracia, Luis de Velasco, las duplicidades actuales del Estado de las autonomías nos cuestan anualmente entre un 0,7% y un 2,3% del PIB nacional. Es decir, que si se acabara con esos excesos la Administración central se podría ahorrar un mínimo de 24.000 millones de euros. Esa cifra equivale, por ejemplo, a la deuda pública emitida por España en este año.
El sillón de consejera de Estado que ocupará la recientemente cesada vicepresidenta primera María Teresa Fernández de la Vega es un ejemplo claro de ese despilfarro del Estado descentralizado español. Prácticamente, todos los Gobiernos regionales han creado sus propios Consejos de Estado, algunos, incluso, tienen hasta dos consejos consultivos, como Cataluña.
Defensores del pueblo, del menor, sindicaturas de cuentas, agencias de protección de datos y un sinfín de observatorios sin competencias pero presupuestos abultados engrosan la lista de organismos públicos “poco eficaces y nada eficientes”, explica el catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Complutense de Madrid, Rafael Bañón.
El mismo profesor resume a la perfección las tres vertientes de este elefante administrativo en el que se ha convertido el Estado de las Autonomías. “Por un lado, está el problema político. Hemos creado un sistema asimétrico en el que unas comunidades autónomas tienen un régimen privativo, es decir, que la seguridad en Madrid o en el País Vasco corre a cargo de la Bescam en un caso y la Ertzaintza en otro. La segunda vertiente es la económica. Un Estado de las Autonomías como el que tenemos montado es un despilfarro. La redundancia de gastos lo hace insostenible y, además, no se controla a dónde va el gasto público. El tercer problema es la descoordinación. Hemos traspasado la educación y la sanidad a las comunidades autónomas y eso supone la ruptura de la caja única y crear un problema de justicia, de vulneración de los derechos por el hecho de haber nacido en una u otra comunidad”.
Bajo esa maraña de traspasos económicos y competenciales está el verdadero anclaje que impide avanzar al barco. Según Bañón, el problema político y económico se resolvería si los dos grandes partidos se pusieran de acuerdo en hacerlo, pero esto supondría “romper las clientelas creadas por las comunidades”.
Una prueba de esas clientelas a las que se refiere el catedrático de la Universidad Complutense es que la mitad de los funcionarios existentes en toda España dependen de las Administraciones autonómicas, sin embargo, los Gobiernos regionales sólo gestionan el 30% de los presupuestos generales.
El informe elaborado por Luis de Velasco, por su parte, pone también de manifiesto el gasto desproporcionado de los parlamentos autonómicos. Según los datos denunciados en varias ocasiones por el partido de Rosa Díez, cada diputado regional catalán cuesta a las arcas públicas más de 505.000 euros, mientras que un parlamentario nacional supone un gasto de 280.000 euros. Esa desproporción surge de la división entre el número de representantes y el presupuesto de las cámaras. En este caso, el Parlamento catalán tiene una partida de 68 millones de euros y 135 diputados, mientras que el Congreso cuenta con un presupuesto de 98 millones y 350 parlamentarios.
Además de la duplicidad de organismos y ventanillas existente a consecuencia de la descentralización, otro de los problemas a los que se enfrenta el Estado, especialmente en la actual situación de crisis que se está viviendo, es la desproporcionada creación de empresas públicas. Entre esas compañías se encuentran las cajas de ahorros, cuya gestión ha quedado en evidencia y que, de acuerdo a la opinión de los expertos, son “reinos de taifas” contaminados políticamente.
En esta lista de despilfarro por triplicado se encuentran también las subvenciones otorgadas por cada una de las Administraciones que han dado lugar a entidades que viven única y exclusivamente de las ayudas públicas a pesar de su falta de actividad.
Otro de los problemas es la desigualdad entre territorios. Lo que ha dado lugar a un gran malestar entre los ciudadanos que apelan a las distintas clases de votantes, los de primera y los de segunda. En este sentido, lo más peligroso, según advierten los expertos, son las desigualdades relacionadas con la sanidad y la educación, que han provocado que los conocimientos de historia que adquieren los niños extremeños no tengan nada que ver con los gallegos, por ejemplo.
El caso de las embajadas autonómicas supone también, además de un despilfarro autonómico, un problema para la imagen que el país da en el exterior. Vender nuestro producto dividido en 17 piezas es poco operativo y menos competitivo.

