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viernes, 15 de enero de 2010

Un embudo conceptual, por Santiago González



Gregorio Peces-Barba publica hoy una tribuna muy notable en El País. 'El enemigo sustancial' se titula y su primer párrafo es el que sigue:
Existen en la cultura política y jurídica moderna dos grandes modelos de convivencia civil y de organización de las sociedades. La de la dialéctica amigo-enemigo es una cultura bélica, de destrucción del adversario, con el que sólo cabe el exterminio desde el odio y desde la imposibilidad de reconciliación. Es el modelo totalitario del enemigo sustancial. La de las sociedades liberales, democráticas y sociales es una cultura de respeto a la dignidad humana, a la tolerancia, a los valores, principios y los derechos, al sufragio universal, a la Constitución y a la ley.
Yo soy el amigo, él el enemigo; nosotros nos reconciliamos, ellos odian. El profesor Peces-Barba pertenece al partido que diseñó el Pacto del Tinell para excluir del diálogo político y de la posibilidad de pacto (o lo que es lo mismo, expulsar de la convivencia democrática a un partido que representaba a diez millones de ciudadanos). Tal vez el señor Peces Barba debería recordar una frase:
"Aquí estamos los buenos y los menos buenos, sólo faltan los malos".
La pronunció él el 15 de marzo de 2005, durante la cena-homenaje que los buenos y algunos menos buenos dispensaron a ese arcángel de la política española llamado Santiago Carrillo Solares.

He tenido que leer dos veces el artículo y tengo la impresión de que Peces-Barba se mira en el enemigo (es él quien lo define como tal) como en un espejo que le devuelva su propia imagen deformada. Lean esta frase:
"Con el paso del tiempo, con su inocencia histórica y con su pérdida de memoria, no sólo se pretenden inocentes, sino que incluso reivindican para su institución el origen de los derechos humanos".
No se confundan; habla de la Iglesia Católica y de Rouco Varela: "resulta insultante para cualquier inteligencia ese descaro en la mentira y en la manipulación de la realidad histórica que les desmiente, y una vez más en nombre de Dios". Es cuestión de gustos, a los agnósticos nos parece peor que nos lo hagan en nombre del pueblo, de la democracia o de cualquiera de los valores de los que hace bandera la socialdemocracia, que lo mismo vale para un roto (papeles para todos) que para un descosido (veto al empadronamiento de los sin papeles) ambos defendidos en el plazo de cinco años por los correligionarios catalanes (PSC) del profesor Peces.

Lean la descripción de la realidad histórica de la transición en la memoria histórica de nuestro héroe del día en la parte final de la pieza:

La transición tras la muerte de Franco supuso el esfuerzo por superar esas dolorosas premisas, perpetuadas en 40 años por el dictador; la Constitución nos devolvió al modelo liberal democrático y social. El comportamiento de todos fue ejemplar, desde el Rey al último ciudadano, pasando por los franquistas recuperados para la democracia encabezados por el inolvidable Adolfo Suárez, y que actuaron con una ejemplar limpieza de miras. [Cualquier testigo desapasionado e incluso apasionado, de la transición sabe que esos comportamientos ejemplares tuvieron tres protagonistas destacados: Adolfo Suárez, por supuesto, pero quienes metieron por la vereda constitucional a sectores que no eran democráticos fueron: Fraga, a la derecha y Carrillo a la izquierda y por los demócratas, que tanto sufrieron en aquellos años negros]

Pero la sombra del amigo- enemigo, la dialéctica del odio, son una realidad difícil de erradicar, sobre todo entre los demócratas de reciente estirpe. [Nada más apropiado para superar la dialéctica del odio que volver a la terminología de cristianos viejos y conversos. "Yo te untaré mis obras con tocino/ porque no me las muerdas, Gongorilla..." le escribía Quevedo a Góngora.] Desaparecida UCD, algunos brotes reaparecieron en la Alianza Popular, después Partido Popular, para acabar con Felipe González y su último Gobierno, donde los errores reales y ficticios se sublimaron y se dramatizaron con mentalidad de enemigo a destruir. [¿Sobre todo, los ficticios? Errores pueden ser las decisiones económicas, pero no los graves delitos que se cometieron. Se mató y se robó adrede, lamento comunicárselo, señor Peces. También para mí fue un descubrimiento doloroso] Y de nuevo aparecen ahora en esta segunda legislatura del presidente Rodríguez Zapatero, con el PSOE en el poder. Están utilizando el insulto personal, el desprestigio, la injuria y la calumnia, y en esa estrategia destructiva no es ajeno el jefe Mariano Rajoy.
[Veamos algunos ejemplos prácticos:
"esta oposición es la más hipócrita y crispante de la historia" (Zapatero, 17 de marzo de 2008)
Véase cómo tratan los demócratas al adversario. El hoy secretario general del Grupo Parlamentario Socialista, Eduardo Madina escribió esto en su blog el 7 de junio de 2006.]
Es evidente que muchas personas del PP no participan de esa forma, pero es también cierto que su silencio es clamoroso. Hay que volver al poder, sea como sea, sin escrúpulos, ni respeto a las reglas del juego limpio. Hasta las víctimas del terrorismo han servido de munición arrojadiza y de eso puedo dar fe en primera persona.

Es difícil, casi imposible, con esa situación actuar desde las reglas del juego. [¿?] Creo que el Gobierno, con el que soy crítico cuando comete errores, [nunca delitos, insisto] no ha atravesado esa barrera y creo que nunca lo va a hacer. Hay que pedir al Partido Popular, que cese en ese juego poco decente y que defienda sus tesis desde el respeto al adversario, que no es enemigo sustancial. No es pedir un imposible, sólo que crean en el valor de sus ideas y que sean leales a los cauces de una democracia que aún naciente merece respeto y lealtad.

Puedes leer aquí el blog de Santiago González

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