Blogoteca: febrero 2010

viernes, 26 de febrero de 2010

Arturo Pérez Reverte en El Mundo: "En España nos faltó la guillotina"

Antes de que trescientos mil ejemplares de El asedio (Alfaguara) tomen el próximo miércoles las librerías de España, Arturo Pérez-Reverte se fue a navegar solo, “nada, fui a Ibiza y volví”, para pertrecharse de la soledad y los silencios que le van a faltar en la vorágine de promoción en la que ya está metido. Ha trabajado duro dos años, dice este marino lector “que ocasionalmente escribe novelas”. Dos años de ensamblaje, después de tanto ir y venir, y leer, y pisar Cádiz. Cuenta Pérez-Reverte que El asedio es una novela moderna con personajes y sucesos de dos siglos atrás. Con esa vehemencia imposible que se gasta, cuenta, como verán, muchas más cosas. El Cultural publica hoy en exclusiva un capítulo de la novela.


Ha escrito Pérez-Reverte una novela con todos los palos de su baraja y los triunfos que viene acumulando de sus partidas anteriores. El asedio es una novela de misterio, de mar, de amor, de política, de ciencia y de historia de España, por decirlo a la velocidad con la que Arturo habla. Es el relato de un gran fracaso. La historia de un mundo que se acaba y otro que no llega a nacer. Poblada de personajes con vidas derrotadas, entre los que destaca esa Lolita Palma que bien pudiera ser una Jane Austen enamorada del Cayetano Rivera de la época. Comerciantes avispados, artilleros franceses, jovencitas asesinadas, corsarios, policías corruptos y mucha pólvora completan la escena. Ya se sabe que en las novelas de Pérez-Reverte pasan muchas cosas. Estamos en la Cádiz de 1811.

- ¡Qué Cádiz! ¿Era, efectivamente, la ciudad más liberal de Europa?
- Lo era, lo era. Pero esta novela podía haberla situado en Troya, en el Leningrado cercado por los nazis, en el Madrid de 1936 o en el Sarajevo del 92. El problema que se plantea es un conflicto moderno. Pero Cádiz me daba unas características especiales: es una ciudad sometida a los vientos, con una topografía muy definida que no ha cambiado apenas en dos siglos: pones un mapa de hoy sobre un mapa del siglo XVIII y coincide casi exactamente. Todo eso me permitía moverme por ella con mucha seguridad. Es decir, Cádiz tiene esos elementos climatológicos, urbanos, arquitectónicos y geométricos que se adecuaban a mi historia.

"Lo que España tenía que haber sido y no fue"
-Además preparaba una constitución... Históricamente vivía una etapa importante...
- Sí, pero yo no quería contar eso. Eso ya lo contó Galdós y lo contó muy bien, y lo contó Ramón Solís, en Un siglo llama a la puerta, también muy bien. Yo no quería reescribir una novela histórica sobre Cádiz. Habría sido estéril, absurdo... Yo quería escribir mi novela, y que pasara en Cádiz. Una Cádiz que fue el ejemplo de la España que pudo ser y no fue. Donde la aristocracia no era de nobles, ni siquiera de dinero, sino de comerciantes, una aristocracia moderna, comparable a la Inglaterra o la Holanda de entonces, y con una clase dirigente abierta, liberal, que viajaba, que hablaba idiomas, donde la religión no era un elemento determinante, donde la política estaba supeditaba a la economía, y no al revés.

- Y era ese mar, lleno de comerciantes y corsarios, de intrigas, contrabandistas y asesinos el que lo hacía posible, ¿no?
- Sí, claro, ese continuo contacto con la civilización, con la cultura, con el comercio, con la guerra, con lo que venía de fuera, tanto libros como periódicos. Su relación ultramarina con las colonias de América hacía de Cádiz una ciudad especial, que no tenía nada que ver con el resto de España. España era entonces un lugar cerrado, oscuro, donde estaban los curas, los reyes, los ministros, y la aristocracia corrupta y acabada, mientras que Cádiz era moderna, abierta, y era el mar, sí, el que la hacía posible. ¡Me entristecía tanto pensar, mientras manejaba toda esa documentación de la época, lo que Cádiz era, lo que España tenía que haber sido y que no fue por nuestra estupidez de siempre...!

España es un país históricamente enfermo
- Cádiz como metáfora de la gran ocasión perdida. ¿Por qué se truncó la historia?
- Porque España es un país históricamente enfermo. Se ve muy bien en cuanto escarbas un poco en la historia: desde Indíbil y Mandonio, los Austrias, la Ilustración... Hasta ahora mismo... Mira cómo nos estamos cargando la democracia. En cuando se empieza a perfilar una España distinta, esa España que empieza a ser posible, la destruyen los mismos españoles: la arrogancia de unos y el fanatismo de los otros. En Cádiz, los constitucionalistas liberales no supieron ver lo que era posible y no era posible. Quisieron hacer una constitución radical de la noche a la mañana, y eso era imposible. La misma constitución tenía el gen de su destrucción. Y cuando lees las actas de los debates, ves cómo se odiaban unos a otros, cómo se puteaban, cómo usaban la Prensa como arma arrojadiza... cómo ese esquema dialéctico, terrible y destructivo, se va reproduciendo en el siglo XIX, XX y XXI. El oportunismo político ya se da en la Constitución de Cádiz. Es desolador ver cómo el español repite los errores, cómo se carga lo que se le ponga delante.

- ¿Hasta qué punto El asedio es una especie de balance, de fin de ciclo como escritor, después de estos veinte últimos años?
- Sí, lo es. Quería escribir una novela en la que de alguna manera estuvieran todas mis novelas anteriores y cupieran en ella todos mis lectores; no una novela total, que me parece una palabra pedante, pero sí lo bastante amplia como para que cualquier lector de mis distintas novelas tuviera un eco de las otras; una novela, si quieres, de madurez, con todos mis trucos, mi experiencia....

- Y su memoria, su memoria histórica particular...
- Sí, al fondo está España, como siempre. Más diluida que en Un día de cólera, Trafalgar o Alatriste, indudablemente. Pero no es una novela didáctica. Yo no quería contarle al lector lo que era España entonces, sino mover a mis personajes por esa España, de manera que al lector, mientras los acompaña, se le esté quedando pegada casi sin darse cuenta cómo era aquella España y ese mundo fascinante.

La memoria analfabeta es muy peligrosa
Pérez-Reverte se embala. No es que le duela España, es que le indigna su incultura, su falta de espíritu crítico. Se revuelve porque, dice, un país inculto no tiene mecanismos de defensa, y “España es un país gozosamente inculto”. Tiene el escritor en la punta de los dedos las batallas, los hombres, las tragedias que han hecho la historia para apuntalar sus argumentos.

- Mi memoria histórica tiene tres mil años, ¿sabes?, y el problema es que la memoria histórica analfabeta es muy peligrosa. Porque contemplar el conflicto del año 36 al 39 y la represión posterior como un elemento aislado, como un periodo concreto y estanco respecto al resto de nuestra historia, es un error, porque el cainismo del español sólo se entiende en un contexto muy amplio. Del año 36 al 39 y la represión posterior sólo se explican con el Cid, con los Reyes Católicos, con la conquista de América, con Cádiz... Separar eso, atribuir los males de un periodo a cuatro fascistas y dos generales es desvincular la explicación y hacerla imposible. Que un político analfabeto, sea del partido que sea, que no ha leído un libro en su vida, me hable de memoria histórica porque le contó su abuelo algo, no me vale para nada. Yo quiero a alguien culto que me diga que el 36 se explica en Asturias, y se explica en la I República, y se explica en el liberalismo y en el conservadurismo del XIX... Porque el español es históricamente un hijo de puta, ¿comprendes?

- Hombre, Arturo...
- Sí, el español es históricamente un hijo de puta, pero para comprenderlo, para aceptarlo, para quererlo, con lo bueno y lo malo -ahí está también su generosidad, su capacidad de olvidar y de perdonar, de empezar de nuevo- hace falta conocer sus tres mil años de desarrollo y no un pequeño periodo en el cual por sí solo no explica nada.... Me parece muy bien la Ley de Memoria Histórica, pero necesita tener una letra pequeña, un apéndice que la contextualice... Yo soy de Cartagena, y en Cartagena, que era zona roja, hubo de todo, hubo represión brutal de los milicianos y represión brutal de los falangistas. Y a mí, cuando era pequeño, me contaron las dos represiones, las dos; por eso, hablar de unos buenos y otros malos a estas alturas... Cualquiera que haya leído historia de España sabe que aquí todos hemos sido igual de hijos de puta, TODOS.

