Blogoteca: septiembre 2009

martes, 29 de septiembre de 2009

"Lo peor de la crisis ya ha pasado", por Roberto Centeno


Se ha agotado el tiempo del disparate, del engaño masivo y de la demagogia populista, 4,3 millones de parados a fin de julio según Eurostat, que serán casi 5 a fin de año y cerca de 6 a fin 2010, deberían borrar todo atisbo de frivolidad. Un desplome de las cuentas públicas como España no ha conocido jamás en tiempo de paz, con autonomías y ayuntamientos despilfarrando sin freno, con un sistema financiero a las doce menos cinco de una crisis mayor, con la desaparición de casi mil PYMES y autónomos diarios por falta de financiación, obligarían a cualquier gobierno racional a tomar acciones drásticas e inmediatas, y sin embargo nada de esto ocurre.

Un Presidente de media España por voluntad propia, cada día más cesarista y radicalizado, que no es que no haga una a derechas, es que hace justo lo contrario a lo necesario, vive instalado en un mundo de mentiras, adulación y fantasías. Rodeado de su gobierno de chiquilicuatres, explica a sus fieles -cuya subsistencia depende de él- que no ha cometido un solo error, que ha dicho siempre la verdad, y que nunca ha improvisado, sino tomado las medidas oportunas en el momento oportuno. Y por si alguien tiene duda, el sábado nos desveló su grandiosa estrategia contra la crisis: más impuestos y más aborto, y su lema central: “Lo peor ya ha pasado”. Piensa que somos imbéciles y lo peor es que 11 millones de razones lo avalan.

En línea con ello, ha presentado unos Presupuestos 2010 que comentaré cuando entreguen el Libro Amarillo. Su cuadro macroeconómico es tan surrealista que el Director General de Análisis Macroeconómico, D. Alvaro San Martín, responsable de su realización, dimitió hace dos semanas. La Sra. Salgado ha decidido que el PIB caerá solo el -0,3 % en 2010, cuando la caída oficial a junio era del -4,2 %, y la real casi el doble. Pero lo más delirante: el consumo privado, el 57 % del PIB, pasa del –5,9 % a junio 2009 a solo el -0,4 % en 2010.

Con salarios congelados y un expolio de 25.000 millones a las clases medias y bajas, con impuestos estatales, locales y la subida histórica de la luz, con el incremento imparable del paro… ¡el consumo se recupera 5,5 puntos! ¡Milagro!. O los empresarios, que sin financiación y sin demanda, ¡van a recuperar 26 puntos en la inversión en bienes de equipo! Y para rematarlo, un incremento, que no un descenso, del gasto no financiero del 17,5%, 185.249 millones contra 157.604 de los PGE de 2009, y una reducción del gasto social del 52,8% al 51,6%. En resumen, más injusticia social, más paro y más déficit, envueltos en las mentiras más infumables.

Una industria que se desintegra

Pero vayamos a los hechos. Los últimos indicadores de actividad conocidos muestran justo lo contrario, que seguimos hundiéndonos y que lo peor esta por llegar. Empezando por la industria. No es que la caída de julio sea mayor que la de junio, es que el sector se está desintegrando y ya solo representa el 15% del PIB, frente al 35% que representaba en 1975, y la caída del Índice de Producción Industrial en julio, que fue del -17,4%, comparado con una subida del 2,6% en la eurozona. Un auténtico desastre. El IPI se sitúa en el nivel más bajo en 14 años, y el indicador adelantado que representan las entradas de pedidos cae un -26,2%, lo que indica que la situación empeorara. La industria del automóvil, por ejemplo, que supone el 20% del sector, se estima que no sobrevivirá más de cinco años, acelerada por la absoluta irrelevancia política de Zapatero.

En los servicios, que representan los dos tercios del PIB, la cifra de negocios cayó un 14,3% en julio respecto al mismo mes del año anterior, y una caída acumulada del 13,9% en los últimos doce meses. Y digo yo, si los dos tercios del PIB caen un 13,9% en tasa interanual, si la industria cae un 26% también en interanual, la construcción, según el estudio sectorial más completo realizado hasta ahora por Acuña y Asociados, seguirá cayendo hasta 2012, y solo su impacto reducirá el PIB en un 4,6% en 2009 y el 4,3% en 2010, entonces ¿Cómo puede afirmar nadie que el PIB va a caer solo un 4,1%? Estas son las cosas que ocurren con los sistemas estadísticos y los servicios de estudios bancarios en las monarquías bolivarianas.

Es lo mismo que sucede con el déficit: todo el mundo habla de un 10% en 2009… ¡Pero cómo que el 10%! Ese es solo el del Estado, pero ¿qué pasa con el déficit de autonomías y ayuntamientos, que crece exponencialmente y donde ningún dato está actualizado? Los de carácter anual se difunden con un retraso de ¡dos años!, y como denunciaba en junio Malo de Molina: “El gobierno ha roto completamente la hucha para satisfacer las reivindicaciones autonómicas, sin que conozcamos su impacto sobre el déficit o la deuda pública”, y está hablando de unas administraciones que realizan el ¡66% del gasto!, no el 36% como incomprensiblemente dice el WSJ, 200.000 millones de casi 300.000, excluida SS. Mientras tanto, gobierno y el Banco de España no tienen ni idea de que lo que está pasando. Y hay más, ¿dónde ponemos los 70.000 millones que van directamente a deuda sin pasar por déficit?, ¿y qué con los 30.000 millones debidos a PYMES y autónomos? Habrá que sumarlo, digo yo, ¿o lo va a pagar Obama?

2010: lo peor está por llegar.

Y de cara al año que viene, con el desplome del empleo y de las cuentas públicas, con la reducción de unos 1.600 euros por familia de la renta disponible, consecuencia de la brutal subida de impuestos estatal y local, la mayor de nuestra historia, más la subida espectacular de servicios esenciales como la luz y el gas, ya a la cabeza de Europa, con la segura subida de tipos de interés, con la expulsión del crédito del sector privado, y con el cierre del grifo del dinero fácil del BCE, la situación no solo va a empeorar, es que puede situarnos al borde del precipicio, con una diferencia entre ingresos y gastos –no sólo déficit- del 25 % del PIB.

No saldremos del túnel enganchados al tren con todos los demás como dice Solchaga, porque Zapatero nos ha desenganchado. Nadie tiene el peor gobierno en 200 años, nadie un modelo de estado imposible de financiar, y que ha fragmentado la unidad de mercado de la nación, nadie una deuda equivalente al 170% del PIB, y menos una situación en la que 15 millones de ocupados no funcionarios tengan que mantener con sus impuestos y cotizaciones sociales, a otros 12 millones de personas, entre funcionarios, asesores, parados y pensionistas.

Como se preguntaba la prensa francesa: “¿Qué pinta Zapatero en el G-20, con una tasa de paro que dobla la europea, y dice que está mejor que nadie?, la crisis le viene grande”.

Realmente la indigencia intelectual del personaje no tiene parangón, lo peor de la crisis no ha pasado ni va a pasar hasta que no haya un gobierno capaz, hasta que no cambiemos el modelo de estado y cortado los 60.000 millones año que despilfarra, hasta que no tengamos un sistema financiero solvente y capaz de restablecer en crédito a familias y empresas y hasta que no acometamos las reformas estructurales esenciales.

Nada de eso está a la vista, en realidad ni está ni se le espera, así que vuelvo a lo mismo, solo la inminencia de la suspensión de pagos como nación o una crisis del sistema financiero que ponga en peligro el euro y obliguen al BCE a intervenir y a tomar las riendas de nuestra economía, podrá poner fin al hundimiento. Y entretanto, Rajoy mantiene a sus autonomías y ayuntamientos despilfarrando y subiendo impuestos como los que más, con el Ayuntamiento de Madrid a la cabeza, ¿así es cómo nos van a salvar?

lunes, 28 de septiembre de 2009

Cuando florecen los arbitrios, ¿qué hacer? por Juan Velarde Fuertes


Gracias al formidable desarrollo económico que España experimentó a lo largo del siglo XVI se logró que nuestro PIB por habitante fuese en 1.600 exactamente igual al de Austria o al de Francia, algo superior al de Alemania, algo inferior al de Inglaterra, y sólo con claridad inferior al de Flandes e Italia entonces, por cierto, en buena parte, dentro de la influencia de Madrid. Pero llegó el siglo XVII, y de la solución de los problemas económicos se encargó el valido duque de Lerma, que decidió resolver, desde luego, los muy serios problemas que se presentaron por el sendero de los arbitrios. Se aderezaron con típicas políticas de encubrimiento de la realidad, como fue la sustitución de plata por cobre, en un alto porcentaje, en las monedas. Tras la inflación del vellón que así se produjo, se buscó cómo impedir que se percibiese con dos medidas. Por un lado, persiguiendo a los economistas críticos, como sucedió con el proceso al P. Mariana. Por otro lado, con medidas populistas capaces de distraer a la población, como la expulsión de los moriscos de 1609 a 1614. El resultado fue, naturalmente penoso. A lo largo del siglo XVII no avanzó absolutamente nada el PIB por habitante español. A pesar de la llegada de cantidades crecientes de plata americana a Sevilla, en el año 1700 estábamos, en esta magnitud del PIB por habitante, claramente por debajo de austriacos, franceses, alemanes, italianos, flamencos y británicos. No se había logrado superar ni la financiación de fracasos exteriores; ni la existencia de Administraciones públicas dispares, a pesar de los esfuerzos de Olivares; ni las consecuencias de la citada inflación del vellón; ni la sustitución de los españoles por genoveses y flamencos en el comercio con las Indias; ni la caída del cambio de la moneda y, a pesar de ello, la existencia de una balanza comercial negativa; y por supuesto, tampoco la bancarrota del Estado.

Es bueno volver la vista atrás porque, de nuevo, el proceso de convergencia en el PIB por habitante (PIB pc) había surgido, respecto a los países más importantes, fruto de un fuerte desarrollo logrado desde 1959 a 2008. A pesar de la crisis, ese año teníamos el 88% del PIB pc británico; el 90% del alemán; el 96% del francés, y el 69% del norteamericano; en 1959, los porcentajes eran, el 37% del británico; el 43% del alemán; el 43% del francés y el 27% del norteamericano. Pero a lo largo de 2008, y desde luego, en 2009, y con claridad en el verano de 2009, de nuevo el fantasma de los arbitrios y de los enmascaramientos ha surgido con fuerza.

