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viernes, 15 de enero de 2010

Matar a Aznar, Gees,

ETA intentó matar a Aznar en no menos de cuatro o cinco ocasiones: ¿en cuántas lo ha intentado con Zapatero?
En los años noventa, mientras los últimos gobiernos de Felipe González mantenían múltiples y desordenados contactos con la banda, Aznar prometía regeneración institucional, firmeza del Estado de Derecho y lucha sin cuartel contra ETA. Y en consecuencia, ETA trató de quitárselo de en medio con el atentado del 19 de abril de 1995. La pericia del conductor, el blindaje del coche y algo de suerte impidieron el crimen, aunque los etarras se llevaron por delante la vida de otra persona. Después Aznar llegó al poder, cortó todo contacto con la banda e inició una política antiterrorista demoledora, que dejaría en ocho años a la banda al borde de la extinción.

En el año 2000, la política antiterrorista de Aznar marchaba imparable. Se fortaleció a la Policía y la Guardia Civil, se logró la colaboración internacional, se reformaron el Código Penal y la Ley del Menor para perseguir mejor a los terroristas. La determinación de Aznar se convirtió en un peligro mortal para ETA, así que de nuevo decidió asesinarle: criterio no le faltaba a la banda, porque la única forma de impedir que Aznar acabara con ETA era que ETA acabara con Aznar. La operación no fue baladí, y la determinación etarra se demuestra en el hecho de que en tres ocasiones llegaron los terroristas a activar el lanzamisiles en la primavera de 2001 en las inmediaciones de dos aeropuertos vascos, en acciones bastante arriesgadas respecto a la preparación y ejecución. Merecía la pena.
Matar a Aznar era la respuesta etarra a la política de éste, una política sin concesiones ni medias tintas: lo que no puede decirse de su sucesor en La Moncloa. Antes de que Zapatero fuese elegido presidente en 2004, los socialistas ya negociaban con ETA: de hecho, mientras firmaban con el PP el Pacto Antiterrorista, negociaban con ETA la desarticulación constitucional y estatutaria en el País Vasco y Navarra. Al contrario que con Aznar en 1995, tenían buenas perspectivas si Zapatero ganaba en 2004, ¿para qué buscar su muerte entonces? Después, la banda terrorista recibió con júbilo la llegada de Zapatero a la Moncloa: en la declaración de Anoeta, ETA reconoce que el PSOE había cambiado de bando, y convirtió a Zapatero a partir de entonces en aliado circunstancial. Su asesinato carecía de sentido.

Con Zapatero en Moncloa, las negociaciones con ETA avanzaron a buen ritmo: si la tregua de 1998 fue pactada entre ETA y el PNV para forzar al Gobierno, la de 2006 fue pactada entre Zapatero y ETA para forzar la Constitución. Durante la tregua etarra de 1998, Aznar siguió siendo el gran enemigo de la banda; en 2006 Zapatero no lo era en absoluto. Y si tenía sentido matar al primero, no lo tenía al segundo. Tras la ruptura de la tregua etarra en 1999, ETA puso en el punto de mira definitivo y rencoroso a Aznar; por el contrario, tras la ruptura de las negociaciones en 2007, los textos etarras demuestran que la banda sigue teniendo la esperanza de que Zapatero vuelva a sentarse a dialogar con ellos. Si la esperanza de ETA en el año 2001 estaba puesta en la muerte de Aznar, la esperanza en 2009 la tiene puesta en la supervivencia, política, de Zapatero.

Aznar ha sido el mayor enemigo de ETA en toda la historia de la banda, algo que no puede afirmarse ni del régimen franquista ni de los gobiernos de Adolfo Suárez ni Felipe González. En cuanto al presidente actual, podemos afirmar que ETA tenía tantos motivos para matar a Aznar como motivos para no hacerlo con Zapatero. Lo cual marca una diferencia cualitativa que algunos olvidan últimamente.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.
Libertad Digital

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