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martes, 30 de marzo de 2010

ISLAMISMO. Invasión por el útero, por MARTÍN MUCHA

El viento infla la túnica del nuevo imán de El Algar, Cartagena, Mur cia. Va hacia su mezquita con una mueca de enfado en la cara. Una decena de niños musulmanes le cortan el paso con sus bicicletas. Va una niña en patines. Luce melena marrón. La esclerótica del ojo es naranja por el sol y, quizás, por la mala alimentación. Once pequeños contra un imán. Aunque nada tiene que ver con su predecesor, Amín Belfakir, se le nota incomodo. Amín era espía del Centro Nacional de Inteligencia y se encuentra detenido por -supuestamente- abusar sexualmente de cinco menores de entre cinco y 11 años. El nuevo imán no responde preguntas. El silencio se instala por segundos tras los gritos de los infantes. Se quiebra por el inicio del rezo. Cuando el sol muere, son las siete de la tarde, las oraciones inician. Son cánticos. El reemplazante de Amín cierra la puerta y las ventanas con violencia. La sensación es que algo se oculta en este cruce de caminos milenario que es El Algar. La verdad es que hay muchos misterios por desvelar en esta historia de islamismo radical, pederastia y espías.
PRIMER MISTERIO
La detención de Amín ha destruido una operación encubierta de los servicios secretos españoles. Su caso es parte de una compleja partida de ajedrez que se libra en territorio murciano. Más. Crónica puede afirmar que hay un centenar de espías, informantes y colaboradores en acción en la Región de Murcia. Que hay cinco mezquitas radicales de las cerca de 125 que se asientan en esta autonomía. Y que en ellas se ensalza el islamismo más extremo -el del burka, la resurrección de Al-Ándalus y el odio por España- y se enseña un precepto polémico: la reconquista o invasión por el útero.
El imán de El Algar se había convertido en una pieza clave. Un hombre que había permitido la captura de varios islamistas radicales [e incluso de delincuentes comunes]. Pero todo se cayó con una denuncia que ha remecido a la comunidad musulmana en España.
«No se recuerda un caso de abuso de menores en los últimos 40 años», afirma Mohamed Reda, importante dirigente de la Unión de Comunidades Islámicas (UCIDE) en Murcia, una organización que agrupa al 70% de los musulmanes españoles [alrededor de un millón en España, de ellos el 10% en la región donde reside Reda]. Mohamed -hombre moderado, estudioso del Corán y licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Murcia- no tiene miedo de hablar de los espías en su región, de la invasión por el útero y de las mezquitas radicales. No lo reconoce abiertamente, pero ha sido amenazado. «Me ven como un liberal. Para ellos eso es peligroso. Porque no sigo estrictamente los mandamientos del islam». Un hombre que va en contra de los intereses de esta facción radical.
-¿Amín era miembro de UCIDE?
-Sí.
-Usted ha reconocido que hay espías e informantes en los centros musulmanes de Murcia...
-Los hay y son necesarios para mantener la seguridad de los ciudadanos.
-Existen más de 100 mezquitas en la región, ¿Cuántas radicales?
-Unas cinco.
-Usted ha escuchado el discurso de la invasión por el útero, es decir reconquistar España a través de casarse con españolas para obtener la nacionalidad y tener la mayor cantidad de hijos posibles.
-Sí. Nosotros estamos totalmente en contra. De que los musulmanes tengan hijos como si las mujeres fueran fábricas de bebés y de que después no puedan mantenerlos.
-Ha presenciado discursos extremistas. ¿Cuál es su reacción ante ellos?
-Callarme y no volver a esa mezquita nunca más. Creo en España y en los derechos civiles. Muchos de los imanes somos españoles y vemos España como nuestro país.
-¿Cómo es la vida dentro del matrimonio de los radicales en Murcia?
-Su defensa es encerrarse. Y le exigen eso a sus parejas. Por ejemplo, si tú visitas su casa, no podrás darle la mano a la mujer. Y la verás apenas unos minutos. Si son aún menos abiertos, la esposa preparará la comida en la cocina y será él quien irá por la comida.
El primer informe sobre este pensamiento islámico que se abre paso en Murcia [especialmente, pero que tiene replicas en Madrid, Andalucía y Cataluña] aparece en una nota informativa de la Unidad Central de Información Exterior de la Policía de julio de 2003. «Ha estado en el pueblo murciano de Yecla -refiriéndose a Niyaz Valiakhmetov Minikhayerovich, Yassin, terrorista preso en Irak-, donde existe una comunidad de miembros de Justicia y Caridad. Tienen una consigna para conseguir la nacionalidad española […] y generar hijos. Muchos de ellos están casados con españolas y todo ello con el fin de ir dominando el pueblo de alguna manera». Su manera de reconquistar.
Justicia y Caridad [Al Adl Wal Ihsane] es un movimiento polémico fundado por el jeque Abdesalam Yasín. Es cotidiano que mencione en sus discursos su meta: lograr el «califato global». En 2006, el juez del Olmo habló sobre su presencia. «Es preocupante, sobre todo para la seguridad interior de España, la evolución del islamismo radical en Marruecos producido, principalmente, por los seguidores» de este grupo clandestino. Sus fuentes de financiación son inciertas. Pero se sospecha que parte de ella vendría del narcotráfico y los secuestros [en 2009, fue detenido un familiar del fundador, en Tetuán, acusado de estos cargos].