Últimamente lo hemos visto en forma de condena de la energía nuclear y con la apuesta en favor de energías renovables mucho más caras; en las cesiones ante las autonomías, en forma de mayor gasto público y aceptación sumisa de que éstas rompan la unidad del mercado nacional; en la negativa a la reforma del mercado laboral, o en la apuesta por el mito del desarrollo sostenible. Pero, así se soslayan, con estos arbitrios, y con medidas propuestas, como las relacionadas con el aborto, o con la educación para la ciudadanía, o con decisiones anticlericales, los doce grandes, ineludibles, problemas que tiene la economía española en estos momentos. Simplemente los enuncio.

El primero es la necesidad de continuar sin riesgos en la Eurozona. Esto plantea la realidad de ser competitivos, como dijo para siempre Mundell, en 1901, en “The American Economic Review”, en su artículo ya clásico sobre las áreas monetarias óptimas. Pero, segundo problema a superar: la obligación de desregular y flexibilizar todo lo posible nuestra economía, lo que significa tener multitud de intereses concretos, herederos de los mecanismos interventores múltiples creados desde hace un siglo, amén de las prácticas existentes restrictivas a la competencia. Añádase, tercera cuestión, la que se deriva de nuestra muy mala situación por lo que respecta a la productividad total de los factores. Las denuncias, en torno a esto de Julio Segura, del profesor Molero, de Sánchez Asiaín, las puntualizaciones de Álvaro Cuervo, no parece que sean tenidas en cuenta.

El cuarto problema a resolver es el educativo. Fernández Ordóñez, Gobernador del Banco de España, y Villar Mir en una conferencia en la Real Academia de Ingeniería el 27 de enero de 2009 han colocado esta cuestión “en primer lugar” para mejorar nuestro capital humano de cara a crecientes retos de competitividad. El quinto es la urgentísima superación, como nos ha mostrado Carlos Sebastián, de la existencia en España, en magnitud claramente superior a la que tienen los países más desarrollados, de complicaciones burocráticas excesivas, de restricciones formales e informales notables que se alzan ante los empresarios, o de lo que informa el Doing Business Project del Banco Mundial: en el terreno judicial, para 178 países, España ocupa el puesto 82 por la duración de los procedimientos, en el 101 por el número de pasos precisos en los procedimientos, y en el 39 por el coste de litigar. El sexto, sobre la reforma del mercado de trabajo, tiene este planteamiento previo tal como expuso el Secretario de Estado de Economía, Campa: “Una característica de nuestro mercado (de trabajo)... es que tenemos una capacidad altísima de generar desempleo y eso es un síntoma de que algo hay que hacer para evitar que esto siga ocurriendo”. El séptimo es el despilfarro en la política de construcción de infraestructuras. El famoso Plan E, por eso, en palabras de Villar Mir, va “a suponer un elevado coste para España, ya que va a desviar a nuestras economías de la senda de la estabilidad presupuestaria y va a incrementar considerablemente el nivel de endeudamiento del Estado”. Para nada se tiene en cuenta lo que señaló Aschaver en su artículo “Is Public Expenditure Productive?” publicado en el “Journal of Monetary Economics”, en 1989.

El octavo problema es el energético, España es campeona, por desgracia, en el nivel de dependencia energética con el exterior, en el grado de intensidad energética —esto es, en la necesidad adicional de energía para aumentar en una unidad el PIB y en carestía, a pesar de lo cual se decidió, prescindir de la energía nuclear. El profesor Centeno, sobre esto ha señalado: “De no haberse producido moratoria (nuclear) hoy estaríamos generando 195.000 millones de Kwh/año..., prácticamente el mismo porcentaje que Francia, a un precio de 14 euros Mwh, y eso significa un ahorro de 8.300 millones de euros/año, una reducción de un tercio en las tarifas, o 12.600 millones, o el 50% de la tarifa, si el precio de gas recupera el nivel de hace un año”.

El noveno problema es el referente a los mercados financieros. Más de una entidad se encuentra con problemas serios en este sentido que, como en el caso de las Cajas de Ahorros, precisa de reformas importantes. Pero, ¿cómo hacerlo sin enfeudamientos políticos? Muy serio décimo problema, el de la fractura de mercado único español por las decisiones administrativas crecientes de las autonomías. La segmentación en lo económico frena el desarrollo, no lo impulsa. Por ejemplo, respecto a Europa, recientemente lo ha planteado Eichengreen en un ensayo que tituló “The break-up of Europe”, o sea, “la ruptura, el deshacerse de Europa”. Se corre el riesgo, si no alteramos nuestra política económica —y de ahí la extraordinaria importancia de la decisión que se adopte respecto al Estatuto de Cataluña por el Tribunal Constitucional , de asistir al “break-up of Spain”.

El undécimo es el planteado por nuestro sistema tributario. En España ha surgido lo que Schumpeter llamó en 1918, “la crisis del Estado fiscal”. Se hunden los ingresos impositivos; es contraproducente aumentar los tributos; se desmandan los gastos; los contratiempos políticos si este crecimiento de los dispendios públicos se frena, son enormes; pero si se mantienen, la crisis es segura. Todo ello exige un replanteamiento muy a fondo.

Finalmente, el duodécimo problema es el derivado de nuestro Estado de Bienestar. Las complicaciones que surgen en él, en el terreno de las pensiones, en el del gasto de las atenciones sanitarias, en el de las prestaciones por desempleo, en el de la práctica carencia de ayuda familiar, en el de las atenciones a los discapacitados, y en el de la carga para los empresarios de muchas de estas atenciones, amenaza con convertirse en algo que afianzará la crisis de nuestro Estado fiscal.

¿Esta situación invita a imitar al duque de Lerma, o en cambio, a esa galería de duros reformadores constituida por esa reciente serie histórica de los Ullastres, los Fuentes Quintana, los Boyer y los Solchaga, los Aznar y los Rato? Gracias a la democracia, la decisión corresponde al conjunto de los españoles. Ellos van a optar, por fuerza, si continuamos el desarrollo y nos embarcamos en otro siglo XVII.