“¡No me cuentes historias!”
- No sé si sólo es cuestión de incultura...
- Si este país no fuese un país analfabeto, cuando a la gente le dicen: estos son los buenos y estos los malos, diría, ¡no me cuentes historias, que yo sé muy bien de qué estamos hablando, que yo he leído, que sé que no, que sé que los carlistas, y sé que los isabelinos, y sé que Fernando VII y sé que la Constitución, y sé que los nacionales, y los rojos, y sé que los socialistas, y sé que los comunistas... Que yo sé! El problema es que España es un país inculto, España es un país gozosamente inculto, es un país deliberadamente inculto, que disfruta siendo inculto, que hace ya mucho tiempo que alardea de ser inculto, y con gente así, esa Ley de Memoria Histórica es ponerle una pistola en la mano. No estamos preparados para leyes como ésas.

“¿Sabes realmente cuál es mi lamento histórico? Es que aquí nos faltó una guillotina al final del siglo XVIII. El problema de España, a diferencia de Francia, es que no hubo una guillotina en la Puerta del Sol que le picara el billete a los curas, a los reyes, a los obispos y a los aristócratas... y al que no quisiera ser libre le obligara a ser libre a la fuerza. Nos faltó eso, pasar por la cuchilla a media España para hacer libre a la otra media. Eso lo hemos hecho luego, hemos fusilado tarde y mal, y no ha servido de nada. El momento histórico era ése, el final del XVIII. Las cabezas de Carlos IV y de Fernando VII en un cesto, y de paso las de algunos obispos y unos cuantos más, habrían cambiado mucho, y para bien, la Historia de España. Nadie lo hizo, perdimos la ocasión, y aquí seguimos todavía, arrastrando ese lastre que nos dejaron aquellos que sobrevivieron y que no tenían que haber sobrevivido”.

Se acerca un lector devoto, ignorante de la gravedad de la situación, preguntando por su próxima novela. Otro, más tarde, le pide que le firme Cuando éramos honrados mercenarios, que lleva en su mochila. Al escritor le ruborizan los elogios y quiere que termine la escena vaporosa lo antes posible. Aparece el gran tímido que lleva dentro, tan alejado del bravucón que se mete en mil batallas. “Estas muestras de afecto me hacen sentirme mal, sentirme responsable, yo sólo soy un tipo que escribe, que mete mensajes en una botella sin esperar retorno”.

Ajuste de cuentas con el mundo
Siempre he creído que Pérez-Reverte habla como sus rudos personajes, pero que es él quien se parece a ellos, y no al revés. “La literatura -dice- es como el alcohol: nadie pone lo que no tiene. O lo robas, o lo tienes. Y a mis personajes los he hecho yo. No he bebido en fuentes documentales solamente. Es mi propia mirada sobre el mundo la que vierto en los libros. En ellos está mi sentido de la amistad, de la vida, de la muerte, de la lealtad. Creo que soy un escritor coherente”.

-Esa fama tan cimentada que lo acompaña, fama de independiente y libre, también de cierta chulería...
- ¿Y qué tiene de malo eso?
- ...fama de hombre herido...
- Herido no... ¿por qué? Bueno, acaba la pregunta...

- ...de estar en un continuo ajuste de cuentas con el mundo.
- Es que a mí el mundo que he visto no me gusta. Sí, es verdad, estoy herido por el mundo. Mi vida ha sido una sucesión de haitís... Y de Haití es tan culpable el azar como la estupidez de los hombres... y en mi vida, en mis artículos y en mis libros intento ajustar cuentas con el uno y con el otro. Porque a mí me han hecho los libros que he leído y las cosas que he visto. Y los libros me han servido para digerir e interpretar las cosas que he visto. Sin los libros no habría podido sobrevivir personalmente a muchas de esas tragedias que he visto, a Sarajevo del 92, al Beirut del 76, a Eritrea del 77. Esa colección de fotos, de fantasmas, de haitís que tengo en la memoria, sin esos libros como analgésico, como clave, me habría sublevado, estaría disparando contra la gente. Los libros me han dado cordura. Me han hecho digerir lo indigerible. Sin todos esos libros, estaría perturbado seriamente, sería una persona muy desagradable.

Todo Titanic tiene su iceberg
-Las cosas parece que han cambiado poco desde su Territorio Comanche de hace 20 años.
-El hombre moderno se niega a aceptar las reglas: el mundo es un lugar peligroso, hostil, todo Titanic tiene su iceberg, y nos negamos a verlo. La gente se deja timar por las agencias de viaje que hablan de lugares paradisíacos, pero el mundo es un sitio muy jodido. Es que los barcos se hunden, y los virus te infectan, y las balas te matan... es asombroso que la gente se niegue a aceptar que el mundo es un lugar así, pero los viejos lo sabían y nosotros lo hemos olvidado. Mira el cuadro de Brueghel el Viejo del Prado: esos viejos lo sabían, y con nuestra estupidez lo olvidamos todo y pagamos el precio de ese olvido. Y oímos: “¡Que me saquen de aquí!... ¡Que el gobierno intervenga!...” Pero, gilipollas, ¿por qué te has metido?

“El mundo es un sitio muy duro, sí”, remata el escritor, y continúa: “Pero, escúchame una cosa: cualquier médico de urgencias de un hospital, cualquier penalista que se pasea por la cárcel, cualquier chica que trabaje con marginados conocen la dureza del mundo. No hace falta ir a la guerra... Esto que tenemos aquí, en Occidente, es la excepción, el mundo real es aquello. Y ya no estamos preparados para defendernos frente al mundo."

Un trabajo, no un don divino
-Hace tiempo le oí decir que nunca pertenecería al mundo hipócrita, falso, lleno de envidias que es el mundo literario. “Prefiero -recuerdo que decía- estar fuera de todo esto y estoy muy feliz de no deber nada a nadie, en el terreno literario”.
- Ya ves que he sido coherente, que han pasado los años y he seguido mi camino. No debo nada, no, pero por eso no me creo mejor que nadie. Simplemente, no pertenezco a ese mundo; no voy a veladas literarias, ni a Hay festivales, ni a la Feria del libro (aunque a lo mejor este año voy). Me mantengo fuera. ¿Por qué? Porque no lo necesito. No veo que haya relación entre dar un ciclo de conferencias sobre la literatura del próximo milenio y escribir novelas. Y yo escribo novelas. Y trabajo todos los días y lo mejor que puedo. Esto es un trabajo, no un don divino. No soy un artista. Tengo una obligación moral conmigo mismo y con la gente que me lee. Tengo que concentrarme en eso y no ir por ahí teorizando sobre literatura, que me importa un carajo.

- Si, pero ahora es usted académico.
-Ya, pero eso no lo pedí. ¿Quién iba a rechazar ese honor? Estoy encantado, además. Estar entre gente sabia es un privilegio. Dice Javier Marías que la Academia es lo más parecido a un club inglés que ha visto en su vida. Pero no, no es un club, es algo abierto al mundo, a América; es un lugar de trabajo interesantísimo. Formar parte de ese grupo es un honor inmenso.

- ¿Lee los libros de otros colegas, o sólo libros de Historia?
-(Silencio largo, largo) Es evidente que algunos leo. Leo los libros de mis amigos. Leo poco, pero poco por dos razones: primero, porque tengo 58 años y me queda un tiempo limitado. Y prefiero leer historia, o clásicos griegos y latinos, que es lo que me gusta. Ya no leo prácticamente novela, pero releer a Montaigne, a Virgilio, a Suetonio, a Plutarco... eso sí me alimenta, me es útil. Yo voy cambiando, así que siempre me resulta una lectura diferente.

En el making-of de la entrevista se han quedado algunas curiosidades del escritor. Ahí van éstas: “Desde hace 25 años veo dos películas diarias en mi casa”... “De esta novela no sale una película, es demasiado compleja”... “Antes de tener éxito con mis libros, yo era igual de chulo”... “Sé que hay gente que mataría por mí y otra que no me soporta”... “No creas, yo también tengo mis ternuras”...

Y alguna perla más.