La idea de la invasión por el útero o el dominio de Europa no es clandestina. «No necesitamos terroristas ni suicidas. Los 52 millones de musulmanes que hay en estos momentos en Europa se duplicarán en los próximos años hasta llegar a los 104 millones y, posiblemente, habrá un estado islámico en 2050», ha declarado el presidente Libio Muamar Gadafi. Su predicción apunta a la reproducción.
EL FOCO, EN MURCIA
¿Por qué Murcia es foco de atención de Justicia y Caridad? Se estima que uno de cada 15 habitantes es musulmán. En la zona de acción del imán espía, Cartagena, ya uno de cada 10 niños que van a la escuela son de esta religión. Dato curioso: el nombre Mohammed, según el INE, es uno de los 50 más frecuentes en la región en 2008. Si consideramos su variante Mohamed, éste sube al puesto 23.
Un ejemplo especial y exacto -ligado al 11-M- de qué sucede con quienes siguen sin dudar estos preceptos es el de Raquel Burgos García [Crónica, 8 de noviembre de 2009, La chica de Madrid que cayó en Al Qaeda]. Ella se casó con el marroquí Amer Azizi, seguidor de esta doctrina. Raquel tuvo tres hijos sólo entre 1998 y 2001. Su marido pretendía tener la nacionalidad tras la unión. Ella terminó con sus niños luchando en la frontera entre Pakistán y Afganistán [con un pasaporte como única prueba de que aún vive].
Los servicios de inteligencia, al detectar la expansión de los radicales, decidieron mover ficha y colocar en la zona a uno de sus colaboradores más fieles: Amín Belfakir. Era el informante estrella en la zona. «Un tipo dócil que se ofreció voluntariamente en 2004 al CNI», confirma un miembro del espionaje español.
Llega a la mezquita de El Algar en junio de 2009. Unas semanas más tarde de una reunión de todas las comunidades islámicas donde el CNI descubre que Justicia y Caridad se había hecho más fuerte y que había mucho que temer. Quién mejor para desvelar sus movimientos que un imán experto que lleva predicando y enseñando desde hace 18 años.
Amín [01/01/62, Larache, Marruecos] llevaba una vida austera. Era el candidato ideal para pasar desapercibido en una zona de musulmanes pobres, donde más del 20% está en paro. Sus ingresos provenían de lo que le daba la voluntad los fieles [a la oración del viernes, la más numerosa, acuden alrededor de 100 miembros]. Obtenía algo más por las clases de árabe y cultura islámica. No más de 1.500 euros al mes. A su cargo tenía 40 niños, a los que daba una hora de clase cada tarde.
ERA UN SOLITARIO
En España sólo tendría una hermana y un cuñado afincados en Madrid. Su mujer vive en Marruecos junto a sus dos hijos. La gente le describe como un tipo culto, comunicativo y extremadamente recto. ¿Qué le sucedió?
El espía entra en desgracia por un rumor. A principios de febrero, se corre la voz, entre la comunidad islámica de El Algar, de que Amín estaba abusando de las niñas a las que daba clase. La gente de la junta directiva de la mezquita (UCIDE) se entera y le dicen que lo mejor es que se marche. Lo hace. Es interrogado cinco días en las dependencias de la Guardia Civil. Tras ello, se va a Marruecos para no volver. Pero, el CNI -unido al Servicio de Inteligencia de Marruecos- le obliga a regresar. El martes 16 de febrero, los Servicios de Información de la Guardia Civil, le recogen del ferry de Algeciras y lo traen -sin esposas- hasta la comandancia de Murcia. Se entrega voluntariamente.
Pasa a disposición judicial el jueves 18 por la mañana.
La Guardia Civil tiene las declaraciones de cinco niñas que aseguran haber sufrido abusos desde noviembre. Una dice que lo intentó pero que ella no se dejó. Las otras cuatro -dos de ocho años, una de siete y una de seis- afirman que les hacía tocamientos y caricias por debajo de la ropa. Las subía a la habitación de la mezquita con la excusa de darles golosinas, dulces o fruta. Ninguna declara que haya penetraciones. No hay lesiones, sólo testimonios. Todo rebatible aún.
El imán espía lo niega todo. Asegura que «le quieren quitar de en medio» pero no explica quién ni porqué. Durante el interrogatorio se muestra nervioso. Ojos inquietos y manos moviéndose constantemente. En cada respuesta cita a Alá.
En El Algar nadie le acusa directamente. La mayor parte de las personas que ha entrevistado Crónica «sospechan de que todavía no hayan aparecido los padres y las niñas». «Ni siquiera nosotros, que vivimos al lado de la mezquita, sabemos quiénes son», comenta un vecino que reside a pasos. Lo cierto es que, a pesar de todo, Amín está en jaque. De desvelarse su imagen, moriría. No hay mayor pecado en su comunidad que tocar un niño. Y ser un traidor a su gente tampoco está bien visto.
En prisión está aislado de los presos marroquíes por esas razones: ha condenado a varios y, los otros, no le perdonan que haya abusado de niños. Recorriendo las calles de El Algar se recogen dos modos de ver la situación: «no lo creemos», «deberían cortarle el pescuezo»... No se descarta una falsa denuncia [¿un montaje de los radicales para defenestrarle?]. La abogada de Amín, María Dolores Hernández, cree que apenas hay pruebas para condenarle y espera que quede en libertad en no más de dos semanas. Ella se enteró que su cliente era miembro de los servicios secretos españoles el 19 de febrero cuando lo desveló el diario regional La Verdad de Murcia. «No hay ninguna referencia a su participación como miembro del CNI en sus declaraciones», dice la abogada.
El Algar significa en árabe cueva u hondonada. Exactamente donde se encuentra, metafóricamente, el imán espía. Un trebejo que está entre el hoyo del estigma, entre los suyos [y el purgatorio que le queda por vivir]. La partida continúa. Un misterioso claroscuro.
Con información de David Canellada