Más rémoras

Según el último estudio de Deloitte para UTECA, la asociación que agrupa a las grandes cadenas privadas de televisión, actualmente los canales autonómicos acumulan una deuda de 1.480 millones de euros.
Trece de las 17 comunidades autónomas cuentan con su propia televisión pública y dan trabajo a unos 10.000 trabajadores. Según los datos facilitados por las propias cadenas regionales, cada ciudadano vasco paga unos 140 euros al año por sintonizar en su televisor la EiTB; los madrileños, por su parte, abonan cada uno 15,5 euros por ver Telemadrid. A pesar de que el coste de la televisión de la Comunidad madrileña no es de los más elevados, la primera presidenta autonómica que ha levantado la voz para plantear la posibilidad de privatizar la cadena pública de su región ha sido Esperanza Aguirre.
Últimamente, también la secretaria general del PP y presidenta del partido en Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, se ha sumado a esa petición, pero la propia legislación existente es bastante restrictiva y determina que debe ser el Gobierno central el que debería abordar este asunto en coordinación con los Ejecutivos regionales.
El ejemplo de las cadenas regionales, que con la llegada de la TDT han incrementado el número de sus canales, es uno más dentro de una larguísima lista. Suma y sigue. El Estado pierde dinero por cada agujero de los bolsillos autonómicos mientras el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se empeña en intercambiar transferencias a cambio de votos parlamentarios.

Intereconomía

jueves, 4 de noviembre de 2010

La cobardía y la complicidad, por Horacio Vázquez Rial

La política suele ser una mezcla hedionda de cobardía, complicidades y secretos a partes iguales. Eso fue toda la vida de tipos como Talleyrand o como Fouché. Eso era el apaciguamiento antes de la Segunda Guerra Mundial. El apaciguamiento se acabó cuando Churchill, que no hacía política sino historia, logró imponer las tesis que había sostenido desde 1912 respecto de Alemania.
Niveles de infamia como los alcanzados en la política española actual, sin embargo, son escasos si no media una guerra. Resulta que Marruecos, la casa real de un reino empresa, montó unas algaradas en la frontera con Melilla, a la vez que, como cada verano, enviaba la escuadra de pateras cuya acogida y mantenimiento, por raro que suene, no figura en las partidas del presupuesto del Estado. La Policía Nacional y la Guardia Civil fueron vejadas, sobre todo las mujeres que revistan en esos cuerpos, sin que el gobierno dijera esta boca es mía.

Parece ser que el rey llamó a su par magrebí, lo cual está muy bien pero al parecer sirvió de poco: el plan era preciso y se llevó a cabo en las fechas previstas, porque las provocaciones no pueden ser eternas y, por otra parte, sólo sirven como porciones de un proyecto a largo plazo —o mediano, en términos de tiempo histórico— como es el de la apropiación de las ciudades españolas de Cauta y Melilla por el que —justamente por ellas—resulta ser nuestro país limítrofe en África desde que entregamos el Sáhara a su pobre destino después de otra algarada, más numerosa, que se llamó Marcha Verde, cuando el rey no reinaba pero Franco ya no podía mandar, de modo que las responsabilidades quedaron en agua de borrajas.
El único que se presentó allí, porque es hombre más próximo a la historia que a la política —y lo es cada día más— y porque es valiente como pocos —lo sabemos bien desde el atentado de ETA contra su persona—, fue José María Aznar, con su calma de siempre, sólo para dejar en evidencia, sin necesidad de una palabra, a los que ocupan Moncloa y aledaños. Una visita que cualquier ciudadano español podía haber hecho, empezando por Mariano Rajoy y terminando por Rosa Díez. Excluyo de la nómina a los nacionalistas periféricos que, por muy hombres de Estado que se consideren —caso Durán y Lleida—, tienen la soberanía española como enemiga.

