Blogoteca: agosto 2009

lunes, 31 de agosto de 2009

Gobierno mundial, Europa de las etnias y desguace de España, por Ismael Medina


M E referí en más de una ocasión a la conferencia de David Rockefeller en el poderoso Centro Económico de Nueva York (diciembre de 1996) en el que expuso los trazos básicos de la estrategia mundialista para la destrucción de los Estados-Nación, uno de cuyos objetivos consistía en sustituirlos por empresas-Estado. Ocultaba, sin embargo, que se trataba de una parte del proceso encaminado a la instauración de un futuro gobierno mundial. Una estrategia a la que no es ajena la conspiración contra la vida a la que dediqué mi anterior crónica, la cual también persigue el desfondamiento moral de las sociedades para su más fácil dominio y control. E insistía en que Rodríguez y sus compinches han acogido con desaforado entusiasmo su aplicación en España, pues para eso fueron elevados al poder.

Hoy persigo analizar otra vertiente de la estrategia iluminista para la destrucción de las Naciones-Estado mediante una suerte de motor de émbolo: su quiebra interna en “nacionalidades”; y su inclusión al propio tiempo en entidades federativas supranacionales sometidas a una dirección única. Busco demostrar, asimismo, que tampoco en este aspecto fueron inocentes algunos de los constitucionalistas de 1978 y menos aún la frenética aceleración que Rodríguez ha proporcionado al proceso.

La práctica del “divide y vencerás” es tan antigua como la primitiva organización humana en grupos tribales. Y adquirió dimensión de estrategia operativa en los procesos expansivos de todos los imperios. No creo necesario aducir ejemplos esclarecedores. Están al alcance de cualquiera con una mínima dotación de cultura histórica. Por lo que concierne al estado actual de la cuestión sí considero oportuno el recordatorio de sus antecedentes en el siglo XIX, el periodo en que paradójicamente se consolidan los Estados-Nación modernos sobre los fundamentos de nacionalismos unificadores, de los que Alemania e Italia fueron manifestación inequívoca.

COINCIDEN ILUMINISMO Y NAZISMO EN EL DISEÑO DE LA EUROPA DE LAS ETNIAS

EXISTE un mapa de Europa, anterior al I Congreso Sionista Mundial , celebrado en Basilea (1897), entre cuyos acuerdos figuraba la creación de un Estado de Israel para cuyo establecimiento se propusieron tres territorios: Uganda, prestamente desechado; Palestina, tierra irredenta del pueblo judío; y Argentina, concretamente la Patagonia, como Estado de refugio al que pertenece el llamado Plan Andinia. Aquel mapa europeo de origen iluminista contemplaba Europa dividida en atención a las peculiaridades étnico-históricas de una multiplicidad de regiones que deberían convertirse en Estados autónomos.

Resulta llamativo, a partir de la anterior referencia, que el III Reich trazara un mapa muy similar de la Europa de las Etnias, salvo en lo que se refería a Alemania, cuyos contornos asumían el ideal pangermánico, concebido como el magma unitario y director de la Europa así estructurada. Conservo un buen número de ejemplares de la revista “Joven Europa”, de la SS, con numerosos artículos en que se desarrolla y apuntala dicha teoría. Es de sobra conocido, asimismo, que en el seno de las SS se organizaron unidades militares , o legiones, reclutadas en un buen número de las etnias previstas en el mapa.

No fue ajena a esta política expansiva del III Reich el trato de favor que otorgó al secesionismo vascongado encarnado en el PNV, hasta el punto que durante la ocupación de París se permitió su actividad sin mayores condicionamientos que los meramente formales. La proclividad germana hacia el racismo vascongado, tan artificial como el ario, persistió tras la caída del III Reich, aunque por vías más o menos soterradas, especialmente en los ámbitos de la izquierda alemana. Arzallus militó en la socialdemocracia luego de dejar el hábito en función del cual ejercía de capellán de inmigrantes españoles junto al también entonces jesuita Jesús Aguirre, travestido años más tarde en duque consorte de alba, tras descollar entre la crema de la homosexualidad intelectual y artística. Y parecen existir pruebas de que incluso dispuso Arzallus de pasaporte alemán. Tales antecedentes y el exacerbado racismo desplegado al frente del PNV venían de lejos. Sus compañeros de seminario ya le llamaban “el nazi”.

IMBRICACIÓN DEL NACIONALISMO VASCONGADO CON LOS INTERESES BRITÁNICOS

Los nacionalismos independentistas en las Naciones-Estado estuvieron siempre estimulados y amparados por los gobiernos con ínfulas o amagos imperialistas. Sucedió también con el vascongado desde su comienzo. No es cosa de entrar en explicaciones prolijas sobre la paranoia de su fundador, Sabino Arana, emergida del resentimiento que aquejaba a un sector del carlismo vizcaíno tras la derrota militar. Pero sí recordar algo que generalmente se pasa por alto y explica la peculiaridad mimética respecto de la británica de su bandera partidista, hoy exaltada como la nacional del mito de Euskal-Heerría, bajo el nombre de “ikurriña”.

Tanto o más relieve que Sabino Arana tuvo Ramón de la Sota y Llano en la materialización del nacionalismo vascongado. Y aunque entre ambos existieran enfrentamientos, fueron circunstanciales y acabaron en final acuerdo, el cual se produjo tras el desastre de 1898 con la consecuencia, entre otras, de que la burguesía catalana perdiera el casi monopolio comercial con Cuba y la vizcaína del sector industrial y, sobre todo, de transporte marítimo. Dicen sus biógrafos, y de ahí la anotación anterior, que de la Sota se inspiró en el nacionalismo catalanista de Cambó. Pero un estudio más a fondo de su biografía pone de manifiesto que acomodó su visión nacionalista a los importantísimos intereses financieros que manejaba.

Ramón de la Sota creó en Vizcaya un imperio que abarcaba los sectores bancario, minero, naval y ferrocarriles. Prósperos negocios todos ellos que le vincularon con los poderosos grupos financieros, en particular los británicos, que en la segunda mitad del siglo XIX y primer tercio del XX controlaban gran parte de tales actividades en España. Proximidad o dependencia de intereses que durante la primera guerra mundial le movieron a poner la flota mercante Sota-Aznar al servicio de Gran Bretaña, de la que los submarinos alemanes hundieron 20 cargueros. Pérdidas generosamente compensadas por Londres y le valieron el título de Sir. Fue asimismo el promotor del Estatuto vascongado a imitación del catalán. Pero su reconocimiento hubo de esperar hasta el comienzo de la guerra civil, cuando el PNV dejó a un lado su ideología conservadora para unirse al gobierno del Frente Popular, a despecho de los múltiples asesinatos de eclesiásticos y miembros destacados de la burguesía vascongada, incluso a manos de “gudaris”. Desplazamiento insensato al que no fue ajeno su descendiente Patrick de la Sota y Mac Mahon, fallecido en marzo de 2008.

He creído conveniente la anterior incursión en la historia poco divulgada del nacionalismo vascongado como muestra de que los movimientos secesionistas en suelo español dispusieron y disponen de impulso y protección exteriores, acordes con la estrategia de poder de las grandes potencias y, al propio tiempo, de la iluminista encaminada al establecimiento de un gobierno mundial.

EL MAPA ACTUAL DE LA EUROPA DE LAS ETNIAS

TAMBIÉN existe hoy un mapa de la Europa de las regiones muy semejante al iluminista y al nazi e incluso con más parcelaciones. A las habituales “etnias” de Cataluña (los llamados Países Catalanes con la inclusión en ellos de Aragón) y Vascongadas, se incorporan Galicia y Andalucía, al tiempo que se omiten Canarias, Ceuta y Melilla. Lo concerniente a esta gran federación de Estados regionales europeos lo he rescatado de una serie de informes insertados a partir de 2004 por Paz Digital.

Nada de insólito encierra que dicho mapa fuera confeccionado por la Alianza Radical Europea, el Partido Democrático de los Pueblos de Europa y la Alianza Libre Europea, vinculada estrechamente al los Verdes de Daniel Cohn-Bendit. Organizaciones a las que están adheridos todos los partidos regionalistas, autonomistas e independentistas que pululan en todo Europa, incluidos, por ejemplo, ERC, BNG y EA. Pero sí llama la atención que el consorcio PDPE-ALE, con sede en Bruselas, cuente con el reconocimiento y financiación del parlamento europeo al cual, tras las últimas elecciones han accedido un buen número de partidos nacionalistas de la ampliada Unión Europea y con capacidad para formar un grupo parlamentario nada desdeñable. También cuenta este instrumento de destrucción de los Estados-Nación europeos con la financiación de fundaciones, preferentemente alemanas y anglonorteamericanas vinculadas a poderosas multinacionales. No es ocioso recordar al respecto que algunas de estas emblemáticas empresas alemanas ya respaldaron la Europa de las Etnias del III Reich.

Estos movimientos rompedores de los Estados-Nación aducen como referencia amparadora para su “legitimidad” el “derecho de autodeterminación” de los pueblos supuestamente oprimidos que reconoce la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, cuya Secretaría General favorece su perseverante expansión. Y en lo que concierne a la Unión Europea, les amparan la Carta de las Lenguas Regionales o Minoritarias, el Convenio Marco para la Protección de las Minorías, las Cartas de la Autonomía Local y Regional y la Carta de Madrid. Existen, además, una serie de instituciones que, mediante reuniones, seminarios y otras actividades, fomentan la Europa de las Etnias, varias de ellas avaladas por el Consejo de Europa y la OSCE.

Ronald Rummsfelc , pseudónimo de un especialista en el tema, alude a a la Unión Federalista de Comunidades Etnicas (UFCE.FUEV), el Centro Eruropeo de Promoción de las Minorías (ECMI) y la Oficina Europea de Lenguas Regionales y Minoritarias (EBLUL). Pero con independencia de éstas, que Rumsfeld asocia con los servicios secretos alemanes, existen otras de apariencia independiente como el CIANAMEN, con sede en la abadía benedictina de San Martín de Cuixá, próxima a Perpiñán, q ue desde hace largos años reúne a representantes de numerosos movimientos independentistas regionales, entre ellos varios de España, incluida ETA, y en el que, por cierto, se celebró la reunión de Carod Rovira con Ternera y sus respectivos acompañamientos, amén de agentes de dos servicios secretos. Dicha abadía era frecuentada por Jorge Pujol en el curso de las escapadas montañeras a que era aficionado.

TRASTIENDA GEOPOLÍTICA DE LOS CONFLICTOS EUROPEOS

LAS modernas doctrinas geopolíticas advertían desde las postrimerías de la “guerra fría” sobre el desplazamiento al Pacífico del eje geoestratégico mundial. Hasta entonces habían prevalecido las tesis de McKinder, asumida en el III Reich por Haushoffer y en la URSS por Semianov, a tenor de las cuales quien dominara el corazón de Europa (el bloque continental germánico) dominaría el continente eurasiático. Y el mundo a renglón seguido. Teoría que incitó a Hitler a pactar con la URSS, primero, y a atacarla luego. Y que prevaleció en las reuniones de Yalta y Teherán en las que, con el beneplácito de los USA y Gran Bretaña, impuso Stalin la partición de Alemania, o sea, el corazón geopolítico de Europa.

