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lunes, 13 de septiembre de 2010

La insostenibilidad del sistema nacional de salud, por Roberto Centeno



El Sistema Nacional de Salud, las Pensiones, y la Enseñanza Pública, los tres grandes pilares del Estado de Bienestar, están en fase de liquidación por Zapatero y Cía.  El Sistema de Pensiones, del que los socialistas detrajeron más de 250.000 millones de euros en los años 80 para financiar la reconversión industrial, inversiones como el AVE a Sevilla y el gasto corriente, está quebrado. Ya se han realizado quiebras parciales –los que trabajen menos de 15 años no tienen pensión, las viudas sólo podrán cobrar el 50%, siete CCAA se encuentran en suspensión de pagos, etcétera– y hay que reformarlo de urgencia, porque ni aun así se sostiene.

Para empezar, las pensiones serán recortadas en un 5%, según propone Corbacho, porcentaje que llegará hasta el 30%. Y los que estén en activo pagaran más. ¡Que tomen nota los 8 millones de pensionistas de cómo Zapatero y los socialistas les están llevando a la miseria: les reducen las pensiones, mientras les suben los impuestos y los servicios esenciales, como la luz o el gas!

La enseñanza pública la han degradado hasta situarla a la cola del mundo civilizado, tanto que si una familia no dispone de los medios para enviar a sus hijos a un colegio y a una universidad privados, su posibilidad de progreso en la vida equivale a la existente en el siglo XIX. Este será uno de los grandes legados del socialismo en general y de Zapatero en particular.

Pero hoy hablaré de la insostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS) que, con unos profesionales en general excelentes, sufren de una gestión política administrativa desastrosa, que les impide realizar su trabajo con eficacia. Tienen una asignación disparatada y los recursos más reducidos (6,4% del PIB, según la ministra Jiménez) de la OCDE (12,4% del PIB), todo lo cual está llevando a la ruina a la Sanidad.

El sistema se inicia con el seguro obligatorio de enfermedad en 1942 (antes solo existía la beneficencia). En 1963 daba cobertura a un 50% de la población, y a un 70% en 1967. El resto recibía asistencia a través de mutuas laborales o de funcionarios. En los años 60 es cuando se construyen casi todos los grandes hospitales de España.

El traspaso de la sanidad a las CCAA ha sido un desastre sin paliativos, que ha incrementado a límites inasumibles la estructura política administrativa del SNS y los liberados sindicales que no le dan un palo al agua, de forma que el coste de personal supone ya más del 50% del coste total. Para hablar de ello, nada mejor que resumirles el análisis realizado sobre estos temas por uno de los grandes profesionales de la medicina que ejerce su trabajo en un gran hospital de Madrid.

La asignación de los recursos, ya de por sí escasos, es disparatada. “Se produce un pésimo aprovechamiento de instalaciones y medios, los grandes hospitales funcionan solo de mañanas, por las tardes están desiertos, hay decenas de miles de metros cuadrados de consultas y salas vacías por la tarde, así como miles de millones en aparatos sin utilizar” y en lugar optimizar los recursos existentes, se construyen otros nuevos porque políticamente hay que inaugurar hospitales, y cuanto más lujosos y llenos de mármoles mejor.

“Se crean nuevas áreas sanitarias, en Madrid dos, con Hospitales de referencia (Infanta Sofía e Infanta Elena), que no tienen ni de lejos los servicios que ofrecen los demás hospitales de cabecera. “Tengo grandes dudas que la gestión de los nuevos hospitales pueda ser similar a la de los viejos. Asimismo resulta chocante que cuando se tiende a la informatización sanitaria, el sistema que se va a utilizar en los nuevos hospitales sea diferente al ya establecido en los demás centros”.

Adicionalmente, de acuerdo con el espíritu de la Transición en general y socialista en particular, “las plazas se asignan a dedo y el sistema es absolutamente desincentivador; se trata igual al diligente que al vago, al que está y cumple sus obligaciones que al que llega tarde, se marcha pronto, y se va  a casa con los periódicos leídos”. Se han incrementado la discriminación y las diferencias de calidad, por mucho que las leyes digan lo contrario, las remuneraciones de los profesionales pueden diferenciarse hasta un 50% de una comunidad a otra, y el resultado final es un sistema profundamente insolidario y al borde de la quiebra, que debe ya más de 15.000 millones de euros a proveedores y recibe menos de lo que gasta, y eso no se sostiene. 