Se reclutan imagen espías, por Antonio Rubio
Los servicios de información, tanto de la Policía como del CNI, buscan a sus colaboradores en el mundillo de la delación dentro de los grupos islámicos entre aquellos practicantes que tienen influencia o ascendencia con esas comunidades en nuestro país. Por eso los imanes de las mezquitas y los que han logrado hacerse un hueco como empresarios son los objetivos preferidos de los agentes españoles. El confidente Cartagena, ex imán de la mezquita de Villaverde de Madrid, fue captado por la policía en el año 2002. El CNI también tuvo relaciones profesionales con este ex imán y ex testigo protegido (perdió tal condición en junio de 2008). Entre los practicantes del islamismo que consiguieron hacerse un hueco empresarialmente hablando estaba Sabagh Safwan. El CNI llegó a decir de este ciudadano de origen sirio que «es uno de nuestros hombres más importantes». Safwan, más conocido por los servicios secretos por el alías de El Pollero (tenía una pollería en Valencia) se convirtió en la sombra del argelino Alekema Lamari, supuesto jefe militar del 11-M que murió en el piso de Leganés. Ahora, la Policía y el CNI, intentan captar a algunos de los islamistas que fueron imputados en el 11-M, sufrieron pena de cárcel y que finalmente fueron absueltos. Ellos, hoy, son respetados, tienen ascendencia en su comunidad por lo que penaron y son objetivos de los servicios secretos.

CRONICA, El Mundo, 28 febrero 2010

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