El Imparcial

sábado, 26 de septiembre de 2009

El ocaso de la burguesía catalanista, J.A. Zarzalejos


Acaba de presentarse el ensayo –en lengua catalana—La cultura de la codicia, del historiador Francesc Cabana, y el evento ha coincidido con la consternación que está causando entre la burguesía catalanista de Barcelona el descubrimiento de que uno de sus iconos, uno de sus personajes emblemáticos, uno de sus referentes sociales, uno de esos “hombres que hacen país”, nada más y nada menos que Félix Millet, ha saqueado el Orfeó Catalá-Palau de la Música Catalana que presidía, y lo ha hecho ante las mismísimas e indolentes narices de los representantes de las familias con más prosapia burguesa y catalanista del Principado. La fechoría de Millet, vicepresidente también del Teatro del Liceo, ex vicepresidente de la Fundación Barça, de Bankpyme y de la Agrupación Mutua del Comercio y la Industria (no era como se ha dicho con intenciones quizá torticeras “patrono de FAES”), titular de la Cruz de San Jordi, todavía no se ha podido cuantificar, pero el entorno del delincuente confeso –los grandes apellidos de Barcelona—comienza a especular con que el “Madoff mediterráneo” ha llegado a defraudar más de treinta millones de euros. Deloitte está ahora elaborando una compleja auditoría.
Lo que ha ocurrido es bastante simple de relatar: Millet, un ciudadano catalanista de larga trayectoria familiar y personal de “servicios al país”, amparado en su prestigio personal –iba a ser condecorado con la medalla de oro de la Ciudad Condal–, además de cobrar un sueldo desmedido, ha distraído millones de las obras de ampliación y reforma del Palau, ha viajado con su familia a destinos exóticos a cuenta de los fondos de la institución, ha especulado fraudulentamente con terrenos propios vendidos a la Fundación que presidía y, al parecer, ha pagado en dinero negro a numerosas entidades culturales, manejando con descaro hasta dos millones de euros en billetes de 500, además de haber incurrido en el peor de los nepotismos. Millet no está en la cárcel.
Por encima de toda sospecha, Millet logró que hasta 200 empresas integrasen el patronato del Palau, y obtuvo patrocinios y mecenazgos generosísimos. El presidente de la institución engañó a todos mucho tiempo, hasta el punto de conseguir un consorcio integrado por la Generalidad de Cataluña, el Ayuntamiento de Barcelona y el mismísimo Ministerio de Cultura. Es verdad que levantó de la postración al Palau con un proyecto ejecutado –del que se benefició delictivamente—con criterios monumentalistas; pero también es verdad que la autocomplacencia catalanista, la soberbia de la burguesía barcelonesa, incapaz de actuar rigurosamente con “uno de los nuestros”, la endogamia de “todos nos conocemos a todos” y la prepotencia de presumir que las corrupciones son episodios sucios que ocurren fuera de Cataluña pero no en la Arcadia feliz, en el oasis catalán de límpidas aguas, han sido actitudes generalizadas que han permitido el saqueo continuado de esta institución.
“Desconcertados e irritados”
Ahora no ha ocurrido como en 2005 cuando el entonces presidente de la Generalidad de Cataluña, Pasqual Maragall, denunció en el Parlamento autonómico que el “problema” de CiU era “el problema del 3%” (el supuesto cobro de comisiones ilegales en los años del pujolismo). En aquellas fechas, Artur Mas, secundado por la hipocresía de las clases dominantes en Cataluña, logró que Maragall callase y se echasen toneladas de tierra sobre tan viscoso asunto. Jamás se investigó. Maragall, en privado, reconocería después que debió ceder porque estaba en juego la elaboración del nuevo Estatuto de Autonomía. Pero esta vez, la burguesía catalana no ha podido evitar que la implosión se produjera: los periódicos barceloneses, habitualmente muy contenidos en determinado tipo de denuncias, han abierto compuertas con titulares insospechados (“La sociedad civil catalana, en el diván”) y crónicas descarnadas. Y con extensísimas informaciones, siendo la más relevante la que ha relatado con pelos y señales cómo la Sindicatura de Cuentas advirtió en 2002 de determinadas irregularidades en el Palau mediante un informe de 32 páginas que el Parlamento autonómico no llegó a considerar al año siguiente. El dedo acusador se dirige, no sólo a las muy ilustres familias que formaban parte del patronato y el entorno del Palau (el vicepresidente de la entidad, Manuel Carreras, es presidente del Círculo Ecuestre, otro símbolo de la burguesía catalana), sino también a los consejeros convergentes de Economía y Cultura, Francesc Homs y Joan Vilajoana, respectivamente, que no actuaron, a lo que se ve, con la diligencia debida.
El caso Millet está propiciando en realidad un severo enjuiciamiento a la clase dirigente adinerada de Cataluña, esa que milita en Convergencia o en Unió, esa que nacionaliza todo aquello que singulariza al Principado y lo reformula en términos de diferencia abismal con lo que le rodea, desde el Barça hasta la Caixa, esa dirigencia, en fin, que durante veinte años creó, salvando las distancias, como en el País Vasco, una suerte de régimen en el que los Millet han sido posibles; como lo fueron los De la Rosa, los Estevill o los Folchi, como con saludable impertinencia ha denunciado Pilar Rahola desde La Vanguardia en un demoledor artículo (“Sordos, ciegos y mudos”) que le ha debido preocupar mucho al siempre impertérrito Miquel Roca Junyent, que ha reconocido que el caso Millet “nos tiene, a muchos, desconcertados, pero sobre todo irritados”, advirtiendo que lo que “no puede ocurrir es que desmoralice a la sociedad”.
Roca verbaliza –desconcierto e irritación— el estado anímico de la burguesía catalanista que ha perdido pie, se ha dado cuenta de que el andamiaje de la farsa ya no se sostiene y empieza una nueva etapa porque la de su hegemonía está en el ocaso. La izquierda socialista le gana en progresía y los republicanos de ERC le adelantan en independentismo y radicalidad. No gobiernan allí; tampoco tienen la influencia de antaño en Madrid con un Zapatero que se entiende mejor con un desclasado como Jaume Roures que con un Javier Godó, y que considera “más de su tiempo” a un Isak Andic, propietario de Mango, que a un Rodés, como ha apuntado con perspicacia el escritor Francesc Cabana, autor de un decisivo libro de plena actualidad ahora: La burguesía catalana.
Millet tira de la manta
Ahora bien, ¿ha entonado el catalanismo burgués el “adiós a la vida” de Puccinni voluntariamente como si de una representación de Tosca en el Liceo se tratase? De ningún modo: cuando Millet se vio atrapado por la investigación de la Agencia Tributaria en Julio pasado, y tras comprobar que le flaqueaban los apoyos que en tantas otras ocasiones habían corrido tupidos velos para que el oasis catalán siguiera siéndolo, decidió este mes de septiembre confesar en sede judicial y periodística, y al modo de Sansón, implicar al tejido cultural catalán de haberse beneficiado de su bellaquería al admitir abundantes cobros en dinero negro. Es Millet el que con el reconocimiento de su culpa y contagiándola a su entorno cultural, político, amical y de clase, mete el bisturí al enfermo y proclama a los cuatro vientos que el régimen de la burguesía catalanista ni administraba tan bien los recursos como decía hacerlo, ni era riguroso en los controles de los fondos públicos, ni profesionalizaba las relaciones entre instituciones.
Y todo esto ocurre a poca distancia temporal de las elecciones autonómicas en Cataluña, en fecha previas a la sentencia del TC sobre el Estatuto y con una Generalidad de izquierdas que, después de reconocer también pagos indebidos y nepotistas por importes que resultan ridículos ante las proporciones del saqueo del Palau, hará del caso Millet un acta de acusación a un catalanismo burgués cuyo tiempo histórico –como está ocurriendo en el País Vasco—ha pasado. Y es que los nacionalismos regimentales van sucumbiendo por una incompatibilidad radical con el tiempo histórico que vivimos. Por eso, el caso Millet pasa de constituir un caso aislado y concreto a una categoría de determinada sociología nacionalista y endogámica.
El Confidencial

viernes, 25 de septiembre de 2009

‘Desengáñese, Pemán, Europa está equivocada', por Carlos Sánchez


Se cuenta que durante una conversación privada entre Franco y José María Pemán, el escritor gaditano defendió la necesidad de que España se acercara más a Europa. Eran tiempos de autarquía y el régimen estaba aislado del mundo. Y fue entonces cuando el dictador soltó una de esas frases lapidarias. ‘Desengáñese, Pemán, Europa está equivocada”, le dijo Franco al viejo falangista con esa ridícula voz aflautada que gastaba.

Ni que decir tiene que gracias a que España hizo, precisamente, lo contrario de lo que reclamaba Franco, este país pudo salir del subdesarrollo. Pero resulta que ahora hay quien cree que se puede salir de la crisis yendo en dirección contraria a lo que se está discutiendo en Europa, donde el gran debate es como hacer la economía más competitiva. Simplemente por una razón. Parece evidente que en un mundo globalizado el país con mayor capacidad de adaptarse a las nuevas circunstancias económicas tendrá mayores probabilidades de crear riqueza y bienestar para sus ciudadanos.

"Cuando un país se empobrece, la pérdida de riqueza afecta a todos ciudadanos. Pero sobre todo a los trabajadores con menos oportunidades de prosperar social y económicamente"

En España, sin embargo, las discusiones giran en torno a la subida de impuestos, pero no con el objetivo de crear un sistema tributario más eficiente y equitativo capaz de impulsar la competitividad de las empresas y de la economía española. Aquí lo que realmente se discute es si el Gobierno hace bien o hace mal en subir los impuestos para financiar el déficit presupuestario, como si el diseño de la política fiscal no tuviera nada que ver con la capacidad de crear riqueza de una economía.

El debate es tan cortoplacista que tanto Zapatero como Salgado han dicho que gracias a que se van subir los impuestos, los parados van a poder continuar cobrando el desempleo. Como si las leyes que dan derecho a cobrar el paro fueran papel mojado.

Recaudar más o menos

Se trata de una visión instrumental de la política impositiva verdaderamente singular. Los impuestos no sólo sirven para recaudar más o menos dinero, sino que también cumplen una función esencial en la política económica, algo que resulta tan obvio que es sorprendente que a estas alturas de la historia haya todavía que recordar. Y en este sentido desconsuela que el Ejecutivo haya hecho tabla rasa de algunas de las reformas fiscales propuestas en los últimos meses, y que en cualquier país desarrollado hubieran suscitado un claro interés.

El Servicio de Estudios del BBVA y otras instituciones han propuesto, por ejemplo, que dado que el único margen de maniobra que tiene el Gobierno para aumentar la recaudación de forma relevante es elevar dos o tres puntos el IVA, sería razonable que al mismo tiempo el Gobierno rebajara las cotizaciones sociales en una cuantía similar con el fin de abaratar el factor trabajo. De esta manera, el aumento del empleo podría compensar la caída del consumo que pudiera derivarse de un aumento de la fiscalidad indirecta. La propuesta es interesante y merecería ser atendida. Sobre todo por razón fácil de entender. Mientras España no se acerque a su potencia de crecimiento (en el entorno del 2-3%), este país seguirá generando paro y déficit público.

La necesidad de abaratar el factor trabajo para hacer la economía más competitiva es tan evidente que Cándido Méndez, como se sabe poco sospechoso de ser un quintacolumnista de la oposición, ha llamado la atención sobre la necesidad de que las pensiones no se financien únicamente con cotizaciones sociales. Fundamentalmente, por una razón. La brecha entre el salario real y los costes laborales es cada vez mayor, y eso afecta a la capacidad de competir de las empresas. Por ello, esta propuesta –sugerida también desde hace mucho tiempo en otros foros- debería ser atendida. En Dinamarca, por ejemplo, las pensiones se pagan con IVA y no con cotizaciones sociales.

Parece evidente, igualmente, que el IRPF necesita ser revisado en profundidad para restaurar la equidad fiscal perdida a cauda del diferente tratamiento que reciben las rentas gravadas en función de su origen (trabajo o capital).

Estas y otras propuestas son muy interesantes, pero en su lugar el Gobierno ha optado una vez más por lo más fácil: subir los impuestos para marcar las distancias entre la izquierda y la derecha. Sin darse cuenta de que cuando un país se empobrece, la pérdida de riqueza afecta a todos ciudadanos. Pero sobre todo a los trabajadores con menos oportunidades de prosperar social y económicamente por razones obvias. Como dijo Ignacio Fernández Toxo hace unos días, hacen falta luces largas en la política económica.

El Confidencial

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Benidorm: Pajín & Cía. Sociedad Limitada, por José García Domínguez

La socialista vasca Iraola, madre de Leire Pajín, acaba de reventar un poco más la democracia en el ayuntamiento de Benidorm. Está exultante. A mandar, con razón o sin ella, con votos o sin ellos: socialismo cañí.

Visto lo de Benidorm, en lugar de la Internacional, mejor hará Zapatero entonando la letra de Cambalache cuando la próxima performance de Rodiezmo. Y, en vez de izar el puño, que levanten las compañeras y los compañeros un maletín de Louis Vuitton al unísono en cuanto suenen los primeros compases del tango de Santos Discépolo por megafonía. Pues, entre otras perplejidades, ninguna moción de censura local merecerá la presunción de inocencia mientras la cuarta parte de los billetes de quinientos euros que existen en el planeta Tierra continúe empadronada en municipios españoles.

Y es que ese asunto, el del asalto impune del Pajinato al Plan General de Ordenación Urbana, recuerda demasiado el hedor inconfundible del primer despotismo iletrado. Aquel añejo perfume fétido de la cosecha del ochenta y dos, cuando la vieja guardia demolió el escalafón moral del país y ya resultó lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, generoso o estafador, todo igual, nada mejor, tanto chorros maquiavelos y estafaos, como contentos y amargaos. Cuando el ministro del GAL barruntaba que Carlos III debía ser una marca de coñac, y la UGT desvalijaba al prójimo con la PSV.