Aludí en una crónica a la biografía ocultada de Barak Obama en la que subrayaba su estrecha vinculación a los centros de poder de la era Clinton, plenamente confirmada tras instalarse en la Casa Blanca. Me refería a la influencia de Brzezinsky, fundador de la Comisión Trilateral por encargo de David Rockefeller, en las presidencias de Carter y de Clinton, uno de cuyos principales objetivos radicaba en poner cerco a la URSS y en la descomposición del histórico bloque paneslavo que Stalin consolidó férreamente como Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, siguiendo el espíritu de Iván El Terrible y de Pedro el Grande de Todas las Rusias.

La voladura de la Unión Soviética, promovida desde su interior por Andropov y Gorbachov, sionistas ambos, con el concurso de Washington, desembocó en dos efectos geoestratégicos: la descomposición del imperio eslavo, mantenido por Stalin, en Estados independientes periféricos; y la unificación de Alemania, aunque fuera de ella quedaran naciones de estirpe germánica. Las consecuencias actuales de aquellos dos acontecimientos pueden concretarse en una Alemania recrecida y poderosa a la que no afecta la conspiración de la Europa de las Etnias por su sólido empaste nacional-germánico; y la política reactiva de la Rusia de Putin por recuperar espacios paneslavos e impedir la absorción por la Unión Europea de repúblicas que fueron rusas.

Parece evidente respecto de Europa que si bien el eje geopolítico mundial se ha desplazado al Pacífico, persiste en su interior la doctrina geopolítica de MacKinder. Difícilmente podrá resistir Alemania la tentación de convertirse en el motor de una Europa de regiones unida en su entrono. Y sean o no ciertas en todo o en parte las denuncias de Pierre Hillard sobre el apoyo de los servicios secretos del gobierno de Berlín y de importantes corporaciones empresariales a la renovada Europa de las Etnias, es lo cierto que el futuro de Europa dependerá de la locomotora política y económica alemana. Los centros de poder franceses lo saben y de ahí el lógico recrecimiento nacionalista impulsado por Sarkozy para impedir la descomposición de Francia en Estados regionales como el occitano, el bretón o el corso y en reforzar su opción de alternativa al de nuevo y emergente poderío germano.

LA DESMEMBRACIÓN DE YUGOSLAVIA, ESPISODIO DE LA CONSPIRACIÓN MUNDIALISTA

OTRO episodio en esta marcha más o menos subrepticia hacia la Europa de las Etnias lo encontramos en el vidrioso rompimiento de la unidad yugoslava, fortalecida bajo el mando de Tito, comunista disidente que, con un buen número de compañeros que militaron con él en las Brigadas Internacionales, conocidos como “los españoles”, intentó implantar una suerte peculiar de comunismo autogestionario inspirado en nuestro anarcosindicalismo.

El Imperio Austrohúngaro, una singular federación de étnias había sido durante un periodo el factor de estabilidad europea en su flanco centrosudoriental. Su destrucción tras la primera guerra mundial, arteramente provocada mediante el magnicidio de Sarajevo, fue respetado en parte mediante el Estado unitario yugoslavo bajo el reinado de Pedro II. Durante la II Guerra Mundial el III Reich e Italia se repartieron sus regiones, Surgieron dos frentes de resistencia a la ocupación: la del general monárquico Draza Mihailovic y la del comunista Joseph Broz, alias Tito. Británicos y norteamericanos se desentendieron de Mihailatovic y prefirieron a Tito, quien reunificó Yugoslavia y mantuvo su unidad con mano de hierro, equidistante de las democracias occidentales y de la Unión Soviética. La muerte de Tito abrió las puertas para su posterior desmembramiento, a cuyos últimos y sangrientos ramalazos asistimos todavía. La antigua Gran Serbia ha quedado reducida a su mínima expresión.

Detrás de toda esta perversa maquinación está la Secretaría General de las Naciones Unidas. No sólo Alemania se ha beneficiado al cumplirse el permanente sueño recobrar la influencia sobre Croacia. Ha sido evidente la proclividad a favorecer la penetración musulmana en el espacio balcánico mediante acciones arbitrarias, como la de Kosovo, al amparo de lo que se ha dado en denominar Alianza de Civilizaciones, la cual favorece sobre todo a Turquía en ese espacio. geoestratégico. Es la adhesión de Turquía a la Unión Europea, no cabe olvidarlo, motivo de discordia entre Alemania y otras naciones de la Comunidad. Y no sólo por los serios problemas que la masiva inmigración turco-musulmana y su resistencia a la asimilación han provocado en el espacio germánico.

RODRÍGUEZ ABRE LAS PUERTAS A LA BALCANIZACIÓN DE ESPAÑA

TODO este recorrido por la historia de la conspiración a que responde la Europa de las Etnias creo que sirve para confirmar lo que sostenía al comienzo: que no fueron inocentes la introducción del término “nacionalidades” en la Constitución de 1978 ni el diseño del Estado de las Autonomías. Tampoco la sumisión de los dos grandes partidos, en particular el PSOE, a mantener y acentuar la transferencia a las taifas, en particular a las independentistas, de competencias sustantivas para el Estado. Un proceso que bajo los gobiernos de Rodríguez, cipayo entusiasta de la Secretaría General de las Naciones Unidas y de los centros ilunisitas de poder, adquiere velocidad de crucero.

Yerran quienes atribuyen a un enfermizo ideologismo “progresista” y a sus ansias por mantenerse en el poder la inquietante deriva de Rodríguez hacia el troceamiento de España en naciones-Estado y la destrucción de los fundamentos históricos y políticos de España. Están más próximos a la realidad aquellos analistas que, ajenos al imperativo de lo “políticamente correcto”, advierten sobre la condición actual de España como una segunda etapa balcanizadora en el marco de la Europa de las Etnias y la marcha hacia el Gobierno Mundial. Deriva a la que tampoco es ajeno el calculado y progresivo desfondamiento de las Fuerzas Armadas.

No hay duda alguna de que se está traicionando a España y que es legítimo llamar traidores a todos aquéllos que se prestan a este suicida y maniqueo juego o lo respaldan con sus votos.

Vistazo a la prensa

Golpismo desde Cataluña, Ernesto Ladrón de Guevara


S ÍNDROME golpista se puede calificar como aquél que rompe el orden democrático instituido y subvierte el orden constitucional.

En Cataluña se está produciendo en todo el arco parlamentario, a excepción del partido Ciudadanos y del Partido Popular, un ataque directo a la democracia. Si entendemos democracia el respeto y sometimiento a la ley nacida de la soberanía de los ciudadanos y a su raíz que es la Constitución, los partidos nacionalistas catalanes, entre los que hay que incluir al PSC, están en la teoría subversiva.

Estos días se está llamando a la ciudadanía a movilizarse para presionar al Tribunal Constitucional, pues todo el mundo sabe que, si nos atenemos a la literalidad y al espíritu de la Constitución, parte del Estatuto Catalán, aprobado, no lo olvidemos, por una minoría del pueblo catalán, es radicalmente inconstitucional.

En definitiva, no se acata el dictamen de quien tiene la capacidad y la encomienda jurisdiccional de velar por el cumplimiento de la primera de las leyes en el orden democrático, cual es la Constitución.

Quienes están tras esa estrategia de romper el ordenamiento jurídico saben perfectamente que la actual Constitución está en proceso de derrumbe, y que quien más debiera velar por su observancia y cumplimiento pasa olímpicamente y busca atajos para desarrollar las políticas de control y de monopolio político al margen de cualquier norma de ética democrática. Sabe que ZP no va a hacer nada por cuidar la pluralidad democrática y el orden jurídico y es consciente de que en ese magma de anomia pueden conseguir lo que en circunstancias normales en cualquier Estado democrático no podría obtener. Por ello se llama veladamente a la subversión, pues quienes abonan este camino saben que nada les va a ocurrir por presionar e incluso rebelarse contra las instituciones del Estado, desde la propia Monarquía hasta la estructura judicial pasando por las actuales Cortes españolas. Y no se equivocan. El Estado está más débil que en toda su historia desde Leovigildo. Es por ello que anuncian el “ni se acata ni se cumple” y ya ponen en marcha las resonancias de lo que en el siglo XIX eran las asonadas y pronunciamientos para poner contra las cuerdas a un Tribunal Constitucional atemorizado, timorato y en manos de los partidos.

Incluso el cordobés marioneta del nacionalismo ya ha anunciado que podría escindirse del PSOE para formar algo así como una coalición electoral con éste si desde la cúpula de los socialistas y especialmente desde Moncloa no se embrida al Tribunal Constitucional para que de por bueno el Estatuto.

Que estamos en una democracia más característica de latitudes tropicales que del espacio centroeuropeo no cabe duda. Es inadmisible que se permita poner al mismo nivel un Estatuto que concitó un respaldo no representativo de la voluntad general de los ciudadanos catalanes a una Constitución aprobada de forma abrumadoramente mayoritaria por el pueblo español. Si esto no es un golpe de estado en grado de intención será otra cosa, pero nada que pueda calificarse de democrático.

La escisión de Cataluña está servida por esta vía, y con ello la balcanización de España. Lo lamentable es que esto suceda en un contexto de crisis brutal sin alternativas abiertas para su solución y en un clima de sufrimiento de miles de familias por no tener lo básico para poder subsistir con dignidad. Es lamentable.

Vistazo a la prensa

sábado, 29 de agosto de 2009

La quiebra de la historia progresista, por Pío Moa Rodríguez


Para examinar el problema de la república y la guerra civil siempre viene bien volver sobre los juicios que, sobre la base de la experiencia hicieron los «Padres espirituales de la república» o personajes como Azaña o Besteiro. Como los he expuesto muchas veces, no los repetiré ahora. Recordaré solo que, explícitamente unos, implícitamente otros, concluyen que la república fue un trágico fracaso, y caracterizan a sus líderes como unos auténticos bellacos, embusteros y corruptos. Y, como señalaron Besteiro y Marañón, fueron los nacionales quienes libraron al país de aquella pesadilla.

En cambio, ya desde antes de la transición, fue tomando forma una maciza y masiva defensa de la república, confundida además con el Frente Popular. Defensa de inspiración comunista, pero que durante varios decenios se fue desarrollando y arrollando cualquier opinión adversa, imponiéndose en los departamentos universitarios, casi monopolizando los medios de masas, hasta convertirse en un verdadero y gigantesco negocio.

¿Quién tiene razón, personajes de la talla intelectual y moral de Besteiro, Marañón, Pérez de Ayala u Ortega y Gasset y los testimonios de Azaña, Alcalá-Zamora, &c., o esta historiografía cuya base de expansión ha sido el historiador Tuñón de Lara, de mentalidad inocultablemente stalinista? La respuesta es fácil, pero aun así la cuestión no puede resolverse simplemente aludiendo a la superioridad intelectual y moral de unos y a lo que han significado históricamente los otros. Conviene recurrir a los hechos empíricos.

