Blogoteca: mayo 2010

lunes, 31 de mayo de 2010

Israel. Emboscada en el Mavi Marmara, por GEES

Enviar ayuda humanitaria a Gaza es bastante fácil. Los israelíes tienen canales para ello: el único requisito es cumplir los requisitos legales, que incluyen –al igual que lo hacen en Egipto– la inspección para que los cargamentos no incluyan armamento para Hamás. Por ese bloqueo, la banda terrorista se ve obligada a utilizar los famosos túneles en la frontera sur. 15.000 toneladas de ayuda humanitaria entra cada semana desde territorio israelí. Más aún a lo largo del año.
No es esto lo que pretendía la flotilla pro-islamista interceptada con resultados trágicos la pasada madrugada. Los organizadores –unos islamistas turcos– se negaron a que se descargara y revisara el cargamento antes de llevarse a Gaza. ¿Por qué, si sólo había ayuda humanitaria?. Pretendieron llegar al puerto pese a saber, primero, que está terminantemente prohibido; y segundo, que los israelíes lo iban a impedir, como han advertido hasta minutos antes del ataque. La violencia estaba asegurada. Pese a todo, la flotilla ha buscado el enfrentamiento con los israelíes, lo que explica la masiva presencia a fondo de activistas radicales de extrema izquierda y de islamistas y activistas relacionados con Hamás. Ninguno de éstos ha mostrado interés alguno en que el cargamento llegue a los palestinos: el interés era un enfrentamiento con los israelíes cantado desde hace días: no era la ayuda, sino la propaganda violenta lo que viajaba en los barcos. En este sentido, lo han conseguido, pero con un resultado trágico, porque ya sabemos que hay varios muertos.
Por parte israelí, los problemas se veían venir desde que se observó la perfecta organización turca de la flota y la habitual cobertura de los medios de comunicación. La encerrona se olía a distancia; ceder a los islamistas hubiese sido un pésimo precedente, además de peligroso, y asaltar los barcos daría una pésima imagen. Día a día, los barcos proislamistas se acercaban más y más, pese a los avisos públicos. Así que de madrugada, uno por uno, los soldados israelíes comenzaron a subir a los barcos y tomar control de los puentes de mando.

Todo iba según lo previsto hasta que le llegó el turno al barco más grande, el "Mavi Marmara". La operación era la más arriesgada, porque en el barco había 600 activistas y desde él se dirigía la operación de penetración en las aguas territoriales israelíes. El abordaje se realizó por medio de helicópteros, en las partes más sensibles de la nave. Pero a diferencia de lo ocurrido en los otros barcos, aquí el recibimiento fue profundamente hostil, sorprendiendo a los israelíes. Varias decenas de activistas, perfectamente organizados, atacaron a los soldados tan pronto como éstos pusieron pie en cubierta, con bates, palos y cuchillos. Se llegó al combate cuerpo a cuerpo entre las unidades israelíes y los activistas turcos; en un momento determinado, éstos consiguieron arrebatar armas de fuego a los israelíes, y comenzó el tiroteo. El resultado, activistas muertos –unos diez, aproximadamente– y cuatro militares israelíes heridos, alguno por arma de fuego. Posteriormente, las IDF controlaron la situación, evacuaron a los heridos a los hospitales israelíes y dirigieron el barco a puerto.
¿Qué ha ocurrido? De hacer caso a las fuentes turcas y palestinas –que son las que están nutriendo a nuestros medios de comunicación–, los israelíes entraron disparando en el barco contra pacifistas "que mostraban banderas blancas" –literalmente–, asesinando a muchos de ellos. Nos tememos que esta historia, además de manipulada, es profundamente antisemita, una vez más. Los israelíes, por su parte, hablan no sólo de un intento de linchamiento cuando los militares recorrían el barco, sino de la aparición de armas de fuego en un momento determinado del enfrentamiento. Otras fuentes hablan de profesionales emboscados en el barco que llevaron a cabo tácticas de guerrilla. En cualquier caso, lo que está fuera de toda duda es que los activistas atacaron violentamente a los israelíes, que éstos no se lo esperaban y que el caos se apoderó de la nave.

Será necesario analizar la responsabilidad turca en la emboscada del "Marvi Marmara". La flotilla está organizada y financiada por un grupo islamista turco aliado de Hamás, la Insani Yardim Vakfi de Estambul. Los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad occidentales la consideran estrechamente relacionada con el terrorismo islámico; activistas de extrema izquierda occidentales y de organizaciones proislamistas completan la expedición. Además, la flotilla ha contado con el apoyo material turco antes de salir hacia Israel, así como con cobertura diplomática del gobierno de Erdogán, que encabeza las críticas. Habrá que identificar a los activistas turcos que viajaban en el barco, porque no pocos hablan de milicianos islamistas o incluso militares. Y por otro lado está la presencia a bordo de un equipo de televisión turco que ha retransmitido en directo el enfrentamiento: los turcos han controlado la operación mediática desde el principio, proveyendo de imágenes y testimonios directamente desde el barco.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

domingo, 30 de mayo de 2010

Los problemas de España, Pío Moa



  Las pésimas perspectivas de la crisis económica, después de habernos endeudado de forma desmesurada e imprevisora, es sin duda uno de nuestros grandes problemas actuales; una crisis mundial, aunque aquí agravada por el cretinismo demagógico de un gobierno que, aferrado al poder, se presenta ahora como la solución.  Pero es solo uno de los problemas que afronta el país, y no el más grave, a mi juicio.
 
El más decisivo consiste, seguramente en una crisis política con muchas facetas que no cesan de empeorar, afectando en profundidad tanto a la democracia como a la propia integridad nacional: los movimientos hacia la balcanización de España, propiciados por los políticos de izquierda y por los de derecha; la silenciosa invasión islámica y la cuestión de Ceuta y Melilla; la pérdida de soberanía y asimismo de influencia en Europa; la degradación del poder judicial; la corrosión de las libertades; la eliminación de la oposición a manos de un partido que solo parece creer en la economía; la degradación de la democracia en partitocracia; la falsificación sistemática de la historia con propósitos políticos actuales (¡el rey ha firmado su propia deslegitimación!); el terrorismo legitimado como forma, y privilegiada, de hacer política. Y otros hechos parejos. Cabría resumir todo ello en un progresivo desmoronamiento de la ley, del estado de derecho, de la democracia; una grave involución política por  relación a la convivencia alcanzada en la transición.

 
Son todos ellos problemas de fondo, que inciden en otros derivados, menos directamente políticos, manifiestos en una decadencia cultural y moral casi generalizada: sustitución de la educación familiar por la que proporciona la televisión-basura y otros medios por el estilo; alto índice de fracaso escolar; desplazamiento del español por el inglés como lengua de cultura; anquilosamiento de la universidad; expansión de la droga, del fracaso matrimonial y familiar, etc. Estos datos pueden describirse como signos de impotencia cultural del país en todos o casi todos los planos.

  
Gran parte de los problemas han venido enmascarados o atenuados por la aparente bonanza económica, que ahora parece haber terminado por un buen período;  pero, debe insistirse, la crisis política y social es más grave y de mayores consecuencias a la larga.  Basta reflexionar mínimamente y sin prejuicios sobre la realidad  presente para entender que el país marcha aceleradamente cuesta abajo y que será muy difícil enderezar el rumbo, porque parece como si cada factor de degradación o decadencia tirase de los demás en la misma dirección. Vivimos una época de descomposición social, la más grave desde la república, que presenció fenómenos parecidos. ¿Quiere esto decir que marchamos hacia una nueva guerra civil? Me parece harto improbable –si bien el historiador sabe bien que lo improbable, incluso lo muy improbable, llega a suceder a veces--, y la historia no se repite nunca tal cual.
  
Aunque esta serie de problemas está muy interrelacionada, cada uno de ellos debe ser analizado en sí mismo, con vistas a darles una solución coherente. La deriva solo puede ser cortada mediante la creación de numerosas asociaciones que afronten una parcela de la crisis, y finalmente por un partido con un programa regenerador y convincente. Esto puede ocurrir y puede no ocurrir. Examinando el período actual, mi Nueva historia de España concluye: “Es imposible saber  hasta dónde seguirá esta  orientación o  si surgirá alguna reacción efectiva. Hoy por hoy, España carece de  ímpetu cultural para orientar una evolución creativa (…) La potencia espiritual demostrada por España en otros tiempos  podría servir de acicate para un renacimiento en los actuales. Los indicios no son muy alentadores, pero (…) todo reto puede encontrar su respuesta, toda crisis encierra los factores de superación, y el futuro  nunca está escrito”.

"¿Qué voy a hacer ahora?" por Arturo Pérez-Reverte




El segundo gintonic, Pencho se vuelve hacia mí. Hace quince minutos que aguardo, paciente, esperando que se decida a contármelo. Por fin hace sonar el hielo en el vaso, me mira un instante a los ojos y aparta la mirada, avergonzado. «Hoy he cerrado la empresa», dice al fin. Después se calla un instante, bebe un trago largo y sonríe a medias con una amargura que no le había visto nunca. «Acabo de echar a la calle a cinco personas.»

Puede ahorrarme los antecedentes. Nos conocemos hace mucho tiempo y estoy al corriente de su historia, parecida a tantas: empresa activa y rentable, asfixiada en los últimos años por la crisis internacional, el desconcierto económico español, el cinismo y la incompetencia de un Gobierno sin rumbo ni pudor, el pesebrismo de unos sindicatos sobornados, la parálisis intelectual de una oposición corrupta y torpe, la desvergüenza de una clase política insolidaria e insaciable. Pencho ha estado peleando hasta el final, pero está solo. Por todas partes le deben dinero. Dicen: «No te voy a pagar, no puedo, lo siento», y punto. Nada que hacer. Los bancos no sueltan ni un euro más. Las deudas se lo comen vivo; y él también, como consecuencia, debe a todo el mundo. «Debo hasta callarme», ironiza. Todo al carajo. Lleva un año pagando a los empleados con sus ahorros personales. No puede más.

Cinco tragos después, con el tercer gintonic en las manos, Pencho reúne arrestos para referirme la escena. «Fueron entrando uno por uno –cuenta–. La secretaria, el contable y los otros. Y yo allí, sentado detrás de la mesa, y mi abogado en el sofá, echando una mano cuando era necesario… Se me pegaba la camisa a la espalda contra el asiento, oye. Del sudor. De la vergüenza… Lo siento mucho, les iba diciendo, pero ya conoce usted la situación. Hasta aquí hemos llegado, y la empresa cierra.»

