Blogoteca: septiembre 2010

lunes, 27 de septiembre de 2010

Blanco 'cierra' el espacio aéreo para favorecer a UGT, por Roberto Centeno


El pasado 12 de mayo, a raíz de la publicación del paquete de medidas de ajuste exigido a Zapatero por Obama, la UE y los organismos internacionales, la Unión Sindical Obrera (USO), la tercera central sindical en importancia aunque a gran distancia de CCOO y UGT, envió una carta a éstas últimas para convocar una huelga general contra la congelación de pensiones, la bajada de sueldo a funcionarios, la reducción de becas y todo tipo de ayudas sociales, etc., mientras se mantenía intacto el despilfarro autonómico y local. El silencio fue la respuesta. Cómplices de un lado y grandes beneficiarios por otro, junto con la CEOE, de la crisis y el paro, su silencio tenía toda la lógica.

Negaron la crisis cuando era innegable, culparon a otros cuando ya no pudieron negarla, se alinearon hombro con hombro con Zapatero -y no solo se alinearon, Cándido Méndez ha actuado en realidad como vicepresidente económico en la sombra, siendo responsable directo de muchas iniciativas que han dejado un saldo adicional de tres millones de parados- y nos están llevando a la ruina. Zapatero pagó con esplendidez su traición a la clase trabajadora, y solo cuando ya el clamor popular era imparable y su descrédito mayúsculo, decidieron convocar una huelga general cuyo detonante fue la reforma laboral, pero no contra Zapatero -que acaba de perpetrar una traición sin límites contra los trabajadores, los pensionistas y contra uno de los pilares básicos del Estado, entregando a los separatistas del PNV las políticas activas de empleo rompiendo así la unidad de la Seguridad Social, y de facto la unidad de la nación-, sino contra los empresarios, contra el capitalismo y contra el PP. El acuerdo con el PNV genera una desigualdad brutal, el País Vasco cobrará ahora 3.750 euros por parado, entre cuatro y cinco veces más que el resto de CCAA. Estos sindicalistas de pesebre no tienen vergüenza, ni honor, ni sentido del Estado.  

La huelga salvaje de Zapatero

Con una estructura de poder claramente mafiosa, los aparatos de UGT y CCOO han visto como su rechazo por segmentos crecientes de la sociedad va en aumento. Su abucheo y expulsión de facto de la manifestación de guardias civiles no es más que un síntoma, y en el caso de CCOO, que no de UGT, las bases están cada vez más inquietas con el alineamiento político de sus jefes. Esto y el fracaso rotundo de las manifestaciones de primavera  obligaban a los capos de ambas organizaciones a hacer algo, y con la excusa de la reforma laboral, mucho menos dañina para los trabajadores que las medidas de ajuste y que además les permite enriquecerse más aún como mediadores obligados, decidieron en connivencia con Zapatero convocar una huelga general contra todo menos contra el Gobierno.

La huelga general es una apuesta de alto riesgo para estos sindicatos de pesebre. Los trabajadores están hartos del desastre y sobre todo de lo que intuyen se avecina, pero no menos hartos de unos sindicalistas parásitos y chulescos que viven en la abundancia mientras ellos tratan de sobrevivir cada día. Las encuestas muestran no ya el escaso entusiasmo por la huelga de una mayoría de trabajadores -el diario El País hablaba de que solo un 9% de trabajadores la apoyaba-,  sino el rechazo visceral y directo de muchos. Un fracaso podría ser letal para estas organizaciones, razón por la cual, van a poner toda la carne en el asador a base de procedimientos claramente mafiosos, coacciones, amenazas, daños materiales y golpes a quienes no se sometan a su dictado con la ayuda imprescindible del Gobierno, que hará la vista gorda, como los Reichsstaathälter o gobernadores del Reich con los camisas pardas.

Pero al ser una huelga general, esa vista gorda tiene límites, ya que al contrario que el caso del Metro de Madrid, donde solo cien personas paralizaron este medio de transporte coaccionando y agrediendo a la mayoría de trabajadores, en este caso la connivencia Rubalcaba-camisas pardas no puede ser tan descarada porque el escándalo internacional sería sonado. Por ello se ha hecho algo realmente insólito en el mundo civilizado: el éxito de la huelga la garantiza el Gobierno a través de unos servicios mínimos ridículos. El primer gran piquete de los huelguistas es el ministro de Fomento y el segundo el del Interior. El SUP ya ha pedido que no se cargue contra los cafres de los piquetes y se deje a los ciudadanos indefensos ante la barbarie, “que la huelga sea un éxito nos beneficia a todos”. ¿Es esta la policía nacional o la de Rubalcaba?

Y lo nunca visto, Blanco cierra el espacio aéreo de España para favorecer la huelga. Me explicaban el viernes unos comandantes de Iberia amigos que están atónitos e indignados, porque nunca han visto nada igual en el mundo. Los vuelos a Europa, por ejemplo, quedan reducidos al 10%, cuando en la huelgas de pilotos o controladores los servicios mínimos eran del 50% y 60%. Y así aunque controladores, pilotos y personal de cabina están radicalmente contra la huelga, Fomento, D.José Blanco, les impide volar porque él ha acordado con los camisas pardas los vuelos que salen y los que no salen, pero no solo de Iberia, de cualquier compañías. ¡Ha tenido el cuajo de cerrar el espacio aéreo de España para favorecer a UGT y CCOO, algo tan insólito que jamás de lo jamases había sucedido! Una tropelía sin precedentes.

