Blogoteca: Que se doble, que no se parta, por Javier Cercas, El País Semanal

domingo, 30 de diciembre de 2007

Que se doble, que no se parta, por Javier Cercas, El País Semanal


Pues no: lo más insólito del caos ferroviario que hemos padecido en Cataluña en estos últimos meses no es que una manifestación convocada para protestar contra él se convirtiese en la mayor manifestación independentista que se recuerda (al fin y al cabo, casi nadie acudió engañado al acto y casi todo el mundo sabía que los independentistas iban a capitalizar el estado de cabreo general; al fin y al cabo, no falta quien imagine que si algo semejante se hubiera producido en Madrid, lo más probable es que se habría montado tal motín que el presidente Zapatero habría tenido que salir de La Moncloa en helicóptero). Tampoco es lo más insólito que algunos miembros del Gobierno catalán se pusiesen a la cabeza de la manifestación, como si ellos no tuviesen ninguna responsabilidad en el desaguisado, ni por supuesto que la cúpula de CiU en pleno se apuntase a la fiesta, como si todos nos chupáramos el dedo y no supiésemos que durante 23 tres años de gobierno su aportación a las infraestructuras fue prácticamente nula, lo que explica mejor que casi cualquier otra cosa el desastre (y no sólo el desastre de los ferrocarriles de cercanías: el desastre de los apagones, el desastre del AVE, el desastre general). Ni sorprende que, a pocos meses de las elecciones, Zapatero haya dejado en su puesto a la ministra Álvarez contra el viento y la marea populares y parlamentarios y contra la evidencia de su mala gestión de todo el asunto. No: lo más sorprendente (o al menos lo que más ha sorprendido a quien firma) es que, durante estos meses de calvario público, la ministra haya adoptado como lema político el heroico y castizo “antes partía que doblá”. Por una parte, la frase recuerda embarazosamente el “antes muerta que sencilla” que no sé quién, no sé cuándo, no sé cómo y no sé a propósito de qué alguien puso en circulación con gran éxito hace algún tiempo; por otra, si quien la hubiese adoptado como lema hubiesen sido Mohammed Atta y sus muchachos, nadie tendría mucho que objetar. Pero ¿la ministra Álvarez? ¿Puede un político democrático o un partido democrático adoptar esa frase apocalíptica como lema?

Una vez le oí a un político esgrimir un lema idéntico. Fue en noviembre de 2001, en mi primer viaje a Buenos Aires, mientras la Argentina se hundía en una crisis de vértigo y Fernando de la Rúa, de la Unión Cívica Radical, ocupaba la presidencia del país. El mismo día de mi llegada tomé un taxi, y en algún momento el taxista me preguntó qué opinaba de Buenos Aires; le dije que era la primera vez que estaba en la ciudad, que no llevaba más que unas horas en ella y que aún no había tenido tiempo de formarme una opinión. Luego el taxista me preguntó qué opinaba de la Argentina y le contesté lo mismo. Al final el taxista, impaciente, me preguntó qué opinaba del presidente De la Rúa y, porque por un momento temí que parara el taxi y me echara a patadas a la calle si no le daba de inmediato una opinión, a punto estuve de improvisar una opinión, pero al final me arriesgué a la verdad. Fue entonces cuando el taxista me miró por vez primera por el retrovisor. ¿Sabe usted cómo llamamos a De la Rúa?, preguntó. No lo sé, respondí. Estatua ecuestre, dijo. ¿Por qué?, pregunté.

Porque no te caga nunca, dijo. Pero nunca te lleva a ninguna parte. Esa misma noche le oí a De la Rúa pronunciar en televisión el lema al parecer histórico de su partido (“Se rompe, pero no se dobla”), un mes más tarde estalló la crisis del corralito, las calles de Buenos Aires se llenaban de muertos y el día 20 De la Rúa huía en helicóptero desde la azotea de la Casa Rosada mientras miles de personas clamaban por su dimisión en la plaza de Mayo; ahora De la Rúa está siendo procesado por cinco muertes ocurridas ese día, y su partido se halla prácticamente en vías de extinción. Mi taxista se equivocó: De la Rúa los cagó, y encima no los llevó a ninguna parte; de la Rúa acertó: no se dobló, pero se rompió, y con él el país entero.

De acuerdo: la España de ahora mismo no es la Argentina de 2001, pero ¿hay un lema más disparatado para un político democrático que el “antes partía que doblá”? ¿Es de fiar un político que adopta esa frase como lema? Y, puesto que la ministra Álvarez es una destacada dirigente del PSOE y un miembro destacado de su Gobierno, al que el presidente ha confirmado en su puesto, ¿debemos entender que el vehemente lema de la ministra se ha convertido también en lema del PSOE? Si es así, que se despidan de los votos del personal, que se despidan del Gobierno y hasta que se despidan del PSOE. Porque, a menos que yo esté muy equivocado, lo que cualquiera con dos dedos de frente exige de un político democrático es precisamente que se doble, para que nada se parta y el presidente del Gobierno no tenga que salir de su residencia en helicóptero. Lo que se exige de un político democrático es que no se parta, porque con él nos partimos todos; lo que se exige es que negocie, que escuche, que llegue a acuerdos, que conceda, que ceda en lo accesorio para que no se vea obligado a ceder en lo esencial. No queremos estatuas ecuestres, no queremos estatuas heroicas, ni siquiera queremos estatuas: queremos que los políticos hagan su trabajo con humildad y sin épicos aspavientos de apocalipsis, que nos caguen lo menos posible y, a ser posible, que nos lleven a alguna parte.

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