¿Y qué pasó con el ministro de Exteriores? Que estaba veraneando en Francia.
Como yo pienso que los atentados terroristas del 11-M, que sirvieron para desalojar a Aznar del poder y colocar en su puesto al Pequeño Timonel, no se hubiesen podido llevar a cabo sin la complicidad —por acción u omisión—, entre otros elementos, de los servicios de inteligencia franceses y marroquíes, no me sorprendo en absoluto de lo sucedido. Lo pienso y tengo derecho a decirlo, aunque carezca de pruebas, porque así me lo indica la lógica histórica y porque las pruebas del caso se las ha llevado el viento. Tampoco tengo pruebas de la colaboración de ETA, pero la experiencia del conjunto de las organizaciones terroristas dice que ninguna actúa sin el concurso de otra con infraestructura local.
Marruecos tiene con Francia una relación de dependencia mutua muy estrecha, sobre todo porque Argelia es desde hace mucho una nación y no resulta, por tanto, expropiable. Una relación de mayor dependencia aún de la que tiene con los Estados Unidos. Y da la casualidad de que nuestro gobierno actual tiene una grave relación de dependencia del eje franco-alemán. No olvidemos Suresnes, ni la forma en que la socialdemocracia alemana, con la contribución del entonces ascendente refundador del PSF, François Mitterrand, aupó a Felipe González al poder del aparato del PSOE y desalojó a la vieja guardia, de la que apenas quedó la presencia simbólica de Rubial. Ésas son deudas que jamás se acaban de pagar, ni con la mal llamada reconversión industrial, ni con la liquidación de gran parte de la España agrícola.
Cuando en 2001, siendo jefe de la oposición, Zapatero visitó al rey Mohamed VI, se dejó fotografiar con él delante de un mapa de Marruecos en el que visiblemente el monarca anfitrión atribuía a su reino Ceuta, Melilla y Canarias. No sé si fue por inexperiencia, porque no vio el mapa, porque no supo leerlo o porque no le pareció mal el asunto, quedó así retratado para la historia. Con el socialismo español en el gobierno ganaron peso en la diplomacia detrás de Moratinos, el amigo fiel del terrorista Arafat, personas como el embajador Máximo Cajal, representante personal de Zapatero en la alianza de civilizaciones y partidario explícito de la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos. Tal vez por todo eso el PSOE intentó fusionarse en Ceuta con la Unión Democrática Ceutí, partido musulmán y promarroquí, para intentar desbancar al PP del gobierno. En Melilla, el PSOE mantiene excelentes relaciones con Mustafá Aberchán, de Unión por Melilla, también musulmán y promarroquí.
Y sospecho que no es casual que Felipe González se haya hecho construir su casa, la principal, en Marruecos, naturalmente en una zona reservada a los poderosos y especialmente custodiada, como contó su arquitecto.
Hay en la izquierda española en general (las propuestas de fusión con los partidos musulmanes locales las ha hecho también IU), y en la mayor parte de la europea, una tendencia a abdicar de soberanía en favor de Marruecos, que es una dictadura de la peor estofa: Hassan II transmitía fusilamientos por televisión y, aunque guarde mejor las formas, su hijo no es mejor. Hay presos políticos que ni siquiera se mencionan en la prensa española, torturas y persecuciones, y el aparato de Estado es férreo. Tengo muy presente que cuando un ministro de Exteriores español, Josep Piqué, se permitió ser crítico con Marruecos en una entrevista, la edición de El Mundo que la contenía fue secuestrada en Rabat y jamás llegó a circular un ejemplar.
Ningún otro país fue más hostil a los gobiernos de Aznar, en los que la cuestión de la soberanía siempre fue asunto principal aunque fracasara en Gibraltar, que Marruecos. Una razón más para pensar en la contribución de sus servicios de inteligencia —repito: por acción y omisión— a los atentados del 11-M. La verdad es que ningún país europeo, tal vez con la excepción del británico, quería que en 2004 el PP ganara las elecciones. Ni siquiera los poderes permanentes en la política española: Juan Carlos I se había llevado infinitamente mejor con González que con Aznar y, como los demás, desconocía a Zapatero.
Y ahora va Aznar y se planta en Melilla, para disgusto de propios y ajenos. La idea de que el viaje a la ciudad autónoma de González Pons fuera preparatoria de su visita es falsa. La dirección del PP no tuvo más remedio que aceptar el hecho consumado y las declaraciones de Cospedal fueron improvisadas. Sobre todo, porque es evidente que quien debería haber ido en los días de la crisis era Rajoy, a la sazón de vacaciones, como es sabido.
¿Por qué esta gente se toma tantas vacaciones? ¿De qué está cansada? ¿De la política? ¿De la cobardía reinante? ¿De la necesaria complicidad que se impone en asuntos de lo que ellos denominan "alta política"? Alta política ha hecho en este caso Aznar. ¡Y qué ofendido está Enric Sopena!

