Blogoteca: Cataluña lo reclama todo, pero no devuelve lo que debe

lunes, 7 de diciembre de 2009

Cataluña lo reclama todo, pero no devuelve lo que debe


Los Papeles de Salamanca, la polémica por los bienes de la Franja, el tenso debate catalán-castellano de la Feria del Libro Fráncfort, el sonado desliz de Carod-Rovira al anunciar que el arte catalán sería invitado de honor en la Bienal de Venecia antes incluso de que la organización del certamen confirmase tal presencia, los filtros lingüísticos que rigen según que subvenciones, el controvertido anteproyecto de la Ley del Cine en Catalán…
Los ejemplos son muchos y variados y vienen a confirmar que nunca como ahora la política cultural de la Generalitat se había enredado con la polémica hasta el punto de no saber dónde empieza la una y acaba la otra. Con la cartera en manos de Esquerra Republicana de Cataluña y Joan Manuel Tresserres como titular del departamento, casi todos los «grandes gestos» culturales han sido una invitación a la disputa y una inagotable fuente de titulares.
La polémica por la venta del archivo de Agustí Centelles al Ministerio de Cultura —con el consiguiente cruce de acusaciones de deslealtad y traición entre la familia del fotógrafo y la Generalitat— no es más que el penúltimo capítulo. Y si decimos penúltimo es porque el último ya ha empezado a escribirse: el próximo mes de enero se espera que el Parlamento autonómico reciba a trámite una Ley del Cine Catalán que obligará a que el 50% de las copias de las películas que se estrenen en Cataluña estén dobladas o subtituladas en catalán y prevé duras sanciones económicas para quien no lo cumpla. Nueva polémica y conflicto con las distribuidoras y exhibidoras a la vista.
De Salamanca a La Franja
El arranque habría que buscarlo en el polémico «viaje» de los Papeles de Salamanca al Archivo Nacional de Cataluña. Se tensaron las relaciones entre Cataluña, Madrid y Castilla-León, se habló de expolio o justicia democrática según el caso y la Feria del Libro de Fráncfort acabó eclipsando el debate.
Curiosamente, después de años de reivindicaciones para que los papeles incautados durante la Guerra Civil fuesen devueltos a Cataluña, la Generalitat sigue haciendo oídos sordos a la demanda del gobierno aragonés y a las sentencias en firme de los tribunales eclesiásticos que contemplan que las 113 obras de arte religioso que siguen el Museo de Lleida, los llamados «bienes de la Franja», deben ser devueltos a la Diócesis de Barbastro-Monzón (Huesca).
Sin embargo, casi todas las polémicas culturales han tenido que ver con la lengua. Y si hablamos de conflictos lingüísticos, el plato estrella llegó con la presencia de la cultura catalana en la Feria del Libro de Fráncfort de 2007. ERC pidió en el Parlament que se excluyese a los escritores catalanes que escribiesen en castellano de la expedición literaria, el Institut Ramon Llull recogió el guante y, para cuando quiso rectificar abrumado por las críticas, fue demasiado tarde. Incluso el director la cita germana, Juergen Boss, acabó lamentando que no se reflejase «la variedad de la cultura catalana»..
Más reciente es la aprobación de un sistema de «protección del espacio sonoro catalán» con el que al Generalitat, a través del Institut Català de les Indústries Culturals, establece un sistema de puntos que determina que las ayudas a discográficas catalanas se repartirán en función del uso del catalán y la autoria catalana de las producciones. Una medida muy similar a la que desde el año pasado regula las subvenciones a la música en directo y que prioriza la presencia en programaciones y festivales de música catalana basándose exclusivamente en porcentajes lingüísticos y geográficos.

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