Blogoteca: La "memoria histórica" de un bochornoso Negrín retrata al PSOE de 1939, por Carmelo López-Arias

viernes, 1 de mayo de 2009

La "memoria histórica" de un bochornoso Negrín retrata al PSOE de 1939, por Carmelo López-Arias


La escena tuvo lugar en los sótanos del castillo de San Fernando en Figueras (Gerona), en una fría noche del 1 de febrero de 1939. Allí se reunieron 62 diputados de las Cortes elegidas en 1936, y ante ellas Juan Negrín, a la sazón presidente del Gobierno frentepopulista, volvió a llamar a la resistencia numantina ante la inexorable victoria de las tropas nacionales.

De la vomitona al burdel... contado por los propios

Pero no era sino uno más de sus embustes. Mientras pronunciaba esas palabras, negociaba la rendición ante el bando nacional con intermediación de los embajadores francés y británico... al mismo tiempo que el coronel Segismundo Casado hacía lo propio con Francisco Franco... al mismo tiempo que facciones comunistas dispuestas a luchar conspiraban contra él y contra Casado... al mismo tiempo que los dirigentes comunistas preparaban su huida mientras animaban a los suyos a seguir combatiendo. Todo ello lo cuenta José María Zavala en 1939, su más reciente aportación a un periodo de nuestra historia que conoce bien y sobre el que ha escrito ya diferentes volúmenes.

Este relato sobre los últimos días de la contienda ocupa la primera mitad del libro. Es demoledor, sobre todo, con la figura del socialista Negrín, a quien José Luis Rodríguez Zapatero quiere ahora rehabilitar. Quizá cree que la pésima imagen con la que pasó a la historia se debe a la propaganda de Franco. Lamentablemente para el presidente del Gobierno, los testimonios que recoge Zavala provienen de quienes podían conocerle bien, esto es, quienes compartían su entorno de poder, incluidos compañeros de partido.

Nos dibujan a un Negrín "desequilibrado", esclavo de una glotonería patológica que le llevaba a vomitar los platos que le gustaban para poder seguir comiéndolos (todo ello tras recibir informes sobre el hambre de la población), desapareciendo con una prostituta durante horas haciendo caso omiso de sus responsabilidades en tiempo de guerra, o expoliando bienes ajenos, públicos y privados, para asegurarse un futuro en el exilio.

Y, políticamente, entregando España a Stalin, a quien dirigió el 11 de noviembre de 1938 una carta de este tenor: "Será para muchos españoles siempre un honor el pensar que si en un momento dado hay en este extremo occidental de Europa un instrumento potente militar y naval que pueda colaborar en fines comunes de progreso humano con la URSS, lo debemos en gran parte al aliento, colaboración y apoyo que de una manera desinteresada nos han prestado nuestros amigos soviéticos".

Pero si en el caso de Negrín concurren elementos bochornosos a nivel personal que no son generalizables, no ocurre lo mismo con la actitud política de todos los dirigentes frentepopulistas: sacrificaron la vida de su gente en aras del interés de partido, al tiempo que salvaban la propia con el privilegio de la huida.

Con una única excepción: el socialista Julián Besteiro, a quien, afirma Zavala, "siempre le quedará la gloria de haber sido el único dirigente destacado de la izquierda que no huyó cobardemente de España".

La primera parte de 1939 remata, pues, un retrato completo y apasionante de los últimos días de la guerra tal como se vivieron en el bando frentepopulista. Y recopila las encontradas opiniones de sus actores principales sobre por qué perdieron la guerra.

Añade el autor un interesante capítulo sobre cómo se gestó, en el bando nacional, el célebre parte de guerra del 1 de abril con el que Franco la dio por concluida. Está muy bien narrado el ambiente de excitación que invadió a todos (los nervios del momento impidieron al taquimecanógrafo concluir la tarea, cediendo los trastos a otro), incluso al mismo Franco a la hora de ponerle la firma, que quedó por ello muy poco marcada.

Abortos, autolesiones y guerra química

En la segunda parte del volumen, Zavala documenta una serie de hechos misceláneos, pero no inconexos, que aportan matices llamativos a la visión corriente sobre la guerra.

Así, por ejemplo, la implantación del aborto en Cataluña. Zavala describe con dramatismo el primero que se cometió al amparo del decreto que las autoridades frentepopulistas, con firma de Josep Tarradellas, emitieron -¡atención a la fecha!- el 25 de diciembre de 1936. Fueron en total unos dos mil abortos legales durante la contienda, y en algún caso se forzó a los médicos, pistola en mano, a practicarlos. Se trataba de que el aborto pasase a ser –rezaba el eugenésico decreto- "un instrumento al servicio de los intereses de la raza".

En las páginas de 1939 encontraremos también descripciones médicas de las enfermedades y muertes que produjo el hambre durante la guerra, datos sobre la estancia en España (siempre con simpatía hacia los nacionales) del futuro presidente John Fitzgerald Kennedy y de su hermano Joseph Patrick (quien llegó a contactar con la Quinta Columna nacional en Madrid), informes sobre soldados republicanos autolesionados para poder desertar, y las pruebas de la utilización de armas químicas en el campo de batalla por parte del bando frentepopulista.

Un anexo con decenas de partes de guerra de ambos bandos entre el 1 de enero y el 1 de abril pone fin a estas páginas que explican, entre otras muchas cosas, por qué la imagen de la izquierda fue tan negativa en España (aparte, obviamente, la misma presión del régimen de Franco) hasta el cambio generacional de los sesenta. Había, sobre todo entre los derrotados, viva "memoria histórica" sobre los Negrín y compañía, y sobre la estampida de todos los de arriba (salvo Besteiro) mientras pedían a los de abajo que siguieran muriendo por una quimera cuya derrota habían descontado muchos meses antes.

El Semanal Digital

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