Libertad Digital

Lolitas, pedofilia, literatura, japonesas y Sánchez Dragó

Su obra es libre, su conducta no

Muchos literatos han retratado lo inmoral en sus libros, pero de ficción - En el caso de Dragó, como en el de Polanski, asoma el doble rasero




"No eran unas lolitas cualesquiera, sino de esas que se visten como zorritas, con los labios pintados, carmín, rímel, tacones, minifalda". (...) "Tendrían unos 13 años" (...). "Subí con ellas y las muy putas se pusieron a turnarse". Son algunas de las frases del capítulo más polémico del último libro de Fernando Sánchez Dragó, Dios los cría...y ellos hablan de sexo, drogas, España, corrupción..., una extensa conversación con el dramaturgo Albert Boadella. Si bien el autor ha matizado esas palabras, su comentario ha herido la sensibilidad de muchas personas. El daño ya está hecho. El amparo de que todo vale bajo el paraguas de la literatura no parece suficiente. ¿O sí?
De Villena: "El tono es chulesco, pero la libertad de expresión ampara"
"La hipocresía cree hablar moralmente", dice Savater, "al hablar políticamente"
Al poco de iniciarse la polémica, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, salió en defensa del autor, empleado suyo en Telemadrid desde 2004, ya que, a su juicio, "la historia de la literatura está plagada de actos absolutamente reprobables". Fue muy hábil al citar tres nombres nada sospechosos de pertenecer a su cuerda ideológica: Gabriel García Márquez, Henry Miller y Jaime Gil de Biedma.
Aunque en el caso de los dos primeros -Gabo fue criticado por Memoria de mis putas tristes; Miller, por Trópico de cáncer y Trópico de capricornio-, se trata de una novela, y por tanto de ficción, es cierto que Gil de Biedma detalló encuentros con menores en sus memorias, un género, el de la autobiografía, al que más se puede parecer, salvando las distancias, el libro de conversaciones entre Sánchez Dragó y Boadella.
"En cierto modo, sí son comparables", afirma la sociolingüista y miembro de la Comisión de Lengua del Instituto de la Mujer, Mercedes Bengoechea. "Pero el autor de una novela deja menos marcas personales y la posición que adopta puede ser más compleja, mientras que una autobiografía no deja lugar a dudas respecto a quién habla y desde qué perspectiva lo hace. Además, una novela suele dar voz a otros personajes, por lo que se crea un mosaico de perspectivas y visiones del mundo".
Al paso de las declaraciones de la presidenta madrileña y de Sánchez Dragó salieron también las ministras de Sanidad y Cultura, Leire Pajín y Ángeles González-Sinde. Esta última advirtió al escritor de que "el oficio de literato no es un eximente para quienes, con sus palabras, por muy hábilmente ordenadas que estén, ofenden, desprecian, se saltan las reglas de convivencia y pisotean, peligrosamente, valores como la igualdad o la discriminación".
¿Vale todo en la literatura? ¿Incluso hablar de encuentros sexuales con menores, de pedofilia? "Claro que la literatura no puede servir como coartada para cualquier cosa, pero tampoco tiene sentido instituir una policía de la literatura, que controle en qué casos es aceptable hablar de niñas y en qué casos, no", argumenta el catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona, Manuel Cruz.
Sánchez Dragó, que se ha retractado tras el revuelo - "¡Hombre, visto el follón que por esa forma de hablar se ha montado, pues sí, preferiría, como Bartleby, no haberlo hecho", asegura en un extenso correo electrónico- defiende, sin embargo, su trabajo: "La literatura, tal y como y como yo la concibo, es un ejercicio de sinceridad y, por ello, de libertad a todo trapo. Eso entraña riesgos. Quien no esté dispuesto a correrlos, que se dedique a otra cosa".
Mercedes Bengoechea lo matiza: "Sí y no. Se puede narrar todo lo que la mente sea capaz de imaginar. Pero la perspectiva desde la que se habla es la que nos proporciona el dato de la aceptación moral. Se puede narrar esa misma experiencia desde el punto de vista de las niñas, de cómo fueron drogadas para hacerlo, del daño infligido, de la sensación de humillación... Y, aunque se narrasen los mismos hechos, la perspectiva adoptada cambiaría la experiencia lectora".
El también escritor Luis Antonio de Villena cree que prima el derecho a opinar y a expresarse del autor: "El tono es feo, chulesco, con tintes de machismo. No es el adecuado. Pero la libertad de expresión ampara que unas personas entren en un terreno que a otros les resulte horripilante". En esta línea se posiciona el filósofo Fernando Savater, que lo compara con algunos programas de televisión que pueden resultar "repugnantes", pero considera "intolerable que se genere una inquisición" contra el autor, cuyo libro se ha retirado ya de algunos establecimientos. "Me parece espeluznante y encima que se acepte como libertad", dice.
Javier Urra, doctor en Psicología y el primer Defensor del Menor que hubo en España, pide un poco de mesura en todo este asunto, ya que, en su opinión, no todo vale: "Se debe ser sincero y decir lo que uno piensa, sí. Pero muchas veces hay que tener una pauta. La diplomacia, la urbanidad, nacieron para eso. La palabra es un arma arrojadiza".
