Blogoteca: Un golpe estratégico de Al Qaeda para disparar la inestabilidad, de Ahmed Rashid en El Mundo

sábado, 29 de diciembre de 2007

Un golpe estratégico de Al Qaeda para disparar la inestabilidad, de Ahmed Rashid en El Mundo



UN ASESINATO ANUNCIADO: Los criminales

Pakistán se ha convertido en epicentro de la 'yihad' mundial y sede de las centrales de los talibán y de muchas redes terroristas

La muerte de Benazir Bhutto ha creado un enorme vacío político en Pakistán. No obstante, más peligroso aún para la estabilidad futura del país, de la región y del mundo es que no haya en estos momentos ningún político paquistaní dispuesto a enfrentarse con los extremistas islámicos que la mataron. El doble juego y la política ambigua del presidente Pervez Musharraf y del Ejército en la lucha contra el terrorismo han contribuido a socavar Pakistán y los esfuerzos de todo el mundo por combatir la amenaza terrorista.

Hoy por hoy, se da prácticamente por seguro que Benazir Bhutto recibió los disparos mortales de un pistolero que le descerrajó tres balas en el cuello y el pecho cuando la dirigente política se puso de pie en un Toyota Land Cruiser y asomó la cabeza por la ventana del techo. De repente se desplomó muerta en el regazo de Naheed Khan, su principal colaborador, que viajaba sentado al lado de ella, en el asiento trasero del vehículo.

Cuando ya el coche de Bhutto se alejaba a toda velocidad, el asesino se voló a sí mismo con una bomba que mató a más de 20 personas y causó heridas a muchas otras más. La explosión sacudió el vehículo de Bhutto pero no le produjo daños ni mató a nadie más de quienes viajaban en su interior.

Durante estos dos últimos días, miembros de la organización del Partido Popular de Pakistán, de Bhutto, inflamados de rabia y dolidos por la aflicción, han protagonizado disturbios con ataques a edificios oficiales, bancos, comisarías de policía y vehículos, mientras acusan al Gobierno de Musharraf de haber tramado su asesinato.

Sin embargo, el estilo y el modus operandi de este crimen apuntan claramente a un grupo suicida de extremistas paquistaníes entrenados a fondo por Al Qaeda. El asesinato de Bhutto ha sido un atentado estratégico de Al Qaeda dirigido a provocar un aumento de la inestabilidad y el caos en un país que se ha convertido en la base central de operaciones no sólo de Osama bin Laden y sus seguidores sino también de los talibán afganos y paquistaníes y de grupos terroristas procedentes de Asia central y hasta de Filipinas.

Pakistán es el epicentro de la yihad, pero esto es algo que se resisten todavía a reconocer el régimen de Musharraf, la Administración del presidente George W. Bush o los gobernantes europeos. La principal amenaza a todos los países de la zona y a la estabilidad mundial es la lucha contra el terrorismo en Pakistán, más que en Irak o Afganistán.

No representa una sorpresa para nadie que prácticamente todo atentado terrorista, consumado o frustrado, que pueda producirse en Europa o en cualquier otro lugar del mundo tenga su origen en las zonas tribales de Pakistán.

La punta de lanza de esta campaña terrorista está formada por los talibán paquistaníes que, en los últimos meses, se han apoderado de extensiones considerables del territorio en el noroeste de Pakistán. Recientemente, estos grupos han ocupado el valle de Swat, a sólo un centenar de kilómetros de Islamabad.

Un líder sin imagen

Baitullah Mehsud, el comandante talibán paquistaní que nunca se deja fotografiar a cara descubierta, advirtió en octubre de que sus terroristas suicidas esperaban asesinar a Bhutto en cuanto regresara del exilio. Ayer circuló una noticia en la que se citaba a un portavoz de Al Qaeda que reivindicaba la responsabilidad de la organización en el asesinato.

Los talibán paquistaníes son en su mayor parte miembros de tribus pastunes que se han dejado arrastrar por la filosofía de Al Qaeda sobre la yihad mundial tras haber proporcionado amparo a los dirigentes de Al Qaeda y de los talibán afganos que buscaron refugio en Pakistán a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Miembros de las tribus pastunes paquistaníes han ayudado a Al Qaeda a instalarse en las zonas que las tribus dominan, les han proporcionado comida y alojamiento y se han hecho ricos gracias a ello. Los cabecillas de las tribus paquistaníes enseguida habían constituido sus propias milicias, que se comprometieron a combatir al lado de Al Qaeda.

Desde entonces, Al Qaeda ha utilizado a los talibán paquistaníes como punta de lanza para conquistar zonas más amplias de territorio en las que los extremistas pueden vivir a salvo, poner en marcha campamentos de instrucción, recaudar dinero y recibir a sus compañeros yihadistas de Europa y de Oriente Próximo.

Los talibán han gozado de dos ventajas claras. Es posible que en su mayoría sean miembros de las tribus pastunes sin formación, pero han desarrollado relaciones muy estrechas con grupos extremistas urbanos paquistaníes, que sí cuentan con una buena educación y que se han entrenado para el terrorismo urbano. Algunos de estos grupos combatieron en Cachemira en los años noventa, para lo que dispusieron del apoyo del ISI (Servicio de Información Interna de las Fuerzas Armadas).

La segunda ventaja de que gozan consiste en que han contado con partidarios en buenos puestos dentro del Ejército y del ISI. Varios de los recientes atentados suicidas con bombas que han afectado a personal e instalaciones de las Fuerzas Armadas en Islamabad y en otras ciudades sólo han podido cometerse con información facilitada desde el interior.

¿Cuál ha sido la respuesta de Musharraf? A raíz del 11-S, adoptó una política ambigua consistente en intentar la detención de los árabes que formaran parte de Al Qaeda al tiempo que hacía la vista gorda ante los talibán paquistaníes porque el Ejército de Pakistán desconfiaba del régimen de Hamid Karzai. A partir de 2004, las Fuerzas Armadas dejaron incluso de perseguir a Al Qaeda, ya que el interés de EEUU se había centrado en Irak más que en Afganistán. Washington ha concedido a Pakistán ayuda por importe de unos 10.000 millones de dólares (cerca de 7.000 millones de euros al cambio actual) desde el 11-S, aunque no han impuesto condiciones para que esa ayuda se supeditara a que los militares se implicaran más activamente en la lucha contra el terrorismo.

Como consecuencia de ello, los extremistas islámicos pueden moverse en la actualidad impunemente por todo el país, asesinar a dirigentes políticos de primera fila y poner bombas que hacen saltar por los aires tanto cuarteles como convoyes militares.

Salvo que desde la comunidad internacional se preste una atención mucho mayor a Pakistán y se ejerza una mayor presión sobre los militares para que faciliten la celebración de elecciones en un marco de libertad y limpieza, y para que acto seguido colaboren con un Gobierno auténticamente representativo en la lucha contra el terrorismo, Pakistán se precipitará de cabeza por la pendiente de la anarquía.

Ahmed Rashid es autor de 'Los talibán' (Península 2001) y el principal especialista mundial en Afganistán y Pakistán.

© Mundinteractivos, S.A.


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