Blanca Berasategui, El Cultural, El Mundo

jueves, 25 de febrero de 2010

La pesada fábula, por Albert Boadella


Breve tertulia con Francisco Caja en Madrid antes de participar en el acto de entrega de premios de la Fundación Denaes. Para que quede bien claro, Denaes significa defensa de la nación española, o sea, en lenguaje de hoy, un grupo de “fachas” incluidos nosotros.
Francisco Caja es un hombre apestado en Cataluña por su tenaz defensa del sentido común, en este caso, la infamia no es otra que el bilingüismo. Le ha tocado vivir así varias décadas y lo compadezco sinceramente, conozco el percal y mi paciencia se ha mostrado mucho menos resistente que su irreductible civismo. Ante mis augurios de secesión inmediata, el bueno de Caja, sostiene que no se llegará a dar el paso definitivo porque la posición actual de los nacionalistas es mucho mejor que cualquier forma de independencia. Lo tienen todo sin riesgo alguno y con la oportunidad constante de endosar las responsabilidades al enemigo común. Queda demostrado que el viejo cuento sigue funcionando perfectamente entre el populacho. Con esta formula, queda siempre un resquicio para mantener el anhelo inalcanzable y así se puede seguir alimentando la impunidad y la voracidad de los dirigentes por los siglos de los siglos.
Se trata de una posición de auténtico privilegio de la que no encontraríamos hoy en toda Europa un solo ejemplo regional gozando de semejante chollo. El 80% del mercado catalán es España y lógicamente, no es cuestión de correr ningún riesgo en este sentido. Coincido con Caja en esta visión aterradora del asunto y por ello sigo empeñado en crear aquella asociación de la que ya les informé en su día: “Que paguen y se larguen de una puta vez” El tema es de una pesadez cósmica y muy contaminador, si no fuera así, seguiría hablando de arte.
El ímpetu de la fantasía posee una fuerza tal que borra instantáneamente toda realidad objetiva. El delirio imaginativo ha fomentado precisamente la potencia de las religiones. Ante ellas no hay realidad científica que valga. Ante los nacionalistas tampoco. De nada sirve la historia, la realidad de una España distinta, de una Cataluña que jamás fue independiente, de un mestizaje total en los apellidos, de la inexistencia diferencial con los vecinos... Poco importa, porque el mito domina siempre y como más sensato es el razonamiento opositor, más fortalece el bunker fabulador.
¡Son inasequibles al desaliento, al documento y al argumento!



Blog de Boadella

La guerra civil como generadara de mitos, por Pío Moa


En Los mitos de la guerra civil y otros libros he analizado varias de las muchas leyendas infundadas con que la izquierda y los separatistas han construido su versión de la guerra civil.
¿Por qué han tenido tanto éxito esas mitificaciones propagandísticas? Ante todo porque corroboran otro mito más fundamental, generador de todos los demás: que la guerra civil consistió en la lucha entre la democracia y el fascismo, entre el progreso y la reacción, entre la libertad y el oscurantismo. De ahí que los crímenes del Frente Popular tiendan a disculparse o minimizarse como simples excesos ocasionales, mientras que al bando contrario pueden achacársele sin remordimiento todos los crímenes, reales o inventados. Ello tiene como efecto actual la justificación de las tropelías contra la democracia surgida de la transición –es decir, del franquismo–. Y sin embargo es ese mito generador el más endeble de todos.

El bando supuestamente demócrata se componía de comunistas, anarquistas, socialistas, republicanos de izquierda, nacionalistas catalanes y separatistas vascos. ¿Podemos creerlos defensores de la libertad, etcétera? Pocos sostendrán hoy en serio que el anarquismo o el stalinismo fueran demócratas, pero mucha gente tiene la errónea impresión de que los socialistas y los republicanos de izquierda sí lo eran. En cuanto a los republicanos, advirtamos de entrada que apenas tuvieron peso en el Frente Popular de la guerra: eran partidos pequeños, mal organizados, intrigantes y mal avenidos entre sí, y, como indicó su líder principal, Azaña, la mayoría de sus jefes salió del país en cuanto empezaron los tiros. Por todo ello, no podían dar carácter al Frente Popular. Pero además nunca fueron demócratas ni admitían alternancia en el poder. Una clave de la guerra civil fue que esos republicanos rechazaron la victoria electoral de la derecha moderada en 1933, respondieron a ella con intentos golpistas y terminaron aliados con las izquierdas más extremistas y violentas, y supeditados a ellas.

Mucho peor fue el caso del PSOE. Este partido había colaborado con la dictadura de Primo de Rivera, y por eso había llegado a la república como el partido más numeroso, disciplinado y mejor organizado de la izquierda. Su política desde 1933 era prácticamente bolchevique, y su jefe, Largo Caballero, recibió el mote elogioso de el Lenin Español. Largo y otros líderes, en especial Prieto, marginaron a los socialistas moderados de Besteiro y organizaron la insurrección armada, concibiéndola como guerra civil, para imponer su propia dictadura. Lo intentaron en octubre de 1934, causando 1.400 muertos, y fueron derrotados. No por ello cambiaron de actitud, y en 1936 volvieron a crear un proceso revolucionario. El PSOE fue el núcleo decisivo de las izquierdas españolas hasta que los comunistas lo desplazaron, en el curso de la guerra. Era un partido marxista, no democrático, y el principal causante del hundimiento de la república y de la democracia en España.

Manuel Azaña.Quedan como posibles demócratas los nacionalistas catalanes y los separatistas vascos. De los primeros puede decirse lo mismo que de los socialistas: se declararon en pie de guerra contra el gobierno legítimo salido de las elecciones de 1933, y utilizaron fraudulentamente el estatuto autonómico para organizar la rebelión. En octubre de 1934 participaron en el asalto a la legalidad republicana junto con el PSOE, los comunistas y parte de los anarquistas. En 1936 volvieron al poder e impusieron lo que su dirigente Companys llamaba "democracia expeditiva", que Azaña tradujo como "despotismo demagógico".

Los nacionalistas vascos se inspiraban en un racismo obsesivo, según el cual la raza superior de los vascos estaba oprimida por la inferior española. Consideraban católicos, casi por raza, a los vascos, y acusaban a los demás españoles de no haberlo sido jamás. Los vascos, como los catalanes, se habían sentido tradicionalmente españoles, y por ello los secesionistas habían desplegado una enorme propaganda para convencerlos de lo contrario, sin haberlo logrado con la mayoría. El PNV obtenía un tercio de los votos emitidos en las tres provincias vascongadas, menos aún en relación con el cuerpo electoral. Y muchos lo votaban no por sus doctrinas, sino por ser el partido que mejor había defendido allí a los católicos contra los ataques izquierdistas. Los nacionalistas, vascos o catalanes, aspiraban a usar los estatutos de autonomía para imponerse radicalmente sobre la masa de población ajena a sus ideas.

Además de poco o nada democráticos, estos partidos unidos durante la guerra eran inconciliables entre sí, y ni la presión del enemigo común bastó a impedir los continuos sabotajes entre ellos. Hubo intensos odios entre comunistas, anarquistas y socialistas, mientras los nacionalistas vascos y catalanes intrigaban lo mismo en Roma y Berlín que en Londres y París, para traicionar a sus aliados. Estas querellas producirían detenciones ilegales, torturas o asesinatos, y culminarían en dos pequeñas guerras civiles entre las izquierdas, la de mayo de 1937 en Barcelona y la de marzo de 1939 en Madrid, con la que terminó, de modo plenamente revelador, la guerra civil española.

Stalin.Para apreciar el carácter de las izquierdas debemos atender a otro rasgo crucial de ellas: su sumisión a Stalin, el gran defensor de la democracia española, si hubiéramos de creer a la propaganda. Quienes equiparan las intervenciones de Hitler y Mussolini con la de Stalin cometen un grueso error de perspectiva, en dos sentidos. Por una parte, el fascismo de Mussolini había sido poco sanguinario, y Hitler no se había revelado todavía como el genocida de la guerra mundial, mientras que nadie podía poner en duda la crueldad exterminadora de Stalin, cuyas víctimas sumaban ya millones.

Por otra parte, Hitler y Mussolini jamás dominaron a Franco ni mermaron la soberanía española, mientras que Stalin fue el auténtico jefe del Frente Popular español. La independencia de Franco quedó de relieve en la crisis de Munich de septiembre de 1938, cuando declaró su intención de permanecer neutral si estallaba la guerra entre las democracias y los fascismos, lo que causó indignación en Roma y en Berlín. Por el contrario, la autoridad de Stalin sobre el Frente Popular se aprecia en hechos como que los jefes izquierdistas españoles, por poderosos que parecieran, fueron barridos en cuanto obstaculizaron las directrices emanadas del Kremlin: así Largo Caballero, llamado hasta hacía poco el Lenin español, los anarquistas, los nacionalistas catalanes y luego Prieto. Sólo siguió en el poder el socialista Negrín, ligado indisolublemente a Stalin por el envío de las reservas de oro españolas a Moscú. Un envío que puso el destino del Frente Popular en manos de los soviéticos, convertidos en amos de los suministros para la España izquierdista. La política del Kremlin se ejercía sobre todo por medio del PCE, un partido directamente agente de Stalin y orgulloso de serlo.