La polémica que ha suscitado el libro de Sánchez Dragó recuerda a la del cineasta Roman Polanski. Su detención en septiembre de 2009 en el aeropuerto de Zurich desató una serie de apoyos, especialmente de compañeros de profesión, que fueron cuestionados. ¿Era de recibo hacerlo con alguien, por gran creador que fuera, acusado de violar a una niña de 13 años? El inquietante doble rasero que salió a la luz entonces vuelve a surgir ahora, con un matiz: da la impresión de que quien apoyó a Polanski, calla con Dragó, y viceversa.
¿A qué se debe esa doble moral? "Probablemente porque en épocas de confusión teórica y despiste político generalizados, lo más fácil es agarrarse a un clavo ardiente del sectarismo, y empezar preguntándose '¿quiénes son los nuestros?' para, a partir de ahí, considerar que lo que ellos hagan o digan será lo correcto, mientras que lo que hagan o digan nuestros adversarios, precisamente por provenir de ellos, será lo incorrecto siempre y por principio", explica Manuel Cruz, catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona.
Fernando Savater, que no defiende el contenido del libro, no duda de que toda la polémica se debe a razones políticas. "Telemadrid [cadena en la que Sánchez Dragó lleva trabajando desde 2004 y donde actualmente dirige y presenta el programa Las noches blancas] es un foco de tensiones políticas. La hipocresía cree hablar moralmente cuando está hablando políticamente. Es algo inconsciente".
"No creo que detrás de todo esto haya un trasfondo político, pero sí una neblina. La izquierda nunca va a defender a un señor que no está en sus filas. Y la izquierda española no considera a Dragó de izquierdas", explica Luis Antonio de Villena, a la vez que deja claro que lo que merece la defensa "no es lo que hizo ni lo que ha dicho, sino la libertad de expresión. Yo me considero de izquierdas, y creo que esta moriría sin libertad de expresión; sería una caricatura de la derecha. Polanski se enfrentó a un delito real. Se parecen, pero no son iguales. El delito de opinión en una democracia no existe", opina.
Que hablar de un tema como la pedofilia se convierta en algo político es algo peligroso para Javier Urra. "El trasfondo es moral, el hecho en sí es deplorable. Los niños no tienen bandera, no tienen fronteras, lo diga o lo haga uno de izquierdas, de derechas o de centro".
Más allá del doble rasero con que se está juzgando a Sánchez Dragó, sí parece evidente que el episodio de las lolitas de Tokio es algo más que "una forma de hablar". Lo políticamente incorrecto y lo inmoral están separados por una delgadísima línea: "El problema no es saltarse los códigos morales contemporáneos en la imaginación o en la ficción. El problema es la complicidad por parte de Dragó, de sus lectores y de quienes lo jalean con el hecho que se narra y con el tono en que se narra. Lo doloroso para la sensibilidad y la ética contemporáneas es el punto de vista que adopta Dragó y que comparten sus lectores cómplices. El interlocutor de la conversación de Dragó y el lector a quien va dirigida "la anécdota trivial" está rebelándose junto a Dragó por el código moral que creen impuesto, lo denuncian como falso ("corrección política") y lo subvierten. Y esta subversión supone una vuelta a los valores antiguos, donde la sexualidad es una de las herramientas y manifestaciones del poder. Lo escandaloso es la complicidad de la persona a quien iba dirigida la conversación y la apuesta de Dragó por la aceptación por parte de ciertas personas de sus comentarios".
El autor de Dios los cría... se defiende de la siguiente manera: "La llamada 'incorrección política' es un eufemismo para designar lo que antes se llamaba censura, o limitaciones expresivas (en la época de Franco), o inquisición (en épocas más remotas), o lavado de cerebro (bajo Stalin y los nazis). Su ámbito es, sobre todo, lingüístico, aunque a veces pueda extenderse a lo fáctico e incluso a lo penal. Es un movimiento puritano e integrista que parte de la idea de que los textos de las sagradas escrituras son inamovibles y deben interpretarse en su literalidad. Hay una policía del pensamiento único, una especie de nueva brigada político-social, que se encarga de aplicar sus normas y de perseguir a quienes las infringen con miras a imponer la sociedad del control frente a la del libre albedrío. Vuelve así o, mejor dicho, se exacerba algo que en España siempre ha sido mal endémico: la existencia de delitos de opinión. ¿Inmoralidad? Moral viene del latín mos, que significaba "costumbre". Donde no hay libertad de costumbres, todo se vuelve inmoral. Es lo que sucede ahora. Sea como fuere, y en puridad, solo la conducta puede ser inmoral. Las palabras no lo son nunca".
El hecho de que en España no se contemple como ilegal que alguien mantenga relaciones sexuales con una niña de 13 años, siempre que estas sean consentidas, no excusa de que sea algo "moralmente deplorable", para Javier Urra. O, dicho de otra manera, no todo lo que ampara la ley es ético: "La ley dice lo que es admisible y lo que no. Pero la ley no va siempre en paralelo con la ética".


