Blogoteca: Zapatero, el ludópata político, por Luís María Anson, El Mundo

viernes, 7 de diciembre de 2007

Zapatero, el ludópata político, por Luís María Anson, El Mundo


CANELA FINA

¿Adónde, adónde nos van a llevar las ocurrencias, las ligerezas, las frivolidades, la ludopatía política de José Luis Rodríguez Zapatero, adónde la insoportable levedad del ser zapatético? Decenas de miles de catalanes se manifestaron la semana pasada en Barcelona en un acto abiertamente independentista. Hasta Durán Lleida fue filmado en plena vociferación. Ningún mal mayor para un pueblo, escribió Churchill, que un Gobierno débil. A bocados, a dentelladas, perdido todo respeto y todo temor, los nacionalismos se disponen a despedazar España, mientras el presidente por accidente, como la marquesa Eulalia de Rubén Darío, sonríe, sonríe, sonríe. Zapatero atizó los vientos y se están desencadenando ya las tempestades. Prendió los fuegos y asiste ya al esplendor del incendio, tañendo la lira desde la roca Tarpeya de su madriguera monclovita. La situación en Cataluña se va haciendo irreversible entre el sectarismo de unos, el oportunismo de otros y el hedonismo de los más.

Estoy por leer un artículo serio en el que alguien explique cómo se va a dominar la tempestad desatada, el provocado incendio. Es sólo cuestión de tiempo que se produzca la gran crisis. El pintoresco Carod Rovira ha fijado el órdago final para el año 2014. ¿Puede explicar Zapatero, desde su adanismo adolescente, cómo va a detener los cantos rodados que se precipitan en Cataluña entre un clamor de independencia?

El think tank zapateresco dirá en su momento que no se puede detener la marcha de la Historia y que era irremediable que pasara lo que va a pasar. Y eso es una falacia. Hace tres años, una encuesta solvente realizada en Cataluña por catalanes y publicada en los medios más serios demostraba que apenas al 4% de los catalanes les interesaba la reforma del Estatuto. Sólo la clase política catalana, en su voracidad incontenida de mandar más, quería un nuevo Estatuto. Zapatero I el de las mercedes, por el plato de lentejas de unos escaños, hizo la gran concesión proclamando que apoyaría el nuevo texto estatutario si era aprobado por amplia mayoría en el Parlamento catalán. Ante la estupefacción y la resistencia de muchos barones socialistas tuvo que replegar algunas velas cuando llegó al Congreso de los Diputados el voraz y totalitario Estatuto.

Dos años de parafernalia en torno al texto estatutario, de propaganda desbocada, de debates, comentarios, tertulias, manifestaciones, la biblia Maragall en pasta, no consiguieron movilizar para el voto ni al 50% de la población catalana en un tipo de referéndum que, en la mayor parte del mundo democrático, debe sobrepasar la mitad de los electores para ser considerado legal.

A casi nadie, en fin, interesaba la reforma del Estatuto. Un porcentaje minoritario del pueblo, si se tiene en cuenta la abstención, lo refrendó. La inconsciencia de Zapatero, sin embargo, nos ha conducido a la manifestación del sábado pasado, albriciada por la tórpida gestión de una ministra desbordada.

La pirueta estatutaria se completa con el proceso de rendición ante Eta. Aznar dejó a la banda moribunda. Zapatero la ha resucitado con una negociación indigna en la que potenció, además, a Batasuna, excarceló presos, reavivó la kale borroka, autorizó las máscaras de ANV y PCTV, y llegó incluso a pactar el salario de la vergüenza: 1.500 euros mensuales para los etarras reinsertados.

El delicado equilibrio nacional de la Transición está desmoronándose. Zapatero ha entrado en la cristalería a caballo y caracoleando. Todo se está haciendo añicos, mientras los medios adictos y los tertulianos domesticados proclaman la gloria zapateresca con la esperanza, bien fundada esa es la verdad, de una nueva victoria socialista en las generales que permita cuatro años más de ordeñar la vaca, de disfrutar del pesebre, mientras España se descompone inexorablemente.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

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