Estas razones destruyen, en mi opinión, las pretensiones de que las izquierdas defendían la democracia. Pretensiones realmente grotescas cuando examinamos de cerca los sucesos. Pero debe reconocerse que la persistencia de esta falsedad durante decenios, su entronización en libros de historia y discursos políticos en medio mundo, constituye uno de los logros propagandísticos más notables del siglo XX. El mérito, si así lo queremos llamar, de ese logro debe acreditarse sobre todo a los comunistas, precisamente la fuerza más antidemocrática de ese siglo.

Realmente, la democracia no fue un valor en juego en aquella guerra, pues las convulsiones republicanas habían hecho perder la fe en ella a casi todo el mundo. Los nacionales tampoco lucharon por la democracia, sino por la idea más básica de la unidad de España y la religión frente a los exterminadores de esta. Fue una contienda entre la tendencia autoritaria y unitaria de los nacionales, y la totalitaria y disgregadora de los que entonces se llamaban a sí mismos "rojos" o –con plena falsedad– "republicanos".


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martes, 23 de febrero de 2010

Pitada al Himno. Las camadas del odio, por Cristina Losada

Los hooligans no aspiran a quince minutos de fama, sólo a segundos basurientos. En la Copa del Rey de baloncesto, los chicos de la pitada, primos de los de la gasolina, hicieron alarde de un gamberrismo que se pretende adornar con perendengues políticos. Aunque lo suyo es pura esquizofrenia. Acuden como borregos a una final deportiva española, y, al tiempo, van a ciscarse en España. Atrapados en el callejón, resuelven con grosería el trance. Así, ya pueden volver a sus tabernas como hombrecitos y jactarse de haber gritado más que nadie. Y eso, porque faltaba el senador Anasagasti, que se sueña un Manolo el del Bombo con una trompeta de 2.000 megavatios. Fantasías de la senectud, compréndanse.

La parte incomprensible no es, desde luego, la existencia de los montaraces. Raro sería que no hubiera anti-españoles en las Vascongadas tras varias décadas de cuidadosa y sistemática crianza de esa incivil ganadería. Cualquiera que se asome a los libros de texto que manejan allí los escolares, entiende que les resulten ajenos, despreciables y odiosos España y la Constitución, el Estatuto de Autonomía y el idioma español. En la reciente obra de Pedro Antonio Heras, La España raptada. La formación del espíritu nacionalista, se puede medir el grado de adoctrinamiento y manipulación emocional alcanzado en la enseñanza. Un proceso que ha contado siempre con la aquiescencia, por desistimiento, de los gobiernos de Su Majestad.

En Baracaldo, como antes en Mestalla, el Rey recibía los frutos de la pedagogía del odio como máximo representante de España. Pero los dos grandes partidos han preferido mirar para otro lado. Pajín y Corbacho sostienen que el abucheo iba dirigido contra el monarca, como si los exaltados fueran una banda de republicanos. Patxi López se refugia en un "no me muevo por himnos" para pedir respeto a las personas, tan elementales, que sienten afecto por esas antiguallas. Oiga, la próxima vez ponga algo de Pink Floyd, a ver si hay más suerte. Y desde el PP, Cospedal asegura que "el clima político" ha cambiado en el País Vasco, pues la pitada contra España es lo propio de un clima de convivencia agradable. El caso es huir de la evidencia y escapar de responsabilidades. En suma, lo que se ha venido haciendo hasta ahora.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

lunes, 22 de febrero de 2010

El PP y el PSOE han hecho un pacto de hierro para quedarse con el Estado

Discurso de Rosa Díez en el Pleno del día 17 de febrero de 2010


No voy a entretenerme demasiado en analizar su discurso. Una vez más, ha diseñado usted un universo paralelo, ése en el que las cosas ocurren según sus deseos y en el que usted vive completamente ajeno a la cruda realidad. Además, estamos acostumbrados a que haga propuestas con la mano derecha y las retire inmediatamente con la mano izquierda. O viceversa. No le dedicaré pues más tiempo.


Los datos que en esta mañana se han puesto sobre la mesa acreditan la magnitud del drama económico y social que vive nuestro país, en el que no insistiré. Pero les voy a dar otra mala noticia: la crisis que vive España no es sólo económica y social, tiene también un componente institucional, es una crisis política. ¿Cómo separar la crisis política e institucional del coste de un estado autonómico mal diseñado y de las ineficiencias de todo tipo que genera: falta de políticas comunes, descoordinación, duplicidades, solapamientos, ruptura del mercado interno, costes administrativos injustificados, deficitarias televisiones autonómicas, menor movilidad de las personas por las políticas lingüísticas…? ¿Puede un Gobierno que ha promovido activamente este despropósito liderar las fórmulas para corregirlo? ¿Puede hacerlo el principal partido de la oposición, coautor de esta situación y responsable en muchas de las instituciones que protagonizan el desmán?


Hoy se ha hablado mucho de Pactos. Pero en España ya existe un gran pacto entre los dos grandes partidos políticos llamados nacionales: un pacto para que no cambie nada. Se lo cuento:


·         El PSOE y el PP han pactado una financiación autonómica que es una nueva vía de agua para España, pero que le garantiza a cada uno mantener su poder territorial.
·         El PSOE y el PP han pactado no despolitizar ni profesionalizar los órganos de dirección de las Cajas de Ahorros, próximo gran quebradero de cabeza de nuestro sistema financiero, pero que garantiza a ambos su cuota de poder y su capacidad de veto.
·         El PSOE y el PP se niegan a revisar los muros competenciales que impiden una verdadera reforma del modelo educativo: mientras haya diecisiete leyes educativas cualquier acuerdo será un mero placebo.
·         Ni el PSOE ni el PP están dispuestos a revisar la ley electoral, una ley injusta que pervierte el sistema y garantiza a ambos la alternancia en el poder.
·         Ni el PSOE ni el PP están dispuestos a abordar las profundas reformas legales necesarias para que la justicia sea eficaz e independiente. Ambos se sienten a gusto con un sistema que les permite designar magistrados afines y tratar de “manejar” alternativamente los órganos de Gobierno de los Jueces y/o los Altos Tribunales.
·         Qué decir de la demostrada incapacidad para adoptar una política energética común. Obsérvese el espectáculo que estamos viviendo con los llamados cementerios nucleares y llegarán a la misma conclusión que yo: sálvese quien pueda.


Presidente, señorías: en España ya existe un pacto entre el PSOE y el PP. Como dije antes, no es un pacto de Estado; es un pacto de hierro, un pacto de intereses que debilita al Estado. Un pacto para no acometer ninguna de las grandes reformas que nuestro país necesita y que explican la gravedad de la crisis.


Lo que España necesita es que rompan ustedes ese pacto para mantener su hegemonía alternativa y territorial. Lo que España necesita es que el Gobierno de la Nación recupere instrumentos para intervenir eficazmente en las políticas que garanticen la cohesión, la igualdad, la competitividad, la justicia, la unidad de mercado, la educación, la competitividad del país.


No quiero engañarme ni engañar a nadie. Ustedes, principalmente usted, Sr. Presidente, no pueden liderar las grandes reformas que España necesita. No pueden hacerlo porque no creen en ellas; y porque su supervivencia depende de que nada cambie, aunque el país se nos vaya por la fregadera.


Presidente, hace un año, exactamente el 10 de febrero del año pasado y en un Pleno similar a este, le pedí que convocara un pacto o convocara elecciones. Yo entonces aún creía que era posible un diagnóstico común que nos permitiera llegar a un acuerdo para enfrentarnos en mejores condiciones a la crisis y a sus repercusiones. Desde entonces, han ocurrido muchas cosas; todas malas. Han puesto en marcha un sistema de financiación autonómica que es una locura: 11.000 millones para cumplir con el Gobierno de Cataluña y tapar la boca al resto; han anunciado y desmentido reformas; han aprobado unos presupuestos que ha tenido que revisar veinte días más tarde; hemos llegado a un déficit del 11,4 del PIB; han seguido defendiendo la politización de las Cajas de Ahorro; no han atendido a los imprescindibles ajustes del gasto público salvo con titulares desmentidos por la realidad (este año, menos del 9% de la reducción comprometida ante Bruselas para tres ejercicios…)


Presidente, hemos perdido un año. Y ha quedado demostrado que ustedes son incapaces de abordar y liderar el pacto que España necesita. Presidente, los ciudadanos tenemos derecho a un gobierno que lidere, que se anticipe a los problemas, que los aborde con rigor, que se comprometa, que deje de echar la culpa a los demás por los males que nos aquejan. Si no es usted capaz de hacer más de lo que ha hecho, deje a los españoles que decidan. Tome en cuenta lo que le digo: convoque elecciones.

