Blogoteca: Los juegos, por David Gistau, El Mundo

martes, 22 de enero de 2008

Los juegos, por David Gistau, El Mundo

AL ABORDAJE

La guía editada por la Junta de Andalucía para imponer la paridad en los juegos escolares es un compendio delicioso de la nueva moral oficial que nos va cociendo en un caldo de ideales progresistas. Parece escrita con intención satírica por el enemigo. Pero va en serio, por lo que rezuma esa falta de sentido del ridículo que caracteriza a los mensajeros de una verdad revelada, siempre alertas contra el machismo que permanece agazapado aun en asuntos en apariencia tan nimios como el salto a la comba o el churro va.

A través de los juegos es cómo el cachorro aprende a conocer la sociedad de la que formará parte. De ahí la importancia de controlarlos. Nadie espera que con los juegos de los patios se imparta una educación comparable al agogé espartano, para que de nuestros institutos públicos salgan alumnos que, además de seguir figurando entre los más cazurros de la Unión Europea, estén dispuestos a regresar de ahí adonde sean enviados con el escudo o sobre él. Pero tampoco procede asegurar, como lo hace la guía de la Junta, que hay un maltratador en potencia en cualquier chico que juegue sólo con chicos a juegos de chicos. O sea, que se empieza confeccionando a pares y nones el equipo de futbito, y de un modo inexorable se acaba tirando por la ventana a la esposa.

La solución de la Junta pasa por corregir tan repugnante hábito de segregación mediante la paridad zapateriana. Que las niñas tiren penaltis y se traben a codazos en el córner, aunque no quieran. Que los niños peinen barbies y hagan mermelada en las cocinitas, aunque no les apetezca, para desactivar cuanto antes al maltratador que lleva dentro por definición todo el que haya nacido con pilila. No repara la Junta en que es la propia sabiduría de los niños la que lleva la paridad a los juegos en los que es necesaria, como el de la botella.

No acaba ahí. Otro concepto que detesta el evangelio progre es el del mérito. Hay un matiz sospechosamente aristocrático en aquel que, por esforzarse en alcanzar la excelencia, provoca traumas comparativos en los demás. Entonces, toda paridad consiste en igualar por abajo, en que la mediocridad, y no la excelencia, sea la unidad de medida. Para ello, la guía propone eliminar los juegos competitivos y que fomenten el liderazgo de un individuo, poco importa que sea a costa de fabricar personas programadas de por vida para perder. Les juro que no están de coña cuando exigen que en las carreras de sacos se procure que todos los participantes lleguen a meta al mismo tiempo, evitando expresar desafíos. Y que en las sillas musicales, el participante que se haya quedado de pie tenga derecho a sentarse sobre las rodillas de otro y seguir el juego sin eliminaciones. No sea que se nos traumen. Igualito que Kipling.

El mundo feliz zetaperiano es una fábrica de niños estandarizados, condenados para siempre a ser Milhouse.

© Mundinteractivos, S.A.


Regreso a Mariano Digital

-

No hay comentarios: