Blogoteca: Réplica a los nacionalistas, por Amando de Miguel, Libertad Digital

viernes, 11 de enero de 2008

Réplica a los nacionalistas, por Amando de Miguel, Libertad Digital


Juan y Edel Díaz me envían el texto de la carta abierta que el novelista Pérez Reverte escribe a un lector vasco, un joven guipuzcoano. El chico le envió una nota de protesta al escritor porque, en las novelas sobre el capitán Alatriste, salen algunos marineros vascos que van en los barcos españoles y entran en combate al grito de “Cierra España”. El lector guipuzcoano no se había enterado de esa realidad, que los vascos también iban en las naves españolas y que abordaban a los enemigos al grito de “Cierra España”. Termina así Pérez Reverte: “Así que ya ves, amigo mío. No inventé nada. El único invento es el negocio perverso de quienes te niegan y escamotean la verdadera Historia: la de tu patria vasca… y la de la otra, la grande y vieja, la común, la tuya y a mía ¡España!”. Poco más hay que decir. Somos muchos los que lamentamos que toda una generación de vascos hayan sido estafados por una enseñanza retorcida de la Historia; también de la Historia de los vascos. Añado que esa “cierra España” quiere decir “cerrar con el enemigo”, esto es, embestir contra él. Por tanto, nada tiene que ver con cerramientos o cerriles, ni con la tradición cerrajera de Mondragón (Guipúzcoa).

Gaspar Zaragüeta Arce (vasco de nación Tian He, Guangzhou, China) nos dice que el término “nacionalistas” supone una aceptación explícita de sus propuestas, [los que son] separatistas, “antiespañoles”.

Tengo para mí que el fenómeno nacionalista en España es una cuestión de poder. Un nacionalista que así se autodefina tendrá más posibilidades de medrar y de mandar en su tierra, sobre todo cuando no pasa de mediocre. Mi predicción es que en las regiones donde manden los nacionalistas por mucho tiempo, el desarrollo se va a estancar.

Alonso Ortiz de Zárate opina que “el esfuerzo vasco por introducir en el mundo su euskera imposible es una locura y un dispendio enorme”. Mi parecer es que los países ricos puedan permitirse el lujo de conservar los idiomas étnicos, siempre que no desplacen a la presencia de los idiomas de comunicación internacional, si es que los tienen. Ahí está el caso de Irlanda, donde se protege el gaélico como una reliquia cultural, pero no se les ha ocurrido la avilantez de la inmersión lingüística de los escolares en ese idioma. Por cierto, la desusada prosperidad de Irlanda en los últimos tiempos se debe al dominio del idioma inglés. Se recordará que los mejores escritores irlandeses han escrito en inglés. Por lo mismo, los mejores escritores vascos han escrito en español.

Pilar Marín Rojas me cuenta una historia muy aleccionadora sobre sus peripecias con la enseñanza de sus hijos. Creo que vale la pena conocerlas:

“A Sueca llegué con mis hijos de dos y cuatro años. El pequeño, malagueño de nacimiento, no tuvo problema en la guardería; simplemente aprendió a hablar en valenciano. El mayor sufrió la inmersión lingüística a las bravas en el colegio público. Nacido en Jaén, como bien rezaba en el libro de familia, al matricularlo había dos opciones: castellano con horas de valenciano, e inmersión (con otro título, claro, que no recuerdo). Escogí castellano con horas de valenciano, pero era absolutamente mentira. Mi hijo no contestaba al profesor nunca y hacía los deberes en castellano, a pesar de que todos los libros eran en valenciano. En el patio del colegio, los compañeros lo llamaba Bruixot (brujo, creo). Eso fue en 1993, gobernando el PSOE en la Comunidad. De allí nos fuimos a Denia, y ya ninguno de mis hijos tuvo problemas porque habían aprendido bien el valenciano; además, la opción de castellano con horas de valenciano si era cierta. Ahora bien: ya en 2º de la ESO, mi hijo mayor volvió a casa un día enfadado y me mostró un examen corregido por un profesor. Le había quitado un punto solo por poner, al principio del folio, su nombre: Javier; lo corrigió en rojo poniendo Xavier y le advirtió que en todos los exámenes lo haría. Fui a hablar con el infausto profesor, a explicarle que el nombre no puede cambiar si no se hace un expediente de Registro Civil y que mi hijo se llamaba Javier hasta que quisiera cambiárselo él, o yo, en su representación, al ser menor de edad. Evidentemente, no cambió de actitud. Esto en un colegio concertado, de religiosas y ya gobernando el PP en la Comunidad”.

Por favor, que no me venga nadie ahora con la matraca de que tengo que verificar si la historia de doña Pilar es correcta. Yo la doy por buena, como todos los demás testimonios. Las opiniones son libres.

José Mª Navia-Osorio se maravilla del enfado de los nacionalistas catalanes ante la propuesta del PP para que se garantice a los niños catalanes que puedan estudiar en español:

“Por algún motivo los políticos catalanes se enfadan y lo consideran una persecución a Cataluña a la vez que insisten en que en su comunidad autónoma estudia en español quien quiera. No sé por qué se enfadan. Si ya se puede hacer no veo por qué no quieren que se garantice por ley. Tampoco se trata de una medida para aplicar solo en Cataluña. Se implantará en toda España y también tendrá una repercusión importante en Galicia, Vascongadas, Baleares y Valencia”.

A lo que yo entiendo, los separatistas catalanes pretenden erradicar el idioma castellano de Cataluña porque así creen que se asegura mejor la soñada independencia. Qué errados están.

Escribo con un pie en el estribo para irme a San Antonio de Texas, por lo que, al releer las diatribas de los nacionalistas, vascos y catalanes, me parecen todavía más mezquinas y casolanas. Supongo que, a partir de ahora, entenderán mejor esa circunstancia de ser el idioma español de España una pequeña parte del español del mundo. A su vez, nuestro idioma se puede entender ahora mejor en el contexto de esa otra realidad, aún más amplia, que es el inglés. En una gran parte del mundo empezará a verse como normal que los carteles y avisos de los lugares para el público estén escritos en inglés y en español. Luego se podrá añadir algún otro idioma local. Ya sé que esta prefiguración mía (que no propuesta) va a levantar ronchas nacionalistas. Comprendo la obsesión de los nacionalistas por insistir en esa monstruosidad de la “inmersión lingüística” en el correspondiente idioma privativo. Se ven abocados a esa medida para ocultar el probable destino léxico de muchos habitantes de esas regiones: se comunicarán preferentemente en español y en inglés.

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