En Renfe, lo mismo, solo que más fácil. Fomento decide el 20% de trenes a funcionar, frente a un 60% en las huelgas de verdad de los trabajadores de Renfe. Da igual que el 80% de los trabajadores de Renfe quiera trabajar, es que la propia Renfe se adhiere a la huelga por orden de su jefe Blanco. La dirección ha invalidado esos trenes a priori, y ni siquiera tendrán que montar piquetes como en el Metro de Madrid, o montarán el paripé piquetes intentando sabotear los servicios mínimos y la policía impidiéndolo, en función de lo que convenga políticamente al Gobierno. O “sindicatos serios y cumplidores” o “Gobierno fuerte obligando a cumplir los servicios mínimos”. Pero será en las líneas privadas de autobuses y el transporte de mercancías, blanco principal de los camisas pardas de UGT y CCOO, donde se verá si la policía esta con los ciudadanos o contra los ciudadanos. Muchas personas saldrán a la calle cámara de video en mano, por lo que difícilmente podrán ocultar la realidad.

En todo caso, Zapatero está volcado en que la huelga de sus queridos pupilos sea un éxito. “No nos interesa que los sindicatos salgan derrotados”, ya que en caso contrario uno de sus principales pilares quedaría gravemente cuestionado, y si Zapatero ha sido capaz de vender España a los separatistas, será capaz de cualquier cosa. Es una huelga salvaje contra el PP para “demostrar” que España sería ingobernable sin el concurso de estos cafres. El día 29 los camisas pardas camparán por sus respetos, y serán tanto más violentos cuanto peor les vaya la jornada.

¿Y cuánto nos expolian estos parásitos?

Y para terminar, después de esta tropelía de connivencia Gobierno-sindicalistas parásitos, veamos cuánto nos expolian al resto de los españoles, pero fundamentalmente a los parados, los aparatchik estalinistas que las dirigen y los liberados que no le dan un palo al agua, Para empezar, los sindicatos como conjunto tienen la cifra de afiliación más baja de toda la OCDE, el 17,2 % del total de trabajadores, pero además en los últimos tres años no solo es que haya perdido afiliación el conjunto, es que UGT y CCOO han perdido mucha más, pues una parte cada vez mayor se está afiliando a USO, la única central sindical que defiende razonablemente los derechos de los trabajadores.

Para seguir, el dinero que perciben, una cifra que debería ser transparente y nítida, como corresponde a unos sindicatos que viven casi exclusivamente del dinero público, es un secreto de Estado. Esto es como UGT y CCOO de Madrid, que acuerdan no revelar las cifras de liberados que hay en la Administración autonómica madrileña. Una estimación que por lo bajo supera los 1.500 millones de euros años, en su mayoría gracias al paro, que tan activamente han propiciado y propiciarán. En los EREs perciben entre el 3% y el 4% de la indemnización total, supuestamente por “representar a los trabajadores”, en total unos 700 millones de euros  en 2009. Luego vienen los cursillos, reales o supuestos, de donde UGT y CCOO sacan alrededor de otros 600 millones, y suma y sigue, pues dada su gran preparación financiera, desde la llegada al poder de Zapatero gestionan el 30% del Plan de Jubilación de Funcionarios, con una comisión del 5%. Y si a eso le suman ustedes las subvenciones directas tenemos los 1.500 millones. Pero ni siquiera esa cifra monstruosa, con cinco millones de parados, es todo. Además, la mitad de los líderes sindicales, los aparatchik, que no han trabajado en su vida, cobran cantidades ingentes, como “asesores”, consejeros, etc. de empresas públicas y privadas. Solo en Caja Madrid superan los 31.000 euros por asistir a un consejo al mes.

Y luego, como aquí chupan todos, los liberados, una cifra secreta como saben, aunque lo que si sabemos es que existen 300.000 delegados sindicales, de UGT y CCOO en su mayoría, con un costo de unos 11.000 millones de euros año, contando solo lo que se llevan por ser “ciudadanos comprometidos a no darle un palo al agua”, y sin incluir los sueldos de las personas que tienen que sustituirles. Esto es lo que nos expolian: más 500 millones año los titiriteros de la ceja, que son otros liberados más. Para terminar, no puedo dejar de mencionar la desvergüenza y la miseria moral del alcalde de Madrid, Ruiz Gallardón, que no tiene dinero para pagar la luz de la M-40, y si para pagar a miles liberados sindicales que ha multiplicado por ocho.