Mauritania. El rescate, por José García Domínguez en LD

De ser cierto lo que gritaba la portada dominical de El Mundo, repatriar –con perdón– a los alterturistas apresados en territorio de guerra bajo control de Al Qaeda costará al erario del Estado español el equivalente a cinco lanzas indígenas, como ésa que adorna el comedor del domicilio particular de Carod en Tarragona. Por cierto, ¿bajo qué discretas faldas debe andar escondido el gallardo canciller de Liliput estos días? Y sus decenas de flamantes embajadores esparcidos a lo largo y ancho del universo mundo, ¿qué se fizieron? ¿Qué fue de tanto galán? ¿Qué de tanta invención como truxieron? ¿O acaso, honorable vicepresident, sólo somos una nación cuando de pasar al cobro por caja se trata?
Cinco millones de dólares, decía, que la hacienda del Reino de España habrá de hurtar a otros usos perentorios con tal de nacionalizar la muy alegre irresponsabilidad privada de unos veraneantes ociosos. Recuérdese al respecto que la Secretaría de Estado norteamericana advirtió por activa, pasiva y perifrástica del riesgo extremo que implica acercarse a esa zona. Nada, como si oyeran llover. Al cabo, ¿quiénes se creerán que son los yanquis para dar lecciones a unos progres de Barcelona capitaneados por la legítima de Jordi Hereu?
Por lo demás, y en otro orden de necedades, poco se ha reparado en el efecto llamada que comporta una cadena de atracos impunes –piénsese en el parné aún fresco del Alakrana– como ésa que comienza a ser rutina nacional. Es sabido, la humana tontería no conoce límites. Pero sí, por el contrario, las cuentas bancarias de los –y las– afectados. De ahí que a nadie se debería impedir que, si así le place, practique el triple mortal con tirabuzón. Igual que nadie debiera esperar del prójimo que, en tal caso, le costeara la red.
Adelántese, pues, ese dinero del rescate, el que servirá para financiar nuevos crímenes del terrorismo islámico. Pero, sin solución de continuidad, exíjanse garantías patrimoniales a los beneficiarios con tal de que sea retornado al Estado hasta el último céntimo empeñado en la maldita broma. O, en su defecto, que el Kissinger de Perpiñán corra con la responsabilidad civil subsidiaria de todas esas hazañas del Coronel Tapioca que patrocina la negligencia dominguera de sus oenegés. Qué menos.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

domingo, 21 de febrero de 2010

Por qué me preocupa más España que Grecia, Wolfgang Münchau

Tras una década de una ambigüedad no siempre constructiva, la Unión Europea tiene ahora una norma para los rescates económicos: la ayuda se concederá a cualquier país que cumpla posteriormente un brutal programa de ajuste, impuesto por la Unión Europea. Sospecho que Grecia lo cumplirá, pero ¿qué pasaría si un país no lo hiciera? Casi seguro que Grecia no será ese país, pero España podría serlo.

El estallido de la burbuja española tiene un impacto de magnitud parecida a la reunificación alemana
No es concebible que Alemania y Francia juntas pueden rescatar a España. Es demasiado grande
El problema de España no es el derroche fiscal. Su coeficiente deuda/PIB todavía es inferior al 50%, pero va a aumentar rápidamente, ya que el país sigue enfangado en una trampa del crecimiento para la cual no veo una salida realista. España nunca debería haber adoptado el euro tan pronto. La entrada en el euro causó una enorme expansión del crédito y de la vivienda en una economía por lo demás débil, que ninguna regulación financiera podría haber contrarrestado.
El estallido de la burbuja española tiene un impacto de una magnitud cuando menos parecida a la reunificación alemana, probablemente peor, porque se produce en un clima económico mundial diferente. España podría pasarse a un modelo supeditado a las exportaciones, pero los demás están haciendo lo mismo, de modo que el alcance queda muy reducido. En cualquier caso, dicha estrategia requeriría una reforma significativa del mercado laboral y la disminución de la flexibilidad salarial, algo que el Gobierno español no contempla por razones políticas. Se perfila una década o más de deflación, es decir, deflación con respecto a Alemania, que también se encuentra bastante próxima a la deflación. Es muy posible que la trayectoria de la economía española se asemeje a la de Japón después del monumental estallido de su burbuja inmobiliaria a principios de los años noventa. Japón acabó teniendo dos décadas de ligera deflación, con unos índices de crecimiento muy bajos y un índice de deuda en relación con el PIB cercano al 200%. Al igual que España, Japón solía ser fiscalmente prudente.

Ahora ¿qué pasaría si nuestra nueva norma para los rescates se enfrenta a una crisis española, digamos que en cinco años? La UE exigiría, por instinto, un mayor esfuerzo de consolidación. Le pediría al Gobierno español que aumentara los impuestos y recortara los salarios. Exigiría un aumento de la edad de jubilación y una liberalización total del mercado laboral.
Apostaría que quienquiera que sea entonces el presidente del Gobierno español respondería con un signo grosero del dedo, se marcharía de la reunión, volvería a casa y declararía con orgullo que España no aceptará una pérdida de soberanía tan extrema. Mejor morir que estar sometido a un régimen extranjero hostil. Al día siguiente declararía una moratoria de la deuda del país. Y después, ¿qué?
Puede que Alemania se muestre reacia a rescatar a Grecia por toda clase de razones, pero Alemania lo hará. Pero no es concebible que Alemania pueda rescatar a España. Alemania y Francia juntas no pueden rescatar a España. España es demasiado grande. Y se da por seguro que España no será ni mucho menos tan obediente como Grecia. En cada supuesto siempre existe la posibilidad de que ocurra un accidente. Ahora la hay en el caso de Grecia. Pero si alguna vez España tiene problemas, me cuesta imaginar cómo se podrá evitar un accidente. Es más, es muy posible que España tenga problemas.

Ésta es la razón por la cual la Unión Europea y la zona euro en particular necesitan estar preparadas. La nueva norma para los rescates está muy bien por ahora, bien para Grecia, pero no resistirá una crisis de más envergadura. No deberíamos repetir el error del pacto de estabilidad, que fue revisado en 2005 para fracasar nuevamente en 2009. Si nuestra norma para los rescates fracasa, la supervivencia de la propia zona euro estará en peligro.
Wolfgan Münchau es director asociado de Financial Times y presidente de Eurointelligence ASBL. Traducción de News Clips.

EL PAIS

Véase Mariano Digital: España sigue preocupando mucho más que Grecia y Portugal

sábado, 20 de febrero de 2010

Titiriteros neochekistas, por Pío Moa

Los titiriteros que se reparten los goyas tienen el rasgo común de ser pro etarras, pro castristas, pro Zapo, muy comprensivos con los islámicos, e importarles un bledo su propio país, salvo para ordeñar su erario y explotar la publicidad gratuita que les brinda a varios de ellos el gobierno colaborador de la ETA y pro chekista, como ellos mismos. Pues por propios méritos, se arruinarían. No es que todos los directores y actores sean así, pero estos son los que dan la nota,  como la dan del conjunto de la cultura española actual, un auténtico páramo, este sí. Tiene gracia el trozo de vídeo en que sale el grotesco niñato de la Moncloa soltando sus necios topicachos, y dos titiriteros riéndose a sus espaldas. Es que son así, la pura farsa.