Lo peor, añade mi amigo, no fueron las lágrimas de la secretaria, ni el desconcierto del contable. Lo peor fue cuando llegó el turno de Pablo, encargado del almacén. Pablo –yo mismo lo conozco bien– es un gigantón de manos grandes y rostro honrado, que durante veintisiete años trabajó en la empresa de mi amigo con una dedicación y una constancia ejemplares. Pablo era el clásico hombre capaz y diligente que lo mismo cargaba cajas que hacía de chófer, se ocupaba de cambiar una bombilla fundida, atender el correo y el teléfono o ayudar a los compañeros. «Buena persona y leal como un doberman –confirma Pencho–. Y con esa misma lealtad me miraba a los ojos esta mañana, mientras yo le explicaba cómo están las cosas. Escuchó sin despegar los labios, asintiendo de vez en cuando. Como dándome la razón en todo. Sabiendo, como sabe, que se va al paro con cincuenta y siete años, y que a esa edad es muy probable que ya no vuelva a encontrar jamás un trabajo en esta mierda de país en el que vivimos… ¿Y sabes qué me dijo cuando acabé de leerle la sentencia? ¿Sabes su único comentario, mientras me miraba con esos ojos leales suyos?» Respondo que no. Que no lo sé, y que malditas las ganas que tengo de saberlo. Pero Pencho, al que de nuevo le tintinea el hielo del gintonic en los dientes, me agarra por la manga de la chaqueta, como si pretendiera evitar que me largue antes de haberlo escuchado todo. Así que lo miro a la cara, esperando. Resignado. Entonces mi amigo cierra un momento los ojos, como si de ese modo pudiera ver mejor el rostro de su empleado. Aunque, pienso luego, quizá lo que ocurre es que intenta borrar la imagen del rostro que tiene impresa en ellos. Cualquiera sabe.

«¿Y qué voy a hacer ahora, don Fulgencio?... Eso es exactamente lo que me dijo. Sin indignación, ni énfasis, ni reproche, ni nada. Me miró a los ojos con su cara de tipo honrado y me preguntó eso. Qué iba a hacer ahora. Como si lo meditara en voz alta, con buena voluntad. Como si de pronto se encontrara en un lugar extraño, que lo dejaba desvalido. Algo que nunca previó. Una situación para la que no estaba preparado, en la que durante estos veintisiete años no pensó nunca.»

«¿Y qué le respondiste?», pregunto. Pencho deja el vaso vacío sobre la mesa y se lo queda mirando, cabizbajo. «Me eché a llorar como un idiota –responde–. Por él, por mí, por esta trampa en la que nos ha metido esa estúpida pandilla de incompetentes y embusteros, con sus brotes verdes y sus recuperaciones inminentes que siempre están a punto de ocurrir y que nunca ocurren. ¿Y sabes lo peor?... Que el pobre tipo estaba allí, delante de mí, y aún decía: No se lo tome así, don Fulgencio, ya me las arreglaré. Y me consolaba.»

XL Semanal

Prensa Ibérica, editorial: Somos más pobres, no podemos vivir al mismo ritmo



No vale la crisis como escudo para justificar que la economía española se desmorona con más facilidad que una construcción de naipes y pasa del éxtasis a la depresión en un suspiro. Las turbulencias de los mercados, la opacidad financiera o la ingeniería crediticia por las que empezó todo son ajenas a la dualidad del mercado laboral –contratos fijos muy rígidos y temporales tan frágiles como el cristal–, a la insostenibilidad del estado del bienestar o la nula competitividad nacional, que pagamos con la tasa de paro más elevada de los países desarrollados. No nos engañemos a nosotros mismos: somos más pobres, no podemos vivir al mismo ritmo. Cuanto más tardemos en admitirlo, más se agravarán todos nuestros males.
El problema fue que la fiesta adquirió unas proporciones colosales. Los invitados, encantados, consumieron a todo tren, tuvieran o no posibles para ello: que nos lo fíen, un año de estos lo devolveremos. En la euforia de esos dulces momentos, todos felices chispeando entre burbujas de hermosos datos amañados, nadie quiso enterarse de que ninguna juerga es eterna, ni de que cuando despunta el alba y deja de atronar la música hay que pasar por caja y abonar religiosamente la factura.
España es en los últimos años un espejismo. Cuando la borrachera llegó al límite estalló la crisis para darnos una sacudida de sensatez y bajarnos con crudeza de la nube: no salimos de pobres. Al menos no somos tan ricos como creíamos, y pregonaban triunfalistas los gobernantes para exhibir logros que eran en realidad taimadas trampas. Es lo que el filósofo alemán Jürgen Habermas acaba de bautizar como "la ilusión del bienestar español".
No es normal, ni viable, que España construya tantas viviendas –así llegó a ocurrir– como Alemania, Francia e Italia juntas. No es normal que España invierta en infraestructuras el triple que Alemania –nación que duplica holgadamente nuestra potencia económica–, lo que llevó a un ministro teutón a afirmar que el nuestro era "un precioso país lleno de autopistas vacías". No es normal que España, con veinte veces menos territorio que China, vaya a tener la red de ferrocarriles de Alta Velocidad más extensa del mundo, sólo superada por la del gigante asiático, en sí mismo un continente.
Todo se antoja tan anómalo que el propio ministro de Fomento reconoce hoy que muchas obras se realizaron sin valorar su viabilidad económica o sus costes de mantenimiento, "creyendo que el crecimiento era estructural y no coyuntural". Era una ciega huida, como la de esa familia a la que le toca el gordo, lo funde al instante y al siguiente año quiere gastar al mismo ritmo sin que la suerte haya llamado otra vez a su puerta. Lo malo es que son ahora los ciudadanos quienes van pagar los platos rotos de tanta imprudencia, de tanta ligereza impúdica y grosera que poco tiene que ver con las hipotecas alegres o la inestabilidad financiera con las que se inició el lío. Con crisis o sin ella, los problemas estaban ahí. Era más cómodo, e irresponsable, demorarlos.

Asegúrense los cinturones para un frenazo brutal. Vamos a ganar menos porque tenemos menos que repartir. Muchas empresas para sobrevivir limarán salarios. El Gobierno, con el decretazo a los funcionarios, marca la pauta. Vamos a tener más paro –una insoportable tasa del 20% ahora, 4, 6 millones de dramas humanos– porque no hay crecimiento. Sin actividad, sin cosas que producir, no abunda el trabajo. Trece de cada cien euros que recauda España son para pagar a los parados ¿nos lo podremos seguir permitiendo?
Vamos a tener menos obra pública porque ya se percibe la drástica caída de su intensidad y porque otro tijeretazo espera en la esquina. Vamos a tener que replantear las pensiones porque han aumentado espectacularmente mientras las cotizaciones sociales con las que se sustentan no crecen al mismo ritmo. Ese desfase es insoportable por tiempo indefinido. Vamos a tener que adelgazar la sanidad porque devora la mayor parte de los presupuestos autonómicos. Con su crecimiento exponencial, fuera de control, se convierte en un pesado lastre que apenas deja margen de maniobra para otras inversiones productivas.

Y, en fin, vamos a tener que prescindir del bastón europeo. Después de haber recibido entre 140.000 y 170.000 millones de euros de Bruselas, a partir de 2014 no habrá maná comunitario para España, en medio de una UE con un euro tocado –y con él, la unidad–, una Europa difuminada entre personalidades grises conscientemente elegidas para que manden los gallos de cada corral y ninguno se sienta en peligro al caro precio de transmitir debilidad a los inversores internacionales.
En momentos como estos hacen falta los estadistas de talla que hablen claro de una vez, sangre, sudor y lágrimas, y expliquen de frente la enorme envergadura del problema. Alguien que, sin enredar en las bancadas del gobierno con impuestos ideológicos o en las de la oposición con el zarandeo por el zarandeo, pida realismo y sacrificio pero devuelva rigor y determinación. Alguien que les diga a los ciudadanos a la cara que así no podemos seguir.
Enseña un proverbio chino que lo primero que hay que hacer para salir de un pozo es dejar de cavar. Cada minuto que retrasemos las reformas que se coligen de los apabullantes números de la realidad española estamos una palada más abajo dentro de nuestro propio agujero.

Editorial conjunto del Grupa Prensa Ibérica

sábado, 29 de mayo de 2010

Las esposas de los dictadores del Eje del Mal

las esposas de los otros líderes políticos

Las misteriosas mujeres del 'eje del mal'

Todo el mundo conoce, o al menos le suenan de oídas, los nombres de Michelle Obama o Carla Bruni. Las primeras damas de las grandes potencias acaparan, en ocasiones, incluso más miradas y flashes fotográficos que sus propios maridos. Hay un grupo de mujeres que son la antítesis de las consortes de Occidente. Son las esposas de los líderes del 'eje del mal', ese grupo de nueve países demonizados por el ex presidente norteamericano George W. Bush y que rara vez aparecen en las noticias. Poco se conoce sobre ellas y les rodea un halo de misterio y secretismo desmesurado pero, a pesar de lo que se pueda pensar, el papel que desempeñan en el discurrir de la política de sus países es activo y, en ocasiones, hasta crucial.