El Confidencial

domingo, 26 de septiembre de 2010

El problema no está en Marruecos, Pío Moa



 
    En una charla con amigos surgió la cuestión de Ceuta y Melilla, sobre las que Mohamed VI está acentuando las presiones últimamente. Pronto llegamos a la conclusión de que el peligro no está en Marruecos, sino en España. En realidad, Rabat lleva presionando desde hace decenios, con alternativas de mayor o menor  intensidad según la percepción que tenga de la fortaleza o la flaqueza española. Actualmente debe de considerar –acertadamente por lo demás—que España se encuentra débil: coinciden las tensiones separatistas, la conculcación casi sistemática de la Constitución por unos y otros, una crisis económica a la que no acaba de verse el final, y un gobierno que en el fondo simpatiza con los puntos de vista de Marruecos, al que ha dado ya señales tan significativas como la reducción de las guarniciones militares en las dos ciudades españolas. En una entrevista,  Pedro J. Ramírez preguntaba al presidente Rodríguez qué habría hecho él  ante la invasión de Perejil. El interpelado afirmó que a él no le habría ocurrido nada semejante. La respuesta era estúpida (Rodríguez es estúpido en un grado que cabría calificar de diabólico), pero el periodista la aceptó en lugar de replicar: “¿Quiere decir que habría cedido de inmediato ante Rabat?”. Pregunta contestada de antemano si recordamos que, con ocasión de aquel conflicto,  Rodríguez viajó a Rabat para ofrecer a Mohamed VI sus buenos oficios contra el gobierno de su propio país.
  
Ahora, las presiones han ido hasta declarar “provocación” la presencia de Rajoy en Melilla, y animar a los marroquíes a “expresar sus sentimientos” contra las dos ciudades españolas, actitud que recuerda la previa a la “marcha verde” sobre el Sahara. Marruecos sabe que en medios políticos españoles muy influyentes hay tendencia a olvidarse de las dos ciudades y a crear las condiciones para su entrega. No es casual la permisividad a la entrada y permanencia de una población marroquí que tiende a hacerse mayoritaria, y la ausencia de medidas que den confianza a la población hispana, por lo que muchos ceutíes y melillenses han abandonado sus ciudades. Y ahora Rodríguez se entrevista de nuevo con su despótico amigo. Es difícil evitar la idea de que su negocio será, en definitiva, la traición.
  
  El problema, pues, no está en la tiranía alauita, cuyas ambiciones conocemos de sobra, pues nunca las han ocultado, sino en los políticos y el gobierno españoles, cuyas decisiones e ideas al respecto resultan oscuras. Asistimos ya, a partir de El País, al comienzo de una campaña a favor de la entrega. Este periódico, particularmente su inspirador, Cebrián,  ha sido también, desde la transición, el gran promotor de la llamada “solución política” frente a la ETA,  que tantas ventajas ha reportado a los terroristas, justificando el asesinato como forma de hacer política y corroyendo el estado de derecho; fue él también quien, entre muchas otras hazañas, dinamitó en su momento el acuerdo entre el PP y el PSOE contra los nacionalistas.
 
   Cebrián pertenece, como Felipe González, a la camarilla pro marroquí, en la que probablemente existen intereses más prácticos que la mera fantasía histórica. Y, al igual que el PSOE, tiene una idea negativa del pasado español, considera una desgracia la Reconquista y, en general, todo lo que España ha hecho de significativo, y apoya la  ley de memoria histórica que por algo quiere presentar como legítimo el régimen de marxistas, golpistas y racistas que sometió la mitad del país a los dictados soviéticos y estuvo muy cerca de balcanizarlo.
  
Hace poco  escribí en Libertad Digital el artículo “¿Se rompe España?”, precisamente sobre cómo una percepción distorsionada de la historia tiene consecuencias políticas actuales. Se trata de una clave esencial. No podríamos entender la política del actual gobierno sin conocer cuáles son sus puntos de vista sobre nuestro pasado.  