Fue entonces cuando se cimentó algo mucho más grave que esa tangentópolis que hoy parasita las concejalías de Urbanismo de media España: la corrupción moral de una sociedad que la tolera de grado. Y eso, a pesar de los autos de fe mediáticos tan del gusto de la afición, con sus plañideras de la prensa, su rasgar de vestiduras entre las autoridades y su aquelarre final, quemando en la pira de la opinión pública al tránsfuga de turno. Mas nadie se llame a engaño: la subasta en almoneda de cabildantes a la sombra de una hormigonera, aquí, sale gratis total. Tanto a diestra como a siniestra, que tanto monta.

Así, la pobre fibra ética de esta vieja nación a la deriva se retrata desnuda cada vez que las urnas pedáneas legitiman esas miserias. Porque pícaros, buscavidas, trileros, ventajistas y zascandiles pujando por un lugar al sol de las comisiones del ladrillo, haylos en todas partes. Sin embargo, en los lugares sanos, es la propia sociedad quien genera los anticuerpos que les impiden llegar al poder o mantenerse en él. Pero aquí... Que se lo pregunten a la mamá de la criatura.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Suben los impuestos por no reducir el derroche


Zapatero ha puesto en marcha su capacidad populista para tratar de vendernos la subida de impuestos. Lo ha vendido como un "pequeño esfuerzo" y, naturalmente, se habla de "solidaridad". Pero el problema es que este incremento no será pequeño y, desde luego, no se gastará en dar dinero a quienes más lo necesitan. Servirá simplemente para tapar los agujeros en las cuentas públicas provocados por la política de Zapatero, también populista, de gastar como si no hubiera mañana.

Los planes del Gobierno consisten en reducir el déficit público en 30.000 millones, aproximadamente un 3% del PIB, reduciendo el gasto más o menos lo mismo que lo que espera incrementar la recaudación merced a la subida de impuestos. Las partidas que ha escogido y que no ha detallado excesivamente se centran en los ministerios de Innovación y Tecnología, Industria y Fomento. Curiosamente, los dos primeros deberían ser protagonistas de ese "cambio en el modelo productivo" que tanto ha pregonado Zapatero y del que en realidad sabía bien poco, porque lleva desde entonces pidiendo ayuda para su Ley de Economía Sostenible de la que no sabemos casi nada, aparte de que será una nueva improvisación que seguramente no sirva para nada más que para tirar nuestro dinero a la basura, o al bolsillo de algunos.

Sin embargo, el Gobierno no debería parar ahí. Quitarles el dinero a los ciudadanos es un asunto muy serio. Y eso, y no otra cosa, son los impuestos. Subirlos no significa nada más que quitarnos una porción mayor de lo que es nuestro. Hay quien piensa que nunca está justificado que el Gobierno se apropie de parte de la riqueza que generan los gobernados, pero aun sin llegar a tanto habría que concluir que sólo debería hacerse cuando existen causas muy justificadas para ello.

Precisamente por eso los liberales siempre hemos apoyado la reducción del Estado del Bienestar, porque supone una redistribución injustificada, porque no es solidario al ser coactivo y porque genera dependencia y parasitismo. Pero es fácil comprender que tocar esas partidas supondría un alto coste político y humano que no puede afrontarse en tiempos de crisis. Aún así, existen multitud de gastos del Gobierno que podrían eliminarse por completo; partidas cuya supresión no le hurtaría el sueño a nadie excepto a los beneficiarios de esas sumas. Eliminar subvenciones a distintas actividades económicas y empresariales y ayudas a las dictaduras supondría un ahorro de 20.000 millones, una cifra que, por sí misma, ya nos permitiría alcanzar ese objetivo que han tomado como excusa para quitarnos una parte mayor de lo que es nuestro. Pero a lo que cabría añadir la reducción de gasto que en otras partidas ya planea el Ejecutivo por concepto de 10.000 millones.

Si además el Gobierno renunciara a continuar financiando rescates bancarios o nuevos planes E, el déficit podría reducirse a un objetivo razonable. Y si además abandonara sus proyectos de dar más dinero a todas las autonomías, cada una de ellas con innumerables partidas tan desechables como aquellas en las que el Gobierno despilfarra 20.000 millones de euros, quizá el Estado en su conjunto empezara a costarnos una cifra un poco más cercana al valor de los servicios asistenciales, policiales, sanitarios o judiciales que son los que en general valoran los españoles. Pero Zapatero no parece estar por la labor de reducir el parasitismo, de ahí que nos obligue a hacer ese "pequeño esfuerzo" que él no está dispuesto a realizar.


Editorial de Libertad Digital

sábado, 19 de septiembre de 2009

Acoso a Israel ¿Tiene sentido hoy la ONU?


El nacimiento de las Naciones Unidas en 1945 respondió a un idealismo ingenuo, que no muchos se creyeron, pero que se aceptó de todas formas. Sus fines, la paz, la democracia, la libertad eran al menos principios y valores reconocidos e identificables. En el Consejo de Seguridad se sentaban la URSS y China –dictaduras totalitarias–, con derecho a veto; y la Asamblea General se pobló de regímenes miserables, cuyo voto tenía el mismo valor que los países más democráticos. Un país, un voto.

Como era de esperar, la ONU se convirtió en el paraíso de la hipocresía. Pero como sabemos, ésta es el homenaje que el vicio rinde a la virtud. Puesto que la ONU nació para garantizar la paz, la seguridad y las relaciones libres entre países, los que no lo hacían disimulaban y excusaban sus tropelías. Las instituciones internacionales, al menos, frenaban las ansias brutales de muchos países. Durante un tiempo –mal que bien–, funcionó, o al menos no resultó contraproducente.

Tras la caída del muro y la orgía democratizadora de los noventa algo grave ha cambiado en Naciones Unidas: los regímenes más abyectos de la tierra no es que planten sus reales en la institución; es que la usan ya abiertamente para atacar a las democracias. Hoy es el instrumento por el que determinados países –Irán, China, Venezuela, Corea del Norte– hacen daño a las democracias, que se encuentran a la defensiva. A la ONU ya no se va a rendir cuentas a las democracias; son éstas, apaciguadoras y temerosas, las que van a rendir cuentas a las dictaduras. Lo hemos visto en los últimos meses con Honduras: un régimen –el chavista, que representa los valores contrarios a los que fundaron la ONU en 1945–, atacando a un país –Honduras– que los representa y respeta a rajatabla. Y la ONU condenando a una democracia en beneficio de una dictadura.

Ahora ocurre otra vez –bien es cierto que es ya tradición– con el acoso totalitario a la democracia israelí. Y de la mano del Informe de la Comisión enviada a Gaza para investigar la guerra de finales de 2008. La ONU de nuevo es instrumento de grupos y regímenes totalitarios contra las democracias. O lo que es lo mismo, como instrumento para aniquilar Israel.

El informe tiene dos carencias, una derivada de otra. Primero por el carácter de la propia comisión, formada por cuatro personas cuya imparcialidad jamás existió. Goldstone, Chinkin, Jilani y Travers no constituyen una comisión internacional imparcial: todos ellos han mostrado en el pasado una actitud hostil hacia Israel, y han denunciado en varias ocasiones sus "crímenes de guerra". Se eligieron con premeditación, sabiéndose su animadversión a Israel, y viciando la investigación desde el comienzo. Con esta grave carencia –la de la imparcialidad– el resultado estaba previsto de antemano.

En consecuencia, la metodología del informe deja bastante que desear. La distribución del texto es irregular y levanta sospechas: los investigadores dedican decenas de páginas a describir todas las medidas tomadas por Israel antes de la guerra, pero se dejan, deliberadamente, todo lo relativo a la militarización de Gaza por parte de Hamás, así como a las purgas asesinas entre sus rivales. En cuanto a los prolegómenos, hay un desequilibrio intolerable. Y cuando relatan lo ocurrido durante el conflicto en sí, cuentan con todo lujo de detalles cada acción militar israelí –contradiciéndose, pues al mismo tiempo han informado que Israel no colaboró con la comisión–, pero no muestran el mismo interés en las acciones sucias de Hamás involucrando a los palestinos en los enfrentamientos –y eso que supuestamente éstos sí se habían mostrado colaboradores–, que se quitan de encima de un plumazo. La proporción es aproximadamente de 10 a 2.

El informe sitúa la carga de los hechos sobre Israel, convirtiendo a Hamás en una circunstancia más de la operación, casi como si nada tuviese que ver con ella. La narración está claramente descompensado y desequilibrado. Las entrevistas sesgadas, con mayoría palestina y de Hamás. Y en cuanto a las conclusiones y recomendaciones del cuarteto, son las mismas que se temían los que criticaron su nombramiento: para Hamás una regañina, y para Israel la amenaza de ir a la Corte Penal Internacional. ¿Sorpresa? Ninguna, porque los "investigadores" tienen una larga trayectoria de peticiones de éste tipo.

El objetivo del informe –tampoco demasiado oculto, no se crean– es sentar las bases para llevar a Israel ante el Tribunal Penal Internacional por crímenes de guerra. Responde a una estrategia por parte de grupos y países islámicos totalitarios que viene de lejos, y que han aprendido que la mejor forma de acabar con las democracias es utilizar las instituciones que éstas crearon contra sí mismas. Para ello cuentan con el apoyo de destacados funcionarios de Naciones Unidas, que saben que la fortuna se hace, no actuando contra Hamás, Hizboláh o Irán, sino contra Israel o Estados Unidos. Y con el aplauso de la izquierda europea.

Y más allá de eso, este episodio señala la tendencia de Naciones Unidas a convertirse en un instrumento del totalitarismo contra las democracias, del Mal contra el Bien. No ya es que no haga nada; es que empieza a ser un problema para las democracias. Merece la pena preguntarse, ¿tienen hoy sentido las Naciones Unidas?

