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viernes, 24 de julio de 2009

Los libros de Pío Moa: una revolución en la historiografía española

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José María Marco analiza el papel polémico y renovador del autor Pío Moa en la adocenada historiagrafía española, donde quien disienta de la versión oficial no sale en la foto.

Hace diez años un escritor sólo conocido en algunos círculos muy restringidos, en general en el entorno del Ateneo de Madrid, publicó una obra titulada
Los orígenes de la guerra civil española. De un anonimato relativo, el autor, Pío Moa, pasó directamente a las listas de superventas. Y se convirtió, de paso, en uno de los historiadores más discutidos de los últimos años.

Desde entonces, la visión progresista de la Segunda República y la Guerra Civil, elevada hacía tiempo a dogma oficial, se ha derrumbado con estrépito. Sigue siendo hegemónica en la universidad, donde muy pocas voces se atreven a ponerla en cuestión, y se sigue inculcando a jóvenes fáciles de manipular, que llegan ya adoctrinados de una enseñanza media convertida, en líneas generales, en una gigantesca máquina de reproducción ideológica. Ahora bien, fuera de eso, en el debate público, en los medios de comunicación y en la percepción que la opinión tiene de la gran tragedia española del siglo XX, el libro de Pío Moa cambió, y me parece que para mucho tiempo, la visión que los españoles tenían de esos años.

¿Qué había pasado para que ocurriera tal terremoto en la historia y en la sociedad española? En primer lugar, el mérito corresponde al autor, a Pío Moa, que se atrevió a analizar con rigor lo ocurrido y dejar de lado la idílica interpretación oficial, según la cual los republicanos, inmaculados santos laicos, defendían la legalidad democrática, la libertad, la emancipación de las clases trabajadoras y la modernización de la sociedad española. Es curioso que Los orígenes de la guerra civil española, aunque aporta alguna documentación nueva, se basa sobre todo en documentos ya conocidos. Se ve que nadie se había tomado la molestia de leerlos. Cultivando esta ceguera voluntaria es como se han levantado innumerables reputaciones académicas en el terreno de la historia.

Además, Pío Moa rompía con una tradición también bien asentada acerca de la República y la Guerra Civil. Por supuesto que había habido excelentes historiadores que se habían esforzado por analizar con pulcritud la sublevación revolucionaria del 34 y, en otros campos ajenos a este libro, la del 36, la represión indiscriminada –el terror, propiamente dicho– puesta en marcha por los autodenominados "defensores de la legalidad republicana", o la historia militar de la Guerra Civil. La novedad del estudio de Pío Moa es que cambiaba la perspectiva en que todo esto se situaba.

Hasta entonces los mantenedores de la versión oficial habían sostenido, aprovechando la naturaleza no democrática del régimen de Francisco Franco, que la rebelión del 36 había atacado la democracia en sí. Pío Moa demostró lo contrario. Quienes habían atentado contra el régimen democrático eran los revolucionarios del 34 y, con ellos, buena parte del establishment republicano de centro, por así llamarlo, que no aceptó el resultado de las elecciones de 1933, cuando la izquierda perdió el respaldo de la opinión pública.

Pío Moa demostraba, primero, que la sublevación del año 34 fue una revolución diseñada para implantar una dictadura de corte estalinista en España, y, de paso, dejaba bien claro que la izquierda republicana, desde Azaña, supuesto moderado, los comunistas y la inmensa mayoría del PSOE no sentían el menor respeto por la democracia cuando no servía a sus fines. El análisis abría la vía a una reflexión de fondo sobre la naturaleza de la izquierda española con amplias repercusiones en la realidad actual.

Ni qué decir tiene que el estudio de Pío Moa fue recibido con un clamor histérico –aún sigue causándolo–. Aunque se le ha llegado a dedicar más de un libro, nunca se ha discutido en serio. Fuera de los insultos y las descalificaciones personales, el ninguneo ha sido la estrategia generalizada de sus detractores. Estrategia fallida, porque, aparte del respaldo de algunos –escasos– valientes historiadores académicos, como Stanley G. Payne, que firma en la introducción a esta nueva edición ampliada –con un epílogo del autor–, las obras de Pío Moa, y ésta muy en particular, se han vendido como ninguna otra de las que exponen la versión oficial.

Mención aparte merece la recepción de éste y otros títulos de Pío Moa por parte del centro derecha político. Aquí ha pesado un silencio denso. Los libros de Pío Moa resultan material inflamable y promocionarlos, o utilizar la argumentación que ofrecen, sigue siendo tabú en la política española. El caso de Pío Moa no es único: lo mismo ha ocurrido con el libro de César Vidal sobre las Brigadas Internacionales o los de Ángel Martín Rubio sobre la represión en el bando republicano.

Si está claro que en la sociedad no existe consenso sobre la historia española, ¿por qué esforzarse en seguir manteniendo una fachada más que cuarteada y desaprovechar la argumentación y las nuevas perspectivas? Es algo que resulta asombroso, pero que también ayuda a entender muchas otras cosas.


PÍO MOA: LOS ORÍGENES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA. Encuentro (Madrid), 2009, 477 páginas. Prólogo de STANLEY G. PAYNE.

Pinche aquí para acceder a la web de JOSÉ MARÍA MARCO.


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Pío Moa trata de nuevo el tema, 27 de julio 2009, en su blog. Lo reproduzco:

En la primera mitad de este año he publicado dos libros: la reedición de Los orígenes de la guerra civil, aprovechando su décimo aniversario, con un prólogo de Stanley Payne y un "Epílogo para universitarios"; y Franco para antifranquistas en 36 preguntas clave. En cierto modo, uno conduce al otro. En el primero quedaba documentalmente demostrado que los socialistas y separatistas catalanes, auxiliados por casi toda la izquierda, asaltaron la república y un gobierno legítimo y democrático de derecha, con intención explícita de iniciar una guerra civil; y –entre otras cosas– que Franco defendió entonces la legalidad republicana. El segundo libro es, en muchos aspectos, una consecuencia desarrollada del primero.

Los orígenes, dice amablemente José María Marco, revolucionó la historiografía sobre la república y la guerra. Pudiera haber algo de ello, por cuanto hoy casi nadie, ni los más fervientes izquierdistas, hablan de la república, de Azaña, de la izquierda y del Frente Popular con la alegre desenvoltura de hace unos años. Y sin embargo es evidente que Marco se equivoca. El libro no fue seguido de un debate, sino de una lluvia de insultos, y tampoco ahora, con su reedición, ha habido más comentario escrito que el de José María Marco. Lo mismo ocurre con Franco para antifranquistas, del que en vano buscarán ustedes recensiones o artículos críticos en ningún medio impreso. Quienes desconozcan el brillante mundo intelectual hispano podrán pensar lo peor, pero se equivocan: en realidad todos esos intelectuales y críticos se hallan tan absortos en cuestiones de tanta enjundia y profundidad, que no pueden prestar atención a minucias como estos libros: no tienen ustedes más que leer esas revistas y suplementos de diarios para comprobar su increíble altura. Además, muchos de esos historiadores, sobre todo de derechas, confiesan que ellos ya sabían de sobra lo que dicen mis libros, obviamente nada originales. Lo que pasa es que disimulaban esos saberes, por una cuestión de modestia.

Hace poco, un insigne catedrático me trataba de "autor menor". Hombre, soltar una obviedad así resulta impropio de un cátedro. Comparado con la pléyade de fantásticos intelectuales que hoy dan esplendor al país, como ese mismo cátedro, por no ir más lejos, ¿quién podría ser otra cosa que "menor"? Y aun ínfimo. No podemos sino felicitarnos de vivir en un país de tantas maravillas.
(...)

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