Blogoteca: Lo ovejunamente correcto, por José Jiménez Lozano

domingo, 25 de octubre de 2009

Lo ovejunamente correcto, por José Jiménez Lozano


Nadie podría haber adivinado que las necedades en estado puro y las obstinadas hipocresías de lo ‘políticamente correcto’ - locución, por lo demás, adecuada a cualquier situación totalitaria - cuajarían tan amplia y rápidamente entre nosotros, porque cabía esperar que la ironía y el sarcasmo las arruinasen inmediatamente. Pero claro está que esa ‘corrección política’ ha llegado hasta aquí como la expresión suma de la modernidad; y, como por otro lado es ciencia que no precisa muchas neuronas ni grandes esfuerzos para ser adquirida incluso en sus más altos grados, por todas partes un poco, pero sobre todo en los ámbitos educativos, parece haberla asimilado a ella, y mostrarse deseoso de exhibirla
Conviene decir, desde luego, que la corrección política tiene una doble cara o expresión. En primer lugar, es un vulgar conformismo con los estereotipos y retóricas del tiempo y del sistema, una ortodoxia más, aunque singularmente necia, que obliga a una modernidad de anteayer y de pasado mañana, y a tragarse ruedas de molino, o a entonar contínuas y ardientes alabanzas a la situación dada, como resumen de resplandores en contraste con las tinieblas del pasado; y, así las cosas, no hará falta decir que todo tiene un buen tufillo de Granja, o de lo ovejunamente convenido.
La otra cara de la corrección política es la más que notable pedantería y necedad del lenguaje mismo, con expresiones como ‘individuos de otra etnia’, ‘tercera edad’, o el ridículo e insultante asunto del ‘género’ con sus baratas filosofías y dramáticas y consecuencias.
Se pensaría, en efecto, que, ante tal cúmulo de despropósitos, la carcajada sería universal, pero no ha sido así, y, mientras en USA, después de haber causado algunos desastres y verdaderos dramas, que quedan reflejados, por ejemplo, en la novela La mancha humana, de Philip Roth, la corrección política ya ha mostrado sus desastrosos efectos, mientras que aquí, como de ordinario ocurre con Aunque es difícil que penetre entre las gentes sencillas y normales, cuyo lenguaje, afortunadamente, sigue estando más cerca de Cervantes y fray Luis de León que el lenguaje de las capas sociales cultas, como también viene ocurriendo desde siglos. Y que, como por el lenguaje sabemos quiénes somos, sabemos de sobra lo que es un ser humano, al margen de sus determinaciones de sexo, raza, salud o enfermedad, pobreza o riqueza; y saben nombrarlo sin ocurrírseles que cualquier condición de éstas, implica secundariedad, y, mucho menos, vergüenza o desdoro.
Esto de que, algún día, sería igual Julio César que Julián Cerezas lo decía don Antonio Machado como un chiste, una boutade, una exagerada hipótesis que nunca llegaría a darse, y lo decía a propósito de que había que tener muy claro quién es cada quien y cada cual. No vivió lo suficiente para ver que eso de lo que se reía sería la profunda filosofía de la corrección política y la búsqueda de la más escrupulosa igualdad.

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