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

viernes, 18 de septiembre de 2009

El himno del genocidio, Pío Moa, LD


Veo la foto de dos de las niñatas socialistas, la Aido y la Pajín, tan poderosas como necias (así estamos en España), cantando puño en alto La Internacional. Nada mejor que si cantasen la Horst Wessel lied, el himno nacionalsocialista. Nada mejor aunque, asombrosamente, el segundo despertaría muchas iras y el primero encuentra complacencias, empezando por la de Rodríguez “el rojo”. Rojo tampoco significa en España nada mejor que chekista. Las poderosas niñatas, “burguesas” desde la coronilla a los pulgares de los pies, son seguramente unas perfectas ignorantes de la historia y de muchas otras cosas, nunca el gobierno del país había caído en manos de personajillos tan cutres. Pero no cantan el himno del genocidio, pues eso es La internacional, solo por simple ignorancia. También por coquetería: les encanta sentirse centro de atención y particulares de algún modo, ¡tienen ideología! Pese a los altos sueldos que entre todos les pagamos, se sienten “solidarias” con “los pobres del mundo” o con “los parias de la tierra”, según versiones. Sin estar dispuestas, desde luego, a probar las miserias materiales de la vida. Hijas privilegiadas de un sistema democrático y de lo que llaman “capitalismo”, lo atacan sin renunciar a una sola de sus ventajas. La misma farsa cuando las mismas homenajeaban grotescamente a las “trece rosas” que intentaban rehacer el stalinismo en España. Lo grotesco no estaba en que se identificaran con ellas, cada cual se identifica con lo que le parece: lo intolerable estaba en su presentación del stalinismo como idea de la libertad.


La Internacional habla de “los pobres del mundo”, la “famélica legión” con quienes estas niñatas, y el PSOE o el gobierno, no tienen relación alguna, y promete que “los nada de hoy todo han de ser”. El mensaje tiene aire evangélico: “los últimos serán los primeros”, “es más fácil que un camello (o una maroma) pase por el ojo de una aguja, que un rico (como las niñatas y tantos otros socialistas) entre en el reino de los cielos”, etc. En mucha gente bienintencionada (cosa que estas chicas no son) ha calado la aparente similitud del mensaje marxista con el cristiano. Suena a cumplimiento de una profecía que acabará con las injusticias en la tierra, sin esperar al otro mundo. ¿Quién podría rechazarlo?


Pero hay una diferencia esencial: “Mi reino no es de este mundo”. El pecado original implica una responsabilidad, una culpa y una libertad personales, mientras que el himno marxista pretende lo contrario: el hombre no es responsable, la libertad es una ilusión, y toda la culpa se concentra en algún grupo social determinado. Es decir, si la tierra no es “un paraíso”, como promete el himno, se debe solo a una “clases sociales”, “imperialistas” o lo que sea, que lo impiden. Ellas deben ser exterminadas, por el bien de la humanidad, por el paraíso prometido. Lógica férrea que libera al individuo de la culpa y permite entender al marxismo como el foco de los mayores genocidios de la historia, con su prodigiosa capacidad de proyectar al exterior la culpa personal: vale la pena aplastar cualquier resistencia al designio paradisíaco. Y no existe un más allá donde los genocidas vayan a ser castigados. Stalin y Mao murieron como cualquiera y, aun si hubieran sido fusilados, no habrían corrido un destino diferente del de miles de otros. Hitler se suicidó, como tantísima otra gente que no fue responsable de masacres parejas.


¿Ignoran el carácter genocida de su himno las niñatas y niñatos socialistas? No, por cierto: no lo ignora nadie con dos dedos de frente y un mínimo conocimiento de la historia. Lo que ignoran, porque ni siquiera les preocupa, es la lógica interna que lleva de frases de bello sonido a la carnicería. Seguramente ellas no proyectan grandes matanzas, pero, ¿las proyectaban los miles de chekistas antes de que las circunstancias y las ideas les empujaran a ejercer?

Blog de Pío Moa en Libertad Digital
Mariano Digital

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Cambiemos la cerradura, por Pablo Molina


En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia.

De esta forma comienza el preámbulo de la constitución del Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario de Bolivia (sic), una constitución redactada a mano alzada por los grupos indigenistas que apoyan a Evo Morales y su Movimiento al Socialismo, que atribuye al Estado la propiedad de los recursos naturales susceptibles de explotación, incluye en el sistema de salud pública los ritos curativos tradicionales y en el de justicia las tradiciones indígenas para castigar delitos, establece como principio transversal el resarcimiento del daño causado por la "colinización" española y permite a su actual presidente perpetuarse en el poder indefinidamente a imitación de su padrino venezolano.

Todo un ejemplo de democracia moderna, como se ve, que la izquierda española aplaude a rabiar cuando su protagonista se da una vuelta por la odiada metrópoli para insultar a sus habitantes. Pero por debajo de las apelaciones a la Pachamama y de los carísimos trajes de diseño con aires precolombinos, Morales ha venido a cobrar la deuda que la propia izquierda española se ha ofrecido siempre a satisfacer para lavar su absurda mala conciencia. Setenta millones de euros setenta es lo que se lleva para Bolivia en concepto de condonación de su deuda exterior con España. Una pastizara que todos los contribuyentes tendremos que financiar, para que Evo Morales nos perdone por haber llevado la civilización a las tierras andinas. No lo hará, claro, porque como miembro destacado de la extrema izquierda populista, sabe muy bien que el odio al capitalismo y a la civilización occidental proporciona grandes apoyos políticos y financieros entre la izquierda española, tan populista como la hispanoamericana cuando no más radical.

Y como cada vez que hay un sarao izquierdista, Gallardón se ha sumado a este espectáculo lamentable de desfondamiento nacional entregándole al cobrador del frac de alpaca las llaves de la ciudad. Las de su casa no, claro, que no está la economía para cambiar cerraduras cada dos por tres. Ahora bien, una cosa hay que reconocerle al alcalde madrileño: su vista de lince para ganar apoyos a la candidatura olímpica de Madrid. Con Chávez y Morales damos un paso de gigante. En cuanto venga Ahmadineyad las olimpiadas están en el bote.

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.

Libertad Digital

lunes, 14 de septiembre de 2009

Subida de impuestos a 15.000 euros el voto, por Roberto Centeno


Contaban escandalizados mis abuelos y tíos, mineros y socialistas asturianos todos ellos, como los caciques locales de principios del Siglo XX compraban votos a duro. Pero si todavía vivieran se quedarían sin habla al ver como cien años después su venerado Partido Socialista, férreamente controlado ahora por una oligarquía de políticos que no ha trabajado jamás, no solo compra los votos a 15.000 euros, doscientas veces más en moneda constante que el duro de entonces, sino que además, en lugar de pagarlo de su bolsillo como hacían los caciques de antaño, se lo expolian a los trabajadores y a la clase media para que pague por ellos.



Y dirán Uds. ¿y por qué ésta afirmación?: pues porque la mayor subida impositiva de nuestra historia, va a realizarse sin coordinación alguna con CCAA y Ayuntamientos, responsables del 63 % del gasto, obligándoles a una drástica reducción del despilfarro, lo que convierte una eventual estrategia de política fiscal, en una chapuza de tal calibre, que no tiene parangón en nuestra economía. No se trata de lograr la vital reducción del déficit público estructural, sino de expoliar 15.000 millones de euros, para tapar el agujero de los 11.000 millones regalados a las CCAA, con una finalidad exclusivamente electoralista, donde Cataluña y Andalucía, los grandes feudos socialistas, se llevan la parte del león, más los 4.000 millones/año que costará el nuevo PER nacional, que tan excelentes resultados electorales dio a Chaves en Andalucía y a Rodríguez Ybarra en Extremadura, para no perder el voto de los menos favorecidos.



Y a ésta improvisación, digna de una república bolivariana, se añade la burla de afirmar que se hace en nombre de la solidaridad y la política social. Una solidaridad territorial que Zapatero ha aniquilado, mejorando más aún los increíbles privilegios fiscales del País Vasco y Navarra, que aportan al Estado siete veces menos de lo que les corresponde, descontando lo financiado por ellos, mientras nos venden el 80 % de sus productos; y extendiendo a Cataluña y Andalucía, regímenes fiscales absolutamente injustos y discriminatorios para el resto de regiones.



Cataluña, el más grave, pues su imaginario déficit fiscal con el resto de España es cuatro veces inferior a su superávit comercial y de servicios. Como consecuencia lo que recibe no puede ser ya inferior a su parte en el PIB, y además si por la incompetencia probada de la Generalitat continuara perdiendo renta relativa, según el Estatut, estamos obligados a subvencionarles para que no la pierdan; y Andalucía que recibe los fondos en función de su superficie.



¿Política social?



Y en cuanto a la supuesta política social, ésta es una de las estafas más indignas perpetradas por una camarilla que se denomina a si misma socialista. La política social de Zapatero ha consistido en un reparto medieval de la riqueza creada, donde las rentas de trabajo han perdido casi cuatro puntos de PIB a favor del capital desde que gobierna, situándose en el nivel más bajo de nuestra historia y en el más bajo de Europa; donde se ha creado un millón más de pobres mientras se ha multiplicado por tres el número de multimillonarios; o donde un 60 % de las familias ha perdido renta real mientras el 10 % más rico se apropia del 30 % de la riqueza nacional, mientras la plana mayor socialista canta puño en alto la Internacional: ¡Arriba parias de la tierra, en pié famélica legión!, ¿ pero es que no tienen vergüenza?.



Por otro lado, no hace falta saber economía para darse cuenta que la subida de impuestos reduce nuestra renta disponible, y en consecuencia el gasto de consumo. Y como el consumo representa el 57 % del PIB, esto reducirá el crecimiento y el empleo. Si hace falta conocer economía elemental, para saber que esa reducción no es proporcional sino multiplicada, por un factor denominado precisamente “multiplicador de los impuestos” que puede ser algo más de 5.



El multiplicador hace que el efecto contractivo sea tal, que resulta casi imposible imaginar una medida tan disparatada en una situación de crisis. Además los 15.000 millones recaerán de nuevo sobre la clase media y la clase trabajadora, si finalmente el IVA, los impuestos especiales y el ahorro de la mayoría de la población, son los grandes pilares del expolio.



El IVA, aunque técnicamente proporcional socialmente es fuertemente regresivo, ya que no es lo mismo gravar igual un consumo para un rico que para un pobre; los impuestos especiales son los más regresivos del sistema; y finalmente el colmo de la injusticia: el incremento de impuestos sobre el ahorro de las familias sin capacidad para cambiarlos de país, mientras los 420.000 contribuyentes más ricos están exentos, ya que los socialistas han convertido España en el mayor paraíso fiscal de Europa para los millonarios nacionales. En Suiza, por ejemplo, las grandes fortunas suizas pagan diez veces más que en España.