Así, por ejemplo, sabemos hoy que la legitimidad de la república no pudo proceder ni del golpe militar con que trató de imponerse en 1930, ni de unas elecciones que perdieron por gran diferencia –en los datos que se conocieron al principio– los republicanos y socialistas. Los cuales, una vez en el poder, no publicaron los resultados de las votaciones de modo mínimamente fidedigno, como tampoco publicarían, en absoluto, los de las elecciones del Frente Popular, de 1936: este mero hecho, sin necesidad de más consideraciones, priva de validez democrática los resultados proclamados. En cuanto a la idea de que solo valían los votos de las capitales de provincias, porque beneficiaron a los republicanos, y los demás no, por «caciquiles», ya demuestra la concepción de estos señores: solo valen los votos a su favor. Volverían a demostrarlo en las elecciones de 1933. Por lo demás, los cacicatos que montaron entonces y montan ahora mismo las izquierdas son bastante más corruptos y difíciles de desarraigar que los de la Restauración.

La legitimidad de la república nació de la entrega del poder que le hicieron los monárquicos, en plena quiebra moral. Una legitimidad que las izquierdas republicanas se ocuparon de socavar desde el primer momento con sus violencias, asesinatos, quemas de iglesias, bibliotecas y escuelas, cierre de centros de enseñanza, muchos de ellos prestigiosos, reducción del clero a ciudadanos de segunda, &c. Los apologistas de aquellos republicanos suelen enredarse en largas consideraciones sobre el estatuto catalán la reforma agraria, la reforma militar o la construcción de algunos miles de escuelas. Ya he explicado muchas veces en qué consistieron aquellas reformas, en las que el sectarismo compitió con la ineptitud y la demagogia más grosera, y tampoco voy a repetirlo indefinidamente.

Otro hecho establecido sin discusión es que Franco respetó la legalidad republicana muchísimo más que cualquier político de entonces. Azaña intentó dos golpes de estado al perder las elecciones de 1933… y fue probablemente el líder más moderado entre las izquierdas. Franco, pese a no gustarle aquella legalidad, la aceptó, desde el momento en que el propio rey la había aceptado. Y la defendió contra el asalto revolucionario de las izquierdas y separatistas en 1934, algo que estos jamás le perdonaron. Cuando se sublevó ya lo habían hecho antes los socialistas, los comunistas, los anarquistas, los republicanos de izquierda y los separatistas catalanes. Y se sublevó considerando que la legalidad había sido aplastada, como efectivamente lo fue, por el Frente Popular. La posición de Franco ha sido enormemente tergiversada: en 1930-31 era partidario de una democratización ordenada, y después de seis años de experiencia con unas izquierdas tan bien caracterizadas por Marañón, Pérez de Ayala y tantos otros, concluyó que en aquellas condiciones no podía funcionar una democracia, como, efectivamente, no puede funcionar cuando varios de los principales partidos destruyen la ley. De ahí su dictadura autoritaria (no totalitaria, la distinción es clave).

Contra lo que se rebeló Franco fue contra un Frente Popular salido de unas elecciones no democráticas, es decir, fraudulentas, un frente que inmediatamente se dedicó a destruir las bases mismas de la ley desde el gobierno y a organizar un proceso revolucionario desde la calle, con cientos de asesinatos (incluidos asesinatos entre las propias izquierdas, preludio de los mucho más masivos que organizarían entre ellas al reanudarse la guerra civil en 1936) quemas de iglesias, de centros políticos y periódicos de la derecha, de registros de la propiedad, ocupaciones ilegales de fincas, revisión arbitraria de actas parlamentarias contra la derecha, destitución ilegal del presidente de la república, persecución a las víctimas y apoyo a los victimarios, liquidación de la independencia judicial (¡puesta bajo el control de los sindicatos!), &c., &c. Franco no consideraba, desde luego, que aquello fuera un gobierno legítimo, sino una tiranía revolucionaria que amenazaba a la sociedad y la integridad de España.

Pero los historiadores que he llamado lisenkianos, por analogía con el célebre Lisenko, aseguran que las elecciones fueron normales y democráticas, que el gobierno era legítimo y que defendía la libertad. De nuevo, ¿quién tiene razón?

Si atendemos a los hechos y dejamos de lado las embarulladas justificaciones ideológicas, está clara la respuesta.

Durante un tiempo me sorprendía mucho de cómo los émulos de Lisenko en la historiografía y la intelectualidad española podían ignorar con tal desenvoltura los hechos reales, y me empeñaba en recordar estos una y otra vez, esperando que entrasen en razón. Tardé en darme cuenta de que no es que los ignorasen: los conocían perfectamente. Lo que pasa es que para ellos no eran significativos. O, peor, les parecían bien y los justificaban de un modo u otro. Para ellos lo esencial era una concepción ideológica sumamente vaga y contradictoria, pero que les permitía distinguir con claridad quiénes eran los buenos y quiénes los malos, al margen por completo de las acciones de cada cual. Lo he expuesto en relación con las apologías recientes de Negrín: no es que ignoren que este entregó a Stalin el grueso de las reservas financieras del país, convirtiendo al Frente Popular en satélite del Kremlin; o la inmensa corrupción organizada por Negrín; o la hegemonía alcanzada por el PCE –partido agente de Stalin y orgulloso de serlo–; o la decisión –criminal– de prolongar la guerra todo lo posible para combinarla con otra guerra mucho sangrienta que se estaba gestando en Europa; o la destrucción brutal de patrimonio histórico y artístico del país; o el saqueo de bienes privados y oficiales, el mayor atraco que se ha perpetrado en España desde el poder en toda su historia; o el abandono de sus propios sicarios a la venganza de Franco, mientras los jefes escapaban con los tesoros robados…

Por supuesto, no ignoran nada de esto, porque es materialmente imposible ignorarlo a estas alturas (aunque han hecho lo posible por que los ignore el ciudadano común). Lo que ocurre, y yo no comprendía al principio, es que están completamente de acuerdo con todas esas fechorías, que ellos justifican porque Negrín se oponía a Franco, y eso le lava de todos sus enormes delitos: para hacer tortillas hay que romper huevos. Mientras que, a mi juicio, esos crímenes retratan la realidad de Negrín y del Frente Popular, retratan el significado de su oposición a Franco. Porque, ¡menuda tortilla de libertad, democracia y progreso iba a hacer el Frente Popular, un conglomerado de stalinistas, socialistas exacerbados, anarquistas, golpistas republicanos y separatistas catalanes, más el ultrarracista PNV, todos bajo la sabia orientación de Stalin! La pretensión de que aquellas gentes defendían la legalidad y la democracia va mucho más allá que los negacionistas del Holocausto: ¡es como pretender que Hitler defendió a los judíos!

En cuanto a Franco, libró al país de tales «demócratas», como reconocieron Marañón, Besteiro o, implícitamente, Ortega y Gasset y tantos otros. Y no pararon ahí los servicios de Franco, pues libró a España de la guerra mundial, de un resurgir de la guerra civil por medio del maquis, consiguió superar el injustísimo aislamiento impuesto por la ONU y dejó un país próspero y reconciliado, gracias a lo cual ha sido posible una transición a la democracia con escasos traumas. Considerando el balance de logros, represiones y errores, creo que ningún personaje histórico de los últimos dos siglos ha rendido al país unos servicios mayores y en circunstancias más difíciles, que Franco, y repito que una sociedad incapaz de apreciarlo es proclive a dejarse arrastrar por las peores demagogias y a perder la libertad. Cierto que fue una dictadura, pero la alternativa habría sido una dictadura mucho peor, totalitaria, pues ni hubo oposición democrática al franquismo ni demócratas en sus cárceles. El verdadero rostro de la oposición antifranquista se manifestó sin velos en el episodio Solzhenitsin. Se manifestó en su apoyo a los asesinatos de la ETA. Se manifestó en sus pretensiones de «ruptura» al llegar la transición: ruptura con cuarenta años de historia en conjunto muy positiva para enlazar de nuevo con el nefasto Frente Popular. Se manifiesta ahora mismo con su ley de «memoria histórica», que glorifica a los asesinos de las chekas y a la ETA, mientras denigra, poniéndolos al nivel de estos, a las víctimas inocentes del régimen de Franco.

Digo todo esto en relación con un artículo de Montero Barrado donde este sigue dando la vara con las enrevesadas simplezas ya mil veces leídas y rebatidas. Las ideas que él defiende han sido ya derrotadas por completo en el plano intelectual, aunque, claro, pasará tiempo hasta que sea desalojada de las posiciones de poder en las universidades y los medios, que lleva varios decenios ocupando, debido a la renuncia de una derecha sin sustancia intelectual a lo que los leninistas llamaban «la lucha ideológica». Y hay otra razón más prosaica para la oscura persistencia de esta gente en un análisis histórico absurdo: con él han ganado unas posiciones económicas de poder, ingresos y prestigio, y las defienden, claro, con uñas y dientes. De ahí, también el nivel del debate que son capaces de plantear. La historia es una disciplina muy compleja, asegura el señor Montero. Debe de serlo, pero no debe confundirse complejidad y embrollo, y él y tantos otros solo parecen capaces de producir ristras de embrolladas simplezas. En fin, recomiendo al señor Montero la lectura atenta de La quiebra de la historia progresista, y de Franco para antifranquistas, a ver si se va enterando, porque las cosas que dice pueden pasar en unas aulas donde ellos son la autoridad, pero hoy ya no cuelan en ningún foro libre.

El catoblepas

martes, 25 de agosto de 2009

¿Un Gobierno por encima de la Constitución?

La lógica de los Estados de Derecho, con todos los detalles que le queramos añadir, es relativamente sencilla: un conjunto de ciudadanos soberanos se organizan para convivir y resolver de manera reglada sus disputas a través de la creación de un monopolio de la violencia, el Estado. El Estado surge, pues, de la voluntad general de los individuos y sus competencias deben quedar estrictamente limitadas al objeto para el que nació: defender los derechos de esos individuos.

Pero dada la naturaleza potencialmente voraz de todo Estado, la actuación de este último queda sometida a un documento depositario de la soberanía popular como es la Constitución. Así, toda Carta Magna se divide en dos partes: la dogmática, que recoge los derechos fundamentales de los ciudadanos que deben ser respetados en todo momento por el Estado, y la orgánica, que establece la organización del sector público, generalmente con el objetivo de dividir sus poderes para dificultar el incumplimiento de la parte dogmática.

Dentro de esa división de poderes, suele aparecer uno encargado de fiscalizar el cumplimiento de las leyes por parte de los ciudadanos pero también y sobre todo por parte de la Administración; y, obviamente, dentro del control de la ley se controla también la vigencia de la Ley de Leyes, esto es, de la Constitución.

Lo que debería quedar claro a todo político, pues, es que la soberanía emerge del pueblo y que la soberanía del pueblo queda expresada en la Constitución, documento del que no sólo obtiene su legitimidad transitoria para ejercer el poder sino, especialmente, las limitaciones con las que debe ejercerlo. La Constitución no es un producto del Estado, sino al revés, ya que a su vez ésta procede de la soberanía popular. Y así, los Estados o políticos que violentan la Constitución se convierten en Estados o políticos rebeldes que hacen un uso ilegítimo de su poder en contra de los ciudadanos soberanos.

