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domingo, 3 de enero de 2010

Miente, que algo queda: ahora el PSOE se presenta como un partido liberal

Al PSOE, una maquinaria ebria de poder, que arrasa por donde pasa, no le preocupan mucho los adjetivos. En Cataluña son más nacionalistas que ERC, en Andalucía son caciquiles decimonónicos o en Baleares lo que convenga. En toda España con posturas cercanas al comunismo más extremo o a las tesis de IU.
Lo que sea, con tal de estar instalados en la poltrona, manejando el presupuesto, rompiendo y corrompiendo.
Pero ahora, ZP ya ha llegado al paroxismo: ante la posibilidad de perder y de seguir asistiendo a una estampida de votantes, le salen espumarajos por la boca, tiene los ojos salidos y enrojecios, de hecho está a punto de nacerle una cola diabólica.
¿No me diran ustedes que se ha declarado liberal? Precisamente aquellos liberales que, con toda lógica, Francisco Franco Bahamonde, ese hombre, persiguió con saña. Pasmao.
Pues eso. Lo que sea con tal de ganar y seguir conduciendo a esta sociedad narcotizada y aborregada hacia un Estado socialistoide, donde nada cuenta la persona sino la sociedad, el Estado.
Es decir, el mismito infierno.
Reproduzco el editorial antológico de Libertad Digital:  El partido más antiliberal y mentiroso de España:
A Zapatero le resulta paradójico que el gran partido liberal de España sea también el Partido Socialista. Y no es de extrañar, porque resultaría paradójico si no fuera rematadamente falso. En España, después de que Rajoy echara por la ventana a los liberales y a sus principios en el nefasto Congreso de Valencia, no existe ninguna formación genuinamente liberal, si acaso algún partido con ciertas políticas tímidamente liberales, y más por casualidad o interés electoral que por convicción.
Zapatero miente y sabe que miente, será para no perder la costumbre que tan buenos réditos electorales le ha dado hasta la fecha. Al fin y al cabo, la esencia del famoso talante es ésa: atacar y cercenar todas y cada una de las libertades de los españoles con una sonrisa en la cara. El líder socialista ha comprendido que una parte muy significativa de España consiente cualquier exceso del poder estatal siempre que no perturbe su calma, siempre que no recurra a la bronca, siempre que no diga una mala palabra aunque tampoco cometa ninguna buena acción.
Sin embargo, la otra parte de España, esa minoría que nunca ha tragado con las ruedas de molino ni de la izquierda depredadora ni de la derecha timoratamente simpática y retorcidamente centrista, sólo puede escandalizarse –una vez más– ante el desvergonzado descaro del presidente del Gobierno.
Basta una fugaz lectura de la prensa de este domingo para desmentir la afirmación de Zapatero por todos y cada uno de los costados de la realidad. Será difícil encontrar siquiera una noticia no ya donde el PSOE promueva o respete la libertad de los españoles, sino donde no la ataque con saña e inquina.
En el ámbito institucional, donde un partido liberal debería defender la contención del poder político, la transparencia y la interdicción de la arbitrariedad, el PSOE sólo ofrece ejemplos de nepotismo y corrupción orgullosos de serlo. Saiz ha dimitido por su escandaloso comportamiento al frente del CNI, pero Zapatero sólo sabe calificar su gestión de “buena“; le ha faltado añadir “ejemplar”. Y es que, de hecho, si hubiese seguido el ejemplo del vicepresidente tercero, el jefe de los espías españoles continuaría limpiando piscinas, cazando y pescando, manipulando fotografías o espiando criadas a costa de los contribuyentes: el nepotista Chaves no sólo no se va, sino que recibe el espaldarazo de su partido como “político, honesto, cabal e íntegro“.
En el ámbito económico, donde un partido liberal debería postular la reducción de impuestos y del gasto público así como la libre empresa, nos encontramos con que Zapatero anuncia la planificación de la industria energética hasta el año 2030 (lo que en términos estalinistas vendrían a ser unos cuatro planes quinquenales) y con que nuestro país se ha convertido en todo un ejemplo internacional de cómo el despilfarro y el déficit público sirven no para salir de la crisis sino para hundirnos todavía más en ella.
En la política exterior, donde un partido liberal habría de alinearse con los regímenes democráticos más respetuosos con las libertades ciudadanas, Zapatero se alía, como pocos otros mandatarios mundiales, con el totalitarismo bolivariano –Chávez, Castro, Correa y Morales– para dar el golpe definitivo a la democracia hondureña. No sólo no respeta la soberanía nacional, sino que está dispuesto a pisotearla para validar su red de relaciones internacionales con algunos de los regímenes más tiránicos del planeta.
En la educación, donde un partido liberal debería defender con uñas y dientes la libertad de los padres para instruir a sus hijos en sus valores, ideas y lengua, el ministro Gabilondo aparece defendiendo la Ley de Educación Catalana con argumentos tan liberticidas como que “las familias deben asumir que la lengua vehicular es el catalán“. No hay otra opción, porque el liberalismo con marca Zapatero consiste precisamente en eso: eliminar las opciones individuales reduciéndolas a los caprichos del líder.
Tal vez Zapatero se crea liberal por despenalizar todo aborto durante las 14 primeras semanas de gestación, esto es, por conceder a las madres la potestad irrestricta de terminar con la vida de un ser humano. Pero aun cuando algunos liberales bienintencionados confundan la desprotección jurídica total del nasciturus con la “libertad a abortar”, difícilmente el PSOE podría encuadrarse entre los liberales.
No, los socialistas sólo quieren esconderse detrás de la etiqueta “liberal” para tener las manos libres a la hora de anular las libertades de los españoles. Es la vieja estrategia de vender libertad mientras se desempolvan los grilletes y las cadenas.

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