Presión fiscal



Y luego la otra gran estafa que emplean profusamente: que la presión fiscal – impuestos más cuotas de Seguridad Social dividido por el PIB- en España está por debajo de media. Esto es totalmente falso, en 2006 superamos la media de la OCDE. Zapatero ha elevado brutalmente la presión fiscal en España, tres puntos de PIB o seis veces más, seis, que la media de la OCDE, y no porque haya subido los tipos, algunos han bajado, sino porque no se corrigieron con la inflación las tablas del IRPF, los tipos del IVA o el Impuesto de Sociedades, y porque suprimieron deducciones a lo bestia, tanto en el IRPF como en Sociedades. Un ejemplo: si un producto vale 100, el IVA es 16, pero si como consecuencia de la inflación pasa a valer 110, el IVA a pagar será 17,6. Y luego la patraña de que la presión fiscal bajó en 2008, una tomadura de pelo, bajó supuestamente porque el denominador utilizado, el PIB oficial, es falso, el INE ya ha reconocido que el crecimiento fue un 33 % inferior al oficial, y la cifra real es aún muy inferior.



Pero dicho esto, la presión fiscal no sirve para valorar la realidad, porque las diferencias de riqueza, población, estructura económica o tasas de actividad, invalidan cualquier comparación. La medida representativa es el “esfuerzo fiscal”, un parámetro para cuyo cálculo existen diversas versiones, pero una sencilla es dividir la presión fiscal por la renta “per capita”, y así medido, España es el séptimo país de la OCDE, y el cuarto de la UE, donde el esfuerzo fiscal es mayor, solo superado por EEUU, Canadá, Reino Unido, Suiza, Bélgica y Dinamarca. Así que, señores del Gobierno, mal está que nos expolien, pero no nos tomen también por imbéciles.



Y termino, frente a los casi 270.000 millones de euros, que será la diferencia entre ingresos y gastos, no sólo déficit, en 2010 para el conjunto de las Administraciones Públicas, dado el volumen de gasto ya comprometido – solo 100.000 del FROB -, los 15.000 millones teóricos, porque la realidad será inferior por la contracción de la actividad inducida, son el chocolate del loro. Entonces, ¿a qué viene la trampa saducea de ofrecer a Rajoy una reunión para hablar de las cuentas públicas, si el pescado está ya todo vendido? Por cierto el BCE ya ha comenzado a exigir recortes de gasto, pero su mayor preocupación, en contra de lo que yo creía hace una semana, no es el crecimiento exponencial del déficit y la deuda, que también, le preocupa algo mucho más grave e inmediato: la situación real del sistema financiero español, maquillada y ocultada por el BdE, por el efecto de posibles quiebras en cadena sobre la eurozona. El análisis de Variant ha hecho encenderse todas las luces rojas.


El Confidencial
(*) Roberto Centeno, Catedrático de Economía de la Escuela de Minas de la UPM.

Violencia a la catalana, por Agapito Maestre, LD

Nadie juzgue como excepcionales, o peor, nadie se lamente cínicamente de los actos de violencia que estamos viendo en Cataluña en los últimos tiempos. Nadie diga que son una excepción de eso que conocemos por la extraña expresión: "nacionalismo democrático". Por el contrario, todos esos fenómenos violentos parecen la lógica consecuencia del experimento que las elites políticas catalanas, en colaboración con las del resto de España, han puesto en práctica en ese territorio español desde hace más veinte hace años.

Los frutos de ese terrible experimento político están a la vista: por un lado, la casta política pretende engañarnos con el falso y cínico argumento de que el Tribunal Constitucional, cada vez más deslegitimado, podría solucionar la quiebra del Estado de derecho que hoy vive España sólo con una sentencia desautorizando el estatuto de Cataluña; por otro lado, nadie más que un necio podría negar lo que es comprobable: empobrecimiento de Cataluña, enriquecimiento de sus elites políticas y violencia.

Violencia, sí, mucha violencia, odio y resentimiento hacia el propio Estado de derecho nos tocará ver todavía, pero nadie se escandalice por esos resultados, porque eso sólo será el comienzo, desgraciadamente, de algo que muchos demócratas venimos denunciado hace décadas: ningún territorio de una nación jamás se ha separado sin sangre. La violencia desatada por los independentistas en la Diada y Arenys de Munt irá a más. El precio de este juego demoníaco de toda la elite política catalana no saldrá gratis.

Destrozar el Estado de derecho desde dentro, y sin que se note demasiado por parte de los ciudadanos, ha sido y es sin duda alguna el objetivo de los independentistas catalanes con la anuencia del resto de la elite política. Pero ahora, cuando la crisis arrecia y Montilla y sus socios son cuestionados con gritos en español de los obreros en paro, parece necesario dar un nuevo impuso al "proceso" independentista. Pareciera que esta elite política, sin ningún liderazgo democrático fuerte, hubiera intuido que está tocando fondo e intentase probar la vía de la violencia explícita... Se han percatado de que dar un golpe de Estado perfecto, algo parecido a lo del 11-M, no es tan fácil. Ellos no tienen la inteligencia suficiente para hacerlo sin sangre, o peor, con "sangre calculada". Tampoco sin que se les note que son los artífices de la violencia.

En cualquier caso, creo que ahora sí parecen dispuestos a probar, en realidad están obligados, la violencia desnuda, el enfrentamiento entre secesionistas y defensores de la democracia española. Y en eso estamos: asistiendo a la prueba del grito, el insulto y, en fin, todo eso que limita con la política, la violencia. Los políticos tratarán de manejarla a su favor, pero desgraciadamente, quizá más pronto que tarde, se les podría ir de las manos. Después de todo, el estatuto de Cataluña no llegó a ser refrendado ni por el 28% de la población, y pesar de la inmersión lingüística y 30 años de antiespañolismo instalado en el poder de las instituciones catalanas, el nacionalismo catalán sigue siendo una estrategia de elites políticas antes que de masas. Cataluña no es, que más quisieran los independentistas, la Checoslovaquia a punto de escindirse con una revolución de terciopelo. No, no, Cataluña no se parece en nada a la antigua Checoslovaquia.

El experimento de la república catalana tiene que pasar la última prueba de validación. Se necesita "coraje" para dar el último asalto... Pues que el independentismo nacionalista, a pesar de todas las ayudas del régimen, es minoritario. No tienen otra solución que imponerlo a través de la violencia. Por eso, precisamente, violenta todas las reglas del Estado de derecho con un referéndum en Arenys de Munt. A partir de ahora, asistiremos a muchos más enfrentamientos violentos.

En fin, la violencia provocada por el experimento "totalitario" de las elites políticas catalanas traerá más violencia. No lo duden. Preparémonos para lo peor.

Libertad Digital

Nacionalismo: Arenys de Munt, por José García Domínguez, LD


Quizá el peor malentendido histórico a propósito del catalanismo radica en conceder que su objetivo último sería la independencia. Sin embargo, nada más lejos de sus intenciones. Al contrario, lo que en verdad ansían los nacionalistas es seguir fantaseando a diario con la secesión, pero desde la certeza fáctica de que tal eventualidad no llegue a producirse jamás de los jamases.

Y es que la Ítaca de los independentistas no es la independencia, sino el propio independentismo en sí, esa compulsiva agitación permanente que tan rentable se ha revelado a lo largo del último cuarto de siglo. Por lo demás, nadie se engañe: lo suyo es el toreo de salón. De ahí el gran éxito de crítica y público que ha cosechado el referéndum-charlotada de Arenys de Munt, otro de esos triples mortales de boquilla tan caros a la aguerrida marinería de agua dulce que integra la escuadra de Mas, Duran, Puigcercós, Saura & Cía.

Como también de ahí esa desconcertante, obscena promiscuidad civil que, sin escándalo aparente de nadie, lleva a contemplar a Joan Laporta departiendo en alegre camaradería con Frederic Bentanachs, uno de los fundadores de Terra Lliure, convicto condenado a varios años de cárcel por la comisión de múltiples atentados criminales, algunos de ellos perpetrados en comandita con ETA. Pública connivencia moral entre el estabishment y los márgenes del lumpen político que igual se manifestó en la performance de Arenys de Munt, inopinada meca del seny por la que el domingo desfilaron multitud de representantes institucionales con tal de rendir pleitesía al alcalde que patrocinó el espectáculo.

En fin, radiantes y felices como niños con zapatos nuevos, acaban de descubrir un nuevo juguete: los referendos de la Señorita Pepis. Porque habrá más, muchos más; sobre todo, a medida que se acerquen los comicios domésticos de 2010. Puigcercós ya lo ha anunciado: el radicalismo vacuo de la Esquerra se aferrará a esos simulacros escénicos con tal de seguir disputándole a Convergència el espacio del sentimentalismo identitario. Una huida, otra, extramuros de la lealtad constitucional a la que tampoco será ajeno ese cadáver insepulto que se hace llamar Iniciativa per Catalunya.

No obstante, que vayan con mucho cuidado: el día menos pensado, el resto de España, harta de tanto circo, podría reconocerles la victoria.


Libertad Digital

José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Indecencia, por Zoe Valdés

INDECENCIA (por Zoe Valdés)
Por Zoe Valdés

A los cubanos nos está sucediendo lo que a los rusos en la época en que escapaban del comunismo: afuera nadie les creía. Pero a nosotros nos está pasando peor, porque nosotros nos hemos quedado desfasados en todo, fuera de caja o de molde, fuera de tiempo. Pocos nos entienden; la revolución castrista fracasó como proyecto, pero ha obtenido un sólo triunfo: el hombre nuevo. El hombre nuevo es ese que tan bien retrata el cineasta León Ichaso en su reciente película Paradiso, Son los que vienen de Cuba con el cuchillo entre los dientes, a los que les da lo mismo jinetear que matar, y viven esencialmente del engaño, de la mentira, del trueque y del truco. Son el hombre y la mujer orquesta, hoy son actores o actrices, mañana serán cineastas, pasado devendrán escritores, o pintores; la cosa es vivir del cuento, y hasta dinero le sacan. No leen, ni les interesa leer de manera profunda, leen lo estricto para tener un barniz, y con ese barniz salir al ruedo a encajarle los cuernos a quien se les ponga por delante. Llegan a tu casa, en medio de un domingo, o de cualquier noche, te lloriquean un poco, piden dinero prestado, o que les consigas un trabajo, si es una beca, mejor, te sacan ideas, proyectos, te ensalzan con falsedades, te comen a mentiras, lo mismo harán con otros en cuanto te dejen a tí, al rato, en el café más cercano los verás lloriqueando frente a un amante que hicieron viajar desde Barcelona, o desde Japón, o desde la Conchinchina. Dan la mordida o el zarpazo y se largan con su rumba a arañar al próximo que ya tienen en mirilla.