Todo esto viene a cuento de las declaraciones efectuadas por el secretario general de Política Lingüística de la Generalidad, Bernat Joan, donde avanza que si el Tribunal Constitucional interpreta que determinados artículos del estatuto violan la Constitución, simplemente ignorarán la sentencia y seguirán comportándose como si ésta nunca se hubiese producido. O dicho en román paladino, si el Constitucional advierte de que la Generalitat catalana está violando los derechos de los catalanes y del conjunto de los españoles, simplemente proseguirán con semejante violación y abuso de poder.

No sería, desde luego, la primera vez que la Administración catalana desoye las sentencias de los tribunales como si no fueran con ella, como si no existieran limitaciones a sus deseos para subyugar a sus ciudadanos. Así, nunca llegaron a cumplirse las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sobre la tercera hora de castellano o la del Tribunal Supremo sobre la oferta de educación en lengua española para la educación infantil y primaria. Lo que nunca se habría permitido a un ciudadano, que incumpla las leyes y las sentencias de los tribunales, viene realizándolo el estamento político catalán con un exagerado descaro durante más de 10 años. A nadie debería extrañarle que ahora, y ya de manera definitiva, proclamen que van a situarse por encima del Tribunal Constitucional, esto es, de la Constitución y de la soberanía popular. Y no hace falta recordar cómo se denomina a los Estados donde el pueblo no es soberano y la Constitución, a lo sumo, se convierte en papel mojado: tiranías.

Todo lo cual, sin embargo, sólo pone de manifiesto el deficiente funcionamiento de las instituciones españolas y, en particular, de ese Tribunal Constitucional al que cada vez más personas desprecian y ridiculizan como un órgano político. Si la impagable labor de PP y PSOE por difundir esta decadente imagen entre los ciudadanos no fuera suficiente, los propios miembros del órgano encargado de interpretar nuestra Carta Magna no han dejado de manchar su nombre al tardar más de tres años en analizar una norma de 223 artículos.

Es inevitable que ante tal pasividad, inoperancia y dejadez, crezcan las sospechas de que la sentencia no va a ser simplemente jurídica, sino que contendrá importantes elementos de componendas políticas para satisfacer a los distintos partidos y a sus electorados.

Si una administración puede declarar su desobediencia civil sin que a nadie le chirríen los oídos, es en buena medida debido a la pobre imagen y nulo prestigio que el poder judicial, gracias a nuestros políticos, atesora en España.

Va siendo hora de que la separación de poderes funcione de verdad para que, al final, se respeten los derechos fundamentales en toda España. ¿Hay algún partido político interesado en articular este revitalizador programa del Estado de Derecho?


Libertad Digital

sábado, 22 de agosto de 2009

Mi problema especial, Maite Nolla, LD

La extraordinaria y urgente necesidad justifica dictar un decreto ley para que un amigo, al que previamente hemos ayudado para que reventara el mercado dando el fútbol gratis, pueda darlo ahora a un euro –como las bragas en los mercadillos. Lo que nos hemos reído con la derecha y con lo del interés general de Álvarez-Cascos. Y lo que no saben ustedes es que en realidad el trotskismo radical nos está haciendo un favor. Así presumo yo también de gran empresaria, con el Gobierno legislando para mí sola.

El socialismo se ha reinventado en España con la inestimable colaboración del PP que, como dice la canción, anda perdido por sus propias guerras. Inhabilitado este PP para casi todo, alguien debería impugnar que el fútbol de pago para favorecer a un amiguete, sea el pretexto de un decreto ley en agosto basado en el interés general; así igual tenemos una sentencia tipo Rumasa y pasamos otro buen rato. Aquí ya nada es lo que debería: ni los empresarios, ni los socialistas, ni el interés general, ni el PP, ni la urgencia, ni la necesidad.

Supongo que algunos de ustedes leyeron la entrevista al ministro Caamaño publicada hace días. Que el socialismo profundamente acomplejado defienda al nacionalismo, la desigualdad y la insolidaridad, ni es nuevo, ni nos sorprende. Lo que sí sorprende es que el ministro que dice que Feijóo habla señorito –un misterio como el de la vida en colores, ¡coño!, de Bermejo– y que fue uno de los artífices del artefacto, anuncie la sentencia más compleja de la historia. ¿Por qué? Si el Estatut es tan constitucional como dicen y debería, los que elaboran pacientemente la sentencia lo tendrán fácil. Otra cosa es que –como todo el mundo teme– sea compleja porque no se entienda; o mejor dicho, porque se entienda que se podrá interpretar una cosa y su contraria y que más que el estatuto sea inconstitucional, resulte que la Constitución, pobrecita de Dios, sea antiestatutaria.

Y sobre la famosa sentencia que no llega, me gustaría comentarles dos reacciones: la primera, la del presidente de la Generalitat en el momento de escribir este artículo, que votó "no" al estatuto, pero que quiere sacar al pueblo de Cataluña en pleno puente, con todo el calor, para defender lo mismo que él rechazó. Que nadie toque lo que un tercio del pueblo de Cataluña aprobó. Amén.

La segunda, la de la señora Sánchez-Camacho, que ha dicho que en su campaña electoral, para las elecciones de aquí a más de un año, no se va hablar de sentencias ¿pá qué? ¿Para enemistarnos? El PPC vive en un callejón sin salida. Ni siquiera un resultado electoral catastrófico provocará el más mínimo cambio y sobre el tema ya les he taladrado en exceso. Es lo que miss Collier decía de Marilyn Monroe y que retrata Truman Capote: "Mi problema especial". Un problema enquistado, bloqueado, repetido y sin más solución que la sustitución de Rajoy.

Chantaje al Tribunal Constitucional, por Antonio Robles

No es la primera vez ni será la última. La esencia del nacionalismo catalán es la de toda nación en construcción: "Su" verdad es "la" verdad. O sea, tiene el alma inconfundible de cualquier mentalidad sectaria y totalitaria. Si las leyes les son favorables, son buenas y si le son adversas, las denigran e incumplen. ¿Cuándo se van a dar cuenta los dirigentes del Estado de esa evidencia?

La última cacicada es la diarrea de declaraciones, preparativos y manifestaciones patrióticas contra una posible sentencia adversa del Tribunal Constitucional al Estatuto de Cataluña. El comienzo del aquelarre lo inició el expresidente de la Generalitat, Pascual Maragall, miembro perteneciente a una de las doscientas familias burgueso-catalanistas que han logrado confundir Cataluña con sus intereses personales de clase. Y el remolino de asociaciones catalanistas, nacionalistas e independentistas al uso: "Òmnium Cultural", nacida en 1961 para imponer el catalán como único idioma de Cataluña, "Sobirania i Progrés", un guirigay de voluntades y grupos nacidos en 2006 para fortificar lo más reaccionario del Estatuto, "Deumil.cat", promotora de la marcha en Bruselas para pedir un Estado propio para Cataluña... y un sin fin de grupos, todos subvencionados por el Gobierno del Sr. Montilla, y transversalizados por políticos de ERC, CiU, PSC e ICV.

Y es que en la Cataluña virtual que han logrado imponer, cualquier propuesta que ponga en cuestión España o, como en este caso, al propio Tribunal Constitucional, lo consideran rentable. Tanto es así que han comenzado una competición a ver quién la dice más ofensiva o propone la salida más radical. Joan Tardà, diputado por ERC acaba de proponer que abandonen temporalmente su escaño en el Congreso todos los diputados. ¡Lástima que no renuncien definitivamente a su sueldo! Esto es lo que tiene el histerismo nacionalismo en la política, puro teatro para doblegar a esos mansos que nos gobiernan en España. Y su vicepresidente en el Gobierno de la Generalitat, Carod Rovira, propone que se monte una mani contra el Tribunal Constitucional para presionarle antes de que se pronuncie (digámoslo a secas, para chantajearle): "Si salimos después, ¿de qué serviría?", dijo sin rubor democrático.

Parece mentira que estas sinvergüenzadas les cojan de nuevo a muchos de nuestros políticos nacionales. Hace ya muchos años que las practican con éxito en colaboración con los gobiernos nacionales de turno. En 1994, con ocasión de la sentencia del Tribunal Constitucional 337 a la que le había abocado el Tribunal Supremo por la Ley del Catalán de 1983, Herrero de Miñón, tapado de Miquel Roca y abogado pagadísimo del Gobierno de la Generalitat de Cataluña, hicieron una labor de zapa contra el Tribunal Constitucional que culminó con el chantaje de Jordi Pujol al entonces presidente del Tribunal Constitucional, Tomás y Valiente en su propio despacho, un día antes del fallo. Las portadas obscenas de entonces sirvieron para publicitar aún más si cabe el descaro de Jordi Pujol y las amenazas veladas de insurrección legal si el Tribunal Constitucional no se plegaba a los intereses de la política lingüística del nacionalismo. Y se plegó. Por entonces Felipe González había perdido la mayoría absoluta y dependía de los votos de CiU (entonces minoría catalana). Risa da la separación de poderes.

Cuatro años más tarde, la nueva Ley de Política Lingüística de 1998 no era recurrida por el PP del Sr. Aznar, pero sí por el conjunto de las asociaciones catalanes por la libertad lingüística, bajo las siglas de CCC, con un recurso de amparo ante el Defensor del Pueblo. Nuevamente las mismas presiones. Por entonces era otro pardillo quien sucumbía en los Pactos del Majestic ante el chantaje de Jordi Pujol. Me refiero a Aznar. Accedió a cortar la cabeza a Vidal Quadras en Cataluña y a presionar, él mismo, al Defensor del Pueblo, Álvarez de Miranda, para que no recurriera la Ley de Política Lingüística. Y no se recurrió. Las consecuencias ya las conocemos, hoy se está sancionando a comerciantes por rotular en el idioma oficial del Estado. El último, el Sr. Xurde Rocamundi, de Areins de Mar.

La neutralidad ante los Tribunales no va con ellos y es tan eficaz como estúpidas e ignorantes las declaraciones del ministro de Justicia, Francisco Caamaño, cuando les hizo la pelota con aquello de que el Estatuto "se aplica desde hace dos años y medio y no pasa nada". No le pasará a él, pero la mayoría de las 32 leyes que desde entonces se han aprobado en el Parlamento de Cataluña tienen algún artículo inconstitucional o son claramente inconstitucionales, como la Ley de Educación de Cataluña que impiden estudiar en español, entre otras muchas sinvergüenzadas, o la Ley del Consejo de Garantías Estatutarias que suplanta al propio Tribunal Constitucional en decisiones que sólo a él compete decidir.

Digámoslo claro, no son los nacionalistas los culpables, han sido y son los diferentes presidentes de España que no han sabido ni posiblemente querido defender los intereses generales de todos los españoles por motivos coyunturales o, simplemente, de poder. Jordi Pujol ha sido un gran hombre de Estado, aunque de un Estado en construcción que nada tiene que ver con España.

