Blogoteca: Políticos corruptos y vividores por encima del bien y del mal

domingo, 3 de enero de 2010

Políticos corruptos y vividores por encima del bien y del mal

La clase política española mantiene un desprestigio merecido. Salvando las raras excepciones de aquellos que se dedican a la cosa pública con vocación y casi por afición, nuestros políticos se acercan más al retrato del canalla vividor del dinero de todos y al pícaro de la España decadente (vascos y catalanes incluidos)  antes que  al moderno y moderado profesional que quieren aparentar.
La crisis debiera aclarar muchas cosas. Pero no será así. No ocurrirá nada en una sociedad narcotizada, profundamente enferma, el país más drogado de Europa y ahora en vertiginosa vía de descomposición social y de balcanización regional.
Este artículo incide en algunos de estos puntos.
Zapatero y Rajoy: así viven los políticos con nuestro dinero, por LM Anson, El Imparcial
Hace un mes, el diario El Mundo publicó el artículo de Luis María Anson que, a petición de muy numerosos lectores, reproducimos a continuación:
La inolvidada ministra de cuota, María Antonia Trujillo, sufrió la picadura de una avispa durante una excursión campestre. En lugar de acudir en coche al ambulatorio más próximo, cogió su teléfono móvil y reclamó un helicóptero para desplazarse rápidamente a un hospital. Parece lo menos que puede exigir una ministra de Zapatero, que es, como se sabe, un bien de Estado. El despilfarro lo pagamos entre todos los españoles.
Esta es una de las centenares de historias que Federico Quevedo y Daniel Forcada recogen en su libro El negocio del poder. Así viven los políticos con nuestro dinero. Si en España contáramos con instituciones potentes de la sociedad, éstas deberían financiar una edición especial del libro en cuestión, libro extraordinario, para que figurase en los hogares de todos los españoles que pagan impuestos.
No quiero generalizar. Una parte sustancial de la clase política española es seria, trabajadora y honrada. Otra parte considera el poder como un negocio y, en lugar de servir al bien común ciudadano, se dedica a vivir como príncipes árabes, a costa de los impuestos. Cuando el lector dobla la última página del libro de Quevedo y Forcada tiene la sensación de ser víctima del saqueo y la estafa.
Los centenares de casos que se recogen en El negocio del poder sólo son la punta del inmenso iceberg de la corrupción, las trapisonderías y los abusos cometidos por la clase política. Los autores del libro desmenuzan las cacerías de Bermejo y Garzón que van más allá de La escopeta nacional. Se refieren a las andanzas de Juan Guerra, o al “veraneo de reyes” del matrimonio Zapatero. 8.897 euros costó pintar y marcar la cancha de baloncesto que el presidente sólo utilizó tres días durante su estancia en el palacio de la Mareta. Claro que en las obras de restauración del edificio, y para hacer cómodas las vacaciones presidenciales, se gastaron 271.697 euros. “A este recinto de reyes —escriben Quevedo y Forcada- Zapatero se llevó nada menos que quince cocineros, como si se tratara de un monarca saudí”. “¿Irse de rebajas a Londres a comprar en los almacenes Harrods, acompañado de su mujer y su suegra, a bordo de un avión oficial, puede considerarse un uso impropio de los bienes y servicios públicos?”, se preguntan con coña marinera los autores del libro que narran a continuación los grandes episodios de la aviación socialista y también de la popular a cargo del dinero de todos. Los altos cargos utilizan los aviones privados como si fueran taxis.
Los dispendios en los domicilios del ex-ministro Bermejo, los urinarios digitales y los muebles de la vicepresidenta, los 664 asesores del presidente, el despacho-zen de la ex-ministra de la Vivienda, el escándalo de Villa PSOE en la isla Arousa, el pluriempleo de los diputados y senadores forman parte de la larga caravana de corruptelas, irregularidades y abusos investigados por Quevedo y Forcada.
Capítulo aparte merecen los viajes gratis total de dirigentes políticos de casi todas las autonomías y de ambas cámaras del Parlamento español. Ver mundo a costa del bolsillo de los españoles se ha generalizado. Y verlo, además, con despilfarro y suntuosidad, no faltaba más. Carod Rovira se lleva la palma. Resulta escalofriante el derroche de este político coronado de espinas en sus insólitos viajes. Quevedo y Forcada desmenuzan cómo despilfarra el dinero de los catalanes. 435.000 euros se gastó en repartir condones en Mozambique. “Lo que no se pudo saber -escriben los autores- es si llevaban su rostro dibujado sobre el látex, o si las instrucciones de uso estaban escritas en catalán”.
Se refieren también Quevedo y Forcada a los euro enchufes, reposo del guerrero de los políticos a los que se da de lado, y a los coches de Bernat, Touriño y otros sujetos, así como a la más varias picaresca de patio de monipodio, como la fórmula de los informes, muchas veces inexistentes, para pagar favores o ayudas a amiguetes y paniaguados. 24.000 euros abonó la Generalidad por un informe destinado a explicar cómo se colocan los libros en las bibliotecas. Seguramente para atender el trabajo de colocar esos libros, la Generalidad ha pasado de tener 126.000 funcionarios en el año 2003 a 178.948 en 2008.
No hace falta seguir. El arsenal de datos recogidos por Quevedo y Forcada está contrastado. El gran escándalo de la democracia española es el que se denuncia en este libro excepcional: El negocio del poder. Así viven los políticos con nuestro dinero. Como duques de los de antes. El abuso de los partidos a costa de los ciudadanos alcanza ya cotas cada vez más difíciles de soportar.
Luis María ANSON
de la Real Academia Española
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1 comentario:

Enrique Arias Vega dijo...

Lamentablemente, el caso de España no es la excepción, sino la regla en un mundo en el que se ha perdido la noción de "servicio público". Véase, si no, el caso de Gran Bretaña, con los gastos inverosímiles que los diputados cargaban al Fisco y que fue revelado hace sólo unos meses por "The Daily Telegraph". Antes fue la venta de títulos nobiliarios por parte de Tony Blair, de la que se salió de rositas. Y eso que estamos hablando de Europa, la zona democrática del mundo donde hay menos corrupción. Si nos referimos a los países del Tercer Mundo, ni te cuento...