Textos polémicos


- El relato del encuentro de Fernando Sánchez Dragó con niñas de 13 años en Tokio ha sido comparado con otros episodios literarios polémicos, todos ellos, eso sí, se corresponden al género de ficción, salvo en el caso de Jaime Gil de Biedma, que es obvio que se trata de un relato autobiográfico.

- En textos de los autores de la Antigua Grecia, como Platón o Sócrates, son constantes las referencias a las relaciones entre menores y adultos.

- Trópico de Cáncer, de Henry Miller, estuvo prohibida más de tres décadas en EE UU por el alto contenido sexual que contiene el texto.

- El escritor Vladimir Nabokov, en Lolita, escribe: "Entre esos límites temporales, ¿son nínfulas todas las niñas? No, desde luego. Tampoco es la belleza una piedra de toque (...) Era la misma niña: los mismos hombros frágiles y color de miel, la misma espalda esbelta, desnuda, sedosa, el mismo pelo castaño. Un pañuelo a motas anudado en torno al pecho ocultaba a mis viejos ojos de mono, pero no a la mirada del joven recuerdo, los senos juveniles".

- Delgadina es la niña de la que se enamora el anciano de 91 años protagonista de Memorias de mis putas tristes, y que le costó más de una crítica a Gabriel García Márquez. El Premio Nobel siempre ha desmentido que se tratara de un alter ego suyo. En un artículo sobre el libro publicado en EL PAÍS en 2006, el también nobel J. M. Coetzee, defiende que el libro de García Márquez "es valiente: defender el deseo de un anciano por una joven menor".

- Más allá de la ficción, en En Retrato del artista en 1956, la autobiografía sin censurar de Jaime Gil de Biedma, el poeta habla sin tapujos de encuentros con menores en Manila (Filipinas). El libro se publicó en 1991, un año después de la muerte del autor, porque fue voluntad expresa suya que esos textos llegaran a la imprenta una vez hubiese fallecido (1990).

Javier Lafuente, El País

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El comunismo, la secta más criminal de toda la historia

LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

La secta más criminal de la historia

Por Horacio Vázquez-Rial

Al margen de lo mucho que las izquierdas españolas han mentido acerca de don Jesús Gómez Ruiz, portavoz de la oposición en el ayuntamiento de Leganés y compañero de fatigas en La Ilustración Liberal, donde publicó su artículo sobre "Los principios de la legislación española sobre la educación", que comparto en líneas generales, se ha puesto sobre el tapete la cuestión del comunismo como secta y como responsable de crímenes. 
 