Borja de la Mota. El Imparcial



Durante la guerra contra el terror proyectada por George W. Bush, la Administración norteamericana se encargó de poner en el punto de mira a determinados países acusándoles de financiar y apoyar a grupos terroristas o de confabular contra de sus intereses. A lo largo de estos últimos años, mucho se ha escrito sobre los líderes que están al frente de estos heterogéneos regímenes, aunque poco se sabe de las personas que más conviven con ellos: sus mujeres.
Misteriosas, poderosas y esquivas. Así son las primeras damas del mal. Las esposas de los jefes de Estado y de gobierno de este controvertido 'club' (Irán, Corea del Norte, Venezuela, Cuba, Bolivia, Zimbabwe, Liba, Siria y Bielorrusia), juegan un papel crucial en la vida política de sus respectivos países siempre a la sombra de sus maridos.
El poder tras el velo
La actualidad ha situado a Irán por enésima vez en el punto de mira de Occidente. Las pretensiones nucleares de Mahmoud Ahmadineyad han provocado que el ojo mediático apunte de nuevo a Teherán. Mientras tanto, el líder iraní se regodea en este protagonismo, y con él, Azam, su inseparable y fiel esposa. Desde que asumió la jefatura de gobierno persa, Ahmadineyad ha focalizado el interés en torno a su país. Debido a esto, las preguntas sobre su enigmática mujer se han multiplicado.
Poco se sabe acerca de Azam al-Sadat Farahi. Vestida con su sempiterno chador negro y luciendo unas gafas demodé tras las que apenas asoma su cara, la primera dama iraní es una figura misteriosa dentro del gobierno islamista. Su presencia en los actos oficiales y públicos a los que acude su marido es extremadamente rara y siempre testimonial.
Azam al-Sadat FarahiSu primera aparición pública tuvo lugar en enero de 2009 coincidiendo con la misiva que le envió a Suzanne Mubarak, esposa del líder egipcio. En ella, al-Sadat exigía al gobierno faraónico que redoblara sus esfuerzos para apoyar a los palestinos de Gaza. Además, asistió, junto con medio centenar de primeras damas, al foro organizado por la Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura (FAO) celebrado en Roma en noviembre del año pasado.
Ambos episodios, que supusieron la aparición en el escenario internacional de la primera dama iraní, vinieron a manifestar lo que los analistas llevaban pensando mucho tiempo: que el papel de al-Sadat es mucho más activo de lo que se puede pensar a priori. Desde que Ahmadineyad asumió el liderazgo del polémico país musulmán, los derechos de las mujeres han experimentado una ligera mejoría. Ahora se les permite asistir a partidos de fútbol, aunque en gradas separadas de las de los hombres, o entrar en las bibliotecas.
Otro régimen 'maligno' es el libio. Muahmar al-Gaddafi rige con mano de hierro en este país, del norte de África desde hace más de cuatro décadas. A pesar de que el líder africano siente una gran predilección por las cámaras, no se puede decir lo mismo de su mujer desde 1969, Sadiya, una enfermera que se encargó de los cuidados de Gaddafi después de que éste sufriera un accidente de coche. Anteriormente, había estado casado con Fatiha, unión que apenas duró unos meses.
Los expertos creen que Sadiya, madre de dos de los ocho hijos naturales del presidente, es sólo una fachada de cara a la opinión pública del país ya que Gaddafi tiene varias amantes y la primera dama sólo haría acto de presencia en eventos muy puntuales. Algunos rumores señalan que vive recluida en una villa a las afueras de la capital, Trípoli, mientras que otros apuntan a que aún convive con el líder libio en un modesto apartamento de la ciudad.
Siempre a la sombra de la revolución
Durante más 40 de años, los cubanos no han podido ponerle cara a la mujer que dormía con su líder. No fue hasta 1999, durante un partido de béisbol entre Venezuela y Cuba, cuando los isleños conocieron a Delia Soto del Valle, la esposa desde hace más de tres décadas del dictador caribeño. Siempre a la sombra de Celia Sánchez Manduley, verdadero icono femenino de la revolución cubana, fallecida en 1979 (un año después de la boda castrista) de cáncer e idolatrada como una verdadera mártir de la causa, Delia, profesora de 64 años, rubia y con unos intensos ojos verdes, se ha mantenido siempre a la sombra de Fidel, con el que ha tenido cinco hijos: Alexis, Álex, Alejandro, Antonio y Ángel.
Delia Soto del ValleEl matrimonio Castro se conoció a principios de la década de los 60 mientras Delia trabajaba de maestra en la región de Cienfuegos, en el noroeste de la isla caribeña, y Fidel estaba proyectando el nuevo gobierno tras derrocar a Fulgencio Batista. Desde entonces, y siempre en el anonimato y rodeada de misterio, Delia ha sabido encontrar su lugar entre las bambalinas de un régimen no muy dado a exhibir los lazos familiares. Prueba de ello es que el matrimonio jamás se ha dejado ver en público, ni siquiera en las recepciones a mandatarios cercanos como el venezolano Hugo Chávez o el nicaragüense Daniel Ortega, y las imágenes de los cinco hijos de la pareja también son muy escasas y las informaciones, contradictorias.
Algo de lo poco que ha trascendido a los medios de comunicación es que la pareja vive en el palacio presidencial situado en la zona occidental de La Habana. Delia es la segunda mujer de Fidel Castro ya que estuvo casado con Mirta Díaz Balart, la madre de su primogénito, Fidel, durante los 50.
Los fantasmas de Pyonyang y Minsk
En teoría no existe. Durante años, el gobierno no ha confirmado la relación y las informaciones que llegan desde la capital norcoreana son, en gran medida, meros rumores. La supuesta cuarta o quinta mujer, según las fuentes consultadas, del dictador Kim Jong-il, Kim Ok, es una de las figuras más opacas del país.
Los servicios de inteligencia surcoreanos señalan que Kim Ok, de 46 años, muy inteligente y una antigua figura del piano y la música patria, fue la asistente personal del 'padre del pueblo' durante veinte años hasta que, en 2004, la anterior cónyuge de Kim Jong-il, Koh Young-hee, la eligió para sucederla como primera dama del régimen. El aura misterioso y siniestro que rodea al dictador comunista se hace extensible a su esposa.
Kim OkLa inteligencia surcoreana cree que Ok está inmersa en una lucha de poder interna por la sucesión del líder comunista. De este modo, la actual esposa del dictador estaría moviéndose en las altas esferas de Pyonyang, en las que goza de una gran influencia a pesar de su condición de mujer, para situar al tercer hijo de Kim Jon-il, Jong Woon, como sucesor legítimo a la jefatura de la primera y única dictadura hereditaria del planeta. Así, Kim Ok se convertiría en regente hasta que el joven, que ahora tiene 24 años, encontrara su propia esposa.
Sus apariciones públicas son muy escasas y nunca ha sido presentada como primera dama de Corea del Norte, sino como una diplomática o una asistente más.
Se ha podido ver a Kim Ok, o eso parece, puesto que las fuentes son contradictorias, entre los asistentes a la cumbre bilateral entre Pyonyang y Pekín hace escasas semanas, aunque ninguno de los dos gobiernos ha confirmado su presencia.
Pero, para primeras damas fantasma, la de Bielorrusia. Halina Lukashenko es la ex mujer del último dictador de Europa, Alekxander Lukashenko, y madre de sus dos hijos oficiales, Viktor y Dimitri. Nunca ha ejercido como primera dama y no hay fotografías o imágenes conocidas que le pongan cara. A pesar de haber estado al lado del líder bielorruso toda la vida, Halina, profesora infantil de profesión, jamás ha acudido a actos oficiales y ni siquiera compartió residencia oficial con el presidente. Vive en la pequeña ciudad de Shklou, en el este del país, en la que, tanto ella como su marido, crecieron.
Las malas lenguas señalan que Lukashenko vive en Minsk, desde donde dirige con mano de hierro la república ex soviética desde hace 16 años, rodeado de varias amantes (con alguna de ellas habría tenido un hijo), y que Halina fue simplemente un amor de adolescencia que se truncó por el meteórico ascenso político del presidente. "No soy un hombre familiar porque me he sacrificado por mi trabajo y mi país", ha señalado en varias ocasiones el dictador.
La antítesis siria
Sin duda, el perfil más atípico de entre las mujeres del 'eje del mal' lo tiene Asma Al-Assad, esposa del presidente sirio, Bashar Al-Assad. Nacida en Londres hace 34 años, la primera dama del país árabe es conocida como la 'Carla Bruni' de Oriente Medio debido a su belleza, modernidad y elegancia, muy lejos de la imagen conservadora y de férreo control que podría esperarse de una dictadura islámica.
Asma Al-Assad.Al-Assad creció en el corazón de la city londinense bajo el paragüas familiar. Su padre es un adinerado y reputado cardiólogo que emigró desde Siria y su madre una antigua diplomática. Además de una buena educación y un excelente currículum académico (se graduó con honores en Informática y Francés en el prestigioso King´s College), la primera dama cuenta con un gran bagaje profesional. Tras terminar sus estudios universitarios, Al-Assad trabajó para Deustche Bank y JP Morgan antes de casarse con el controvertido jefe de Estado sirio en 2000, con el que tiene tres hijos: Hafez, de 8 años, Zein, de 6, y Kareem, de 5.
Además de dominar el árabe, el inglés, el francés y el español, la glamourosa primera dama siria, que rivaliza en adeptos con Rania de Jordania, es la antítesis de la imagen tradicional de una dictadura árabe, a pesar de ser una república presidencialista de forma oficial que, además, es una aliada tradicional de Irán, constante diana de las organizaciones pro derechos humanos y habitual refugio de miembros de los grupos terroristas Hamás y Hizbulá. Luce sin problemas vaqueros ceñidos y conjuntos a la última moda, rara vez se cubre el pelo en los actos oficiales, tal y como predica el Islam, y se ha convertido en una de las figuras clave en el proceso de remodelación socioeconómico de Siria.
Nombrada por la edición fracesa de la revista Elle 'la mujer más elegante de la política internacional', Al-Assad está especialmente involucrada en la reforma del mundo rural y ha fundado la primera ong de desarrollo del país, Firdos. Además, es una gran promotora de la historia, la cultura, y las artes sirias.
La 'primera compradora'
También conocida como 'Dis-Grace' (vergüenza) o 'Gucci Grace', la primera dama de Zimbabwe es el claro ejemplo de la frivolidad que emana de la dictadura de facto que impera en el país africano. La segunda esposa de Robert Mugabe, Grace, ha sabido apoltronarse como nadie en los nuevos lujos a los que tiene acceso desde que en 1996 contrajera matrimonio con el político zimbabués. Antes de esa fecha, conocida en el país del sureste africano como 'la boda del siglo', la primera dama era la secretaria personal de Mugabe. Un episodio más del clásico amor a golpe de despacho.
A lo largo de estos casi tres lustros de matrimonio, Grace ha sido la gran defensora del régimen encabezado por su marido y ha llegado a sufrir en carne propia los rigores de las sanciones internacionales. La pareja tiene prohibida la entrada en Estados Unidos y en la Unión Europea, lo que ha provocado que conformarse con apuntar a Oriente Medio y Asia como nuevos destinos vacacionales. Durante las semanas de 'merecido descanso', los Mugabe se gastan miles de euros en las boutiques de lujo de Hong Kong, donde estudia una de sus hijas, Malasia o China, en las que han llegado a dejarse 95.000 dólares en apenas una hora. Es habitual ver a la primera dama zimbabuesa lucir sin problemas modelos exclusivos de Cavalli, Gucci o Jimmy Choo mientras la inflación de su país se dispara al ritmo de un 250 por ciento anual y sus compatriotas mueren de hambre y epidemias. Célebre es su frase a la hora de justificar por qué siempre lleva zapatos caros: "Tengo el pie estrecho, por eso sólo uso Ferragamo (hasta 2.000 euros el par)". Toda una declaración de intenciones.
Robert y Grace Mugabe.No son pocas las polémicas que ha protagonizado Mrs. Mugabe. Tras las expropiaciones de tierras a los granjeros blancos llevadas a cabo por su marido, la primera dama en persona echó de su propia casa a un matrimonio sexagenario, se lió a puñetazos con un fotógrafo a la salida de un hotel en Hong Kong amparada en la inmunidad diplomática y ha amenazado a la multinacional suiza Nestlé con prohibir sus negocios en el país si no rectifica el veto a la compra de la leche proveniente de sus granjas.
Los solterones bolivarianos
Además de la continua lucha por los derechos humanos y en contra del malvado "Imperio norteamericano", Evo Morales, presidente de Bolivia, y Hugo Chávez, su homólogo venezolano, tienen algo más en común: a día de hoy, ambos se mantienen oficialmente solteros.
Arriba, Chávez con Nancy Colmenares, abajo, con 
Marisabel Rodríguez.Lo cierto es que es una situación anómala para Chávez, puesto que el líder suramericano ha estado casado dos veces, matrimonios que en sendas ocasiones terminaron en divorcio. A su primera esposa, Nancy Colmenares, la conoció en el pueblo del que ambos son oriundos, Sabaneta, y la unión se rompió en 1992 tras 18 años de convivencia y tres hijos en común: Rosa Virginia, María Gabriela y Hugo Rafael. A pesar de llevar cinco años soltero, lo cierto es que Chávez es un consumado donjuán y son varias las relaciones esporádicas que se le han atribuido.
Con la periodista Marisabel Rodríguez, su segunda esposa y actual opositora al régimen, contrajo matrimonio en 1997 divorciándose siete años más tarde tras dos años separados. De esta relación, nació Rosinés, la menor de los descendientes del autoproclamado heredero de Simón Bolívar.
Por su parte, a Evo Morales, el presidente de Bolivia, no se le conoce pareja estable y nunca ha estado casado, rompiendo de este modo con la tendencia habitual entre los 'líderes del mal' que han tenido en las mujeres un apoyo para legitimar su poder y conectar con la opinión pública, ya sea dentro de sus países o de cara al exterior.