Época

¿Se rompe España?, Pío Moa

ANTE EL DESAFÍO SECESIONISTA

Con esta pregunta hacía El País una encuesta burlesca entre sus lectores, poniendo al lado una fotografía de Rajoy con expresión entre adusta y asustada; y de vez en cuando oímos a personajes progresistas el sarcasmo: "Me he levantado esta mañana y España seguía igual, no se había roto". Es decir, no pasa nada y quienes hablan de una España en peligro de disolución son solo provocadores de extrema derecha que practican un alarmismo interesado. Nada de qué preocuparse, pues.
Ante todo, conviene aclarar que la eventual desintegración de la nación no da frío ni calor a quienes así hablan. Sus muy negativas ideas sobre España han madurado largamente en las plantas del castrismo (de Américo Castro) y de un marxismo burdo pero por ello mismo más eficaz para mentes poco críticas. Los progresistas, los buenos según ellos, eran los judíos y los musulmanes expulsados por la "insidiosa Reconquista"; luego lo fueron los protestantes, contra los cuales habría volcado España su oscurantismo e intolerancia. Las pretendidas glorias hispanas apenas serían más que crímenes, saqueos y genocidios. Finalmente, la parte moderna y estimable del país, encarnada por los comunistas, los marxistas en general, los anarquistas, los golpistas republicanos y los separatistas, defensores al parecer de la libertad y la democracia, habría sido aplastada por la España negra o la negra España. Así, la historia real del país habría sido una sucesión de desgracias marcadas por el triunfo, una y otra vez, de la reacción cavernaria. Una verdadera peste, en definitiva, o, como venía a decir un poemilla no por sandio menos admirado, "la historia de España es la más triste porque termina mal".
Vistas así las cosas, que la nación se rompa o deje de romperse tampoco tiene mayor interés, incluso puede ser un camino para que ganen de una vez los buenos, al menos en algunas partes. Rara vez se expresa la idea con tal claridad, pero subyace en multitud de actitudes y actos de la izquierda y los separatistas, que no por nada coinciden tanto políticamente. Vemos cómo la visión del pasado condiciona profundamente el presente.
Estas concepciones han cundido de modo extraordinario durante años, activamente propagadas desde la prensa –en especial El País–, la televisión y otros medios, sin que la defensa de la realidad histórica haya estado a la altura de la ofensiva. Consecuencia de ellas, desde la matanza del 11-M no es que no haya pasado nada, sino que han ocurrido hechos a cuál más amenazante, sobre los que no me extenderé porque los vengo denunciando casi cada día. Baste resumirlos en el paso de los estatutos de autonomía –nunca muy respetados por los separatistas– a los nuevos estatutos de estados asociados. En 2005 escribí el ensayo Contra la balcanización de España, en el que expuse cómo la falsificación de la historia, sobre todo de la reciente, conduce al ataque a la unidad de España, que, casualmente, agrede asimismo a la democracia.

No parece mal a esta gente (siempre hay beneficiarios entre las castas políticas) la perspectiva de balcanizar el país, volver en cierto modo a la llamada Edad Media y dividirlo en una serie de pequeños estados impotentes y mal avenidos, juguetes de los intereses y manejos de las potencias más poderosas de Europa y de la infiltración islámica. Ya lo intentaron los separatistas durante la Guerra Civil, intrigando lo mismo con nazis y fascistas que en Londres y París, aunque no recibieron atención, pues estas últimas temían que el conflicto se embrollara demasiado y se extendiese más allá de los Pirineos.
En todas las sociedades existen tendencias centrífugas o dispersivas, y otras centrípetas o cohesivas. Como he explicado en Nueva historia de España, España es la nación más antigua de Europa, al lado, en todo caso, de Francia; gracias a ello fue posible la Reconquista, palabra perfectamente descriptiva de un largo proceso: la recuperación política de España. Comparada con casi cualquier otra nación europea, y desde luego con las más grandes, ha sido muy estable internamente, contra tópicos muy comunes. Solo en el siglo XIX, y como consecuencia de la interrupción en el desarrollo histórico causada por la invasión napoleónica, parece convertirse en el país de las asonadas y las guerras civiles, situación que se superó por un período considerable con la Restauración, y nuevamente después de la Guerra Civil del 36 y hasta ahora, el período de paz más prolongado que haya vivido España en siglos. Es hoy, casi 75 años después, cuando amenaza reproducirse la mezcla de ignorancia, incultura y odios gratuitos que destrozó la II República.

Pero su larga historia unitaria ha producido hechos culturales y sociales muy densos, por lo que España no resulta tan fácil de romper, pese a los esfuerzos balcanizantes de unos y la inhibición de otros. Y es de esperar que aquellos no lo consigan finalmente, aunque han creado una situación realmente seria y peligrosa.
Si hemos llegado hasta aquí se debe, repito, a que la ofensiva de fondo antiespañol que cobró impulso hace ya tres decenios no ha encontrado una reacción adecuada. La responsabilidad de los políticos es enorme, pero, en definitiva, cada ciudadano, si lo es, debe pensar qué puede hacer al respecto. Cuando escribí Nueva historia me propuse tan solo una versión crítica y más veraz que las habituales en algunos puntos. Como habrá comprobado quien la haya leído, mi análisis difiere no solo del hoy dominante, de carácter izquierdista o progresista, también de la mayoría de los enfoques tradicionales en la derecha.
Ahora, visto en perspectiva, el libro me parece un instrumento para una contraofensiva en el terreno intelectual y político. Otra cosa es que ese instrumento sea utilizado, habida cuenta de la pasividad quejumbrosa y lastimera que, de momento, predomina en el país. Habent sua fata libelli.

Libertad Digital

martes, 21 de septiembre de 2010

Por qué es insostenible nuestro nivel de vida, Roberto Centeno



Hoy pensaba estimar las consecuencias de los últimos datos económicos conocidos, que auguran un tercer trimestre muy negativo: importantes caídas del comercio exterior, producción industrial, servicios y consumo privado; hundimiento del precio del suelo, tan abundante en los balances bancarios a precios diez veces mayor; necesidad de subida del 115% del precio de la luz por las renovables, etc.

Pero me he encontrado con un brillante análisis –as usual– de John Mauldin, titulado “La última mitad”, y me voy a permitir utilizar sus razonamientos para explicar por qué el actual nivel de vida de los españoles es insostenible y no se soluciona solo con bajadas de salarios del 10-15 %, es mucho peor, Zapatero ha llevado a éste país a la recesión y la miseria. Por eso la salida de capitales se está convirtiendo en estampida.