En cuanto poseen un pasaporte (cosa fácil para ellos, lo tramitan desde la cama y sin pagar impuestos), y un trabajito o beca bien remunerados, regresan a Cuba a especular; se compran una casa o se la tumban a alguien. Dicen ellos mismos de sí mismos que se han convertido en personas de culto, qué risa, por dios, qué poca vergüenza y todavía menos modestia, qué estupidez tan inmensa. Y al instante, y lo que resulta más oneroso, se convierten en agentes del régimen. A trabajar para que se hagan concierticos por la paz en la plaza de la revolución, y a contarles a los “ingenuos” que en Cuba todo ha cambiado, que ya debemos pasar página, olvidar y perdonar, qué cínicos, como si ellos vivieran del olvido y del perdón. ¡Qué siniestros y sobre todo, qué indecentes en el peor sentido de la palabra! Yo viví en una época en que incluso la indecencia era tierna, era bajarse los blúmers debajo de una escalera, o hacer el amor en una azotea o apretar en el Malecón. No, ahora la indecencia lleva carnet y es militante castrista, el carnet tiene forma de libro o de cuadro, en la mayoría de las ocasiones; y en sus páginas, como en las telas, se cuentan las mismas ponzoñas que contaron en el pasado sus protagonistas reales; los robots sociolistas empiezan entonces a desenterrar mártires. ¡Pobre gentuza sin vida propia que se aferra a la de los demás para poder existir!

Es probable que Juanes, al inicio, haya sido víctima de esta gente, como Benicio del Toro; aunque al segundo lo conocí y enseguida me olió a ñángara envilecido. Juanes ayer hizo alarde de ubicuidad: Mientras afirmaba en Telesur que lo habían amenazado de muerte y citaba de manera errónea e inculta la frase de Voltaire con la que lo apoyaron en Twitter en lugar de amenazarlo como afirmó, además daba una entrevista a El Nuevo Herald en la que decía que sentía haber dañado a la comunidad cubana de Miami (no ha sido sólo a la de Miami a la que ha ofendido, ha sido a la del mundo), y también se presentaba en un concierto en Nueva York “arropado”, acuñó la prensa, de cantantes que lo apoyaron, defendieron, y resguardaron ¿de quiénes? De nosotros ¡faltaría más! De los malos de la película, de”los verdugos”, del exilio histérico, etc. ¡Qué indecencia! Así que él va a cantarle a una dictadura que ha asesinado vilmente a cientos de miles de inocentes, ha metido en la cárcel a otros tantos de miles, ha expulsado al exilio al veinte por ciento de la población, usa la pena de muerte cada vez que le sale de las verijas, para colmo, el concierto se lo organizan y amparan dos desalmados que firmaron una carta de apoyo a la pena de muerte contra tres jóvenes negros que sólo intentaban irse de ese país de basura, y ahora resulta que Juanes es la víctima del exilio y nosotros los verdugos. ¡Qué descaro tan insoportable!

Entonces le vi las cejas a Juanes, tiene las mismas cejas de Zapatero y que las de Obama; las mismas que las de Castro. Entonces me di cuenta que Juanes es otro de los que ha salido con el cuchillo entre los dientes, pagado por Havana Club, el ron castrista robado a Bacardí; Juanes es otro hombre nuevo, de los fabricados fuera, alfabetizado por las necias canciones de Silvio, los discursos del Ché y de Fidel que tanto alabó en un periódico mexicano. Juanes es de la misma estirpe de esa mujer nueva y de ese hombre nuevo cubanos, que salen de Cuba, no por problemas políticos, no, ¡qué va!, ellos salen a jinetearse al mundo bajo control de Gabo y de la Balcells. Dijo Juanes que él no es comunista, no, él es un oportunista, o sea, está en el camino correcto para devenir comunista, y comunista de los rastreros, de los representantes de la crueldad, de los voceros conscientes que están siendo mensajeros del horror. A eso me refiero, a la inmoralidad de pensamiento, a la acción cochina.

Pero quiero adelantarles algo, amigos míos, en esta guerra hemos perdido los que amamos la libertad. Porque en esta guerra -como bien dice Juan Abreu-, ellos hablan de paz, se llenan las bocas para hablar de paz. Y con la careta de la paz van ensuciando la libertad y cagándose en nuestros muertos, con toda la pompa y el ruido ensordecedor de una música para imbéciles. No estamos tratando aquí con gente decente, estamos frente a delincuentes, a gente que lo único que les vale es la pasta, los millones, frente a capitalistas millonarios disfrazados de mendigos, como Manu Chao y compañía, con pañuelito palestino al cuello, y tatuajes del Ché hasta en los párpados, estamos tratando con extremistas de izquierda, que son idénticos a los extremistas de derecha. Y ellos saben que lo que vende es eso, por eso se aferran al miserabilismo de izquierda, a una paz de pacotilla, a una paz manchada de sangre, a una paz en la que ni ellos mismos creen, porque nunca han vivido el terror, jamás lo sintieron en carne propia.

Estamos ante la indecencia más asquerosa que jamás se haya visto, la de los sucios de espíritu y de corazón.

Vía Voto en blanco

jueves, 10 de septiembre de 2009

Los grandes desequilibrios de la economía en cifras, por Roberto Centeno

Decía la pasada semana mi maestro el Profesor Velarde que lo primero que tiene que hacer el Gobierno para afrontar la crisis es decir la verdad. Uno de los numerosos lastres de la partitocracia oligárquica, profundamente antidemocrática, que nos impusieron los padres de la Transición, uno de los episodios más desastrosos de nuestra Historia, ha sido la degradación de los organismos independientes, entre ellos el sistema estadístico nacional. España es el país desarrollado con mayores diferencias entre cifras oficiales y realidad: “Las cifras económicas españolas son difíciles de creer”, decía hace unos meses el Sr. Trichet. La última estimación de PIB del INE, reduciendo la caída de la construcción a un 6%, cuando el empleo en el sector ha caído un 25,4%, es de auténtico escándalo. Pero aun con cifras oficiales -lo que significa que la realidad es peor aún-, los desequilibrios más relevantes, déficit y deuda de las Administraciones Públicas (AAPP), deuda exterior y desempleo, resultan simplemente insostenibles.

El primero en importancia, no sólo porque resulta incompatible con la permanencia de España en el euro, sino porque, de persistir, supondría la suspensión de pagos como nación, es el déficit y la deuda de las AAPP. Y dicho esto, debo aclarar inmediatamente que no creo que esto pueda llegar a ocurrir, porque ambos escenarios serían el Apocalipsis. Razón por la cual el Gobierno estará obligado a reducir drásticamente el nivel de gasto, tanto si quiere como si no, y muy probablemente dentro de un durísimo programa de ajuste impuesto y controlado por el BCE, flanqueado por nuestros grandes acreedores, Alemania y Francia. Ni el BCE, ni Alemania, ni Francia, y mucho menos España, pueden permitir el default, máxime cuando hay posibilidades casi ilimitadas para recortar gasto público en CCAA y Ayuntamientos.

El Gobierno estará obligado a reducir el nivel de gasto, tanto si quiere como si no

Las cuentas públicas son aterradoras: el Estado gasta el doble de lo que ingresa y CCAA y Ayuntamientos, tres veces más. Dado que, en el segundo semestre, fundamentalmente diciembre, los gastos son superiores a los del primero, la estimación a fin de año con los datos conocidos de julio es de un déficit del Estado del orden de los 100.000 millones de euros. Y aunque CCAA y Ayuntamientos funcionan en un régimen de total opacidad, la estimación de déficit es de 36.000 millones, aunque la realidad será muy superior con seguridad absoluta; Moody´s afirma que “las cuentas públicas de CCAA y Ayuntamientos se deteriorarán significativamente este año y, sobre todo, en 2010”. En todo caso, extrapolando las cifras oficiales, el déficit 2009 para el conjunto de AAPP será de 136.000 millones de euros, equivalente al 13,6 % del PIB.

Hasta aquí, más o menos la previsión oficial. Pero lo que nadie ha explicado es que en ésta cifra no está todo: no incluye el Plan E, los 11.000 millones a las CCAA, los 19.000 millones de gasto en infraestructuras, las compras de activos bancarios, el rescate de CCM… ya que todo esto y mucho más va directamente a deuda sin pasar por déficit. Es decir, quitando 8.000 millones de los 400 euros, el cheque bebé, la ayuda al desarrollo y poco más, todo lo demás es déficit estructural: gasto corriente y social. Y esto es muy serio, porque, o se reduce en unos 90.000 millones el gasto estructural, o España ni cumplirá con Maastricht ni podrá financiar el déficit por mucho tiempo, porque las necesidades netas de financiación pueden estar comprendidas entre los 200.000 y los 230.000 millones de euros, el 20 o el 23% del PIB, según incluyamos o no los 30.000 millones adeudados a pymes y autónomos.

Lo siguiente es el endeudamiento, que a finales del primer trimestre se situaba, según el BdE, en 602.973 millones de euros, el 60 % del PIB para el conjunto de las AAPP. Y a partir de aquí, el endeudamiento sólo del Estado ha crecido en 32.480 en el segundo trimestre, por lo que, a fin de año, una estimación conservadora sería de 90.000 millones adicionales. Y luego, CCAA y Ayuntamientos, a las que el BdE ha advertido de la gravedad de que sigan ocultando la realidad y gastando como si no hubiera crisis. La mejor estimación es que la deuda está creciendo unos 3.000 millones de euros al mes, o 27.000 de abril a diciembre, pero sin incluir la de las empresas públicas regionales -los INIs autonómicos-, más de 1.800 entidades dedicadas principalmente a ocultar gastos y colocar familiares y correligionarios, y cuya deuda declarada era de 13.123 millones (la mitad en Cataluña), pero cuya parte oculta se estima en 32.000 millones. Sumando todo lo oficial más lo debido a proveedores, la deuda pública total a fin 2009 ascenderá a unos 760.000 millones de euros o el 76 % del PIB. Y aunque no todo es computable a efectos de Maastricht, es obvio que estaremos por encima del 60%.