Más de cinco millones de parados, Luís María Anson, El Imparcial

Luis María ANSON

Zapatero ha tirado la toalla. Ha reconocido que los nuevos Presupuestos Generales del Estado generarán más paro. La Encuesta de Población Activa, que es la que cuenta porque vadea en parte los maquillajes zapaterescos, sitúa las cifras de paro a sólo 400.000 personas de la frontera de los 5.000.000. Si se sumaran los 224.000 funcionarios nuevos que han contratado las Administraciones, en plena recesión, rozaríamos la cifra fatídica.

     Parece claro que saltaremos el listón de esos cinco millones en los próximos meses y eso sin contar la trapisondería del PER, la de los desempleados que no se tabulan porque hacen cursos y otras camelancias.

     No se trata de abaratar el desempleo, que también. Se trata de abaratar el empleo. Vivimos por encima de nuestras posibilidades. Si los españoles quieren salir de la recesión deben trabajar más y ganar menos. No hay un político que se atreva a hacer esta afirmación que es la madre del cordero nacional.

     Se han inventado ya cien martingalas para que se trabaje más ganando menos. Pero la picaresca termina por convertirse en un bumerán. Es necesario reducir los salarios como se ha hecho con los funcionarios, pero a escala nacional. La Unión Europea ha intervenido en Grecia para decir a sus ciudadanos: “Tienen ustedes que rebajar su nivel de vida. Viven por encima de lo que pueden y los europeos no estamos dispuestos a pagar sus excesos”.

     Si España no quiere pasar por la vergüenza internacional de la intervención deberá proseguir, y aceleradamente, el camino emprendido: reducir el gasto público y abaratar el empleo, es decir, no queda otro remedio que ajustarnos a nuestras posibilidades. Los españoles, en general, viven un 20%, tal vez un 30%, por encima de la realidad. Eso es lo que hay que arreglar.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

viernes, 28 de mayo de 2010

El odio al mejor (Ortega y Gasset) hoy se dirige contra Israel

THE ISRAEL TEST

El antisemitismo como odio a la excelencia

Por Emilio Quintana

Lo primero que llama la atención en este libro es su autor, George F. Gilder (Nueva York, 1939), un tipo con un recorrido realmente peculiar al que se conoce sobre todo porque fue el ideólogo vivo más citado por Ronald Reagan durante su Presidencia: su Wealth and Poverty (1981) hizo de la reaganomics la tendencia económica dominante en los Estados Unidos antes del fin del comunismo.
Con la caída del Muro de Berlín, en 1989, Gilder empezó a interesarse por temas tecnológicos con un tono utópico que nunca me ha convencido del todo, y siguió pisando charcos con aquel "Evolution and Me", un artículo en el que tomaba partido por la teoría del diseño inteligente y que puede resumirse en esta frase: "El darwinismo es un impedimento para el avance de la ciencia".

La tesis de The Israel Test queda bien clara en la introducción, que en sí misma es un ensayo autónomo y sirve de resumen a lo que viene más adelante. Gilder no es judío, es más bien lo que se suele conocer como un wasp ("white anglo-saxon protestant"), un protestante blanco anglosajón de pura cepa que, sin embargo, hace la mayor apología del pueblo judío que uno ha tenido ocasión de leer en los últimos tiempos:
Some people admire success; some people envy it. The enviers hate Israel.
Gilder no piensa que el llamado conflicto de Oriente Medio tenga nada que ver con cuestiones territoriales ni religiosas, sino que forma parte de la lucha moral y cultural de nuestro tiempo. La palabra clave es envy, "envidia". El éxito de Israel, un país de apenas 7 millones de habitantes, es lo que provoca en algunos un resentimiento visceral que sirve para alimentar el antisemitismo de toda la vida.

El autor se atreve a razonar de forma impecable cómo el odio a Israel procede de los que no entienden el libre mercado, es decir, establece un vínculo directo entre antisemitismo y antiliberalismo. Dedica páginas memorables a los eunucos mentales incapaces de ver en el free minds, free markets la razón del éxito israelí, que tiene raíces históricas. Porque los judíos han sido siempre emprendedores, comerciantes, banqueros, creadores de riqueza, una minoría dedicada a hacer prosperar las comunidades en que estaban instalados, comunidades que, con frecuencia, los han señalado como chivos expiatorios con el fin de apropiarse de los bienes que su capacidad de emprender e innovar les iba proporcionando: ahí están las persecuciones de la Antigüedad, la Inquisición, la Shoah, los pogromos modernos... Ya que el autor no cita al Lorca de "Poeta en Nueva York", lo haré yo:
Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente,
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre (...)
Porque el j'accuse de Gilder se dirige a las élites intelectuales que en nuestros días ocupan las universidades, los medios de comunicación, las Naciones Unidas, las diversas y corrompidas ONG internacionales y todos los pesebres culturales habidos y por haber, es decir, a los llamados intelectuales. Esta casta de clérigos (como los llamó Julien Benda) son tan indigentes intelectualmente que piensan que la economía es un mecanismo de suma cero, y que, por tanto, alguien es pobre porque ha sido desposeído de los supuestos bienes que poseía. Para el tonto ilustrado contemporáneo (para el perfecto idiota occidental, que diría el maestro Montaner), los recursos son escasos y se visualizan en forma de tarta por repartir, de modo que quien toma un trozo más grande lo hará a costa de la porción de un tercero. En este punto, Gilder vuelve a sus orígenes, a su brillante panfleto reaganiano de 1981. Las mentes obtusas de los clérigos culturales no entienden que el capitalismo es un mecanismo de suma positiva en el que el beneficio de uno es el beneficio de todos, porque la creación de riqueza es acumulable... si existe propiedad privada y un Estado de Derecho.

Por este motivo la legión nada famélica de indigentes sumaceristas es incapaz de concebir que el éxito de Israel provenga de la free enterprise, es decir, de su capacidad para innovar y emprender en libertad. Para ellos, si Israel prospera es a costa de sus vecinos, explotándolos. Unos vecinos que, en vez de imitar la democracia y la libertad israelíes, votan a yihadistas en las elecciones; unos vecinos que impiden a sus súbditos mudarse a los asentamientos judíos, que es lo que realmente quieren, como querían mudarse a Occidente los súbditos del comunismo. Los totalitarios rezuman bilis contra Israel porque su modelo liberal funciona, y eso les despierta envidia y resentimiento, que es la nueva forma del odio antisemita.

De hecho, el autor dedica buena parte del libro a analizar los fundamentos de la sociedad en la que vivimos, basada en avances científicos y tecnológicos llevados a cabo por judíos como Albert Einstein, Niels Bohr, Heinrich Hertz, John von Neumann o Richard Feynman. Ellos establecieron la teoría cuántica que ha permitido el digitalismo en que estamos inmersos, ellos desarrollaron la energía nuclear que posibilitó la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial y posibilita hoy la producción energía limpia y barata con la que prosperar, ellos desarrollaron la biotecnología que nos permite combatir las enfermedades con más eficacia, ellos inventaron el microchip... El genio judío ha forjado en buena parte la cultura y la economía en que vivimos.

