Blogoteca: ¿Quién teme el debate?, por Raúl del Pozo, El Mundo

viernes, 8 de febrero de 2008

¿Quién teme el debate?, por Raúl del Pozo, El Mundo


Gustavo Bueno, filósofo pureta, de la secta del perro, que habla desde un pithos (tonel) de sidra, aunque no se la pela en público, es un maravilloso sofista. Llegó a decir el Diógenes asturiano que la democracia sin televisión es imposible. Modernizó el pensamiento de Jefferson, para el que era mejor una sociedad con periódicos y sin gobiernos que al contrario. Bueno señaló que la TV, una nueva extensión de los periódicos, aunque exude broza, es el ágora de nuestro tiempo. Claro que la televisión transpira basura, pero no hay que despreciar ni siquiera la basura; de los desechos nacen flores y el reciclado es una bandera verde.

Viene todo esto a parábola para preguntarnos si Rajoy y Zapatero tienen lo que hay que tener para enfrentarse en un plató ante toda esta nación turbulenta, dividida, sectaria y con tan mala leche, cuando la voluntad general indecisa pide, desesperadamente, debates.

Estoy de acuerdo con las teorías del filósofo. Cuando Dios monologa canta álgebra (Leibniz) y cuando los hombres dialogan lo hacen en griego, aunque no lo sepan. El vocabulario de la democracia es griego, los griegos son nuestros contemporáneos, gramáticos de nuestra libertad. En Grecia hubo ciudades sin acrópolis, pero no sin ágora. El ágora, que significa mercado, era la asamblea en la plaza pública donde «los hombres se hacían ilustres». Si hoy el ágora, aun con sus guarronas, julandrones y chismosos, es la televisión, ¿por qué nuestros políticos se muestran cortos de cuello ante el debate?

¿Quién teme a la televisión? Todos los políticos. Felipe González, en el apogeo del 82, apenas apareció en los estudios 10 veces. Amedrenta un plató porque te sientes ante un pelotón de ejecución donde te pueden disparar haciendo zapping; intimida la posibilidad de una muerte súbita por ridículo. No a todas horas se es eminente o excelso. La fuerza del político en TV consiste en expresar muchas cosas en pocas palabras y por eso quieren la facilidad del monólogo, la estructura del sermón. Lo que proponen nuestros líderes no es un debate, sino un spot gigantesco, un recurso de arqueo para contables, un tongo. Podría ser bonito presenciar un match entre el romanticismo político y el realismo cartesiano. Me temo que hay estorbos. ‘ZP’ quiere que sea en la cadena pública, Rajoy aspira a celebrarlo en una televisión independiente y neutral.

¿Quién teme el debate? Los dos. Rajoy sospecha que se la quieren meter doblada con la argucia de la señal única, Zapatero no quiere arriesgarse a perder por una noche su hegemonía en los tubos catódicos. Los dos intuyen que una emboscada, una migraña, puede desbaratar la mayoría. Carlotti considera que su cadena es la más independiente y Vasile comenta que se negará a enchufar en la señal única.

Tememos que el obstruccionismo de los partidos, que a veces conspiran para destruir los fundamentos de la libertad política, atasque el combate.

© Mundinteractivos, S.A.



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