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lunes, 18 de octubre de 2010

Todos son Burrianes, o la hipocresía del fanático, Pío Moa


Anoche, mi intervención en VEO7  quedó muy limitada, supongo que por cuestión de tiempo, como ocurrió con las de César Vidal y Cortázar.  Los temas eran el patriotismo y el Valle de los Caídos. Del primer tema dije que el pueblo era patriota, pero no así la mayoría de los políticos, que mostraban hacia España una aversión y un desprecio cargados de ignorancia. Comenté a la entrevistadora que  se me había ocurrido a destiempo una dedicatoria para mi reciente libro Nueva historia de España: “A los políticos, para que aprendan algo de la historia del país en que viven”.  Y puse como ejemplo definitorio el caso Burrianes, "cagándose en la puta España", con la solidaridad de ministra de Defensa y  del gobierno que la nombró en provocación deliberada al ejército,  a la democracia y a todo el país. También puse de relieve la burla indecente de estos Burrianes,  “homenajeando” a los caídos mientras negocian con los asesinos que tantos caídos han causado y balcanizan a España con estatutos anticonstitucionales.
    Como habrán visto los  televidentes, salió por peteneras un individuo fanatizado  afirmando que la defensa de Rubianes no era de sus palabras, sino de su derecho a la expresión, algo sacrosanto, al parecer, para ellos. Pero ellos habían sido quienes, cuando mi entrevista con Carlos Dávila, trataron por todos los medios de prohibir mi expresión, o quienes estuvieron años presionando para expulsar de Jiménez Losantos de la COPE. Entre otras muchas fechorías por el estilo. De ningún modo defendían la libertad de expresión, sino a Rubianes, y lo defendían y se identificaban con él precisamente por lo que había dicho, y atacaban de paso la libertad de expresión de quienes protestaban por aquellos insultos. El fanatismo siempre va acompañado de hipocresía.
   Una chica, igualmente fanatizada, protestó de que se atacara a un señor que no podía defenderse porque estaba muerto. La misma historia. Esta gente está ofendiendo constantemente, con su “memoria histórica” a una multitud de muertos que no pueden defenderse (ni encuentran apenas quien los defienda porque los señoritos del PP tienen, entre otras diversiones, la de escupir sobre la tumba de sus padres y abuelos, al unísono con los Burrianes). Porque de los muertos se puede hablar, evidentemente, qué idea más estúpida la de la chica en cuestión; pero una cosa es mentir y calumniarlos como hacen los Burrianes de turno, y otra exponer, como simplemente se hizo, las ofensivas palabras del fulano aquel.
    Y tenía que ser el tal Carmelo, manipulador de profesión, quien diera la nota principal al condenar el abucheo a los políticos en el momento de la oración por los muertos. De repente el tío se encendía en patriotismo y casi en religiosidad. Un sujeto virtuoso, por lo que se ve, capaz de conmover a las piedras. Veía una ofensa en el abucheo, y no en la farsa de los Burrianes  insultando a los caídos con su mera presencia en el acto.
    También se habló, cogiéndosela con papel de fumar, del “míster X”  del GAL. La hipocresía siempre. Damborenea lo expuso con claridad meridiana en su momento: era, y solo podía ser,  Felipe González. Con él, todo el turbio asunto encajaba. Sin él, no había forma de entender nada. Porque tuvimos un gobierno terrorista, y ahora un gobierno colaborador con los asesinos. Existe hoy más miedo a decir la verdad que en la época de Franco. Pero las cosas son como son, y hay que decirlas. el camino del infierno está empedrado no solo de buenas intenciones, sino también de mentiras. O de buenas intenciones que son mentiras.



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