Gilder dedica también un capítulo apasionante al pujante Israel de hoy, que tanto debe a las reformas económicas estructurales del primer gobierno de Netanyahu (1996-1999); reformas que, por cierto, recuerdan mucho a las que puso en marcha el primer gobierno de José María Aznar en España durante el mismo período, y que llevaron a nuestro país a un nivel de excelencia como jamás habíamos conocido: luego vinieron otros gobiernos y malbarataron lo logrado con su ineficacia e incompetencia. En Israel, al contrario que en España, dichas reformas liberalizadoras han tenido continuidad e incluso se han visto reforzadas, de modo que hoy en día es con diferencia el país con un mayor grado de innovación per cápita, por encima de los EEUU:
Israel today concentrates the genius of the Jews (...) Today tiny Israel, with its population of 7.23 million, five and one-half million Jewish, stands behind only the United States in technological contributions. In per-capita innovation, Israel dwarfs all nations.
A pesar de este enorme esfuerzo, Israel es un Estado pequeño –más pequeño que el minúsculo New Jersey– que debe dedicar muchas energías a defenderse de los que quieren acabar con él en un baño de sangre. Este es el test Israel al que se refiere Gilder. ¿Envidia o excelencia? ¿De qué lado caerá la moneda? Israel es la frontera; si cae Israel, cae Occidente, porque caen los fundamentos de nuestro modo de vida: la libertad de mercado y la libertad de pensamiento. No es casualidad que el único autor español citado en el libro sea el Ortega y Gasset de La rebelión de las masas (1930): "a masterpiece", sostiene Gilder.

No estamos ante una lucha de fronteras o de religión: esta es una lucha moral contra el resentimiento y la envidia de los que odian la excelencia.


GEORGE GILDER: THE ISRAEL TEST. Richard Vigilante Books (EEUU), 2009, 296 páginas.


EMILIO QUINTANA, filólogo y escritor.

martes, 25 de mayo de 2010

El dispendio ¿agua pasada?




Estadios Olímpicos casi en desuso, modernas autovías sin coches, costosos servicios inoperantes, millones de euros destinados a carteles propagandísticos... La lista del derroche es tan numerosa como escandalosa
La «fiesta del gasto» se frena en seco y da paso a drásticos recortes en inversión pública

Por Susana Alcelay, Laura Peraita




Al final, como dice el refrán, los excesos se pagan. La administración pública española ha pasado de gastar sin freno a pisar el acelerador y apretar como nunca el cinturón a la sociedad con el mayor recorte del gasto social de la democracia y ejecutando un recorte de la inversión pública sin precedentes. Obras faraónicas, huertos solares a lo largo y ancho de la geografía, planes millonarios, subvenciones... chirrían ahora. La crisis ha impuesto sus leyes y obligado a dejar atrás los años de borrachera en el gasto, de tirar la casa por la ventana, de esa España de «nuevos ricos», superflua, que ha gastado y se ha endeudado más de lo que podía y ahora es víctima de un Gobierno obligado por difíciles exigencias externas a meter el cuchillo y amputar el gasto público sin miramientos, poniendo el Estado de Bienestar patas arriba, y cercenando drásticamente la inversión pública (6.045 millones este año). 

Sólo un dato. Durante 2009, el Ejecutivo se gastó aproximadamente 40.000 millones de euros en seis partidas. El Plan E, que ha convertido a nuestras aceras en las mejores de Europa, la ya extinta deducción de los 400 euros en el IRPF, el subsidio de 426 euros pagado a los parados que han agotado todas las prestaciones por desempleo, el Plan Renove para el Turismo, el Plan 2000E de ayuda a la compra de un automóvil y el cheque bebé han engordado una factura que hoy hay que pagar con los ajustes.
Pero la fiesta del gasto público no se remonta a 2009, sino a varios años aún más atrás, a aquella época dorada en la que la economía crecía por encima del 3%. Ejemplos del «disparate» los hay varios y variados, de obras que han puesto en marcha el Gobierno central, las comunidades autónomas y también los ayuntamientos. La millonaria ampliación del Aeropuerto de El Prat en Barcelona, el nuevo aeropuerto en Ciudad Real —en este caso el primero privado en España—, la maraña de radiales que rodean Madrid, huertos solares por doquier, la ya eterna remodelación del Palacio de San Telmo, sede de la presidencia de la Junta andaluza en Sevilla o su estadio olímpico, son claros ejemplos de obras y reformas que han costado sumas millonarias y que en algún caso no han sido rentabilizadas.

Primera parada: Andalucía. En el sur se encuentra el ejemplo más claro de una administración que parece haber tirado la casa por la ventana. En plena crisis y cuando esta región ha superado con creces el millón de parados oficiales y la tasa sobre población activa roza el 30%, la Junta continúa su ostentosa política de gasto pese a las promesas de su presidente, José Antonio Griñán, de reducir el número de altos cargos y recortar gastos en las consejerías.
La remodelación del Palacio de San Telmo, sede de la Presidencia, es una clara muestra. Las obras comenzaron a finales de 2004 y supusieron el traslado del gobierno autonómico a la Casa Rosa, en la que tuvo que invertir más de 200.000 euros para acondicionarla. La administración autonómica reconoce que las obras del Palacio de San Telmo se presupuestaron en 33 millones de euros y ya han costado 46,7 millones. El PP-A eleva el gasto a más de 70 millones.
Llamativo resulta también el caso del Estado Olímpico de Sevilla, participado mayoritariamente por la Junta andaluza y el Gobierno central. El estadio comenzó su singladura en 1999 tras una inversión de 120 millones. Su uso deportivo ha sido prácticamente nulo. Más bien se ha destinado, y en contadas ocasiones, a algún concierto musical. Y, hace tres años se decidió que allí se intalaran algunas empresas y un hotel.

Segunda parada. Aeropuertos. El Ministerio de Fomento, a través de Aena, invirtió en la ampliación del aeropuerto de El Prat, que fue inaugurada el pasado verano, 1.258 millones de euros. En torno a 6.200 millones se llevó la ampliación de Barajas en Madrid, la T-4 inaugurada en 2006.
Tercera parada. Radiales en Madrid. Ha sido una de las inversiones más importantes en infraestructuras de los últimos años en España. Surgieron como respuesta a la creciente masificación del tráfico en las arterias de entrada y salida de Madrid. Las perspectivas de tráfico no se han cumplido y en alguno de los casos (radiales 3 y 5) han rozado la quiebra, salvada in extremis tras un acuerdo reciente con la banca para saldar las deudas.


Propaganda a precio de oro


Un cuarto caso. ¿Recuerda los enormes carteles de propaganda anunciando a «bombo y platillo» las obras del Plan E? Pues en una primera resolución se desarrolló un decreto en el que se especificaba que los carteles tendrían unas dimensiones de 1,5 x 1 metro. Sin embargo, el Gobierno consideró que la propaganda debía ser aún más notoria por lo que días después decidió aumentar el tamaño de los carteles a 4 metros x 3, colocado sobre unas patas de dos metros de altura. En total se contabilizaron 30.000 carteles que ocupaban una superficie propagandística de 360.000 metros, lo que traducido en euros suponen 30 millones, un importe que se cubre con los impuestos de los españoles. Ya en su momento, el PP solicitó a Zapatero que destinara el coste de esta propaganda electoral a fondos en ayudas sociales. El Gobierno hizo caso omiso. Para 2009, presupuestó 151,9 millones para publicidad institucional, 17,4 millones más que lo se gastó en 2008.
Llamativo también resulta que en plena crisis la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, quisiera crear en junio de 2009 el «teléfono de la Igualdad» para hombres, una línea 900 para varones con «dudas» sobre sus relaciones de pareja. El BOE anunció la licitación de este servicio telefónico y on line de información destinado al sexo masculino, servicio valorado 1,4 millones para el erario público. El objetivo no era disuadir a hombres violentos, sino «contribuir a establecer las relaciones de pareja sobre unas nuevas referencias, para la cual la implicación y el compromiso de los hombres es imprescindible», tal y como declaró. 


35.000 kilos de pintura


Y otro caso más. Nada lejos de la polémica estuvo la inauguración de la nueva cúpula de la Sala de Derechos Humanos y Alianza de Civilizaciones de Naciones Unidas decorada por Miquel Barceló. Durante año y medio el artista trabajó en esta cúpula que quedó cubierta por 35.000 kilos de pintura en forma de estalactitas de colores y agujeros negros. En total 1.400 metros que presiden uno de los espacios más grandes del Palacio de las Naciones en Ginebra. El coste de la obra ascendió a 20 millones. El modo de sufragar el gasto despertó no pocas críticas por el uso de una partida de 500.000 euros destinados al Fondo de Ayuda al Desarrollo por parte del Gobierno para su financiación. España asumió la rehabilitación de la sala, que se ha financiado en un 60% con capital privado y el resto con una aportación de 7,4 millones del Estado, de los que casi cinco millones corresponden al Ministerio de Asuntos Exteriores y el resto a las comunidades. 

El FMI acosa a Zapatero, Luis María Anson, El Imparcial

A José Luis Rodríguez Zapatero le han perdido el respeto las instancias internacionales. Los principales líderes europeos se cachondean cuando hablan de él. Sus ocurrencias son motivo de chanza, de befa, de escarnio. La España prestigiosa que dejó Aznar se ha convertido en ludibrio internacional. Hay excepciones como las de Chávez, Evo Morales, Correa y Ortega. Esos hablan bien de Zapatero, pero en líneas generales, la imagen de la España zapateresca en el mundo es de vergüenza ajena.



Y, claro, el Fondo Monetario Internacional se ha ensañado. Exige a Zapatero que haga todo lo que no quería hacer y que, desde un año atrás le venimos planteando muchos, entre ellos el gobernador del Banco de España. Quiere el FMI que se privaticen las Cajas de Ahorro, claramente manipuladas hoy por los políticos. Exige una inmediata reforma laboral con abaratamiento del despido y del empleo y el retraso en la edad de jubilación. Y se apunta a la reducción drástica del desmesurado gasto público que le permite a Zapatero engrosar su cesta de votos con la crecida del PER, el cheque bebé, el cheque vivienda, los regalos a los parados a los que se les terminó el subsidio y las subvenciones a las más pintorescas asociaciones.



