Blogoteca: Titiriteros neochekistas, por Pío Moa

sábado, 20 de febrero de 2010

Titiriteros neochekistas, por Pío Moa

Los titiriteros que se reparten los goyas tienen el rasgo común de ser pro etarras, pro castristas, pro Zapo, muy comprensivos con los islámicos, e importarles un bledo su propio país, salvo para ordeñar su erario y explotar la publicidad gratuita que les brinda a varios de ellos el gobierno colaborador de la ETA y pro chekista, como ellos mismos. Pues por propios méritos, se arruinarían. No es que todos los directores y actores sean así, pero estos son los que dan la nota,  como la dan del conjunto de la cultura española actual, un auténtico páramo, este sí. Tiene gracia el trozo de vídeo en que sale el grotesco niñato de la Moncloa soltando sus necios topicachos, y dos titiriteros riéndose a sus espaldas. Es que son así, la pura farsa.

¿Cómo se ha llegado a esto? La historia es larga: a finales de los años 60, el PCE tenía en la Complutense algo más de cien militantes, que no se presentaban como PCE sino como “Junta de Estudiantes”, heredera del fallido “Sindicato Democrático de Estudiantes”, siempre tan demócratas los stalinistas. Había algunos centros, como la Escuela de Cine, la Escuela Oficial de Periodismo, Bellas Artes y alguna más, en la que solo había un militante o a lo sumo dos,  y con ellos se formó una célula  de “centros asimilados”, no recuerdo por qué se llamaba así. La Escuela de Cine venía siendo económicamente mimada por el régimen, o más bien por Fraga, que salió del gobierno en la crisis del 69, y creo recordar que, al igual que Periodismo, solo tenía un miembro del partido. ¡Pero hay que ver lo que hacía, a veces, un solo miembro del partido! En la Escuela de Cine se iba creando, con ayuda de los circulillos de “tontos útiles” de siempre, los “progres”, como les llamábamos algo despectivamente, un ambiente de lo más “progresista”, y del mismo modo en Periodismo organicé la primera huelga (era director Emilio Romero, y subdirector Luis María Ansón), a raíz de la cual nuestra propaganda entró masivamente en la escuela por medio de murales, libros, octavillas  y diversa  actividad de prácticas, orientada por nosotros. No es que aquella propaganda convenciese a la mayoría de los alumnos, y algunos se indignaban, pero eran incapaces de contrarrestarla, y sus argumentos solían ser lo bastante toscos como para que los ridiculizáramos inmediatamente, de modo que apenas se atrevían a dar la cara. Algo de eso lo he tratado en De un tiempo y de un país.

    Ya he dicho en otra ocasión que la actividad que más beneficios rindió a los stalinistas del PCE, tras la derrota del maquis, fue la llevada a cabo entre intelectuales y universitarios. Un ingenuo podría pensar que esos medios, por su superior nivel intelectual, serían refractarios a una propaganda cuyo carácter totalitario bajo sus pretensiones “democráticas” debiera ser fácil de descubrir,  pero ocurría lo contrario. Y ocurría así por lo que ya he dicho: porque nosotros éramos mucho más aguerridos, activos y organizados, y nuestros razonamientos aparentemente mucho más sólidos; además explotábamos a fondo las muy esporádicas violencias de los “fachas” para tildarlos de “violentos” “antidemócratas”, etc. Mientras, por ejemplo, apoyábamos a la ETA, que se fue haciendo muy popular, incluso en la prensa corriente. Frente a nuestra propaganda, los otros simplemente se “achantaban”, y el ambiente general que deseábamos iba expandiéndose.

    De todo aquello vino lo que ahora hay, aunque no fuera el PCE, sino el PSOE, que entonces prácticamente no existía en la universidad, quien terminara recogiendo los frutos. Un poco como cuando Prieto le birló el tesoro del Vita al muy procomunista Negrín. Porque el choriceo ha sido siempre la gran especialidad del PSOE, y lo de los goyas es solo una más de sus muchas manifestaciones.

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