¿Cómo se ha llegado a esto? La historia es larga: a finales de los años 60, el PCE tenía en la Complutense algo más de cien militantes, que no se presentaban como PCE sino como “Junta de Estudiantes”, heredera del fallido “Sindicato Democrático de Estudiantes”, siempre tan demócratas los stalinistas. Había algunos centros, como la Escuela de Cine, la Escuela Oficial de Periodismo, Bellas Artes y alguna más, en la que solo había un militante o a lo sumo dos,  y con ellos se formó una célula  de “centros asimilados”, no recuerdo por qué se llamaba así. La Escuela de Cine venía siendo económicamente mimada por el régimen, o más bien por Fraga, que salió del gobierno en la crisis del 69, y creo recordar que, al igual que Periodismo, solo tenía un miembro del partido. ¡Pero hay que ver lo que hacía, a veces, un solo miembro del partido! En la Escuela de Cine se iba creando, con ayuda de los circulillos de “tontos útiles” de siempre, los “progres”, como les llamábamos algo despectivamente, un ambiente de lo más “progresista”, y del mismo modo en Periodismo organicé la primera huelga (era director Emilio Romero, y subdirector Luis María Ansón), a raíz de la cual nuestra propaganda entró masivamente en la escuela por medio de murales, libros, octavillas  y diversa  actividad de prácticas, orientada por nosotros. No es que aquella propaganda convenciese a la mayoría de los alumnos, y algunos se indignaban, pero eran incapaces de contrarrestarla, y sus argumentos solían ser lo bastante toscos como para que los ridiculizáramos inmediatamente, de modo que apenas se atrevían a dar la cara. Algo de eso lo he tratado en De un tiempo y de un país.

    Ya he dicho en otra ocasión que la actividad que más beneficios rindió a los stalinistas del PCE, tras la derrota del maquis, fue la llevada a cabo entre intelectuales y universitarios. Un ingenuo podría pensar que esos medios, por su superior nivel intelectual, serían refractarios a una propaganda cuyo carácter totalitario bajo sus pretensiones “democráticas” debiera ser fácil de descubrir,  pero ocurría lo contrario. Y ocurría así por lo que ya he dicho: porque nosotros éramos mucho más aguerridos, activos y organizados, y nuestros razonamientos aparentemente mucho más sólidos; además explotábamos a fondo las muy esporádicas violencias de los “fachas” para tildarlos de “violentos” “antidemócratas”, etc. Mientras, por ejemplo, apoyábamos a la ETA, que se fue haciendo muy popular, incluso en la prensa corriente. Frente a nuestra propaganda, los otros simplemente se “achantaban”, y el ambiente general que deseábamos iba expandiéndose.

    De todo aquello vino lo que ahora hay, aunque no fuera el PCE, sino el PSOE, que entonces prácticamente no existía en la universidad, quien terminara recogiendo los frutos. Un poco como cuando Prieto le birló el tesoro del Vita al muy procomunista Negrín. Porque el choriceo ha sido siempre la gran especialidad del PSOE, y lo de los goyas es solo una más de sus muchas manifestaciones.

Blog de Pío Moa

jueves, 18 de febrero de 2010

Recuperación del Estado, empeoramiento para los ciudadanos

11/02/2010 - Jorge Valín - Libertad Digital

Recuperación del Estado, no del ciudadano

Bancos centrales y gobiernos de todo el mundo tienen un gran grito de guerra: primar la recuperación económica por encima de todo. Esta obsesión ha llevado a actos contradictorios y de total irresponsabilidad por parte de los políticos.
"El Gobierno no es razón, tampoco es elocuencia, es fuerza. Opera como el fuego; es un sirviente peligroso y un amo temible; en ningún momento se debe permitir que manos irresponsables lo controlen". George Washington
Hemos oído al director del FMI, Strauss-Kahn (un tipo que cobra casi medio millón de dólares al año), decir que la solución para España es bajar los sueldos (como si fuera el único problema del país). El Gobierno quiere subir la edad de jubilación a los 67 años. A propósito, esta decisión unilateral deja por los suelos la teoría del contrato social entre Gobierno y ciudadano. Ni contrato ni porras, el Gobierno cambia las condiciones del "contrato" con sus ciudadanos según venga el viento. Vemos en todas partes que la solución a la crisis es la misma: más subvenciones a rentistas estatales para comprar votos, más impuestos a la clase media y más dinero a los grandes lobbies económicos. En resumen, distribuciones de renta forzosas de un sector productivo a otros parasitarios y el fortalecimiento de monopolios.
Parece ser que la crisis se arregla sangrando a la clase media, a las empresas y aumentando la caja del Gobierno. ¿Qué entienden los políticos por recuperación? Esta semana se ha rizado el rizo. La Comisión Europea ha respaldado el plan de ajuste griego. No hay nada concreto, pero la solución de la Unión –o de Alemania más concretamente– va a consistir en sacar a flote al Gobierno heleno a costa del sacrificio del resto de la Unión (alemanes especialmente) y de los ciudadanos griegos. Una de las medidas de Grecia ha sido aumentar los impuestos. La pregunta es, ¿qué tipo de recuperación económica es esa que va a dejar peor a sus ciudadanos? La preocupación de Alemania ahora mismo son las finanzas públicas. Lo que quiere solucionar Alemania no es la mala situación de los ciudadanos griegos, sino las cuentas del Estado. La excusa es que éstas pueden afectar al resto de la Unión. Los políticos tratan la situación como si el rescate y sus consecuencias fueran gratuitas.
La errática evolución de los acontecimientos están dejando al mercado temblando. El martes de esta semana el euro subía por las noticias del rescate a Grecia. Al día siguiente la moneda se hundía al saber que no habría ayudas directas para el país. José Blanco atacaba el otro día a los especuladores, pero es que el mayor especulador ahora mismo son los gobiernos con sus cábalas y declaraciones para ver el comportamiento de la prensa y el mercado.
La grandeza de un país no la da el crecimiento de su PIB, ni las cuentas estatales, sino la capacidad de prosperar que tengan sus ciudadanos por ellos mismos. Se trata de obtener una recuperación económica del ciudadano, no del Gobierno. Si ambas entran en conflicto, prima la gente. El Gobierno es el sirviente del ciudadano y no al revés. El modelo de Gobierno omnipotente ha fallado en todo el mundo. Sus políticas monetarias expansivas y su intrusismo en la economía dirigiendo la economía a sectores estratégicos han provocado una fuerte crisis. Cuando los políticos han de enmendar el problema, son incapaces de encontrar ninguna solución y claman más poder.
Al final, todo van a ser cataplasmas para salvar la situación dejando una enorme cantidad de dinero por el camino. La recuperación económica que se está siguiendo en Europa y Estados Unidos no es más que una ilusión contable en los libros del Estado que están llevando al ciudadano a la miseria. Europa está destruyendo la libertad, iniciativa y capital que antes tenía por una confusa idea de un mundo mejor, un Estado grandioso que lo controla y vigila todo para su propio bien.
Los actos irresponsables han de tener consecuencias para que se produzcan los ajustes necesarios y así se aprenda de los errores. Si la negligencia acaba teniendo premio, lo único que podemos esperar es que la situación se repita una y otra vez.

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana.

Estamos condenados, por Emilio J. González


La tregua que han concedido los mercados al Gobierno de ZP va a durar menos que la alegría en casa de un pobre. No me cabe la menor duda después de haber seguido la intervención del presidente del Gobierno en el debate sobre la economía celebrado en el Congreso de los Diputados, porque Zapatero sigue sin querer comprender qué es lo que pasa y qué es lo que tiene qué hacer.
Lo único que ha entendido es que no puede volver a tratar de envolverse en la bandera del victimismo utilizando de nuevo el argumento de la conspiración de los mercados contra el gran líder internacional que quiere reformarlos porque, además de que eso ya no se lo cree nadie excepto él y sus corifeos, ya sabe los calificativos que le dedicaría la prensa internacional, que no son precisamente buenos. El resto de la lección, por desgracia, sigue sin querer aprenderlo.

Zapatero insiste en que el susto que le dieron los mercados a España recientemente se debía a que los inversores no entendían ni patata acerca de la magnífica situación de nuestra economía, nuestras cuentas públicas y nuestro sistema financiero. Pero como ya ha habido dos miembros del equipo económico que se lo han explicado, ahora están tranquilos. El que no lo está tanto es ZP, porque eso de decir que no se deben hacer informes ni declaraciones sobre lo mal que está España es como cuando se empeñó en calificarnos de antipatriotas a todos aquellos que, desde el primer momento, empezamos a advertir de la que se nos venía encima.