Zapatero está ya acorralado. Había impuesto sus trapisonderías en España, pero ahora le acosan desde el extranjero, mientras una parte creciente de los dirigentes socialistas quiere que se retire y dé paso a un líder capaz de enfrentarse con la catastrófica situación en gran parte por él creada.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

lunes, 24 de mayo de 2010

Credit Default Swap y otras mierdas financieras explicadas para lerdos

Introducción

Pepe es un currante que vive en un apacible pueblecito. Tiene un sueldo modesto con el que lleva una vida sencilla, pero alberga sueños de prosperidad. Quiere montar un bar para mejorar su situación económica. Ha estimado los plazos para empezar a obtener un cierto rendimiento económico al bar: seis meses para montarlo, y otros seis para tenerlo funcionando a tope, repleto de clientes.
Como no tiene el dinero necesario para montar el bar, a principios de año pone a la venta entre sus vecinos mil papeletas. Estas papeletas cuestan cien euros, y le dan derecho al comprador a percibir 110 euros al final del año. Pepe cree que pasado un año el bar generara los beneficios necesarios para dar 110 euros al comprador de cada papeleta: los cien euros que le costó a este, más otros diez de regalo por cooperar económicamente en la realización de su sueño.
Pepe obtiene así financiación para montar su bar, 100.000 euros en metálico por la venta de las papeletas, mientras que los compradores de papeletas obtienen 10 euros de beneficio por papeleta al cabo de un año: un buen pico sin hacer nada.
Otros vecinos toman ejemplo de la idea de Pepe, e igualmente ponen a la venta sus propias papeletas para financiar sus proyectos.
El pueblo se llena de papeletas, y finalmente se habilita un local donde los ciudadanos se reúnen para intercambiar, comprar o vender todas estas papeletas. Se crea así la base de un Mercado de Papeletas. Puesto que las papeletas están cambiado de manos constantemente, al final del año se pagara la cantidad convenida al portador de las mismas, que no tiene que ser necesariamente el comprador original.


- Estoy en un aprieto y necesito dinero. Hace seis meses le compre esta papeleta a Pepe por 100 euros, y dentro de seis meses el dará 110 euros a quien se la entregue. Te la vendo por 105 euros: 5 euros de beneficio para mi, que obtengo en este momento, y otros 5 para ti, que recogerás dentro de seis meses. - Trato hecho. ¿Sabes que Luis ha puesto a la venta 2.000 papeletas a 100 euros cada una y promete entregar 125 euros por papeleta al cabo de un año?
- ¿Que pretende montar?
- Una heladería en el Polo Norte.
- Ese negocio va a ser una ruina. Yo no compraría jamás esas papeletas, dudo que sea capaz de devolver ni un euro del dinero que obtenga con su venta.
- Bueno, yo creo que tiene algunas opciones de éxito. No obstante, puesto que el negocio es en sí arriesgado, le diré que se las compro solamente si me ofrece 150 euros al cabo de un año. Si no, que se busque la vida.
- Sabia decisión la tuya.
Al local lo llamaremos Bolsa de Valores, y a las papeletas las podemos llamar Bonos u Obligaciones. También podríamos llamarlas prestamos. Los 110 euros que pagara Pepe al cabo de un año son el Valor Nominal del Bono.
El alcalde ha decidido apuntarse al carro de la financiación con papeletas: pretende recaudar dinero para reparar la fuente de la Plaza Mayor, renovar las farolas del paseo marítimo y reconstruir la Ermita de la Patrona del pueblo. El Ayuntamiento saca a la venta sus propias papeletas, que llamaremos Títulos de Deuda Pública.

Además, hay quien tiene la idea de vender en el Mercado tacos compuestos por muchas papeletas. Estos tacos están formados por papeletas asociadas a diversos negocios; por ejemplo, diez papeletas de Pepe, otras diez de Luis, y otras muchas más de otros emprendedores. La finalidad de estos tacos consiste en minimizar el riesgo de perdidas metiendo en un mismo saco papeletas de negocios con grandes posibilidades de éxito, como el de Pepe, junto con papeletas de negocios con pocas posibilidades de éxito, como el de Luis.
Estos tacos son las Obligaciones de Deuda Colateralizada, del ingles Collateralized debt obligations, o CDO por su acrónimo anglosajón. Y en el fondo no son más que una forma de tapar la mierda escondiéndola debajo de la alfombra.
Tanto los tacos como las papeletas pueden ser adquiridos entre varias personas, cada una de las cuales obtendrá al final del año una parte correspondiente a su participación en la compra de los mismos. Algunos acaudalados ciudadanos de nuestro maravilloso pueblo deciden juntar sus ahorros y entregárselos a expertos compradores-vendedores de papeletas para que los manejen y les saquen un buen rendimiento al final del año.
Estos expertos son los bancos de inversiones.

Los Credit Default Swaps

Puesto que algunas papeletas son vendidas por personas que pretenden montar negocios arriesgados, con pocas posibilidades de éxito, hay quien ofrece seguros para la compra de papeletas.


- ¡Oye! Me han dicho que finalmente compraste papeletas de Luis, que accedió a pagarte 150 euros al final del año, ¿qué tal si te vendo un seguro para esas papeletas? - ¿De qué me hablas?
- Muy fácil. Tú me pagas 5 euros todos los meses, y si se anuncia que Luis se ha ido a la ruina con su heladería y es incapaz de entregar a final de año el dinero que prometió, te daré 150 euros por cada papeleta suya que me entregues. Justo lo que él debía pagarte.
- ¡Tremenda idea! Así me sentiré mucho más seguro. Y es que, ciertamente, la idea de montar una heladería en el Polo Norte es sumamente arriesgada. ¿Tú crees que a los esquimales les gustaran los polos de fresa?
- No sé. Dicen que son gente rara. Tal vez los de frambuesa con virutas de jamón les hagan alguna gracia.
A los seguros para papeletas los llamaremos seguros de impago de deuda, del ingles Credit Default Swaps, o CDS por su acrónimo anglosajón.
Algunos seguros tan solo cubren la pérdida de valor de las papeletas. ¿Cómo puede perder valor una papeleta? Fácil. Si a mitad del año Luis fracasa con su heladería porque a los esquimales no les gustan los helados, venderá el carrito de los helados y su gorro de heladero. Con el dinero que obtenga, pagara a los portadores de sus papeletas una parte de lo que inicialmente había convenido en pagarles por cada una. Por ejemplo, 50 euros. La aseguradora habrá de pagarte entonces 100 euros por cada papeleta de Luis que tú tengas: la diferencia entre los 150 euros que Luis había de darte al final del año y los 50 euros que realmente te podrá dar por cada una. Obviamente, seguirás teniendo en tu poder las papeletas. Puesto que Luis te dará 50 euros por cada una y la aseguradora otros 100, finalmente obtendrás, de alguna manera, los 150 euros que esperabas.
Esto es lo que se llama liquidación por diferencias. La liquidación física se produce cuando se obtiene el valor nominal de las papeletas, lo que se había de cobrar al final del año, simplemente entregándolas a la aseguradora.
En un momento dado, a alguien se le ocurre una estúpida idea: no será necesario tener papeletas para contratar un seguro de papeletas. Esto es, tú puedes contratar un seguro asociado a las papeletas de Luis aunque no hayas comprado ni tengas ni una sola de ellas en casa. Pagaras mensualmente las cuotas del seguro, y si a mitad de año Luis quiebra con su heladería, tan solo tienes que preocuparte de comprar papeletas de Luis en la Bolsa y entregárselas a quien te vendió el seguro. La aseguradora te pagara entonces lo que había de pagar Luis si este hubiera podido cumplir con sus obligaciones: 150 euros por papeleta si corresponde a una liquidación física.
A los seguros contratados sin poseer papeletas se les llama CDS en descubierto, del ingles naked CDS.
Como estáis viendo, estos seguros de papeletas resultan ser bastante flexibles. Más aun, las cuotas que se pagan por dichos seguros pueden ser no fijas sino variables, y dan para muchas especulaciones que ahora mismo no vienen al caso.
Y a todo esto, aparece en el pueblo un menda que se dedica a ponerle nota a las diferentes papeletas. Este menda estudia el desarrollo de cada uno de los negocios emprendidos mediante financiación por papeletas, y si un negocio marcha viento en popa pondrá una nota alta a las papeletas asociadas a dicho negocio. Por el contrario, pondrá una baja nota a las papeletas de los negocios que marchen mal. De alguna manera, esta nota refleja la posibilidad de cobrar el dinero de las papeletas al final del año. El menda no suele tener problemas para acertar con la nota de las papeletas asociadas a un negocio en concreto, pero suele fallar cuando se trata de ponerle una nota global a los tacos de papeletas. Y es que son demasiados negocios de distinta naturaleza metidos en el mismo saco.
Estas son las agencias de calificación crediticia, que algunas veces se equivocan sin querer; y otras, sin querer queriendo.
Las notas que pone este menda sirven, entre otras cosas, para decidir cuánto se ha de pagar de cuota para cada seguro de papeletas contratado. Obviamente, los seguros para papeletas asociadas a negocios arriesgados tendrán una cuota mayor que los demas. También sirven para saber si se debe pedir más o menos dinero al final del año por una papeleta puesta en venta. No es lo mismo comprar una papeleta del idiota de Luis, que nada más anunciar su propuesta de negocio recibió una pésima nota por razones obvias, que comprársela a Pepe, ese hombre que sabe cual es el negocio más seguro del pueblo: montar un bar.

El germen de la debacle

Gracias a los seguros de papeletas y a la puesta en venta de tacos de papeletas, en nuestro pueblo se empieza a producir un peligroso fenómeno: la gente compra alegremente papeletas asociadas a negocios peligrosos, con bajísimas probabilidades de éxito. Otros compran tacos de papeletas sin saber muy bien lo que tienen dentro. Lo hacen porque creen tener las espaldas cubiertas pase lo que pase. Los que en su día fueron inversores precavidos, demuestran ahora una gran irresponsabilidad en la compra de papeletas. El gran problema es que algunos de esos inversores irresponsables son los banqueros del pueblo: no los que tienen bancos de inversión y trabajan con ciudadanos acaudalados, sino los banqueros de toda la vida que guardan el dinero de aquellos pequeños ahorradores que depositaron su confianza en ellos.
Pasado un tiempo, en el pueblo se llega a una situación absurda. Se han contratado tantos seguros, la mayoría de ellos en descubierto, que si se fueran a la ruina antes del año todos los negocios que se quisieron financiar vendiendo papeletas, las aseguradoras tendrían que pagar en indemnizaciones muchísimo más dinero que el valor total que suman todas las papeletas vendidas.
La situación resulta ser un pelín peliaguda, en tanto que las aseguradoras en realidad no tienen dinero con que pagar tales indemnizaciones.
Y es que los seguros de papeletas no han sido regulados por la Concejalía de Economía del Ayuntamiento. Así que las aseguradoras se dedican a vender seguros sin tener en la caja fuerte ni una mínima parte del dinero que tendrían que desembolsar a sus clientes en el caso de que, por ejemplo, la heladería de Luis se fuera al garete.
Esta graciosa situación se produce gracias a la desregularización del mercado financiero.