El gasto farmacéutico y la manirrota ministra Jiménez

Luego está la farmacia, entre el 25 y el 28% del gasto total, otra partida de gasto inasumible, y aquí la responsabilidad es en primer lugar del Ministerio de Sanidad, donde prácticamente la única función que le queda es la de la Dirección General de Farmacia, que es quien negocia los precios de los medicamentos con los laboratorios, y lo hace tan chapuceramente que “estamos pagando más que nadie en muchos preparados, algunos muy caros y de dudosa eficacia”. La ministra Jiménez prometió en mayo revisar la fórmula de cálculo de precios, que según ella ahorraría 2.000 millones de euros, y al final no hizo nada, como su indigno jefe, dando marcha atrás a todos sus compromisos de reducción de gasto. Luego los médicos, donde algunos mal pagados, pero mimados por los laboratorios con viajes y congresos, recetan sin freno.

Todo el sector está en pie de guerra: los suministradores de material (a quienes no les pagan), los laboratorios, los farmacéuticos, e incluso las Entidades de Seguro Libre, según las cuales la quiebra de MUFACE, la Mutualidad de Funcionarios, que está a punto de producirse, dejaría sin sanidad privada a más de 30 provincias. Mientras tanto, las CCAA piden a gritos un dinero inexistente, pero nada de reducir personal político administrativo y liberados sindicales, excepto Madrid, donde van a reducirlos en cerca de mil, por lo que esta panda de vagos no para de pedir la cabeza de Esperanza Aguirre, o asignar unos recursos escasos con criterios económicos y no políticos. La ministra Jiménez solo ha hecho promesas y no ha cumplido nada, y menos ahora que está en campaña y solo le importan sus primarias. El  SNS está hoy en manos de los dioses.

Y por si todo esto fuera poco, hay un tema  esencial,  tan inexplicable como insultante, algo inexistente en el resto del planeta. Al hatajo de irresponsables e insensatos, que se hizo cargo de la gobernación de este país a partir de la inconmensurable desgracia de la Transición, no se les ocurrió otra cosa que hacer obligatorio en la Ley General de Sanidad de 1986 tratar a cualquier persona que demande asistencia, con papeles o sin ellos, residente o no residente.

Realmente estamos en manos de locos peligrosos. Cada vez es mayor el número, no ya de sin papeles viviendo en España, que ésos todos, sino de extranjeros que viven en sus países con patologías graves y de tratamiento muy costoso, a los que las mafias organizadas, del Este, de Latinoamérica, de Africa, mandan en un avión a Madrid, Barcelona, Valencia, y colocan en las urgencias de los grandes hospitales públicos, que están colapsadas, pero donde exigen y consiguen prioridad absoluta, bajo la amenaza de denunciar al hospital por xenofobia o lo que se tercie.     

Un chollo para los extranjeros

Nada mejor para entender el disparate gigantesco, que un ejemplo entre miles, en un gran hospital de Madrid: “Hace unos meses, aunque esto ocurre todos los día y en todos los grandes centros, un rumano de 35 años alcohólico activo, sufre una fuerte hemorragia y es internado en su país. Una mafia local, le mete en un avión a Barajas, y de ahí lo dejan en Urgencias de este gran hospital, el tipo amenaza con denunciarles si no es tratado de inmediato, y ante la cobardía generalizada de los responsables de nuestros hospitales, se le trata, y a los pocos días, saltándose todas las listas de espera, se le hace un trasplante de hígado en el Ramón y Cajal. A un español, alcohólico activo, jamás le hubieran transplantado un hígado, y menos aún se habría saltado las listas de espera”.

“Las parturientas extranjeras, reciben todas al finalizar la preparación al parto, una caja con los elementos básicos para el bebé, biberones, chupetes, ropita, etcétera,  a las españolas, normalmente ni agua”. En conjunto, los inmigrantes, que suponen el 10% de la población, representan el 20% de la asistencia sanitaria y consumen tres veces más medicamentos por familia que los españoles. “En los MIR, médicos internos residentes, un 10% de las plazas está reservada exclusivamente para inmigrantes, que además tienen derecho a optar al 90% restante, mientras existen miles de médicos españoles, parados o subempleados, que tienen que emigrar”.

“Por otro lado, cada vez acuden más enfermos de otros países de la UE de renta muy superior, pero donde determinados actos médicos, caso de las prótesis de articulaciones, tienen limitaciones de edad y no las implantan, y aquí sin problemas y gratis. También cada vez más familias de extranjeros afincados en España, acuden  a ver a sus hijos y casualmente se ponen enfermos, muchos con patologías crónicas que requieren costosos tratamientos o intervenciones… y todo ello gratis total. Los imbéciles de los españoles lo pagan con sus impuestos. No hay palabras para explicar ésta locura izquierdista-progresista, y que el PP no cambió cuando tuvo mayoría absoluta, y mientras tanto el sistema va directo a la quiebra, ante la incompetencia, la cobardía y la iniquidad de nuestra clase política.

El Confidencial

A Mariano Digital

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