Vamos, que sigue negando la realidad y, además, ahora con ese toque infantil de no digáis nada que pueda asustar a los mercados para que no se den cuenta de que, en el fondo, Zapatero sigue tomándoles el pelo, como nos lo toma a los españoles, y no está dispuesto a apearse del burro. Eso es lo que ha dejado muy claro en sus intervenciones cuando ha dicho que no se va a recortar el gasto ni en protección social, ni en I+D, ni en planes de estímulo, ni en ayuda a los países de ese Tercer Mundo al que el presidente del Gobierno nos está llevando a pasos acelerados. O sea, que mientras pueda va a seguir tirando de chequera para financiar sus ocurrencias y su malentendido progresismo, como si aquí no pasara nada. ¿De dónde van a salir, entonces, los 50.000 millones de recorte en los pagos del Estado? Pues ya se lo pueden imaginar, de ningún sitio.

Como ven, ZP sigue en sus trece en materia de gasto, de la misma forma que tampoco da su brazo a torcer en su esperanza de que la recuperación económica mundial nos saque de la crisis. Eso sería si estuviéramos ante la típica recesión coyuntural, pero no lo estamos. Estamos ante algo mucho más grave. Porque por mucho que se pueda recuperar la economía internacional, que no lo parece si tenemos en cuenta lo que puede pasar en cuanto desaparezcan los paquetes de gasto público para estimular la economía y salvar al sector financiero, aquí pasan cosas mucho más graves. Por ejemplo, la nueva oleada que se aproxima de morosidad del sector inmobiliario, que volverá a castigar a los bancos y cajas de ahorros y a restringir el crédito aún más si cabe. Por ejemplo, el cierre del grifo de la financiación fácil por parte del Banco Central Europeo, que empleaban las entidades crediticias españolas para comprarle al Gobierno las astronómicas cantidades de deuda pública que está emitiendo. En estas circunstancia, como falle alguno de los supuestos de partida de ZP, que es lo más probable, esto se va a venir abajo como un castillo de naipes y entonces sí que nos vamos a enterar de lo que es de verdad una crisis de dimensiones históricas, porque lo que ha ocurrido hasta ahora, con todo lo grave que es, no será más que una broma respecto a lo que está por venir.

El presidente del Gobierno también sigue a piñón fijo en lo referente a su estrategia política para afrontar la crisis. Recuerda que a finales del año pasado ya habló de reformas y de esa dichosa ley de economía sostenible, que ni está, ni servirá para nada. Pero todo es mera palabrería porque de medidas reales y concretas, nada de nada. También pone encima de la mesa la reforma de las pensiones. Por supuesto que hay que hacerla, aunque no en la línea que quiere Zapatero. Sin embargo, ese es un problema de futuro que nada tiene que ver con la crisis actual, su naturaleza y sus causas y la forma de superarla. Y, para rizar el rizo, sigue hablando de un pacto que lo único que persigue es acallar las críticas de la oposición y hacerla cómplice de sus errores.

He de confesar, ingenuo de mí, que cuando me senté frente al televisor para seguir el debate tenía la esperanza, aunque débil, de que ZP anunciara algunas de esas medidas que ha prometido a los mercados para tranquilizarlos. No sé cómo se me ocurrió tal cosa porque, conociéndolo como ya lo conocemos, lo único que cabía esperar es lo que realmente ha sido su intervención en el debate: más de lo mismo. Y en cuanto los mercados se den cuenta de ello, nos van a dar hasta en el carnet de identidad. No les quepa duda de que lo harán sin necesidad de leer ninguno de esos informes o declaraciones sobre la situación económica española que tanto criticó el presidente del Gobierno. Francamente, estamos condenados.
Libertad Digital

martes, 16 de febrero de 2010

Wall Street, bombero-pirómano en la crisis financiera de la zona euro

Hace una década, con sus conocimientos de sofisticados de productos financieros y operaciones con derivados, Wall Street -encabezado por el mega banco de inversiones estadounidense Goldman Sachs- ayudó a gobiernos europeos como Grecia e Italia a aprovechar la "contabilidad creativa" con el fin de cumplir con los criterios de convergencia y entrar en la Unión Monetaria Europa.
Ahora, -según se puede desprender de investigaciones en el New York Times y Der Spiegel- en la primera grave crisis de la zona euro, Wall Street ofrece otros instrumentos financieros para posponer el coste disparado de la deuda hasta otro dia. Los bancos saben de eso porque es precisamente la clase de producto financiero de elevada innovación que provocó la primera fase de la crisis global de capitalismo financiero, el colapso de los mercados de crédito bancario debido a la imposibilidad de medir el riesgo de productos esotéricos financieros y derivados que nadie entendía. Año y medio después, se transforma en una crisis de deuda soberana.

Desesperado por cumplir con los criterios de Maastricht al inicio de la unión monetaria, gobiernos como Italia y Grecia recurrieron a la ingeniería financiera, utilizando operaciones con derivados para reducir sus déficit.

Fue un negocio redondo para bancos de Wall Street como Goldman Sachs y JP Morgan. Goldman -por ejemplo- embolsó 300 millones de dólares en comisiones por gestionar operaciones con derivados en el mercado de divisas en 2001 que ayudaron al gobierno griego a reducir el déficit mediante la transferencia de pasivo al futuro, según informó ayer en New York Times. Estas operaciones con derivados no serán contabilizados hasta 2012 a 2017, según informó la revista alemana Der Spiegel.

La crisis actual vuelve a crear oportunidades de negocios para la banca de inversión. Según el New York Times, Goldman propuso al nuvo gobierno de Giorgios Papandreu aprovechar un innovador instrumento financiero que habría permitido a Atenas posponer el pago de la deuda del sistema de sanidad. Esta vez el gobierno de Giorgios Papandreu decidió abstenerse, según el diario neoyorquino.

Paradójicamente, las complejas innovaciones financieras que se les ofrece a Grecia, se consideran la raíz de la gran crisis financiera que ahora se manifiesta en ataques contra la deuda soberana griega. Es mas, estos ataques se realizan desde hedge funds que, en algunos casos, pertenecen a divisiones de los mismos bancos. Goldman Sachs Asset Management es uno de los hedge funds más grandes del mundo.  
No sería exagerado plantear que Goldman y otros bancos se han convertido en los bomberos pirómanos de esta crisis de deuda en al zona euro.

Grecia no era el único en recurrir a Wall Street para aprovechar técnicas de ingeniera financiera con el fin de entrar en la unión monetaria. A mediados de los, noventa el gobierno italiano contrató a JP Morgan para realizar una supuesta operación de cobertura de riesgo de divisas que, en realidad, era un creditio al tesoro italiana.

En el 2002, según fuuentes citadas por Der Spiegel, "varios bancos de inversión ofrecieron complejos productos financieros para que gobiernos pudiera posponer sus compromisos "..Según la revista alemana, era perfectamente legal utilizar derivados para sortear los criterios de Maastricht, aunque no esta claro que la factura postergada esta incorporada a las previsiones de déficit de los próximos años en Grecia.

Goldman tiene mas poder que nunca ahora en Atenas. Es un banco que tiene tanta influencia a escala mundial que se convierte en cliente imprescindible de empresas o gobiernos que se quedan sin amigos. Como advirtió Matt Taibbi en su ya famoso articulo en Rolling Stone en el que comparó Goldman con un calamar gigante chupasangres, los bancos de Wall Street nos rescatan de la crisis que ellos provocan. "Vienen cabalgando para rescatarnos, un puñado de tipos muy listos que mantienen lubricadas las ruedas (..)nos venden nuestro propio dinero solo que con intereses".

Y, con 23.000 millones de euros de deuda por financiarse en los próximo tres meses, Papandreu necesita los tentáculos globales del enorme banco de inversión para colocar las emisiones. Gary Cohn, presidente de Goldman ha visitado Atenas en dos ocasiones desde el estallido de la crisis, provocada precisamente por loso temores a que Grecia hubiese utilizado la contabilidad creativa para "maquillar" sus cuentas publicas.

 


El banco ideó una 'contabilidad creativa' para el Gobierno Karamanlis

Según el Financial Times, en un articulo titulado Goldman Sachs juega papel clave en rescate de Grecia, Goldman presentó directores de hedeg fund Paulson a miembros del gobierno griego, un caso de síndrome de Estocolmo donde los haya. El FT dice también que Goldman trató de organizar la venta de bonos griegos a China aunque Papandreu desmintió esto públicamente hace dos semanas en al cumbre de Davos.