NOTAS FINALES: Se estima que el 80% de los CDS contratados son al descubierto. Muchos de los CDS contratados se utilizan para especular a corto plazo con las cuotas de los seguros (spreads). A finales del 2007, había CDS contratados por valor de 62,2 billones de dólares (un billón es un millón de millones). Esta cantidad era entonces superior al Producto Interior Bruto de todo el planeta. Actualmente, la cantidad debe andar alrededor de los 30 billones de dólares. En marzo de este año, la Canciller alemana Angela Merkel dijo con respecto a los CDS al descubierto: “Estos CDS equivalen a comprar un seguro contra incendios para la casa del vecino para luego prenderle fuego y ganar con ello dinero”.
De incendiarios desalmados y confabulaciones para enriquecerse arruinando a todo un pueblo hablaremos en otra ocasión.

Blog Inner El Pendejo

sábado, 22 de mayo de 2010

Un plan de ajuste que genera desorden, por Juan Velarde

Tras el preludio de Dubai y el importante conflicto socioeconómico griego, y en medio de hundimientos bursátiles notables, noticias como la de la escapada de Irlanda por su buen hacer, y de Italia de algún modo, no impidieron que los mercados financieros pasasen a asustarse a causa del considerable grado de endeudamiento de los países ibéricos. Naturalmente, el peso español es mucho más alto que el lusitano –el PIB global portugués es el 15% del español, y su PIB por habitante en el año 2008 era el 64% de la nación hermana–, pero ambos países suponen, al sumar sus respectivos PIB, cinco veces lo que significa Grecia, y en su conjunto, respecto a todos los países del mundo, el bloque luso-español ocupa el octavo puesto por el volumen de su PIB.

Sólo están por delante Alemania, China, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Gran Bretaña. De ahí que al observarse que ese endeudamiento no tenía trazas de corregirse a causa de la falta de competitividad de ambos países, surgió la alarma derivada de la magnitud de la crisis que podría originar una suspensión de pagos ibérica y, particularmente, española. De ahí las presiones internacionales sobre el presidente Rodríguez Zapatero. El euro podía venirse al suelo, y en esas condiciones, romperse como había sucedido antaño con el patrón oro o, como consecuencia de la financiación de la Guerra Fría, con el patrón oro-dólar creado en Bretton Woods, que liquidó Nixon en agosto de 1973. Las consecuencias sistémicas escalofrían.

También tendrán que escalofriarnos a nosotros. Alemania o Francia, Estados Unidos o China iban a pasarlo mal al estallar la bomba ibérica, pero concretamente España pasaría a hundirse económicamente para, por lo menos, un siglo. De ahí que, consciente el Gobierno tras la reunión del Ecofin de lo cierto de esa realidad ya muy próxima, decidió las medidas anunciadas el 12 de mayo de 2010. Son, evidentemente, contractivas y, por ello, van a deprimir de modo contundente a nuestra economía.

Esta depresión se ha de soportar en el año 2010 tras un hundimiento, el año pasado 2009, que supuso la mayor caída anual que se conoce en nuestro PIB, salvo por las de los años –y a poco que se conozca la historia, se sabe qué circunstancias durísimas se vivieron en ellos– 1868, 1874, 1879, 1896, 1930, 1936, 1937 y 1945. También tendrá que asumir una realidad social muy negativa a causa de un desempleo que ya supera el 20% de la población activa, aparte del componente gravísimo de haber alcanzado ese año 2009, el mayor déficit de nuestra historia fiscal desde 1850.

De ahí la unanimidad de los economistas: tal decisión conlleva la amenaza de que el movimiento hecho por el Gobierno ha sido el de evitar un mal mayor, pero que, por fuerza, se sigue el camino de acentuar la depresión. Campa, incluso casi acaba de admitirlo en una conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Oviedo, según la versión en La Nueva España de Marián Martínez, pues indicó que las medidas se habían adoptado por "la necesidad de clara credibilidad a la economía española ante los potenciales terrores de falta de capacidad para devolver la deuda".
Pero la unanimidad de los economistas no reside sólo en que no había otro remedio que adoptar estas medidas, sino que falta, de modo escalofriante desde hace ya años ­­­­­­­–pero desde el verano de 2007 de manera muy peligrosa–, tomar simultáneamente otras de tipo microeconómico, reformando las estructuras vinculadas con los diversos mecanismos productivos. Porque en ello se encuentra la raíz de nuestra falta de competitividad, que motivó que nuestro desarrollo se apoyase sobre unos cimientos no de roca, sino de arena. ¿Pero se habla, para ello, de reformas serias en torno a nuestra apuesta en favor de energías caras? ¿Y de la ruptura del mercado español por las medidas de política económica adoptadas por las autonomías? ¿Y del mercado de trabajo, generador por su estructura de paro, de inflación y de déficit exterior? ¿Y del gravísimo problema de nuestro retraso tecnológico? ¿Y, por ejemplo, del impuesto de sociedades, una de las causas de la evasión de capitales y de la falta de captación de otros? ¿Y de la lamentable política de infraestructuras, tan acertadamente criticada por Álvarez-Cascos y Benigno Blanco en el folleto de FAES Un plan nada extraordinario de infraestructuras? La relación puede seguir con aspectos institucionales como plantea Carlos Sebastián, o con muy serias cuestiones del mundo rural como plantea Jaime Lamo de Espinosa, o con alarmantes problemas industriales como hace el profesor Molero... y así casi indefinidamente. ¿No supone ignorar todo cuando se acepta un formidable desorden económico, rechazado por todos los estudiosos?

Hace años, trabajando al gran Max Weber, me encontré con una frase suya en el apartado de "Concepto de orden legítimo" en su inmortal obra Economía y Sociedad, que creo me sirve para calificar esta desorientación, este desorden que se observa desde hace tiempo, pero ahora de manera acentuada en nuestra política económica. Es ésta: "Cuando (existe) elusión o transgresión del sentido de un orden... entonces la validez de ese orden es muy limitado o ha dejado de subsistir en definitiva".

Libertad Digital 

Juan Verlarde es catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid

viernes, 21 de mayo de 2010

Zapatero fracaso en Europa, Luis María Anson

Luis María ANSON
Aspiraba a una cumbre planetaria en torno a Obama, orquestada bajo la sabiduría de su alta dirección. Estaba seguro de conseguir la paz moratina entre árabes y judíos en la cumbre proyectada en Barcelona. Pretendió dar lecciones a Alemania para resolver la crisis económica. Aseguró que España se había adelantado a Italia y que iba a por Francia.

     Obama, que sólo quería más soldados españoles en Afganistán, le ha hecho un corte de mangas a Zapatero, cegando el acto estrella de la presidencia europea. La paz zapatética en Oriente Medio ha quedado aplazada ante el temor de que una de las partes ni siquiera se presentara a dialogar. En lugar de aceptar sus sabios criterios económicos, la Unión Europea le ha dado un fuerte cachete a Zapatero y le ha obligado a poner en marcha medidas de austeridad que hace dos semanas rechazaba con rotundidad. Y, claro, Alemania, Francia, también Italia, se ríen de los vaticinios zapaterescos sobre nuestro PIB.

     En pocas palabras: la presidencia europea de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido un fracaso. El papel del presidente circunflejo no ha pasado de mediocre, desplazado por Rompuy y Barroso, y superado por sus despropósitos económicos que han soliviantado a las naciones fuertes del viejo continente. La luz con que Zapatero iluminaba el mundo desde el faro de la Alianza de las Civilizaciones, declina. El presidente de las dádivas y las mercedes, acosado dentro y fuera de España, pisa ya la incierta frontera de la moción de censura o del adelanto de elecciones.


Luis María ANSON
de la Real Academia Española

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lunes, 17 de mayo de 2010

Garzón: Y Franco se fue de rositas, por Pablo Molina

La oleada de cariño desatada en torno a un funcionario suspendido por la autoridad judicial a causa de sus supuestos desmanes jurídicos, es uno de esos detalles que nos permite conocer el punto exacto de cocción de la progresía española, en estos momentos cercano a la ebullición.
De nada sirve explicar que las decisiones del Consejo General del Poder Judicial o de los instructores de las causas abiertas contra Garzón en el Tribunal Supremo no tienen absolutamente nada que ver con su intención de juzgar los crímenes del franquismo. Se trata simplemente de que existen sospechas de que ha violado las normas procesales con contumacia instruyendo causas para las que no era competente, y cerrando otras ante las que se tendría que haber abstenido por sus relaciones con los acusados.
Pues bien, como el progresismo es refractario al pensamiento complejo, el expediente político de apoyo a Garzón se ha resuelto con la proclamación de un mantra asequible para todos los niveles, según el cual Garzón es una nueva víctima del franquismo. No exactamente del franquismo como tal, puesto que ya pasó a la historia, pero sí de sus herederos que básicamente son la Falange, los implicados en el caso Gürtel con el Bigotes de sargento chusquero, los que no llevamos permanentemente un ejemplar de Público bajo el brazo y, finalmente, todos y cada uno de los miembros del Consejo General del Poder Judicial que de forma unánime ha empurado a D. Baltasar, órgano por cierto del que jamás hubiéramos sospechado que estaba tan infiltrado por fascistas y torturadores.
Las movilizaciones, algaradas y concentraciones anunciadas para defender a un funcionario presuntamente prevaricador tienen como elemento aglutinador el mensaje de que estamos ante un combate singular entre Garzón y Franco, en el que éste último finalmente se ha ido "de rositas". La expresión recuerda a aquellas otras puestas en circulación tras los atentados del 11 de marzo de 2004, convocadas a golpe de mensajes de teléfono móvil, instando a la gloriosa infantería del progresismo a evitar que Aznar se fuera de la misma guisa que ahora lo ha hecho Franco.
Con Aznar consiguieron su objetivo. Con Franco lo tienen más difícil porque, ay, decidió morirse minutos antes de que la resistencia antifranquista, que ya lo tenía todo a punto, le expulsara del poder. No obstante, no subestimemos la capacidad justiciera de la izquierda cuando la encabezan personajes de la talla de Almudena Grandes o Pilar Bardem. Total, no sería la primera vez que la izquierda exhuma cadáveres para aplicarles la justicia "del pueblo".

