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lunes, 18 de mayo de 2009

Mestalla: el delictivo y premeditado ultraje a España, por Santiago Abascal

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Que si eran muchos o pocos, que si fue o no un acto de normalidad, que si TVE lo censuró. Da igual. Fue un ultraje a España, y sus organizadores tienen nombres y apellidos.


Políticos y periodistas han bordeado de nuevo la esencia de lo ocurrido en Mestalla, con análisis tangenciales o interesados. Que si la pitada fue masiva o minoritaria. Que si representa a vascos o catalanes, o no. Que si fue un acto de normalidad democrática, ha dicho el loro Anasagasti, porque el Generalísimo no dejaba silbar. Que si TVE hizo mal en silenciar la realidad o si era lo mejor para no darles publicidad a los secesionistas.

Lo único cierto y seguro es que unas organizaciones separatistas publicitaron, orquestaron y acabaron ejecutando la monumental pitada, financiada por la Generalitat y el Gobierno vasco de Ibarretxe, contra el himno nacional de toda España. Y más cierto aun es que los ultrajes a España están definidos y tipificados en el código penal español. Y no lo es menos que en un país democrático la ley ha de cumplirse. Esto tiene su importancia porque dos entidades sociales, que pretenden hacernos tragar con las selecciones autonómicas como combinados nacionales, y que están directamente financiadas por la Generalidad de Cataluña y por el Gobierno vasco, gastaron los euros en comprar pitos para ultrajar a España delante del Rey y con la publicidad inevitable de los medios de comunicación.

Quienes dirigen Esait y Catalunya Acció, son sujetos perfectamente identificables, que han incurrido en responsabilidades penales al instigar y protagonizar un ultraje a España, con premeditación y publicidad. Sin embargo, el Gobierno de la Nación calla, y la Fiscalía ni está ni se le espera. Los patrocinadores del evento silbador, dos gobiernos autonómicos, no han dicho ni esta boca es mía.

Mientras tanto, desde la Fundación Denaes, para la defensa de la Nación Española, hemos decidido cumplir con nuestra obligación y en los próximos días iniciaremos acciones legales para que el ultraje no quede impune. Ya lo hicimos con Rubianes, y conseguimos que fuera imputado e incluso que hubiera de abonar fianza. Su fallecimiento hizo, en buena lógica, que desistiéramos de nuestras acciones penales. Señalo este episodio para reiterar que el ultraje es un delito y que los tribunales ya nos han hecho caso con anterioridad.

En cualquier caso, bien harían los representantes ordinarios del Estado en el País Vasco y Cataluña, López y Montilla, ambos socialistas, en desmarcarse públicamente de tan abyectos comportamientos y en mostrar sus adhesión institucional al himno nacional. Y el Gobierno de la Nación, bien haría en mostrar las agallas de Sarkozy que, ante una pitada similar a la Marsellesa en Francia, amenazó con suspender los actos públicos en los que se ofendiera al himno francés. Y la broma se acabó. Como se acabaría en España si se demostrara determinación en la aplicación de la ley y si la espada de Damocles de la suspensión del evento planeara sobre el estadio. El público acallaría a los silbadores con tal de no perder el dinero de la entrada o tener que volver sobre sus pasos unos cientos de kilómetros sin la fiesta empezada. Otro gallo nos cantaría.
El Semanal Digital

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