"Estamos construyendo un Estado propio", ese será el slogan del próximo 11 de Septiembre de los cachorros amamantados durante años por papá Pujol, hoy emancipados en ERC. Y mientras tanto, el socialista Montilla, engordándolos en su gobierno tripartito. Y después nos multan por pasar los 80 kms por hora en las autopistas de acceso a Barcelona.

Demoledor: "España es el agujero de Europa" (Variant Perception)


M. Llamas

"España se dirige hacia una larga y dolorosa deflación que se va a manifestar con niveles de desempleo espectacularmente altos, colapso del mercado inmobiliario e insolvencia bancaria generalizada", según un informe de Variant Perception, equipo de análisis macroeconómico y financiero, avanzado por Libertad Digital el pasado mayo.

Esta misma firma de análisis analiza en mayor profundidad los graves problemas económicos y financieros que atravesará el país en un nuevo informe publicado el pasado miércoles.

Crisis inmobiliaria: "España = Japón 2.0"

Dichos analistas consideran que España está a punto de experimentar un "desastre" inmobiliario con graves y "profundas" implicaciones para el "sistema bancario europeo". Y es que, "España tuvo la madre de todas las burbujas inmobiliarias". Aún cuenta con más viviendas en stock (sin vender) que EEUU, y eso que el mercado estadounidense es seis veces mayor al español. Más de 1 millón, siendo "conservadores", advierten.

Un stock invendible a menos que bajen más los precios. Y es que, pese a todo, el precio medio de la vivienda apenas ha caído un 10% desde sus valores máximos, según datos oficiales del Ministerio de la Vivienda

El PIB español equivale al 10% del PIB comunitario, pero ha construido el 30% de todas las viviendas nuevas de la UE desde el año 2000. La mayoría de esta actividad ha sido financiada mediante capital exterior, de modo que la quiebra del sector inmobiliario se traducirá en una "crisis financiera".

El impacto sobre la banca será "severo", añade. No obstante, la deuda que acumula el ladrillo roza el 50% del PIB nacional (unos 470.000 millones de euros). Por ello, según estos mismos expertos, "España tendrá pronto bancos zombies al estilo de Japón", así como un prologado periodo de deflación sólo que "mucho peor" que el vivido por la economía nipona durante la crisis de los 90. Y es que, el déficit exterior español alcanzó el 10% del PIB frente al superávit del 3% que entonces presentaba la economía japonesa.

Todo ello se traducirá en insolvencias bancarias, de momento ocultas debido a los maquillajes contables que está aplicando el sector, según el informe. Una señal inequívoca de la gravedad de la situación reside en la refinanciación automática que las entidades están realizando con las principales promotoras del país, en una proceso que se conoce como roll-over. Una práctica que tan sólo "pospondrá la bancarrota" de las compañías inmobiliarias, que la firma considera "inevitable".

En este sentido, el Banco de España está actuando igual que el Banco de Japón durante la crisis de los 90. Desde entonces, la economía nipona ha permanecido estancada, tran convertir empresas y bancos en entidades zombies mediante inyecciones masivas de capital (refinanciación).

La principal novedad del informe de Variant Perception radica en las implicaciones que la crisis española tendrá para núcleo duro de la UE. Así, los países de la "periferia" de Europa, en referencia a los países del Este, España e Irlanda entre otros, son deudores netos, mientras que las grandes potencias de la UE son acreedores netos. "Cuando el deudor no puede pagar, el acreedor sufre. Alemania, Francia y otros países necesitarán recapitalizar a la periferia y a España", alertan.

"España y el resto de la periferia europea podría solventar sus problemas si aumenta la productividad" de una forma considerable, o bien, "reduce sueldos y precios de un orden de entre el 20% y el 30%", añaden. Algo que pasará "lenta y dolorosamente". Es decir, una "devaluación interna".

Este proceso implicará "grandes pérdidas a los bancos nacionales y a los acreedores extranjeros". En el caso de Europa del Este el daño "no será muy grande", debido a que tales economías acumulan deudas con el exterior más reducidas. Sin embargo, en el caso de España, la "amortización hipotecaria será masiva".

En concreto, dichos analistas estiman que el mercado inmobiliario se enfrenta a unas pérdidas superiores a los 250.000 millones de euros cuando esto suceda. Deuda incobrable para la banca. Es evidente que los bancos españoles y extranjeros no están dispuestos a a admitir la magnitud del problema y amortizar tal volumen de deuda. Por ello, las pérdidas de momento se mantienen ocultas", indica el informe.

Deflación del 6%

A ello se suma que España cuenta con uno de los mayores déficits exteriores del mundo, con lo que el pago de la deuda exterior se hace aún más difícil. Además, en una espiral deflacionista como la que sufre el país, el volumen de la deuda aumenta. En este sentido, el informe prevé que la caída de precios que registrará España en los próximos meses será similar a la que hoy experimenta Irlanda (un IPC anual del -5,9%).

Hay más. La prestigiosa firma de análisis prevé un paro del 25%. Ante esto se pregunta, "¿cómo exactamente piensan los bancos que podrán pagar su deuda? ¿Quién ganará entonces el suficiente dinero para afrontar el pago de las hipotecas? ¿Cómo de asequible será la vivienda cuando los sueldos bajen?"

"Creemos que los políticos españoles y los inversores internacionales han subestimado gravemente a España, pero los acontecimientos les obligarán a cambiar de opinión. En retrospectiva, España será vista como una subprime donde el resultado de la banca parecía ir bien, hasta que dejó de parecerlo". Es algo típico de las burbujas y, en este caso, "España no será diferente" (Spain will be no different).



Libertad Digital

¿Y si nos echan del euro? Emilio J. González

Si yo fuera miembro del equipo económico del Gobierno ahora estaría que no me llegaría el cuello a la camisa pensando en que nos pueden echar del euro, como acaban de advertir tanto Xavier Sala-i-Martin como la revista Forbes. Porque quienes alertan de esa posibilidad no son, precisamente, unos cualquiera y las consecuencias de que llegara a materializarse semejante posibilidad, algo que ni mucho menos es descartable, serían catastróficas para la economía española.

Uno puede pasar por alto lo que dice la prestigiosa revista económica estadounidense, si bien tampoco hay que tomársela a la ligera porque es leída en todos los centros de decisión económicos, empresariales y financieros más importantes del mundo y, por tanto, contribuye a formar la imagen que puedan tener de la España de Zapatero. Pero lo de Sala-i-Martin es otra cosa, no porque sea un economista muy popular, ni porque sea profesor de la prestigiosa Universidad de Columbia, en Nueva York; ni porque sea uno de los académicos españoles de más prestigio e influencia allende nuestras fronteras, sino porque entre las investigaciones que han llevado a Sala-i-Martin a alcanzar semejante prestigio hay varias muy importantes sobre los problemas en las uniones económicas. Vamos, que sabe muy bien de lo que habla cuando dice que nos pueden echar del euro.

Ante semejantes comentarios, otro Gobierno que no fuera el de Zapatero en seguida trataría de enderezar el rumbo de la situación económica española. Claro que también es cierto que un Ejecutivo distinto muy probablemente jamás hubiera llevado a nuestro país al tremendo desastre socioeconómico al que nos están llevando estos socialistas. Pero como estamos ante el Gobierno que estamos, aquí nadie reacciona.

El Ejecutivo se cree que basta con decir que en 2012 habremos reconducido el déficit público, parte de nuestro gran problema para seguir siendo miembros del euro, a niveles inferiores al 3% del PIB para que esto se cumpla. Y que, mientras tanto, es bastante con señalar, como acaba de hacer el vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves, que la crisis prácticamente ha tocado fondo pero que aún nos esperan meses muy duros de destrucción de empleo y aumento del paro, sin decir ni hacer nada al respecto. Mientras, la vicepresidenta económica, Elena Salgado, a la que más le deberían importar todas estas cuestiones, guarda un sepulcral silencio. Pero no, no basta, porque la que puede caer aquí si nos echan a patadas del euro es monumental.

Lo primero que tendría lugar es una huida masiva de inversores, que hundiría nuestra moneda post-euro, lo cual dificultaría enormemente el conseguir financiación tanto para el déficit público como para la economía privada. Eso implica fuertes subidas de los tipos de interés y una crisis económica tan profunda como prolongada, con cifras de paro aún más elevadas que las que ya estamos conociendo. Pero, además, para un país con una dependencia energética del exterior tan importante como la española, tener una divisa tan débil como sería nuestra moneda significaría un encarecimiento adicional de un petróleo cuya tendencia a medio y largo plazo es a que siga apreciándose. Por supuesto, con semejante panorama tendríamos que olvidarnos de contar en el futuro con unas pensiones dignas porque el déficit al que llegaría la Seguridad Social, así como la imposibilidad de aportar recursos adicionales a través de los presupuestos, obligarían tanto a subir las cotizaciones sociales como a recortar la pensión.

Lo más triste de todo este asunto es que, gracias a los estudiosos de la economía, se sabe perfectamente qué es lo que puede ocurrir y, sin embargo, Zapatero y los suyos siguen empeñados en no rectificar, en gobernar a golpe de ocurrencia, si bien esta estrategia ya puede tener los días contados puesto que CiU acaba de advertirles que si suben los impuestos a los que más ganan, como sugirió José Blanco recientemente, ya se pueden olvidar de su apoyo a los presupuestos. Algo que tiene su importancia porque los senadores convergentes, sumados a los del PP, pueden hacer mucho daño al Gobierno cuando los presupuestos, o cualquier otra medida, pasen por la Cámara Alta. ¿Qué va a hacer Zapatero ante semejante panorama? Como siempre, seguro que ni él mismo lo sabe. Ese es el drama.

Libertad Digital

Subir impuestos para sufragar chapuza y derroche, El Mundo


ATRÁS QUEDARON LOS TIEMPOS en los que bajar los impuestos era una política de izquierdas. El ministro de Fomento, José Blanco, sí utilizó ayer el lenguaje de la izquierda tradicional para pronunciarse a favor de un aumento de los impuestos directos: «Si para ayudar a los que más lo necesitan» tienen que pagar más los que tengan rentas más altas, «habrá que decirlo con claridad a la sociedad». Aunque horas más tarde, Blanco aclaró que eran declaraciones a título personal, no es difícil aventurar que el Gobierno ha soltado esta píldora el 20 de agosto para que nos vayamos haciendo a la idea. Puesto que hace tiempo que conocemos a nuestros clásicos, cuando el Gobierno socialista habla de que paguen más los ricos -argumentación demagógica pero eficaz para ser aplaudida por un sector del electorado- en realidad lo que quiere decir es que la carga impositiva subirá para las personas con renta media o media-alta. Y ello porque gravar el rendimiento personal de los que tienen una nómina es una fórmula de recaudación más rápida y cómoda que buscar otras alternativas para, efectivamente, hacer que los ricos -de verdad- contribuyan de acuerdo con sus ingresos reales.

