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lunes, 22 de febrero de 2010

El PP y el PSOE han hecho un pacto de hierro para quedarse con el Estado

Discurso de Rosa Díez en el Pleno del día 17 de febrero de 2010


No voy a entretenerme demasiado en analizar su discurso. Una vez más, ha diseñado usted un universo paralelo, ése en el que las cosas ocurren según sus deseos y en el que usted vive completamente ajeno a la cruda realidad. Además, estamos acostumbrados a que haga propuestas con la mano derecha y las retire inmediatamente con la mano izquierda. O viceversa. No le dedicaré pues más tiempo.


Los datos que en esta mañana se han puesto sobre la mesa acreditan la magnitud del drama económico y social que vive nuestro país, en el que no insistiré. Pero les voy a dar otra mala noticia: la crisis que vive España no es sólo económica y social, tiene también un componente institucional, es una crisis política. ¿Cómo separar la crisis política e institucional del coste de un estado autonómico mal diseñado y de las ineficiencias de todo tipo que genera: falta de políticas comunes, descoordinación, duplicidades, solapamientos, ruptura del mercado interno, costes administrativos injustificados, deficitarias televisiones autonómicas, menor movilidad de las personas por las políticas lingüísticas…? ¿Puede un Gobierno que ha promovido activamente este despropósito liderar las fórmulas para corregirlo? ¿Puede hacerlo el principal partido de la oposición, coautor de esta situación y responsable en muchas de las instituciones que protagonizan el desmán?


Hoy se ha hablado mucho de Pactos. Pero en España ya existe un gran pacto entre los dos grandes partidos políticos llamados nacionales: un pacto para que no cambie nada. Se lo cuento:


·         El PSOE y el PP han pactado una financiación autonómica que es una nueva vía de agua para España, pero que le garantiza a cada uno mantener su poder territorial.
·         El PSOE y el PP han pactado no despolitizar ni profesionalizar los órganos de dirección de las Cajas de Ahorros, próximo gran quebradero de cabeza de nuestro sistema financiero, pero que garantiza a ambos su cuota de poder y su capacidad de veto.
·         El PSOE y el PP se niegan a revisar los muros competenciales que impiden una verdadera reforma del modelo educativo: mientras haya diecisiete leyes educativas cualquier acuerdo será un mero placebo.
·         Ni el PSOE ni el PP están dispuestos a revisar la ley electoral, una ley injusta que pervierte el sistema y garantiza a ambos la alternancia en el poder.
·         Ni el PSOE ni el PP están dispuestos a abordar las profundas reformas legales necesarias para que la justicia sea eficaz e independiente. Ambos se sienten a gusto con un sistema que les permite designar magistrados afines y tratar de “manejar” alternativamente los órganos de Gobierno de los Jueces y/o los Altos Tribunales.
·         Qué decir de la demostrada incapacidad para adoptar una política energética común. Obsérvese el espectáculo que estamos viviendo con los llamados cementerios nucleares y llegarán a la misma conclusión que yo: sálvese quien pueda.


Presidente, señorías: en España ya existe un pacto entre el PSOE y el PP. Como dije antes, no es un pacto de Estado; es un pacto de hierro, un pacto de intereses que debilita al Estado. Un pacto para no acometer ninguna de las grandes reformas que nuestro país necesita y que explican la gravedad de la crisis.


Lo que España necesita es que rompan ustedes ese pacto para mantener su hegemonía alternativa y territorial. Lo que España necesita es que el Gobierno de la Nación recupere instrumentos para intervenir eficazmente en las políticas que garanticen la cohesión, la igualdad, la competitividad, la justicia, la unidad de mercado, la educación, la competitividad del país.


No quiero engañarme ni engañar a nadie. Ustedes, principalmente usted, Sr. Presidente, no pueden liderar las grandes reformas que España necesita. No pueden hacerlo porque no creen en ellas; y porque su supervivencia depende de que nada cambie, aunque el país se nos vaya por la fregadera.


Presidente, hace un año, exactamente el 10 de febrero del año pasado y en un Pleno similar a este, le pedí que convocara un pacto o convocara elecciones. Yo entonces aún creía que era posible un diagnóstico común que nos permitiera llegar a un acuerdo para enfrentarnos en mejores condiciones a la crisis y a sus repercusiones. Desde entonces, han ocurrido muchas cosas; todas malas. Han puesto en marcha un sistema de financiación autonómica que es una locura: 11.000 millones para cumplir con el Gobierno de Cataluña y tapar la boca al resto; han anunciado y desmentido reformas; han aprobado unos presupuestos que ha tenido que revisar veinte días más tarde; hemos llegado a un déficit del 11,4 del PIB; han seguido defendiendo la politización de las Cajas de Ahorro; no han atendido a los imprescindibles ajustes del gasto público salvo con titulares desmentidos por la realidad (este año, menos del 9% de la reducción comprometida ante Bruselas para tres ejercicios…)


Presidente, hemos perdido un año. Y ha quedado demostrado que ustedes son incapaces de abordar y liderar el pacto que España necesita. Presidente, los ciudadanos tenemos derecho a un gobierno que lidere, que se anticipe a los problemas, que los aborde con rigor, que se comprometa, que deje de echar la culpa a los demás por los males que nos aquejan. Si no es usted capaz de hacer más de lo que ha hecho, deje a los españoles que decidan. Tome en cuenta lo que le digo: convoque elecciones.

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