¿Constituyen los comunistas una secta? Para la Real Academia, secta es 1) el "conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica", o 2) una "doctrina religiosa o ideológica que se independiza de otra", o 3) el "conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa". Atendiendo a la primera acepción, todos los individuos pensantes que toman partido pertenecen a una secta, lo cual es una estupidez. Atendiendo a la segunda, el protestantismo –en todas sus variantes– es una secta, en la medida en que se ha independizado de la Iglesia católica, al igual que las Iglesias griega o rusa, o que el cristianismo copto, lo cual es otra estupidez. En cuanto a la tercera, en ella todo depende de quién se exprese, lo cual es el colmo de la majadería multiculturalista: si yo considero falso el islam, denomino secta –y no religión– a 1.200 millones de personas.
De modo que el DRAE elude la condición minoritaria de las sectas. Lo que hace que el islam y el catolicismo y el judaísmo y el anglicanismo no sean sectas es su condición mayoritaria u oficial en distintas partes del mundo. Las sectas son hijas de las disidencias, que dejan de ser tales tan pronto como se institucionalizan.
El comunismo, si alguna vez fue secta, dejó de serlo en 1917, con la revolución soviética, que lo convirtió en política de Estado. Tal vez aun antes, al fundarse la Primera Internacional. Se me puede oponer el dato de que, al separar su destino del de la URSS, Trotski, de acuerdo con la segunda acepción del diccionario, creó una secta; pero él no se apartó del comunismo, sino de Stalin. En todo caso, la creación por los trotskistas de la Cuarta Internacional concreta una disidencia pública y extendida del comunismo soviético, pero en modo alguno dejan sus miembros de ser comunistas. Lutero, que no se enfrentó a un Papa en particular –como Trotski a Stalin–, sino al Papado, dejó de ser católico, pero no dejó de ser cristiano. Y al crear una forma del cristianismo que pronto fue mayoritaria en lo que aún no era Alemania pero lo sería, en gran medida gracias a ella, fundó una iglesia, no una secta.


Stanley G. Payne
Tenemos un gran vacío historiográfico en este ámbito –proyecto para jóvenes ambiciosos–. Stanley Payne nos enseñó a hablar de los fascismos, en plural, superando la concepción precedente del fascismo o el nazifascismo, producto de la propaganda stalinista, como fenómeno generalizado en Italia, Alemania, España y hasta la América española. ¿Por qué no hemos aprendido aún a hablar de los cristianismos, en plural, ya que no es lo mismo el catolicismo romano que el cristianismo de las iglesias etíope, griega, rusa, luterana, anabaptista, etc.? En parte porque percibimos que Europa es cristiana en diversas formas sin dejar de ser Europa. No obstante, no son pocos los que, pese a entender este dato, siguen siendo renuentes a emplear el término judeocristiano, cuando en su origen el cristianismo fue una secta judía, en la segunda acepción del término: una rama disidente. También deberíamos historiar los comunismos. Que, por cierto, al igual que los fascismos, fueron hijos de las socialdemocracias nacionales europeas.
Los comunismos, por definición, no fueron una secta, ni siquiera un grupo de sectas, sino corrientes dentro de un tejido ideológico de amplio alcance que, por una cuestión de justicia, deberíamos denominar marxiano antes que marxista. Como Lenin no quería dejar de ser marxista, adaptó los datos de la realidad a la doctrina y convirtió a Rusia, sobre el papel, en un país capitalista desarrollado, cosa que no era, para que su revolución cuadrara en la profecía canónica. Profecía que, de hecho, no se cumplió en nación central alguna. Ni siquiera, y frente a lo que pretenden algunos historiadores, estuvo a punto de hacerse realidad en el caldero alemán de 1918-1919: para impedirlo estaban ahí los socialdemócratas, que también se consideraban marxistas, y los sindicatos: el dúo guiado por Ebert que abrió el camino para la revolución nazi de finales de la década de 1930.
Ya en 1920 el marxismo, en tanto que instrumento de análisis político y herramienta para la toma del poder, había fracasado. Lo que no impidió que, a lo largo de todo el siglo XX, se fuera constituyendo en ideología e impregnando el conjunto de las sociedades occidentales. Hasta Hitler tuvo que llamar socialista a su partido para darle carácter. La finada clase obrera, en nombre de la cual hablan aún unos cuantos, no formó parte de ninguna revolución comunista conocida, y sirvió a unos y a otros para barridos y fregados diversos. En general –Rusia, China, Cuba, Vietnam...–, el papel protagónico correspondió al campesinado, que se proletarizó en un proceso de construcción industrial que no era en su inicio capitalista, puesto que el eje de la producción de esos países no fue el mercado hasta pasados muchos años. También el campesinado fue central en la revolución atrasista de Camboya.
El otro asunto es el de la condición criminal de los comunismos. Por supuesto que han sido criminales. Pero ése es un terreno en el que los comunismos se disputan el primer lugar con muchos otros partidos y movimientos a lo largo de la historia. El rey de los belgas Leopoldo II, que era un individuo y no una secta, entre 1900 y 1909 redujo a la mitad la población del Congo, que pasó de veinte millones a diez. Esto es el equivalente a la mitad de las muertes soviéticas a lo largo de setenta años, es decir, descontados los 20 millones de personas que perdieron la vida en la Segunda Guerra Mundial (cien mil sólo en la toma de Berlín, y en Stalingrado un millón de militares y otro de civiles). Lo más grave del caso congolés es que en esos nueve años de expolio no se construyó absolutamente nada: está claro que el monarca no asumió la "carga del hombre blanco".
El periodo soviético significó, sumando las víctimas del régimen y los muertos en guerra, militares –enviados al frente con criterios muy generosos de administración de la carne de cañón– y civiles, 40 millones en una población que en 1991 era de algo más de 290 millones y que debía de ser mucho menor en 1940. ¿Un doce por ciento, tal vez?