El incumplimiento de la palabra dada por el presidente del Gobierno ha dejado de ser noticia para convertirse en algo cotidiano. Tras la última subida de los impuestos indirectos -combustibles y tabaco- aprobada cuatro días después de las europeas y sin avisar, Zapatero descartó en sede parlamentaria -a pregunta de Rajoy- nuevos aumentos de la presión fiscal. Sin embargo, él sabía perfectamente que con los 2.300 millones de recaudación adicional no podía hacer frente a sus derroches. Empezando por los 400 euros anunciados en la campaña de las generales -que han supuesto un coste de 6.000 millones para las arcas públicas y que cobraron tanto los parados como los banqueros-, siguiendo por el cheque-bebé -2.500 euros por hijo, también para todas las mujeres independientemente de sus ingresos-, continuando por los 9.000 millones del fondo destinado a salvar las cajas de ahorro y desembocando en el escandaloso acuerdo de financiación autonómica con Cataluña, el Gobierno se ha metido en gastos completamente inasumibles en situación de crisis y con un desplome de la recaudación fiscal.

Teniendo que hacer frente a un gasto social -este sí inevitable- de 20.000 millones debido al espectacular aumento del número de parados, y con un déficit del 9,5%, ya hemos dicho en estas mismas páginas que era irresponsable endeudar más al Estado con medidas puntuales, sin abordar las reformas estructurales imprescindibles para situar a España en la senda de la recuperación ya iniciada en otros países europeos. Lejos del necesario ajuste presupuestario en sus gastos corrientes -el número de funcionarios no cesa de crecer- el Gobierno ha optado por seguir comprometiendo gasto público sin siquiera calcular el coste de sus medidas, como ha sucedido con la ayuda de 420 euros mensuales a los parados sin ingresos. Si, según el compromiso de Zapatero, la prestación se extiende a «los que lo necesiten», las arcas públicas sufrirán un serio quebranto. Blanco subrayó ayer que esta iniciativa del Gobierno español es tan avanzada que no se ha tomado en ningún país europeo. Por algo será, cabría replicar al ministro de Fomento.

La sociedad española podría aceptar una subida de impuestos en otras circunstancias, pero en ningún caso para tapar los agujeros y sufragar las iniciativas -a menudo chapuceras como la última- que se le ocurren sobre la marcha a un Gobierno que carece de política económica.

Editorial El Mundo

viernes, 21 de agosto de 2009

La España del PER, blog de Miguel Ángel Rodríguez

Ya están los socialistas en su salsa: recogieron un país que peleaba por los primeros puestos del ranking mundial, cuyas multinacionales se atrevían a competir en todos los mercados, con una deuda pública saneada, una Seguridad Social con superávit, una sociedad de pleno empleo masculino en muchas comunidades autónomas, y ya lo han llevado al desastre económico y a la desconfianza. ¿Fórmula que tienen para salir de ésta?: el PER.
Maravilloso contemplar el comportamiento de los socialistas en el poder: mienten a su propia gente, despilfarran, caminan sin rumbo alguno y se sacan de la chistera la frase mágica: ¡que paguen los ricos! Y su parroquia les aplaude, como si el problemón en el que estamos metidos se solucionara subiendo los impuestos a Emilio Botín, y como si en España hubiera un millón de emiliosbotines.
España quiere empleo, no PER. Las subvenciones solo valen para quitarle a la sociedad la ilusión por trabajar y por escalar en el trabajo. Gracias al PER y a lo que eso significa ética y moralmente, Andalucía y Extremadura son las regiones más pobres.
Unido al mensaje que de que el tenga posibilidades de ganar su dinero honradamente va a ser masacrado a impuestos, la conclusión es que Zapatero está diseñando un país de vagos, subvencionados con lo mínimo para poder subsistir y, eso sí, dándole las gracias.
Si no vale la pena esforzarse para conseguir una mejor renta porque el que gane dinero tiene que ser despojado de sus bienes para pagar subvenciones, España se desliza hacia la mentalidad de los países comunistas: que aquí no trabaje nadie.
Un radical de izquierdas como Zapatero en el Gobierno de España está haciendo mucho más daño del previsto. Una España de PER no solo no saldrá de la crisis al mismo tiempo que los países europeos, es que no saldrá nunca. En muchos pueblos de Andalucía les han acostumbrado a vivir con quinientos euros nacidos de no se sabe dónde, y les han inculcado que ganar más es cosa de ricos a quienes hay que liquidar. Así van.
Quizá a los que votan a Zapatero les haga mucha gracia eso de que paguen los ricos, pero es una falacia. Los ricos, ricos, ni siquiera pagan.
Quienes van a ser destrozadas son las familias de clase media, en las que entren dos sueldos de mil ochocientos euros. A esos les han subido la luz, los impuestos indirectos, la gasolina, el tabaco, les han puesto radares en las carreteras para sacarles más, y ahora les espera una subida de IRPF. A esos, no a los ricos.
Zapatero se equivoca gravemente si quiere hacer de este país una España de PER. No podemos vivir de la sopa boba y no podemos tener gobernantes que nos digan que ése es el mejor modelo de vida.
Hay que crear empleo, no subvenciones.

Blog de M.A. Rodríguez

miércoles, 19 de agosto de 2009

Huir del paraíso, Alfonso Ussía


Asistí a una formidable actuación del Ballet Moisseiev en el Olympia de París, allá por los años sesenta. El Ballet de Igor Moisseiev, que unos años más tarde recaló en Madrid y triunfó clamorosamente, interpretaba la música folclórica de las repúblicas soviéticas. Desde el lánguido y bellísimo «Atardeceres de Moscú», al brillante, telúrico y apasionante «gopak», eso que conocemos como el baile de los cosacos. El «gopak» constituía el número final, y en el Olympia resultó confuso. Se rompió la disciplina y cuatro bailarines y seis bailarinas saltaron del escenario al patio de butacas, superando por los ángulos el foso de la orquesta, y haciendo caso omiso a la trepidante composición musical. Y ante la mirada incrédula del maestro Moisseiev, huyeron de la sala a toda velocidad para escapar del paraíso soviético. Con las grandes orquestas sinfónicas ocurría lo mismo. Se decía que un cuarteto de cuerda ruso era lo que volvía a Moscú después de la gira de una orquesta sinfónica. Iba perdiendo profesores e instrumentos en cada una de sus escalas, y sólo llegaban a Sheremetievo los comisarios políticos, fácilmente identificables en el conjunto de la orquesta, porque tocaban violines y violas sin cuerdas. Y lo mismo de lo mismo en los deportes. Durante la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Roma una decena de atletas, todos muy sonrientes, echaron a correr por la pista, abandonaron el Estadio Olímpico y terminaron merendando té con pastas en la Embajada británica. Acabaron con las pastas, como era de prever.
Desde que no hace falta huir del paraíso comunista de Rusia, porque ya no es comunista y el que quiera irse se va bajo su responsabilidad, las huidas del paraíso se concentran en los músicos, artistas y deportistas cubanos. Ayer, la selección de España de baloncesto, que se prepara para disputar el Campeonato del Mundo, se enfrentó a la selección de Cuba en Las Palmas de Gran Canaria. Buen partido que venció España disputado con una gran deportividad. Al término del amistoso encuentro, cuatro baloncestistas cubanos desaparecieron, y se aguarda, de un momento a otro, su petición de asilo político, que es de esperar les sea concedido.
Nunca he comprendido esa obsesión por huir de los paraísos comunistas. El gran Honved de Budapest, el de Puskas, Kocsis y Czibor, se quedó en cuadro después de una gira futbolística. La URSS había machacado en 1956 un heroico y vano intento de libertad en Hungría, y los futbolistas del Honved se repartieron entre diferentes clubes lejanos al alcance del paraíso soviético. Puskas se quedó en Madrid, y Koksis y Czibor en el «Barça». Unos años antes, y gracias a la intermediación de Santiago Bernabéu, Kubala pudo abandonar Checoslovaquia con su familia. Y Bernabéu lo hizo sabiendo que jugaría en el Barcelona, su gran rival. Entre artistas, deportistas y hasta científicos, la relación de personas que huyeron de los paraísos comunistas da para catorce volúmenes de la Enciclopedia Espasa. Los últimos nombres –aún guardados en el secreto– a añadir, son los que corresponden a estos cuatro jugadores de baloncesto que han decidido cambiar el paraíso comunista por una vida normal y esperanzada. Pocos toman el camino contrario. Por algo será. No creo que el Gobierno de Zapatero se atreva a repatriarlos para que acudan, antes de ingresar en la cárcel, al concierto de Víctor Manuel y Ana Belén. Sería excesivamente cruel. Adiós, paraíso comunista.

La Razón

lunes, 17 de agosto de 2009

Motivos de un país escéptico, Ignacio Camacho, ABC


PUES claro que no hay confianza. ¿En quién demonios vamos a confiar? ¿En el Gobierno que se cruza de brazos ante la crisis y cuando los descruza es para incrementar el gasto o para improvisar gestos de propaganda? ¿En la oposición que dispara a bulto sin atreverse a afrontar el coste político de un programa alternativo? ¿En los empresarios a cuyo patrón sólo se le ocurre la muy popular receta de bajar los salarios sin haberlos aumentado cuando iban bien las cosas? ¿En los sindicatos aferrados a su privilegiada posición de poder para defender sólo a quienes ya tienen empleo? ¿En la banca que ha trincado los avales públicos para cuadrar sus balances y se ha olvidado de la contrapartida de aflojar el crédito? ¿En las cajas de ahorro que se fusionan a toda prisa para esconder sus pérdidas más o menos fraudulentas? ¿En una Bolsa dominada por los especuladores que de repente han hecho subir a las constructoras en medio del crash del ladrillo? ¿En una clase política autista incapaz siquiera de renunciar por solidaridad a una sola de sus múltiples prerrogativas y enfrascada en sus soliloquios sectarios y en sus batallas de poder?
Las encuestas de opinión reflejan el retrato de un país a la deriva, que ha perdido la fe en sus instituciones políticas y financieras, y que apenas conserva tampoco la esperanza de que exista una remota posibilidad de cambio. Porque la caída de la credibilidad del Gobierno no tiene un correlato en las expectativas de la oposición; da la impresión de que los ciudadanos contemplan el panorama con un desangelado conformismo, con un pesimismo resignado, acomodaticio, condescendiente. No hay nadie al timón del Estado, nadie en la vida pública que haga un gesto solvente, y el pasaje del barco parece anestesiado por la zozobra, mientras otros navíos -Francia, Alemania- comienzan a desencallar a nuestra vera. Pero claro, de qué nos serviría confiar en Sarkozy...
En medio de este clima abotargado, de un escepticismo indolente, sólo el presidente conserva -«motivos para creer», ¿se acuerdan?- su optimismo de fábrica. Cuando todo el mundo recela de su capacidad y le ha perdido cualquier clase de confianza, él mira con alivio la leve recuperación de los vecinos y hace sus cálculos de poder, que son su verdadero objetivo. Toda su política (?) anticrisis está basada desde el principio en dejarse llevar, en aguantar con un quietismo complaciente bajo la presunción de que España será remolcada hacia la recuperación igual que fue arrastrada a la quiebra. Y que ese repunte se reproducirá en un año o dos... justo antes de que finalice el mandato. El ínterin de desplome lo da por amortizado en ese horizonte. Y si no llega, ya encontrará a quién echarle la culpa: en la habilidad para sacudirse responsabilidades sí merece toda la confianza del mundo.

domingo, 16 de agosto de 2009

España ya no es Europa (ni se le parece), Federico Quevedo


Es el gran éxito, la gran hazaña, de Rodríguez Zapatero: ha conseguido que un país que hace poco más de seis años se había posicionado como una de las naciones más influyentes y una de las economías más prósperas del mundo desarrollado, ahora sea la cola de Europa para todo, en lo económico y en lo político, y curiosamente siga los mismos pasos, en este caso de sumisión y no de colaboración, con la administración Obama que dio el anterior Gobierno con la administración Bush y nos estemos implicando como auténticos cobayas del Ejército Norteamericano en una guerra, la de Afganistán, que no es ni más legal ni más justa que la de Iraq, y para colmo sin que eso suponga ningún tipo de ventaja económica ni trato preferencial hacia España por parte de Washington, como sí ocurrió entonces.