“The bigger government leads to lower growth”

La primera reflexión de Mauldin es la evidencia de que “un mayor  tamaño del gobierno lleva a un menor crecimiento”. Existe una elevada correlación entre el ratio “sector privado/sector público” y la tasa de crecimiento estructural. Un ratio como el existente actualmente en España, con el mayor sector público del mundo civilizado, lleva a una tasa de crecimiento estructural inferior al 1%. Es decir, las 17 CCAA y los 8.200 Ayuntamientos, cuyo gasto desenfrenado (su deuda ha crecido un 26,5% en el segundo trimestre) no solo nos lleva a la ruina, además impiden el crecimiento económico. Para poder alcanzar crecimientos estructurales superiores al 3%, deben recortar su gasto en más de 100.000 millones de euros año.

La segunda reflexión es por qué el país en su conjunto no puede mantener su actual nivel de vida. Lo ilustraré con una identidad contable, es decir, algo que se cumple siempre por definición, y que muestra lo que es o no posible:

Balance financiero del sector privado + Balance fiscal del sector público - Saldo balanza corriente (-superávit, +déficit) = 0

En el momento actual tenemos un déficit de las AAPP del orden del 15% del PIB (150.000 millones de  euros) y otro en el sector exterior equivalente al 5,4% del PIB, otros 54.000 millones de euros. Para equilibrarlo, y no tiene más narices que equilibrarse, porque esto no es una teoría es una identidad, el sector privado (bancos, empresas, familias) debería conseguir, endeudándose, 204.000 millones de euros año, pero como debe el 350% del PIB, una cifra monstruosa, eso es metafísicamente imposible. ¿Y entonces qué pasa? Pues que o el sector público reduce su gasto drásticamente, y no van los tiros por ahí, porque la deuda total está  creciendo vertiginosamente, ¡un 20 % en el segundo trimestre!, o el sector exterior  consigue un fuerte superávit.

 ¿Y eso cómo se hace con una productividad por los suelos y sin poder devaluar la moneda? Si excluimos la salida del euro  y el dejar de pagar la deuda, que sería peor, eso solo es posible bajando nuestros costos en torno al 40%, reduciendo salarios, destruyendo empleo o ambos a la vez. Tengan en cuenta que desde la creación del euro, Alemania se ha hecho un 13% más competitiva y España, un 20% menos, es decir, hemos perdido el 33% respecto a Alemania. En general, en nuestros principales importadores, cuesta hoy un 33% menos que en España producir la misma cantidad de bienes y servicios, un desequilibrio brutal. Esa es la razón por la que el pasado mes de junio importamos 20.500 millones de euros, y exportamos 16.000, mucho peor, más del doble en términos de saldo que en 2009, donde importamos 16.000 millones y exportamos 14.000. De momento éste año el PIB caerá cerca del 1% (-0,4 % según la Comisión, frente a casi el 2% para el resto de Europa).

En todo caso, y para aquellos optimistas compulsivos que afirman que si Europa crece, nuestras exportaciones crecerán también, hay razones para no compartir esa asociación. España ha perdido solo este año un 9% de cuota en el comercio mundial, en una situación de clara recuperación de las economías europea y mundial, quedando reducida a un escuálido 1,67% del total, la porción más baja de todos los tiempos desde que se liberalizó el comercio en  1960.   

¿Y cuáles son las alternativas?

Lo he dicho ya, pero quiero subrayar el orden de prioridades, algo que resulta esencial. El primer problema de España es el tamaño del Estado, sin ello todo lo demás, todo sin excepción, es inútil: la deuda del conjunto de AAPP, medida según la metodología del Protocolo de Déficit Excesivo, una forma muy restrictiva de medir, porque quedan enormes partidas fuera (infraestructuras, retraso en el pago a proveedores, etc), asciende a 600.000 millones de euros según cifras oficiales. A eso, se suma los pasivos en circulación, lo que se debe directamente, que asciende a 730.000 millones, y la deuda de las 4.000 empresas públicas, estatales, autonómicas y municipales, 50.000 millones, con lo que la deuda oficial total asciende ya a los 780.000 millones de euros, el 78 % del PIB, y eso sin tener en cuenta lo que haya debajo de la mesa. Y finalmente la deuda derivada de compromisos futuros, fundamentalmente las pensiones, y que asciende al 180% del PIB. Es decir, los pagos que las AAPP deben realizar en los próximos años ascienden al 258 % del PIB.

Pero con ser inasumible la cifra absoluta, lo peor es su tasa de crecimiento un 20% anual. Si alguien no coloca este problema a la cabeza de nuestras prioridades es que, o miente o no sabe de que habla. El segundo, la situación del sistema financiero, donde la mitad o más de las entidades, con 100.000 millones de saldo de morosos oficial y 200.000 real, y una valoración de activos de ciencia-ficción, son auténticos “muertos vivientes”; y el tercero, la productividad. Si no se entiende eso, no se entiende nada de lo que esta pasando, los tres son imprescindibles, pero uno detrás de otro. Además, para reducir en un tercio el tamaño del Estado, sólo se necesita voluntad política, para aumentar la productividad en un tercio se necesitaría sangre, sudor y lágrimas.