¿Y qué pasa ahora? Pues que el déficit 2010 no bajará del 12%, contando la supresión de los 400 euros, la eliminación de la ayuda al desarrollo, la supresión de los ministerios de Igualdad y Cultura, la congelación salarial a funcionarios y el efecto neto de la subida de impuestos, porque la caída del consumo y el aumento del paro que representará reducirá notablemente el incremento teórico de recaudación. Y porque el nivel de gasto alcanzado por CCAA y Ayuntamientos, más de 200.000 millones, ya no es financiable, pero no cesa de crecer. O porque las prestaciones por desempleo se irán a las estrellas, cerca de 50.000 millones, y porque el servicio de la deuda superará loa 3.000 millones mes a partir de mediados de año. Y a eso súmense los 100.000 millones del FROB, las infraestructuras y los demás compromisos de gasto, el último de 20.000 millones para “ahorro energético e innovación”, y estaremos por encima del 27 % del PIB en necesidades netas de financiación.

Y luego, algo que todo el mundo ha olvidado: el Sr Zapatero comprometió a España en los Presupuestos europeos a pagar el 26,7% de la ampliación, 40.000 de 150.000 millones de euros, aunque nuestro PIB es sólo el 6 % del total, mientras que Alemania y Francia, las grandes beneficiarias, no aportan un céntimo. Y la fiesta empieza en 2010. En resumen, Zapatero apuesta, a golpe de improvisación sin estrategia alguna, por el incremento exponencial del gasto y las subvenciones y las subidas de impuestos, el camino más rápido y seguro hacia el desastre. A finales de 2010, la deuda pública superará el billón de euros o el 100% del PIB. ¿Alguien se ha molestado en sumar y explicar a Zapatero que esto no es un juego de Monopoly sino la ruina de la nación?

El siguiente gran desequilibrio es la deuda externa. A finales de 2006 la Comisión Europea advertiría a España que su deuda externa era insostenible, pero como jugábamos en la ‘Champions League’, al Sr. Zapatero el tema le traía al pairo. Y no sólo eso; además, la vicepresidenta De la Vega, en sus periplos vacacionales, se dedicaba y dedica a condonar deuda española a todo bicho viviente, como si fuera Santa Claus. En aquel entonces, nuestra deuda externa era el 135 % del PIB, pero en el primer trimestre 2009 esa cifra era ya del 168 %, la mayor del mundo si exceptuamos EEUU, y la mayor en términos de PIB. A pesar de la crisis y de la bajada de precios de las materias primas, el déficit por cuenta corriente será éste año (34.000 millones en el primer semestre) del orden del 6% del PIB, una cifra increíble dada la brutal caída del consumo y la inversión. Y lo peor es que nuestras exportaciones no despegan y los pagos por intereses crecen exponencialmente. Si España estuviera fuera del euro, habría que devaluar la moneda del orden del 30%; como no es así, el ajuste tiene que hacerse internamente reduciendo costes y salarios para incrementar la productividad, y estamos hablando del 30% o más.

Salvo milagro divino, cerraremos 2010 con un paro por encima de los seis millones

Y lo más relevante: que el sistema financiero es el principal deudor con 781.719 millones de euros, una auténtica espada de Damocles ya que el sector tiene que devolver anualmente el equivalente a 7 veces sus beneficios imputables a España. Y eso sólo puede conseguirlo con la ayuda del Gobierno y reduciendo el crédito interno a familias y empresas, lo que hace imposible la salida de la crisis. Curiosamente, en el análisis de Variant sobre el sector financiero tan profusamente citado estos días, no se han mencionado algunas de sus principales afirmaciones. Recojo dos: “Los bancos españoles ocultas pérdidas y morosidad, y los inversores fuman crack si creen que son los más sólidos de Europa”; y respecto al paralelismo con Japón que algunos pretenden, “la situación de España es mucho peor, porque Japón en 1992 pudo apalancar sus propios ahorros, pues tenía un excedente por cuenta corriente del 3% del PIB”.

Y por último, el paro. Hay tres cifras oficiales; el INEM, mensual e inmediata; Eurostat, mensual y con un mes de retraso; y la EPA del INE, trimestral y con mes y medio de retraso. Aunque las metodologías son diferentes, la cifra del INEM no hay por dónde cogerla, ningún analista serio la toma en cuenta. La penúltima del Sr. Corbacho afirmando que el paro en junio se había reducido en 55.000 personas, mientras las afiliaciones a la Seguridad Social habían caído en casi 200.000, ha pasado a la antología del disparate. Nos quedan Eurostat y la EPA. La más fiable es la primera, y utilizando la misma, el paro en julio alcanzaba el 18,5% de la población activa ó 4.270.000 desempleados. Una cifra que, extrapolada a fin de año, nos lleva a casi 5 millones de parados oficiales; y subrayo oficiales, porque medidos con la metodología anterior a 2005, que el INE cambió a mayor gloria de Zapatero, serían 600.000 más.

Pero hay dos consideraciones adicionales. Los EREs, que en el primer semestre afectaban a 350.000 personas, están creciendo al ritmo de 50.000 al mes, lo que nos lleva a una estimación de 600.000 a fin de año. Unos EREs que, en un 60%, se convierten en paro definitivo. La segunda, que los empleos del Plan E, 425.000, finalizarán a 31 de diciembre. Es decir, que salvo milagro divino, cerraremos 2010 con un paro por encima de los 6 millones. Y ahora sumen: 6 millones de parados, 3,5 millones de funcionarios y similares, dan 9,5 entre 23 millones de activo. Es decir, cada 1,4 activos -un 63%de los cuales son mileuristas- tienen que mantener a 1 persona adicional.

Así las cosas, el penúltimo desatino de Zapatero: la Ley de Economía Sostenible, algo inédito en el mundo, denominación oficial de una Ley para la Subvención y el Pelotazo de los amigos del poder: 20.000 millones del ICO para empezar, mientras a pymes y autónomos ni agua: “La salida de la crisis se apoyará en sectores ligados a la innovación e investigación, nuevas tecnologías y energías renovables”, sectores que emplean unas 30.000 personas gracias a una subvención de 167.000 euros al año por puesto de trabajo. No estamos a la deriva como opinan muchos; tenemos un timonel que nos lleva directos a los arrecifes.


(*) Roberto Centeno, Catedrático de Economía de la Escuela de Minas de la UPM.

El Confidencial

domingo, 6 de septiembre de 2009

Cosas de la edad, por Alfonso Ussía, La Razón

Me lo advirtió Juancho Armas Marcelo la víspera de mi cincuenta cumpleaños. «Mañana te dolerá la espalda». Y me dolió. Esto de la edad es un desastre. Razón le sobraba a quien defendía que teníamos que nacer con noventa años para irnos acercando, poco a poco, a los dieciocho. Para Leo Rosenberg todo tiene que ver con las cremalleras. «Primero olvidas los nombres, luego olvidas las caras, luego olvidas subirte la cremallera y luego olvidas bajarte la cremallera». No he llegado al primer paso, pero todo se andará. Como en el diálogo del gran Tono. «Le noto muy cambiado, don José»; «yo no me llamo don José», «pues más a mi favor». Los cambios de las modas y costumbres nos han traído la tonta falsedad. «Me encuentro más joven que nunca», acostumbran a decir los que están hechos unos zorros. Creo que la dignidad, eso que a tantos sobrevuela y jamás se posa, está en la aceptación elemental de lo irremediable. Tengo muy buenos amigos que se dedican a la cirugía estética, esa difícil especialidad que consiste en engañar a la naturaleza. Lo malo es que la naturaleza no se deja mentir, y los resultados, a la larga, son estremecedores. Que una mujer a los cincuenta pretenda tener un pecho de veinteañera, es sencillamente, una estupidez. Lo bueno, lo fetén, es que lo que se lleva, sostiene o cuelga de cada uno, responde a la edad y los tiempos. Coincido plenamente con la estupenda autora teatral y colaboradora de LA RAZÓN, Paloma Pedrero, cuando opina que la dignidad es erótica. La antítesis del erotismo es el botox o el camuflaje de la arruga, o el culo melocotón temprano cuando en realidad se tiene una chirimoya. La vida es sabia, y el culo melocotón temprano es muy atractivo cuando es de verdad, lo mismo que el culo chirimoya cuando ya ha experimentado la metamorfosis de las calendas. La dignidad consiste en que pueda estallarte el corazón, pero no una teta o un sector de los nalgueríos. Estaba Edgar Neville, que había sido uno de los hombres más guapos de España, en su etapa final de paquidermo. Había organizado una fiesta de disfraces. Él estaba en un sillón, repatingado, mientras veía a sus amigos hacer el ridículo. Por supuesto, todos estaban disfrazados menos él. «¿De qué te has disfrazado, Edgar?» le preguntó la tonta de turno. «De hipopótamo», respondió orgulloso. Una mujer, que ya no era delgada y quería seguir siéndolo, iba embuchada en un apretadísimo vestido de sirena. La presión era tanta, que la sirena se mareó. Cuando Edgar supo de la circunstancia, no ordenó que fuera llamada ambulancia alguna. A las sirenas, lo que les corresponde. «Avisad inmediatamente a las Pescaderías Coruñesas». La dignidad del hipopótamo triunfó sobre la indignidad de la coqueta sirena. He visto este año en la playa a personas muy mayores corriendo por la orilla. Esa respiración agónica, esas piernas inseguras, ese movimiento de brazos, esa su color morada¿ Y todo, para estar joven cuando la juventud es pasado y la madurez no se acepta. Antaño, en las playas del norte, la gente mayor educada se dedicaba a ahogarse. Ahora se mueren correteando. Y todo, por no asumir con dignidad la llegada del otoño vital, esa estación en el que uno se siente como un roble deshojado. Pero de tronco digno. Ea.

La Razón