Mantener aquel estatus no era muy difícil, bastaba con hacer las reformas necesarias para que la economía siguiera creciendo y, sobre todo, no se desplomara en una fase baja del ciclo, y congeniar esas reformas con una política exterior huidiza de gobiernos antidemocráticos y dirigida a reforzar la colaboración transatlántica al tiempo que se afianzaba la nueva posición privilegiada en Europa. En lugar de eso, en su primera legislatura Rodríguez optó por la inoperancia en lo económico y el aislamiento en la política exterior, evitando las reformas y estrechando lazos con países muy poco fiables como todos los que orbitan alrededor de la pesudo-democracia del Mono Chávez en Venezuela.

¿Algún cambio en la segunda legislatura? Para nada. Instalados en la recesión, el Gobierno sigue optando por huir de las reformas y se limita a la política de parcheo para salvar una crisis imposible, y si daba la sensación de que tras el cambio de inquilino en la Casa Blanca podía haber algún giro en la política exterior, las últimas giras del ministro Moratinos y la actitud en general de nuestro Gobierno hacía regímenes totalitarios como el cubano ponen de manifiesto que seguimos inmersos en esa misma política de no alineamiento impulsada por Rodríguez hace cinco años, y que nos sitúa al mismo nivel que las naciones más cutres y casposas del escenario internacional.

No solo eso, sino que encima Rodríguez parece empeñado en asemejarse a alguno de los tiranos a los que admira a base de perseguir a la oposición y enjaular a políticos del PP a los que ofrece como carnaza veraniega a las hambrientas televisiones, esposados y violados sus derechos constitucionales, mientras en la misma isla en la que Interior ordena la caza de brujas de políticos del PP, a Rubalcaba se le escapan los terroristas y colocan nuevas bombas en bares y restaurantes. Apoteósico. Espeluznante, diría más bien.

Este país es una farsa, una cuchufleta de feria comandada por un indocumentado incompetente solo obsesionado por su permanencia en el poder, no sea que dentro de dos o tres años se quede sin sus veraneos en el Palacio de La Mareta y tenga que volver a salir en chándal a comprar el periódico en un kiosco de Las Rozas porque a este no le contratan ni para vender pipas, y Sonsoles tenga que volver a hacer largos en la piscina municipal y gorgoritos en el coro parroquial, y por caridad eclesiástica.

El viernes, víspera de la Virgen de Agosto, nos llevamos el nonagésimo disgusto de la temporada estival: Francia y Alemania salen de la recesión mientras España sigue insertada en el peor escenario de decrecimiento. Tiene sentido: mientras en Francia y Alemania han hecho el ajuste vía salarios –por eso a pesar de que sus economías han caído considerablemente, no han sufrido coste en términos de empleo-, la nuestra lo ha hecho en términos de puestos de trabajo y hemos aportado a la UE las mayores tasas de paro.

Y el paro es una auténtica desgracia para una economía porque implica necesariamente una contracción del consumo –como ha puesto de manifiesto, de nuevo, la tasa negativa del IPC en julio- que retrasa aún más el crecimiento. Verán, hace un año encontré aquí en Galicia uno de esos sitios que parecían imposibles: poco –por no decir nada- turismo, playas casi vacías, gente encantadora y buena gastronomía. De las cuatro características, sigue conservando tres, pero las playas ahora están llenas, aunque no de turistas sino de propios, y eso solo se explica porque la gente no se ha ido de vacaciones y se ha quedado a pasar el verano en su lugar de residencia habitual, gente de los pueblos de alrededor, de incluso algo más lejos, que aprovechan las horas de luz de las largas tardes del verano para disfrutar de un rato de sol y playa.

Es solo un pequeño síntoma, pero dice mucho de la tónica general. Y casi todo el mundo tiene miedo de lo que puede venir en otoño. Lo cierto es que mientras en el resto de Europa empieza a vislumbrarse un cierto optimismo por la situación, aquí seguimos instalados en la desesperanza. Pero es lógico porque este Gobierno nos ha conducido a la peor de nuestras pesadillas: la de un país tercermundista que ha dejado de ser el sur de Europa para volver a ser el norte de África.

El Confidencial

Flor de pareja, Mario Vargas Llosa, El País


¿Crisis del capitalismo? Sí, es verdad, en los últimos años el poderoso sistema capitalista, tan denostado y tan extendido al mismo tiempo, que parecía indestructible, pareció derrumbarse a escala planetaria, no por acción de sus viejos enemigos, los comunistas y los socialistas radicales, sino por efecto de lo que el profeta Marx llamaba sus "contradicciones internas", es decir, la corrupción e irresponsabilidad de sus banqueros, financistas, empresarios, especuladores, estafadores y piratas, que, enceguecidos por la fiebre del lucro y la voracidad crematística, fueron empujándolo hacia el abismo, donde terminó por rodar y hacerse trizas (bueno, casi).

Las consecuencias resultaron catastróficas, desde luego: quebraron bancos, las bolsas se escurrieron hasta quedar exánimes, desaparecieron millones de puestos de trabajo, los niveles de vida de tres cuartas partes del globo cayeron en picada, prestigiosos hombres de empresa fueron a la cárcel porque el naufragio sacó a la superficie sus pillerías y embauques y, en resumen, los ricos dejaron de serlo tanto, la clase media se empobreció brutalmente y los pobres se volvieron miserables.

Ahora bien, hubo algunas excepciones a la regla, felizmente, que dejan entrever una esperanza para la supervivencia del sistema, es decir, para su recuperación sobre bases más firmes y exitosas. Tomemos, como ejemplo, a dos capitalistas ejemplares, que no sólo sortearon felizmente la crisis que descuajeringaba a sus colegas sino que, en estos tiempos de tragedia y quebranto, consiguieron multiplicar siete veces su capital. ¿De quiénes hablo? De los esposos Néstor Kirchner y Cristina Fernández, por supuesto. El ex presidente de la Argentina y su sucesora, la actual mandataria, eran poseedores en el año 2003 de un patrimonio, que ellos presentaron en su declaración jurada, y que la Oficina Anticorrupción, dependiente del Ministerio de Justicia, evaluó en el equivalente de un 1.200.000 euros de la época. En el año 2007, cuando la señora Kirchner ocupó la Casa Rosada, este capital se había casi triplicado, hasta alcanzar unos 3.200.000 euros. Pero fue en diciembre de 2008 cuando dio un salto espectacular y en sólo 12 meses alcanzó la cifra (vertiginosa para cualquier bípedo común y corriente) de 8.500.000 euros.

¡Aprendan, capitalistas de pacotilla, mediocres y ramplones, tipo Madoff, que como éste merecerían pasar el resto de sus años en la cárcel por ineptos! Eso es ser unos capitalistas de verdad, audaces, ingeniosos, creativos, que, cuando todos a su alrededor perdían lo que tenían y lo que no tenían, fueron capaces de disparar a las nubes sus ingresos demostrando de este modo que el sistema tiene recursos y vericuetos para sortear las peores calamidades y aún medrar con ellas.

¿Cómo consiguieron este milagro Néstor Kirchner y Cristina Fernández? Lo ha sacado a la luz en Buenos Aires la diputada de oposición, Patricia Bullrich, del Acuerdo Cívico y Social, según leo en una crónica de Alejandro Rebossio (EL PAÍS, 26 de julio) que no tiene desperdicio y que debería ser estudiada como un catecismo por todo capitalista que aspire a emular a esa pareja excepcional.

Los esposos Kirchner, ambos abogados, eran ya, en 2003, cuando don Néstor subió a la Presidencia de su país, bastante prósperos. Tenían 23 inmuebles, que alquilaban, y cuentas bancarias. Sin que ello los distrajera de sus responsabilidades políticas -doña Cristina era senadora y colaboraba estrechamente con el mandatario en sus tareas de gobierno- este patrimonio se fue revaluando mediante la compra, rehabilitación y venta de inmuebles y sagaces inversiones financieras. Además de alquilar algunas de sus propiedades para que sirvieran de hoteles, constituyeron, en sociedad con uno de sus hijos, una consultoría que asesoraba a sus clientes en "economía, finanzas, derecho, ciencias sociales, educación y administración y otras disciplinas". ¿Cómo no hubiera tenido gran éxito una empresa de servicios semejante? ¿Quién, que tenga dos dedos de frente, no hubiera querido ser asesorado en sus negocios e inversiones por ese par de presidentes tan enterados y prósperos?

Pero las operaciones, rayanas en la genialidad, que hicieron de verdad la fortuna de la pareja, tuvieron como escenario la muy bella localidad de Calafate. Un paisaje divino, aire purísimo, y glaciares, el más hermoso de los cuales fue bautizado Perito Moreno, que quitan el habla, hacen pensar en las historias de Jack London y atraen a ese rincón de la Patagonia argentina a millares de turistas cada año. Pues bien, gracias a la generosidad del alcalde del lugar, un caballero llamado Néstor Méndez, los Kirchner compraron en 2005 unos terrenos de 60.000 metros cuadrados, pagando 69 céntimos de euro por metro cuadrado. Al año siguiente lo revendieron ¡a 50 euros el metro cuadrado! Así financiaron el lindo hotel -lo conozco- El Calafate. Ese mismo año se hicieron dueños de otros 129.000 metros cuadrados (a 69 centavos de euro por metro cuadrado) y los revendieron, pocos meses después, a 50 y a 57 euros el metro.

En su crónica, Alejandro Rebossio cita una declaración de Aníbal Fernández, jefe de Gabinete del Presidente argentino, respondiendo a los maliciosos que ven gato encerrado en estas formidables operaciones empresariales: "Nadie que ejerza el poder está impedido de tener un patrimonio propio y que éste tenga vida, lo que es la esencia del capitalismo". Tiene toda la razón del mundo, por supuesto, y estoy seguro que la deficiente mafia rusa -deficiente porque, a diferencia de los Kirchner, parece haber perdido, por culpa de la crisis, la mitad de los incontables billones que tenía- debía impregnarse de esta filosofía y enfrentar al mundo, sin complejos de inferioridad, proclamando que, haciendo lo que hacen, no roban, ni contrabandean, ni piratean, sino mantienen viva y llameando la esencia metafísica del capitalismo.