You can take de austerity, downside your labor cost, or borrow more money (...) There are not good choices, no easy way”, nos dice Mauldin o el simple sentido común. De “austerity” nada, justo lo contrario, Zapatero ha dado marcha atrás, otra vez más, ¿cuántas?, pues todas las que se tercien; ayuntamientos y autonomías, especialmente socialistas y nacionalistas, siguen despilfarrando sin freno, porque como dice la Sra Salgado, “tenemos un pequeño margen”. ¿Pero de qué margen habla, de endeudarse más aún?.

Borrow more money”, está tocando a su fin. España aún no ha quebrado gracias a la barra libre del BCE, pero esto no es ilimitado. Ayuntamientos y CCAA sobreviven sus últimos meses gracias a los préstamos de las Caja de Ahorro locales, no pueden colocar deuda en el exterior porque nadie la compraría. De hecho, hay un gran banco nacional ya no le presta a la Generalitat. Por tanto solo queda “downside your labor cost”, bajar los costes laborales, algo que la nueva Reforma laboral facilitará, junto con un incremento sustancial del paro.

En alguna ocasión, he hablado de una reducción de costes del 40 %, porque si queremos exportar de verdad tenemos que superar el 33% de competitividad perdida. “Y esta bajada será claramente una depresión, lo que significa que la recaudación de impuestos bajará también, el gobierno recaudará menos y el PIB caerá. Lo perverso de la situación es que el ratio deuda/PIB empeorará, incluso aunque se implementen medidas de austeridad”. En resumen, nuestro nivel de vida se vendrá abajo, la política de Zapatero nos lleva a una recesión severa o más realísticamente a una depresión. Adicionalmente, el Estado del Bienestar quedará reducido a cenizas. La expresión correcta no es “no easy way” es “no way out”, sin salida, no hasta que la gente desesperada salga a la calle para exigir el cargo de los responsables, un cambio del modelo de Estado y del sistema electoral, y lo consiga.

lunes, 13 de septiembre de 2010

La insostenibilidad del sistema nacional de salud, por Roberto Centeno



El Sistema Nacional de Salud, las Pensiones, y la Enseñanza Pública, los tres grandes pilares del Estado de Bienestar, están en fase de liquidación por Zapatero y Cía.  El Sistema de Pensiones, del que los socialistas detrajeron más de 250.000 millones de euros en los años 80 para financiar la reconversión industrial, inversiones como el AVE a Sevilla y el gasto corriente, está quebrado. Ya se han realizado quiebras parciales –los que trabajen menos de 15 años no tienen pensión, las viudas sólo podrán cobrar el 50%, siete CCAA se encuentran en suspensión de pagos, etcétera– y hay que reformarlo de urgencia, porque ni aun así se sostiene.

Para empezar, las pensiones serán recortadas en un 5%, según propone Corbacho, porcentaje que llegará hasta el 30%. Y los que estén en activo pagaran más. ¡Que tomen nota los 8 millones de pensionistas de cómo Zapatero y los socialistas les están llevando a la miseria: les reducen las pensiones, mientras les suben los impuestos y los servicios esenciales, como la luz o el gas!

La enseñanza pública la han degradado hasta situarla a la cola del mundo civilizado, tanto que si una familia no dispone de los medios para enviar a sus hijos a un colegio y a una universidad privados, su posibilidad de progreso en la vida equivale a la existente en el siglo XIX. Este será uno de los grandes legados del socialismo en general y de Zapatero en particular.

Pero hoy hablaré de la insostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS) que, con unos profesionales en general excelentes, sufren de una gestión política administrativa desastrosa, que les impide realizar su trabajo con eficacia. Tienen una asignación disparatada y los recursos más reducidos (6,4% del PIB, según la ministra Jiménez) de la OCDE (12,4% del PIB), todo lo cual está llevando a la ruina a la Sanidad.

El sistema se inicia con el seguro obligatorio de enfermedad en 1942 (antes solo existía la beneficencia). En 1963 daba cobertura a un 50% de la población, y a un 70% en 1967. El resto recibía asistencia a través de mutuas laborales o de funcionarios. En los años 60 es cuando se construyen casi todos los grandes hospitales de España.

El traspaso de la sanidad a las CCAA ha sido un desastre sin paliativos, que ha incrementado a límites inasumibles la estructura política administrativa del SNS y los liberados sindicales que no le dan un palo al agua, de forma que el coste de personal supone ya más del 50% del coste total. Para hablar de ello, nada mejor que resumirles el análisis realizado sobre estos temas por uno de los grandes profesionales de la medicina que ejerce su trabajo en un gran hospital de Madrid.

La asignación de los recursos, ya de por sí escasos, es disparatada. “Se produce un pésimo aprovechamiento de instalaciones y medios, los grandes hospitales funcionan solo de mañanas, por las tardes están desiertos, hay decenas de miles de metros cuadrados de consultas y salas vacías por la tarde, así como miles de millones en aparatos sin utilizar” y en lugar optimizar los recursos existentes, se construyen otros nuevos porque políticamente hay que inaugurar hospitales, y cuanto más lujosos y llenos de mármoles mejor.

