Blogoteca: Adanismo europeo, Ignacio Camacho, ABC

martes, 5 de enero de 2010

Adanismo europeo, Ignacio Camacho, ABC


 
CUANDO Europa no quería aceptarnos los españoles nos ansiábamos en ella como náufragos de la libertad agarrados a la tabla de una esperanza, pero en cuanto fuimos miembros de pleno derecho nos entró la galbana deflactada del donjuán que consuma una seducción difícil. Nuestro actual euroescepticismo es bastante desagradecido porque el progreso de la España moderna se debe en gran medida al maná derramado por la Unión en forma de infraestructuras de desarrollo, pero lo cierto es que hoy la vemos como una gris maquinaria burocrática y reguladora, lejana de nuestros sentimientos aunque le sigamos trincando subvenciones. Claro que esta Europa tampoco es aquel sueño idealista de violines nocturnos en calles mojadas que evocó Simenon tras la sangría de la guerra; más bien parece un alboroto colmenero de oficinistas zánganos y políticos amortizados incapaces de construir un orden de eficacia razonable, perdidos en medio de tensiones nacionalistas y enredados en una confusa retórica sin decisiones.
Por eso la gente mira con indiferencia y hasta recelo el autobombo que Zapatero ha montado en torno a la presidencia semestral con la mal disimulada intención de reivindicarse a sí mismo. Dejando aparte la patética machada de sacar a Europa de la crisis, una de esas majaderías autocomplacientes que suelta sin que nadie de su entorno alcance a moderarle las ínfulas con buenos consejos, parece objetivamente exagerada esta magnificación gubernamental de un vulgar papel de correturnos de guardia que encima hay que compartir con otro par de figurones, y en la que apenas queda otra función que coordinar la agenda. Tanta grandilocuencia y tanto cacareo pueden resultar incluso contraproducentes porque los ciudadanos demandan medidas inmediatas sobre problemas cercanos, y lo que van a ver en los próximos seis meses es un Gobierno sacando pecho en una presunción de liderazgo que tiene mucho de impostura. La arrogancia siempre tiene mal rédito en política, pero sobre todo cuando se ejercita sin motivo y con manifiesto aire de oportunismo sobreactuado.
En anteriores turnos se produjo un palpable abandono de la gobernanza doméstica, detalle sobre el que Zapatero debería tomar nota porque sus circunstancias son bastante más delicadas, pero al menos González y Aznar lograron arrimar la agenda a intereses nacionales: los fondos de cohesión, la entrada en el euro, la directiva antiterrorista. Ésta podría ser una ocasión para negociar bien las ayudas o introducir en el debate europeo asuntos de cercanía; empero, el presidente amenaza con descolgarse hacia esos huecos mantras que le son tan gratos, como la sostenibilidad o el cambio climático. Se le nota demasiado el afán de protagonismo y su eterna inclinación adanista y algo paleta a descubrir el Mediterráneo. Para empezar bien le convendría aceptar que Europa existe y medio funciona antes de que él la haya inventado.

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