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.
LIbertad Digital

viernes, 14 de mayo de 2010

Hazañas del comunismo: 100 millones de asesinatos

LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

El libro negro del comunismo

Por Horacio Vázquez-Rial

Por fin, después de trece años, tenemos en la mano una nueva edición de El Libro negro del comunismo. Hubo una edición en Espasa que desapareció rápidamente de las estanterías y que circuló más tarde al estilo samizdat, en fotocopias de capítulos, entre los más apasionados estudiosos de los crímenes del socialismo real. Y después, fuese y no hubo nada.
Tengo para mí que determinados editores, que mantuvieron los derechos durante más tiempo del debido, tuvieron sus razones para no republicarlo. Nótese que la edición de Espasa es de 1998, hecha en pleno gobierno del PP, lo que no significa que fuese el gobierno el que diera el visto bueno para su aparición, sino que parecía posible que hubiese en España lectores de derechas. El título deriva del Livre Noir de Vasili Grossman e Ilya Ehrenburg, escrito en 1945-46 a pedido del Comité Judío Antifascista, y que no vio la luz (y la vio en francés) hasta medio siglo más tarde: Stalin no quería saber nada de la especificidad de la Shoá, por razones que huelga comentar.

Hubiera sido muy difícil publicarlo antes de Aznar, cuando se suponía que los libros los compraban las izquierdas y, por lo tanto, no era negocio. Lo de libro negro sonaba aún a anticomunismo de Guerra Fría e iba a ser despreciado. Es posible que alguien se llevara un susto al ver que se vendía como rosquillas y que hubiese aguantado varias ediciones, de modo que no se reeditó. Con el anticomunismo de Guerra Fría se perdieron muchos tesoros que hoy estamos en proceso de recuperar –valga el ejemplo de Yo escogí la libertad, de Kravchenko, cuyo prólogo escribí, y que fue reseñado en estas mismas páginas por José María Marco–. Tuvo que pasar todavía un tiempo para que los poderes impresionantes –del verbo imprimir– se adaptaran a la idea de que cabía editarlo.

Ciertamente, en estos años se le fue allanando el camino al Libro negro: aparecieron varias obra comparativas de las personalidades de Hitler y Stalin, los libros de los grandes disidentes, desde Solzhenitsyn hasta Grossman y Shálamov, los tres volúmenes sobre los procesos a los intelectuales de Vitaly Shentalinski y, last but not least, el tremendo libro de Martin Amis Koba el Temible. La risa y los veinte millones, fundado en parte en este Libro negro del que hablamos hoy y en parte en el privilegio de haberse criado Amis muy cerca de Robert Conquest, el primer historiador crítico del estalinismo (faltan en español las obras de Conquest, fundamentales en todo este asunto).

Por el empeño personal de un editor que es a la vez un excelente historiador, Ricardo Artola, director editorial de Ediciones B, lo tenemos otra vez al alcance. Corra usted, lector, a su librería, y hágase con un ejemplar. Tendrá la más completa de las historias del crimen político de izquierdas, no sólo en Rusia, también en Europa Central, China, Corea, Vietnam, Camboya, América Latina, África y Afganistán. En la introducción, Stéphane Courtois, editor de la obra y director del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, precisa algunos datos relevantes:
– El balance resumido del terror nazi: 15 millones de civiles muertos en los países ocupados; 5,1 millones de judíos –ya sé: es revisionista; pero en modo alguno negacionista–; 3,3 millones de prisioneros de guerra soviéticos; 1,1 millones de deportados muertos en los campos; varios centenares de miles de gitanos; 8 millones de personas condenadas a trabajos forzados y 1,6 millones de detenidos en campos de concentración que no murieron. 25 millones de muertos, pues, y un total de 35 de represaliados.

– En cuanto a la URSS; fusilamiento de decenas de miles de rehenes o de personas confinadas en prisión sin juicio, y asesinato de cientos de miles de obreros y de campesinos rebeldes entre 1918 y 1922 (más que el total de los muertos por el terror zarista en 400 años, en sólo cuatro); hambruna –planificada– de 1922: 5 millones; liquidación y deportación de los cosacos del Don en 1920, asesinato en los campos de concentración de decenas de miles entre 1918 y 1930; 690.000 personas muertas en la Gran Purga de 1937-38; deportación de dos millones de kulaks en 1930-32; destrucción por hambre provocada y no auxiliada de seis millones de ucranianos en 1932-33; deportación de miles de personas procedentes de Polonia, Ucrania, los países bálticos, Moldavia y Besarabia en 1939-41 y 1944-45; deportación de los alemanes del Volga en 1941; deportación y abandono de los tártaros de Crimea en 1943, de los chechenos en 1944, de los ingushetios en 1944. Total: los veinte millones de los que habla Amis.
Pero a ello hay que sumar China (75 millones de muertos), Camboya (dos millones), Vietnam (un millón), Corea (2 millones), etc., a lo largo de varias décadas. Sin contar con que Corea y China siguen en plena actividad, ahora incluso por razones comerciales: la exportación de órganos de ejecutados, cosa de la que no tratan los autores de la obra por obvias razones temporales, ya que el libro es de 1997.

Stéphane Courtois es el editor, pero colaboraron con él otros personajes con currículos no mucho más escuetos que el suyo: Nicolas Werth, Jean-Louis Panné –que firma con Courtois el capítulo referido a la intervención soviética en España, de gran interés y complementario del Libro negro de Carrillo de José Javier Esparza, que reseñé aquí hace poco–, Andrej Paczkowski, Karel Bartosek, Jean-Louis Margolin comparten la portada con él. Pero el libro tiene aún más autores, como Sylvain Boulouque, experta en Afganistán; Yves Santamaría, dedicado a lo que él llama "afrocomunismos" de Etiopía, Angola y Mozambique; Pierre Rigoulot, que conoce bien el proceso coreano, o Pascal Fontaine, que trata de América Latina. En todos los casos se trata no sólo de la historia oscura de los partidos "comunistas y obreros" –como gustaba decir a los soviéticos– que llegaron al poder, también de los estropicios de los cerca de diez mil que no llegaron: véase Sendero Luminoso en Perú, del que en esta obra se informa por extenso.

Quizás El libro negro del comunismo no sea, como sí lo es el Koba de Amis, un libro para sentarse a leer. Puede que el lector se desanime ante sus 1.055 páginas si se propone una lectura continuada. Pero es uno de esos libros que hay que tener a mano cuando se leen los periódicos. Es uno de esos libros que se pueden abrir en cualquier parte para quedarse fascinado con un capítulo, una información sorprendente, un documento –por ejemplo, el intercambio de cartas entre Shólojov y Stalin de las páginas 222-224, donde se revela cómo hasta el más oficialista de los escritores soviéticos, el autor de El Don apacible y premio Nobel negociado, corría peligro si molestaba al Guía de la Revolución–. Es uno de esos libros que hay que leer antes de viajar a Vietnam, ahora que está de moda, para entender lo que ninguna guía te va a explicar sobre esa pobre gente que luchó contra el imperialismo yanqui por el socialismo y el encantador "tío Ho" de la propaganda de izquierdas.

Somos nuestras obras pero, sobre todo, somos nuestros pecados.


VVAA: EL LIBRO NEGRO DEL COMUNISMO. Ediciones B (Barcelona), 2010, 1.055 páginas-

Libertad Digital

sábado, 8 de mayo de 2010

Rajoy: demasiada generosidad, Miguel Ángel Rodríguez

No es posible explicar que Rajoy accediera a la cita con Zeta sin calificarlo de excesiva generosidad del líder del PP, muy cercana a la estupidez.
Esa reunión nunca debió ser aprobada por una oposición seria: si Zeta necesitaba una bocanada de oxígeno, que se la pida a la Zeja y a los sindicatos y al de Marsans.
Al final, ahí tenemos la conclusión: han llegado a un súperacuerdo para reformar las cajas de ahorro. Me muero de la risa.

Rajoy no puede ser tan generoso con quien no lo merece. Con ese mismo que lleva seis años unido a sindicalistas, nacionalistas y radicales para expulsarle del mapa. No hace cuatro días que los socialistas tacharon al PP de heredero del franquismo. Y a esos mismos ha ido Rajoy a darles credibilidad. Inexplicable.
Su Majestad el Rey, con todo el respeto que me merece, se equivoca: Señor, no es cosa de la Unidad Nacional dar cabezazos a la política económica de Zeta. No, Señor. Quizá Vuestra Majestad no recuerde que ha habido asuntos en esta Legislatura sobre los que pedir consensos y me da a mí que no le han escrito discursos sobre ellos: consenso sobre las reformas de los estatutos de autonomía, sobre todo el catalán; consenso sobre el cambio de la Ley de Aborto; consenso sobre el gasto público; consenso sobre el diálogo con los terroristas de Eta.
Eso sí hacía referencia la Unidad Nacional y a concepto de España, no la política económica de unos despilfarradores.

Ahora vienen con que resulta que la Unidad Nacional pasa por no criticar a Zeta en su peor momento. Pues, no. Se equivoca el Rey y se equivoca Rajoy: que Zeta se aplique su medicina. Ese líder de la izquierda radical en el poder dijo del PP hace dos semanas “que se cuezan en su propia salsa”. Tomamos nota, señor presidente del Gobierno. Pero, ahora, cuécete tú en tu propia salsa.
Sin embargo, Rajoy prefirió ir a una reunión sin preparar, con unos acuerdos propios de subsecretarios y un sabor final a paripé sin las soluciones que demanda España.
Si este presidente del Gobierno llama al Jefe de la Oposición, sólo debe haber una respuesta: “lo que usted me quiera decir, me lo cuenta en las Cortes generales, en sesión conjunta de diputados y senadores, emitido en directo por las televisiones”. El resto, es filfa.
Y, Señor, si esto es atacar la Unidad Nacional, considéreme separatista (por lo menos, nunca le escriben discursos contra los separatistas).