Blogoteca: El Kosovo de Bush, Luís María Anson

lunes, 18 de febrero de 2008

El Kosovo de Bush, Luís María Anson


La inmigración albanesa en Estados Unidos ayudó generosamente a Bush II en su última campaña electoral. Do ut des. El César ha correspondido a la largueza económica de los albano-kosovares arropando los anhelos independentistas de Kosovo frente a Serbia. El Imperio ha jugado y, como casi siempre, ha ganado, mofándose además de la Rusia de Putin, tan lejana de aquella Unión Soviética que tenía también las patas de papel pero que parecía un tigre. Si Stalin o Khruschev levantaran la cabeza no darían crédito a cómo se ha despedazado un imperio como el soviético que parecía de hormigón armado.

Nada tiene que ver Kosovo con los movimientos secesionistas corsos, bretones, tiroleses, escoceses, irlandeses, vascos o catalanes. La unidad balcánica de la gran Yugoslavia fue un invento estalinista que encabezó Tito protegido por las divisiones acorazadas del Kremlin. Ni la tradición ni la historia respaldaban el artificio. Liquidada la argamasa del totalitarismo comunista, ha pasado en Yugoslavia lo que tenía que pasar.

Las banderas norteamericanas y las pancartas de elogio a Bush que han presidido las celebraciones de la independencia kosovar han silenciado en gran parte las campanas de los nacionalismos secesionistas europeos, entre ellos el vasco y el catalán. La izquierda permanece perpleja ante la maniobra norteamericana en Kosovo. No sabe a qué carta quedarse. No sabe qué partido tomar. Rusia y Estados Unidos, en fin, han tenido una posición nítida, aunque encontrada. La Europa sin rumbo, zarandeada por el hedonismo y la dolce vita, apenas ha tocado bola en este entierro. Putin, humillado, patalea. Bush, enardecido, sonríe exultante.

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