El comunismo atrasista de Pol Pot y los jemeres rojos ocasionó millón y medio de desaparecidos, lo que hizo descender la población de más de siete millones a menos de seis, es decir, en alrededor del 20 por ciento, en tres años.
El nazismo asesinó a 11 millones de personas, de las cuales 6 eran judías, en campos de concentración y exterminio. La pérdida demográfica de Alemania fue de entre 6 y 10 millones, sumados civiles y militares, al margen de los campos –en los que perecieron muchos más–. El total de pérdidas humanas de la Segunda Guerra Mundial, que desató la Alemania nazi, fue de 65 millones.
El comunismo está activo desde, al menos, 1848, y hay países comunistas hoy mismo –Cuba, Corea del Norte–, lo que representa una trayectoria histórica de 162 años hasta la fecha y con esperanzas de supervivencia. El nazismo duró veinte años y estuvo sólo doce en el poder, entre 1933 y 1945. Proporcionalmente, las consecuencias del nazismo fueron mucho peores. Lo cual no impide establecer comparaciones entre las respectivas patologías de Hitler y Stalin. Claro que uno de los aspectos más repugnantes del nazismo, el antisemitismo, al que Stalin no era precisamente ajeno, campa por sus respetos en las izquierdas actuales, en el islamismo y en parte de las derechas. Y de los comunismos quedan en Occidente, excepción hecha del museo cubano, flecos de un léxico –en su mayor parte derivado del positivista Engels, tan amante de los términos militares: impuso vanguardia, por ejemplo– y retales mal cosidos a una visión del mundo que hubiera merecido el rechazo tanto de Stalin como de Hitler, nada partidarios, a juzgar por sus hechos, del movimiento gay ni del feminismo.
Todas las revoluciones, empezando por la paradigmática, la francesa de 1789, han sido criminales. Resulta cuando menos curioso que haya sido el comunista avant la lettre Gracus Babeuf, partícipe activo del movimiento, quien primero denunciara los crímenes de aquella revolución (véase El sistema de despoblación de Babeuf, con el magnífico estudio introductorio de María Teresa González Cortés: De la Torre, Madrid, 2008); en concreto el que se podría considerar el primer genocidio de la modernidad, el de los católicos de la Vendée. Es bueno saberlo, aunque también haya que saber que las revoluciones y sus crímenes son tan inevitables como la lluvia o el mar.
Y no vale la pena plantear quién es más criminal, que es lo que le encanta al gobierno de la memoria histórica. Porque si se plantea caemos sin remedio en el asunto de la Guerra Civil y cada uno alzará sus propios números, necesariamente fuera de contexto. La revolución que los marxianos de todo pelaje pretendían hacer en el marco de la guerra costó a la República un número indeterminado de bajas, decisivo para su derrota, dados los enfrentamientos entre prosoviéticos, trotskistas, cenetistas y faieros –tal vez el calificativo de secta fuese adecuado para la FAI–. El fuego amigo fue una constante republicana. A la Inquisición le preocupaban menos los judíos y los musulmanes que los probables falsos conversos, es decir, los católicos de fe dudosa. A los revolucionarios también. Pero ese es tema de otro artículo.

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