“Se crean nuevas áreas sanitarias, en Madrid dos, con Hospitales de referencia (Infanta Sofía e Infanta Elena), que no tienen ni de lejos los servicios que ofrecen los demás hospitales de cabecera. “Tengo grandes dudas que la gestión de los nuevos hospitales pueda ser similar a la de los viejos. Asimismo resulta chocante que cuando se tiende a la informatización sanitaria, el sistema que se va a utilizar en los nuevos hospitales sea diferente al ya establecido en los demás centros”.

Adicionalmente, de acuerdo con el espíritu de la Transición en general y socialista en particular, “las plazas se asignan a dedo y el sistema es absolutamente desincentivador; se trata igual al diligente que al vago, al que está y cumple sus obligaciones que al que llega tarde, se marcha pronto, y se va  a casa con los periódicos leídos”. Se han incrementado la discriminación y las diferencias de calidad, por mucho que las leyes digan lo contrario, las remuneraciones de los profesionales pueden diferenciarse hasta un 50% de una comunidad a otra, y el resultado final es un sistema profundamente insolidario y al borde de la quiebra, que debe ya más de 15.000 millones de euros a proveedores y recibe menos de lo que gasta, y eso no se sostiene. 


El gasto farmacéutico y la manirrota ministra Jiménez

Luego está la farmacia, entre el 25 y el 28% del gasto total, otra partida de gasto inasumible, y aquí la responsabilidad es en primer lugar del Ministerio de Sanidad, donde prácticamente la única función que le queda es la de la Dirección General de Farmacia, que es quien negocia los precios de los medicamentos con los laboratorios, y lo hace tan chapuceramente que “estamos pagando más que nadie en muchos preparados, algunos muy caros y de dudosa eficacia”. La ministra Jiménez prometió en mayo revisar la fórmula de cálculo de precios, que según ella ahorraría 2.000 millones de euros, y al final no hizo nada, como su indigno jefe, dando marcha atrás a todos sus compromisos de reducción de gasto. Luego los médicos, donde algunos mal pagados, pero mimados por los laboratorios con viajes y congresos, recetan sin freno.

Todo el sector está en pie de guerra: los suministradores de material (a quienes no les pagan), los laboratorios, los farmacéuticos, e incluso las Entidades de Seguro Libre, según las cuales la quiebra de MUFACE, la Mutualidad de Funcionarios, que está a punto de producirse, dejaría sin sanidad privada a más de 30 provincias. Mientras tanto, las CCAA piden a gritos un dinero inexistente, pero nada de reducir personal político administrativo y liberados sindicales, excepto Madrid, donde van a reducirlos en cerca de mil, por lo que esta panda de vagos no para de pedir la cabeza de Esperanza Aguirre, o asignar unos recursos escasos con criterios económicos y no políticos. La ministra Jiménez solo ha hecho promesas y no ha cumplido nada, y menos ahora que está en campaña y solo le importan sus primarias. El  SNS está hoy en manos de los dioses.

Y por si todo esto fuera poco, hay un tema  esencial,  tan inexplicable como insultante, algo inexistente en el resto del planeta. Al hatajo de irresponsables e insensatos, que se hizo cargo de la gobernación de este país a partir de la inconmensurable desgracia de la Transición, no se les ocurrió otra cosa que hacer obligatorio en la Ley General de Sanidad de 1986 tratar a cualquier persona que demande asistencia, con papeles o sin ellos, residente o no residente.

Realmente estamos en manos de locos peligrosos. Cada vez es mayor el número, no ya de sin papeles viviendo en España, que ésos todos, sino de extranjeros que viven en sus países con patologías graves y de tratamiento muy costoso, a los que las mafias organizadas, del Este, de Latinoamérica, de Africa, mandan en un avión a Madrid, Barcelona, Valencia, y colocan en las urgencias de los grandes hospitales públicos, que están colapsadas, pero donde exigen y consiguen prioridad absoluta, bajo la amenaza de denunciar al hospital por xenofobia o lo que se tercie.     

Un chollo para los extranjeros

Nada mejor para entender el disparate gigantesco, que un ejemplo entre miles, en un gran hospital de Madrid: “Hace unos meses, aunque esto ocurre todos los día y en todos los grandes centros, un rumano de 35 años alcohólico activo, sufre una fuerte hemorragia y es internado en su país. Una mafia local, le mete en un avión a Barajas, y de ahí lo dejan en Urgencias de este gran hospital, el tipo amenaza con denunciarles si no es tratado de inmediato, y ante la cobardía generalizada de los responsables de nuestros hospitales, se le trata, y a los pocos días, saltándose todas las listas de espera, se le hace un trasplante de hígado en el Ramón y Cajal. A un español, alcohólico activo, jamás le hubieran transplantado un hígado, y menos aún se habría saltado las listas de espera”.

