Blogoteca: El franquismo y la democracia, Pío Moa, Época

jueves, 3 de diciembre de 2009

El franquismo y la democracia, Pío Moa, Época


La evidencia es a menudo lo más difícil de ver. Según la opinión mayoritaria, orquestada por incesantes campañas izquierdistas y separatistas, el régimen de Franco era exactamente lo contrario de una democracia. Entonces, ¿de dónde viene la actual? Queda implicado, sin excesiva insistencia, que tuvo que venir de quienes ahora se proclaman demócratas incluso de modo monopolístico; es decir, de la izquierda y los nacionalismos periféricos. Sin embargo el menor vistazo a los peligros que viene corriendo el régimen actual desde la transición permite comprobar que casi todos vienen de esos supuestos demócratas. Así la oleada de corrupción que comenzó con Felipe González y no ha cesado, aunque ahora se oculte algo más. O el terrorismo y la colaboración con él. O la ofensiva contra la Constitución por medio de hechos consumados. O los estatutos balcanizantes. O la "muerte de Montesquieu, el ataque persistente a la independencia judicial. O las políticas contra el idioma común y el derecho de los padres en la enseñanza. O la exaltación del asesinato del feto como un "derecho de la mujer". O las maniobras del poder para controlar los medios de masas y silenciar a comunicadores incómodos...

Está claro que la democracia no puede proceder de esos partidos, algo que no precisa argumentación para quienes conozcan su historial, pues han sido ellos, precisamente, quienes destrozaron el régimen liberal de la Restauración y luego la legalidad de la II República, pese a haberla impuesto ellos mismos.

Por otra parte, la cuestión está resuelta: los artífices de la transición desde el franquismo fueron los políticos y los procuradores franquistas y el rey Juan Carlos, designado por Franco. La democracia viene, por tanto de aquel régimen. Pero ¿viene porque algunos o la mayoría de los políticos franquistas rompieron con él? De ningún modo. Quienes querían la ruptura eran los socialistas, comunistas, terroristas, racistas del PNV y separatistas catalanes, y fracasaron. La transición se hizo por reforma, "de la ley a la ley", procedimiento cuya implicación casi nunca se ha hecho explícita: significaba la aceptación de la legitimidad del franquismo y el traspaso de esa legitimidad al nuevo régimen. Por consiguiente, la negación de legitimidad al Frente Popular –el cual destruyó la legalidad republicana–, del que se consideraban y consideran herederos los rupturistas.

¿Cómo fue posible esa evolución? No se puede explicar en dos palabras, pero en esquema viene a ser así: Franco no se alzó contra un gobierno legítimo y democrático, sino contra un gobierno ilegítimo y un proceso revolucionario; no puso en pie una dictadura rígida y totalitaria, sino autoritaria y evolutiva; y dentro de ella siempre hubo la duda entre considerarla un nuevo y estable sistema político o la respuesta a una crisis histórica excepcional, que debía dejar paso a una democracia una vez se lograsen ciertos avances, imponiéndose cada vez más esta última versión. Los demócratas, ya desde Marañón y Besteiro, nunca se opusieron a Franco, a quien reconocían haber librado a España de una pesadilla, y aun si la dictadura no les gustaba entendían que no tuvo alternativa. En las cárceles del régimen no penó ningún o casi ningún demócrata, y en la transición salieron los 300 presos políticos existentes, comunistas y terroristas. Estas evidencias suelen perderse de vista entre propagandas aturdidoras y en general disparatadas.

Creo que mientras no se reconozca la legitimidad del franquismo (contra el que no luchó casi ninguno de los furiosos antifranquistas de ahora), nuestra democracia estará enferma. Volviendo a los peligros que hoy la acechan, notamos que todos ellos extraen su motivación política y justificación moral del mito de un Frente Popular identificado con la república y democrático. Y así, "los muertos matan a los vivos", como en la tragedia de Esquilo.

No hay comentarios: