Blogoteca: Muere Montesquieu, por Pedro G. Cuartango en El Mundo

lunes, 22 de diciembre de 2008

Muere Montesquieu, por Pedro G. Cuartango en El Mundo

Este no es el mejor artículo que reproduzco en mi Blogoteca, 2008, pero si es uno de los más tristes, por su lucidez. Mucha gente lo sabe y está de acuerdo. Salvemos nuestra democracia: no es gran cosa, pero es lo mejor que tenemos y lo único por lo que vale la pena seguir remando.
Uno de los fenómenos más inquietantes a los que estamos asistiendo en los últimos tiempos es la degradación del Parlamento, que se ha convertido en un cascarón vacío donde los diputados y los senadores se intercambian insultos y dirimen querellas que no interesan a nadie.
El último episodio de este proceso de deterioro es el debate y aprobación de los Presupuestos que tuvo lugar el jueves pasado. La votación fue un auténtico fraude, como dijo Cristóbal Montoro, pero no sólo porque las cuentas públicas se hayan quedado totalmente desfasadas sino, sobre todo, porque las decisiones del Congreso no sirven para nada, son puro papel mojado.
Explicaré lo que quiero decir: el Gobierno de Zapatero está tomando medidas como el plan de rescate de los bancos o la inversión de 8.000 millones para obras municipales al margen del Parlamento e incluso del Consejo de Ministros, que se limita a ratificar lo que el presidente ya ha anunciado públicamente.
Zapatero pacta con la banca unas ayudas de 250.000 millones de euros, equivalentes al 25% del PIB anual, que ni siquiera han sido debatidas o aprobadas formalmente por el Congreso, pero luego se enzarza con la oposición para polemizar en la Cámara sobre hechos que sucedieron en 1936.
La realidad es que hace ya mucho tiempo -desde la etapa de Felipe González- que las grandes políticas no se discuten en el Parlamento porque las decisiones las adoptan los jefes de Gobierno o se pactan en secreto con la oposición.
El Congreso se ha quedado para números como el que montaron recientemente Dolors Nadal, diputada del PP, y la ministra Elena Salgado en un apasionante debate dialéctico sobre los urinarios de La Moncloa.
Pese a su discurso regenerador, Zapatero es el menos interesado en revitalizar un Parlamento convertido en fachada de cartón que oculta las profundas carencias de nuestro sistema democrático. Al fin y al cabo, siempre se vive mejor en el poder si no hay incómodos controles.
Nunca he mitificado el Congreso porque soy consciente de sus muchas limitaciones en un sistema donde los diputados se ciñen a ratificar lo que decide previamente el Ejecutivo. Pero al menos deberían guardar mejor las apariencias.
Nuestra democracia ha ido derivando hacia un presidencialismo que contradice la letra y el espíritu de la Constitución. Se habla mucho de reformar la Carta Magna para poner un techo a las competencias de las autonomías, pero nada se dice del excesivo poder que han ido acumulando los presidentes del Gobierno, que asumen también la función de jefes del grupo parlamentario y líderes del partido.
El Congreso -con un personaje populista como Bono de presidente- se ha convertido en una caricatura de sí mismo y en una demostración de que la política ha degenerado en banal espectáculo. No en vano proclamó Alfonso Guerra la muerte de Montesquieu.
© Mundinteractivos, S.A.
Recuperado de marianodigital.es, 22 dic. 2008

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