“Las parturientas extranjeras, reciben todas al finalizar la preparación al parto, una caja con los elementos básicos para el bebé, biberones, chupetes, ropita, etcétera,  a las españolas, normalmente ni agua”. En conjunto, los inmigrantes, que suponen el 10% de la población, representan el 20% de la asistencia sanitaria y consumen tres veces más medicamentos por familia que los españoles. “En los MIR, médicos internos residentes, un 10% de las plazas está reservada exclusivamente para inmigrantes, que además tienen derecho a optar al 90% restante, mientras existen miles de médicos españoles, parados o subempleados, que tienen que emigrar”.

“Por otro lado, cada vez acuden más enfermos de otros países de la UE de renta muy superior, pero donde determinados actos médicos, caso de las prótesis de articulaciones, tienen limitaciones de edad y no las implantan, y aquí sin problemas y gratis. También cada vez más familias de extranjeros afincados en España, acuden  a ver a sus hijos y casualmente se ponen enfermos, muchos con patologías crónicas que requieren costosos tratamientos o intervenciones… y todo ello gratis total. Los imbéciles de los españoles lo pagan con sus impuestos. No hay palabras para explicar ésta locura izquierdista-progresista, y que el PP no cambió cuando tuvo mayoría absoluta, y mientras tanto el sistema va directo a la quiebra, ante la incompetencia, la cobardía y la iniquidad de nuestra clase política.

El Confidencial

A Mariano Digital

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El político y el científico de Max Weber

Cien libros para el siglo XXI (014)


"El Científico y el Político" (1904) - Max weber (1864-1920) - (014)


Recobramos la colección de libros para el Siglo XXI de Ciudadanos en la Red con una obra singular, posiblemente una de las más sinceras escritas por un auténtico analista independiente de la realidad, hoy hablaremos de Max Weber y su obra El político y el Científico (1904), obra breve pero intensa en la que el autor alemán disecciona con maestría los entresijos del poder, no apelando a su descripción formal, sino a sus auténticos contenidos, Weber, como un cirujano, nos muestra las vísceras de la condición humana de los políticos, algo que amplía en una de sus últimas conferencias La Política como Profesión (1919).

Pasaron varias décadas para que otro autor independiente, Michel Foucault nos hablara, todavía con más pasión si cabe, sobre la dominación de los seres humanos por el poder en todas sus formas.

Max Weber nació en Érfurt en 1864 y falleció en Munich en 1920. Fue un auténtico heterodoxo, que contribuyó desde una perspectiva ecuánime a la construcción de las ciencias sociales. El autor alemán era científico antes que ideólogo y por supuesto empírico antes que idealista, sin embargo huyó del positivismo, creando una posición singular entre los pensadores sociales, sin llegar a consolidarse en una escuela propia.

Estudió Derecho en Heidelberg y posteriormente Historia Medieval, ejerció como abogado, posteriormente se doctoró para pasar a ser profesor universitario de Economía en Friburgo y Heidelberg, más tarde se hizo editor, escribió sobre numerosos temas sociales y también se dedicó a dar conferencias por Europa y Estados Unidos.

Como reconoce su mujer en una biografía póstuma, aunque Weber es conocido fundamentalmente por sus escritos económicos, La Ética protestante y el Espíritu del Capitalismo (1903), sus estudios sobre la burocracia y la administración pública, y sus estudios de sociología, a los que dedicó más empeño, sobre todo en los últimos años de su vida, cuando fue profesor en Viena y Munich de las primeras asignaturas de sociología.

La auténtica vocación de Max Weber fue la política, tratando de fundar en 1812 en Alemania el primer partido político transversal, tratando de unir a liberales y socialdemócratas, proyecto que acabó fracasando por la desconfianza de los liberales hacia los principios revolucionarios de los socialdemócratas, y su empeño en interpretar la democracia desde el agrupamiento sectario y no desde la individualidad.

Weber fundamenta el ejercicio de política en la ética, que proviene de dos elementos claves: la convicción y la responsabilidad, origen y tragedia de la política, en la medida de que son polos entre los que debe moverse de forma equilibrada la acción política, ambos extremos se necesitan y se repelen mutuamente. Un político sin convicciones es, sencillamente un oportunista, un profesional de la manipulación y un vendedor de humo. Pero un político sin conciencia de su responsabilidad, perdido en su mundo neurótico de utopías irrealizables, conduce a la derrota segura. Hallar el camino eficaz entre Escila y Caribdis constituye la marca del buen político posibilista y, a la vez, transformador.

Weber participó activamente en la política alemana, tanto en su función de consultor para la firma del Tratado de Versalles, como diseñando el borrador de la futura Constitución de la República de Weimar, incluyendo el artículo 48, que aunque tenía como finalidad apartar al comunismo del gobierno alemán, sirvió a Hitler en su día para declarar la Ley Marcial y erigirse en dictador.

Biografía

Max Weber (por Ramón Alcoberro)

Biografía de Max Weber (antroposmoderno)

Vida de Max Weber y enlaces diversos a su obra (biográfica)

Libro recomendado

El Político y el Científico


Biblioteca Ciudadanos en la Red - Cien libros para el siglo XXI