Blogoteca: Por qué regreso a Pakistan, Benazir Bhutto, El Mundo

viernes, 28 de diciembre de 2007

Por qué regreso a Pakistan, Benazir Bhutto, El Mundo


UN ASESINATO ANUNCIADO: Los análisis

Por su interés publicamos un amplio extracto del artículo publicado en 'The Washington Post' cuando Bhutto decidió regresar a su patria el pasado 18 de octubre.

La viabilidad, estabilidad y seguridad futuras de Pakistán radican en dar el poder a su pueblo y levantar unas instituciones democráticas. Mi objetivo es demostrar que la batalla decisiva por las mentes y los corazones de una generación sólo puede llevarse a buen término bajo la democracia.

El problema fundamental de Pakistán es el enfrentamiento entre la moderación y el extremismo. La resolución de este enfrentamiento tendrá efectos sobre el mundo entero, en particular sobre los países de Asia central y meridional y sobre todas las naciones musulmanas. El extremismo sólo puede prosperar en un entorno en el que el Gobierno descuide su responsabilidad social básica para con el bienestar de los ciudadanos. La dictadura y la desesperación social crean el caldo de cultivo que alimenta el extremismo religioso.

A lo largo de los 60 años de Historia de Pakistán, que han oscilado entre la dictadura y la democracia, entre las elecciones libres, las elecciones amañadas y la ausencia total de elecciones, los fundamentalistas religiosos nunca han sido parte representativa de nuestra conciencia política. Somos, en esencia, una nación centrista y moderada. Históricamente, los partidos religiosos no han recibido más de un 11% del voto en las elecciones generales. El mayor partido es el mío, el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP), que ha demostrado contar con un apoyo fuerte y continuado de las masas rurales y la élite urbana. El extremismo sigue ahí como una amenaza, pero será contenido como lo ha sido anteriormente si se logra movilizar al centro moderado para hacer frente al fanatismo. Yo vuelvo para liderar esa batalla.

He llevado una vida poco habitual. He enterrado a un padre al que asesinaron a los 50 años y a dos hermanos a los que mataron en la flor de su vida. He criado sola a mis hijos desde que mi marido fue detenido y encarcelado durante ocho años sin mediar una acusación: fue un rehén de mi carrera política. Tomé mi decisión cuando, tras el asesinato de mi padre, la responsabilidad del liderazgo político cayó sobre mis hombros. La responsabilidad no me pudo entonces y no me podrá ahora tampoco.

Mi objetivo en ese diálogo nunca ha sido de cariz personal. Siempre fue asegurar que hubiera elecciones libres y salvar la democracia. La lucha contra el extremismo requiere un esfuerzo nacional que sólo puede desarrollarse a partir de elecciones legítimas. Dentro de nuestro ejército y nuestra inteligencia hay elementos que simpatizan con los extremistas religiosos. Si estos elementos no tienen que responder ante el Parlamento y el Gobierno electo, la batalla contra el activismo religioso, que es una batalla por la supervivencia y el futuro de Pakistán, podría perderse. El Ejército debe tomar parte en la batalla contra el extremismo, pero, como han puesto de manifiesto los seis años que han pasado desde el 11 de septiembre de 2001, no puede hacerlo por sí solo.

El malestar social es lo que quieren los extremistas. La anarquía y el caos les van bien. La facción política del partido de Musharraf que asistió al auge del extremismo ha trabajado con todos los gobiernos paquistaníes desde que el mío fue derrocado en 1996. Sus miembros están bloqueando el cambio democrático. Temen que la democracia será difícil de manipular en beneficio de los extremistas.

© Mundinteractivos, S.A.

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