El mérito de los esposos Kirchner es tanto mayor si se tiene en cuenta que, a ellos, a juzgar por los discursos con que suelen hipnotizar a los electores que los llevaron al poder y que he tenido la ocasión de padecer, el capitalismo no les gusta nada. Más todavía, son sus encarnizados adversarios. Y abominan de él porque lo consideran explotador, egoísta, abusivo y corruptor. Sus verdaderos amigos y afines son gentes como el comandante Hugo Chávez de Venezuela o el comandante Daniel Ortega de Nicaragua, con quienes a menudo se estrechan en efusivos abrazos y profetizan la próxima derrota del imperialismo. Sus corazones son de izquierda (sólo sus bolsillos y los vestidos de doña Cristina son de derecha) y por eso a muchos capitalistas, durante sus dos gobiernos, además de injuriarlos, les han hecho pasar muy malos ratos, nacionalizándolos, abrumándolos con regulaciones y nuevos impuestos, al extremo de que la fuga de capitales en Argentina, según un despacho de la Agencia EFE del día 2 de agosto, alcanzó sólo en el primer semestre de este año los 7.860 millones de euros. Las cifras proceden del Banco Central, una institución según la cual, desde que comenzó la crisis financiera, unos 30.300 millones de euros en ahorros de argentinos escaparon al exterior o fueron escondidos en cajas de seguridad o bajo el colchón.

O sea que, mientras la empresa Kirchner hacía pingües negocios, el capitalismo se desmoronaba en Argentina y ganaba terreno esa peculiar filosofía de los esposos gobernantes según la cual no hay contradicción alguna en ejercitar y aprovecharse de un sistema odioso al mismo tiempo que se obra desde el gobierno por su ruina y extinción.

Quizás ésta sea la explicación del enredo: la benemérita pareja no se ha hecho rica por codicia ni muchísimo menos sino para dar una lección ideológica práctica a su pueblo. Su conducta responde a un propósito laberíntico, semejante a esas deslumbrantes y sutiles construcciones intelectuales de los cuentos de su compatriota Jorge Luis Borges. Un propósito altruista y pedagógico destinado a mostrar, en carne viva, inmolándose en el intento, lo sucio y pestilente que es el sistema capitalista, pues permite a un par de políticos del común volverse millonarios en un plazo brevísimo, pese a las inclemencias y zozobras que vive su país, mientras millones de argentinos se empobrecían, los agricultores se sentían amenazados, las empresas quebraban y los ahorristas veían cómo la inflación volatilizaba las reservas con que esperaban afrontar la vejez. Héroes y mártires del capitalismo, pues. ¡Flor de pareja!

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2009. © Mario Vargas Llosa, 2009.

sábado, 15 de agosto de 2009

Zapatero ha puesto los cimientos para la independencia catalana, LM Anson


EN SU ARTÍCULO dominical, el director de este periódico afirmaba: «Cataluña tendrá de 'iure' todos los resortes de un Estado menos el Ejército y el nombre». Zapatero concedió graciosamente a Carod Rovira que Cataluña es una nación. El dirigente de ERC, coronado de espinas, ha fijado para el año 2014 el salto desde la nación al Estado. El convergente Mas afirmó que el nuevo Estatuto es sólo un peldaño hacia la independencia. No se trata de especulaciones periodísticas. Son afirmaciones contrastadas. El 6 de octubre de 1934, Luis Companys no proclamó propiamente la independencia desde el balcón principal de la Generalidad sino «el Estado catalán dentro de la República Federal Española».

El think tank monclovita, encabezado por el faro de la Alianza de las Civilizaciones, replica a los que vaticinan discretamente lo que va a ocurrir en el futuro que «ya lo veis, se ha otorgado el nuevo Estatuto y aquí no pasa nada». Y tienen razón. Aquí no pasa nada ahora. Va a pasar dentro de unos años. Los polvos zapaterescos engendrarán los inevitables lodos de la secesión.

Ni al 5% de catalanes les interesaba la reforma del Estatuto. Así lo certificaron las encuestas solventes. Fue una merced con que Zapatero obsequió a la clase política de Cataluña. Tras dos años de debate y de parafernalia publicitaria ni el 50% de los catalanes acudió a votar, lo que en muchas naciones democráticas hubiera invalidado el Estatuto. Aquí no. La clase política catalana quiere mandar más, aunque eso perjudique al bien común de Cataluña. Y por tal razón estamos en la danza del Estatuto.

No le falta perspicacia a Carod Rovira. Yo no sé si para el 2014 o el 2018 o el 2022. Pero cuando a una clase política voraz se le entrega la Educación y los medios de comunicación hay un porcentaje altísimo de probabilidades de que moldeará a su gusto a la opinión pública. Las leyes que va vomitando el tripartito resultan apabullantes. Y menos mal que el Estatuto que se aprobó en el Congreso no es el que concedió Zapatero, es decir, el votado en el Parlamento catalán por una mayoría de relieve. El buen sentido de varios barones socialistas frenó la frivolidad zapatética.

«Y si llega un momento en que la mayoría de los catalanes quieren la independencia habrá que dársela», afirma ahora el entorno de Zapatero, consciente de lo que en pocos años se nos vendrá encima. Pues no. Se puede combatir ideológicamente en defensa de la unidad de España. No todo está perdido si se establece un pacto de Estado entre el Partido Popular y el Partido Socialista para españolizar Cataluña, es decir, para hacer lo contrario de lo que, desde hace muchos años, están haciendo Carod Rovira y sus cómplices. Hay que empezar reformando la Constitución para cerrar el Estado de las Autonomías -ni una transferencia más- y para recuperar las competencias plenas en Educación. Después habrá que aprobar un presupuesto razonable para defender y difundir, desde el tebeo a la cátedra y durante quince o veinte años, la españolidad catalana. Todo menos la pasividad zapateril, el dejar hacer, la ligereza. Zapatero ha puesto los cimientos para que en pocos años Cataluña se convierta en un Estado independiente. Es un deber denunciar la frivolidad política zapatética y apuntar los medios para evitar que se consume la tropelía.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

jueves, 13 de agosto de 2009

1984+60, por Jeff Jacoby

El arranque de 1984 es uno de los más famosos de la literatura inglesa contemporánea: "Era un día de abril luminoso y frío, y los relojes marcaban la una". Su frase final es aún más célebre: "Amaba al Gran Hermano".
En junio cumplió 60 años esa novela brillante y amarga de George Orwell, que a pesar del paso de todo este tiempo conserva intacta su poder de conmoción. Su héroe es el decididamente antiheroico Winston Smith, un tipo débil y melancólico que vive en el policíaco, totalitario Estado de Oceanía, en el que gobierna el Partido –personificado por el Gran Hermano, cuya intimidatoria imagen está por todas partes– y la Policía del Pensamiento reprime sin contemplaciones el menor atisbo de disidencia. El Partido impone su voluntad a través de la ubicua vigilancia, la propaganda permanente y la aniquilación de todo aquel que, aun en la intimidad, se rebele contra la autoridad. Winston abraza esa forma de criminalidad al registrar secretamente su odio al Gran Hermano en un diario y, luego, al mantener un romance con una joven llamada Julia. Con el tiempo será detenido, interrogado, torturado y domesticado.

Mil novecientos ochenta y cuatro fue la advertencia de Orwell acerca de lo que puede pasar cuando un Estado disfruta de un poder omnímodo; una advertencia conformada con los horrores registrados en la Alemania nazi y la Unión Soviética, con su desprecio a la vida y la conciencia humanas, su culto a la personalidad, sus crueldades y engaños sin cuento. "No creo que el tipo de sociedad que describo llegue necesariamente a darse, pero sí (...) podría sobrevenir algo parecido", escribía Orwell al poco de dar su libro a la imprenta. "También creo que las ideas totalitarias han echado raíces en la mente de los intelectuales de todas partes, y he tratado de llevar esas ideas a sus consecuencias lógicas".

Orwell era un socialista convencido, e insistía en que Mil novecientos ochenta y cuatro no debía entenderse como un ataque al socialismo o a los partidos de izquierdas. De hecho, aunque la ideología imperante en Oceanía se llama Ingsoc ("socialismo inglés", en la neolengua allí hablada), los objetivos del Partido nada tienen nada que ver con la colectivización de la riqueza, ni con la creación del paraíso proletario ni con ningún otro objetivo socialista.

"El Partido busca el poder por el poder", le dice el funcionario O'Brien a Winston. "No nos interesa el bienestar de los demás; nos interesa únicamente el poder. Ni la riqueza ni el lujo ni una vida próspera ni la felicidad: sólo el poder, el poder sin límite... Sabemos que nadie ha llegado al poder con la intención de acabar renunciando. El poder no es un medio, es un fin. Uno no erige una dictadura con el fin de salvaguardar una revolución; uno hace la revolución para erigir una dictadura. El objetivo de la persecución es la propia persecución. El objetivo de la tortura es la tortura misma. El objetivo del poder es el poder. ¿Empieza usted a entenderme?".

Con independencia de que el pobre Winston lo entendiera o no, desde luego los que sí lo entendieron fueron los totalitarios de aquella hora (1949) y de las posteriores. El Pravda de Stalin hizo una crítica demoledora de Mil novecientos ochenta y cuatro por su presunto "desprecio al pueblo", mientras Masses and Mainstream, el órgano del partido comunista americano, en una reseña titulada "El gusano del mes" lo fustigaba por ser "carroña cínica", una "diatriba contra la raza humana". Ahora bien, en la mayoría del mundo libre fue enseguida aclamada y considerada un clásico. "Ninguna otra obra de esta generación –pudo leerse en el New York Times– nos ha hecho desear la libertad con más vehemencia ni rechazar la tiranía con más firmeza".

Incluso hoy es difícil pensar en una novela que pueda compararse a Mil novecientos ochenta y cuatro en su análisis de la mentalidad totalitaria. Orwell dio con las claves: el deseo insaciable de poder; el uso de la mentira masiva como sustituto de la verdad; la consideración de la libertad de pensamiento como algo delictuoso y enfermizo; la perversión del lenguaje; la manipulación flagrante de la historia; el uso de la tecnología para imposibilitar la intimidad; la represión de la sexualidad; sobre todo, la destrucción violenta de la identidad y la libertad individuales. "Si quiere una imagen del futuro –le dirá O'Brien a Winston es sometido a interrogatorio y tortura–, imagine una bota pateando un rostro humano... permanentemente".

Gran Hermano, Policía del Pensamiento, despersonalización, doblepensar...: no es casual que tantos términos acuñados por Orwell en estas páginas –por no hablar del propio término orwelliano– hayan pasado a formar parte de nuestro vocabulario, y que recurramos a ellos a la hora de hablar de la falta de libertad. Lamentablemente, Orwell murió, a los 46 años, apenas siete meses después de que viera la luz; pero, 60 años después, Mil novecientos ochenta y cuatro conserva intacta su fuerza, y su mensaje de alerta es más perentorio que nunca.


JEFF JACOBY, columnista de The Boston Globe/The New York Times.

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