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sábado, 30 de enero de 2010

Pues yo quiero quedarme, Maite Nolla, LD

Es una idea que empieza a generalizarse: si Cataluña quiere independizarse, pues con un lazo. El último ha sido Federico, pero antes lo fueron otros ilustres como Boadella, que incluso quería constituir una asociación para promover la independencia de Cataluña por la vía de urgencia. Yo entiendo sus motivos, pero no estoy de acuerdo: yo quiero quedarme. Y quiero quedarme porque si hemos llegado a este punto es por culpa de Madrid. Ya sé que les suena a nacionalista, pero de lo que pasa hoy en Cataluña son responsables todos los gobiernos de la democracia y los dos partidos políticos antes nacionales. Y, claro, los catalanes que no somos nacionalistas no tenemos por qué pagar la irresponsabilidad y el complejo de los que nos han gobernado hasta la fecha. Cierto que no se atisba una solución o un cambio: el PSOE ha promovido el estatuto de Cataluña y al PP sólo le preocupa llegar a La Moncloa. El nuevo bien común para España, que exige incluso el sacrificio de las libertades de algunos, es que Rajoy llegue a gobernar. Al que dice que votar al PP en Cataluña es dar tu voto al nacionalismo le llaman la "derecha de la derecha". El problema de Cataluña seguirá como hasta ahora mientras en Madrid se siga considerando a Durán i Lleida un nacionalista moderado y se escriba que "a cambio de futuros ministros convergentes, podría haber consejeros populares en Cataluña". Me troncho, me mondo y recojo el níspero que se me ha caído. Pero es lo que hay.
Y en el PSOE cualquier pija madrileña, de las que su ideología empieza y acaba con el manual de campaña, te llama anticatalana si criticas algo del estatuto. De hecho Zapatero acusó a Rajoy –cuando era Rajoy–, en uno de los debates en las elecciones de 2008, de querer enfrentar a España con los catalanes cuando le sacó el asunto de las multas lingüísticas. Al día siguiente se confesó con Francino y dijo "estoy más de acuerdo".
Dice Federico que el editorial conjunto es la prueba de que es irreversible y que las multas, el cine o los toros son parte de lo mismo. Es posible, pero alguien tendrá que decir que quienes piden dignidad para Cataluña, además de ser una minoría, rotulan en castellano, como el grupo Godó. Y ante eso, los delatores se vuelven ciegos, mudos y españoles. O que, como me decía un amigo con bastante mala baba, el presidente de Aragón habla mejor el catalán que el de Cataluña. O que hasta hace unos meses el principal representante de la sociedad civil catalana era Félix Millet. Y claro, mientras tipos como Xurde decidan que no les van a pisar, es injusto dejarlos abandonados a su suerte.
Es cierto que en Cataluña no hay ninguna esperanza de cambio, hoy por hoy. Por eso, y perdón por la autocita, les decía la semana pasada que sólo hay que votar a los partidos que vayan al parlamento a hacer oposición. Pero España, Madrid o como quieran llamarlo tiene una responsabilidad por tantos años de dejación. Además, siempre tendrán oportunidades. Por ejemplo, lo mejor que puede pasar es que se apruebe una nueva ley de comercio que aumente las multas y la intromisión hasta en las facturas: así se podrá impugnar y enmendar escaqueos pasados.
No es el caso ni de Federico ni de Boadella, pero madrileños: no escurráis el bulto.

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