JP Morgan, en cambio, no hace negocio en Grecia actualmente debido a su involucracion hace dos años en un escándalo de reventa de bonos públicos por medio del broker Acrópolis, bajo el anterior gobierno conservador de Kostas Karamanlis. Morgan compró bonos a su cliente, el gobierno griego y , el mismo dia los revendió a através de intermediarios- a un grupo de fondos de pensiones públicos por un precio superior, otro negocio excelente.

lunes, 15 de febrero de 2010

¿Quién tiene un plan anticrisis más creíble: Rajoy o Rosa Díez? por Roberto Centeno

“Tengo un Plan”, exclamaba hace unos días un Rajoy eufórico que ya se veía presidente, “y en 48 horas puedo presentar un gobierno”. ¿Qué Plan? En todos y cada uno de los muchos lugares donde gobierna ni está ni se le espera. En cuanto al gobierno, si todo lo que tiene son los que se están manteniendo de perfil, sin hacer oposición ni haciendo nada, mientras España se hunde en el mayor proceso de ruina de su Historia en tiempos de paz, ¡apañado va el país! 



El Plan de Rajoy

Supongo que se refiere al “Plan Anticrisis Global y Completo” del PP,  tan ampuloso en su nombre como inconcreto y demagógico en su contenido. El Plan contiene doce propuestas con las que es imposible estar en desacuerdo. Solo dos problemas: primero, se trata de principios generales, sin explicar cómo abordarlos; segundo y esto es lo más grave, el PP gobierna en varias CCAA y un sinfín de ayuntamientos, y en ni uno solo de ellos ha hecho lo que predica, en realidad es peor aún, hace justo lo contrario.

Mencionaré cinco de las propuestas. Plan de austeridad de las AAPP, ciertamente imprescindible, y entonces… ¿cómo es que sus Comunidades, empezando por Valencia, y Ayuntamientos, Madrid y Valencia, por poner dos ejemplos significativos, son los campeones nacionales de gasto y deuda en relación al PIB? Gallardón, en concreto, se ha convertido en el paradigma del gasto sin control, y es con gran diferencia el mayor despilfarrador del Reino. Resulta más incomprensible aún que, cuando en diciembre, un Zapatero enloquecido, ofreció a las CCAA 11.000 millones de euros adicionales que España no tiene, en lugar de denunciar esta tropelía, las Comunidades del PP fueran las primeras en ir a poner el cazo a Moncloa.

Reforma fiscal, proclama la eficacia de las reducciones de impuestos para la recuperación económica, pero no dice cuáles ni cuánto, y lo inaceptable, sus CCAA y Ayuntamientos están a la cabeza de las subidas de impuestos, tasas y multas. Aquí el paradigma vuelve a ser Gallardón, que tiene las mayores subidas del IBI, impuesto de basuras por partida doble, etc, y algo inédito en el mundo, ha inundado la capital de radares recaudatorios, que multiplican por tres las multas de tráfico de todo tipo.

Reestructuración del sistema financiero, demagogia al por mayor, “transparencia, seguridad, confianza” (blá, blá, blá), y luego el BdE acusa a los barones del PP de ser los que más obstaculizan esa reestructuración. Recuperación de la unidad de mercado, imprescindible, pero con su ruptura del discurso nacional: Rajoy dice una cosa en un sitio y lo contrario en otro. Ha afirmado en Cataluña, donde se concentra el núcleo del problema, que “es deseable la unidad, pero no se puede imponer”, y uno anonadado se pregunta ¿Vamos a ver, Sr Rajoy, si ni siquiera es capaz de imponer la unidad de mercado sí o sí, cómo va a ser usted presidente?

Y por último, reforma del mercado energético, imprescindible también, pero lo mismo, generalidades y contradicciones flagrantes. Defiende la opción nuclear en Madrid y la ataca en Castilla-La Mancha. Pero sobre todo, el disparatado modelo energético actual no es de Zapatero, sino que es el Plan Eléctrico y Gasista del PP el que nos ha llevado al desastre. En definitiva, si no es capaz de arreglar su casa, ¿cómo pretende arreglar España? Rajoy carece de autoridad y de carácter para sacar al país de la crisis.

Y luego, el “milagro” de Rato, “lo hicimos una vez y lo volveremos a repetir” dicen. ¿Qué milagro? ¡Basta ya de tomaduras de pelo! Primero, la situación actual no tiene nada que ver con la del 96, pero sobre todo no hubo política económica alguna que encauzase el crecimiento para garantizar un desarrollo estable. Todo fue exógeno, tipos de interés, liquidez ilimitada, entorno exterior óptimo, igual que Solbes, pero con la inmensa fortuna de que les tocó el principio del ciclo. Saneamiento de las cuentas públicas, “se pasa de un déficit del 7% al equilibrio”. ¿Y cómo? Porque habíamos entrado en la fase alcista del ciclo y la recaudación subía exponencialmente sin mediar acción alguna, más el proceso masivo de privatizaciones, decenas de miles de millones de euros a las arcas públicas sin despeinarse.

Sigue el “milagro”: gastar un 10% más de lo que producimos, y Rato, en lugar de imponer racionalidad, echa más madera; familias y empresas se endeudan alocadamente, y en ocho años la deuda se multiplica por tres, el mayor incremento de nuestra historia. Medidas para cambiar un modelo productivo insostenible, cero; medidas para frenar el caos autonómico, cero; reducción del empleo público, “de cada cuatro bajas solo se cubrirá una”, mentira: más de 500.000 nuevos funcionarios del 96 al 04; medidas para reducir el endeudamiento limitando a bancos y cajas los préstamos exteriores, cero; reformas estructurales, cero. Peor aún (y esto lo viví en primera persona), Rato transforma los monopolios públicos con precios regulados en monopolios privados con precios libres, y pone las instituciones del Estado a su servicio.  ¿Es así como piensan repetir el “milagro”?, vayan rezando lo que sepan.



El Plan de Rosa Díez


El lunes pasado, en estas mismas páginas McCoy, aclarando que “no soy sospechoso de simpatizar con Rosa Díez”, analizaba brillantemente su plan económico. Pues bien, servidor, sí simpatiza abiertamente con Rosa Díez, por varias razones pero les ofrezco dos: es el único partido que defiende ya la unidad de España, la igualdad de todos los españoles, la defensa del idioma frente a la persecución separatista,  y es el único con un plan solvente y carente de demagogia, capaz de sacarnos de la crisis. Que no les gusta Rosa porque fue socialista, o por su defensa del aborto, vale, pero si creen esencial la unidad de la Patria y si quieren salir de la crisis no tienen otra opción. Si votan PSOE o PP, serán cómplices de la partitocracia totalitaria que está arruinando el país, que acepta  que vascos y navarros paguen ocho veces menos al Estado  que el resto de ciudadanos, que aceptan que se proscriba y persiga la lengua española en un tercio de la nación, y dispuestos a cualquier cesión a los separatistas con tal de gobernar, España les importa un pimiento, y además no nos sacarán de la crisis.

El eje central de su programa es la recuperación del papel del gobierno central frente a las autonomías, más España frente al desmadre actual, y con medidas concretas, no como el PP, la Educación debe volver íntegra al Estado, y los recortes del gasto se centran esencialmente en el sistema autonómico y local, que tienen cinco veces más margen que el Estado. Régimen común para todos, el cupo de las Comunidades forales debe ser igual a lo que pagan los demás; no a la postura del PNV “recortes sí, pero ni un céntimo de lo nuestro”, no a la bilateralidad (Estatut), no al nuevo sistema de financiación, a los 11.000 millones de Zapatero, y las reducciones de gastos así conseguidas dedicadas a reducir el déficit estructural.  Ni el PSOE ni el PP están dispuestos, ni de lejos, a nada parecido. Toda su filosofía, se basa en la cesión y el despilfarro.

Despolitizar las cajas, suspender y exigir responsabilidades a los malos gestores, terminar con los vetos autonómicos, y condicionar las entregas del FROB a la cesión total de supervisión al BdE. “Si se les da dinero público tendrán que aceptar las condiciones, y no ponerlas como sucede ahora”. Esta propuesta esencial fue rechazada por el PSOE, el PP y los separatistas. Tercero, política energética, reducción de costes y de dependencia. ¿Cómo? Energía nuclear hasta que las renovables lleguen a un nivel de coste asumible, no como el PP “nuclear sí pero no en mi pueblo”. Cambio del modelo productivo, con solvencia y sin demagogia. ¿Cómo? Educación recuperada por el Estado, autoridad del profesorado, y mejora radical de la calidad de la enseñanza pública para que vuelva a ser el ascensor social que fue en el pasado; reformas estructurales en profundidad, no los camelos de Rato; reforma laboral en línea con el manifiesto de los cien, etcétera. Este es el resumen. Ustedes deciden.

(*) RobertoCenteno es Catedrático de Economía de la UPM.