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lunes, 24 de diciembre de 2007

Los debates electorales, por Martín Prieto (El Mundo)

BAJO EL VOLCAN

El debate televisivo de referencia es el Nixon-Kennedy formidablemente retratado por Joe McGuinnis en su clásico Cómo se vende un Presidente. Nixon estuvo brillante, pero las cámaras resaltaban una sotabarba cerrada que le daba cierto aire fullero, y los primeros planos parecían estirar su prominente nariz en caricatura de mentiroso como un remedo de Pinocho. Además, se pasó el debate sudando sin que sus asesores exigieran bajar la temperatura.

Kennedy se acostó con una de las chicas que le pululaban, se duchó y acudió al encuentro limpio por dentro y por fuera, relajado y distendido, con el corsé de hierro para su lesión guerrera en la espalda, pero con su presencia natural y todo su encanto. La vida sexual de Kennedy era larga pero de corta duración. Era el gallo espachurrando a la gallina. Cuenta el gran Pierre Salinger, su secretario de prensa, que habiendo dejado al presidente en el despacho oval con una periodista, regresó al minuto viendo a Kennedy trabajando en su mesa de barco y a la pobrecita en el sofá colocándose las bragas y recomponiéndose sus plumas.

Con aquel debate nacía la televisión como arma política y el todo por la imagen para consumo de votantes en pantuflas. Aquel vis a vis dio la victoria a Kennedy, pero quienes le habían seguido por la radio, sin artificios ni trucos, dieron a Nixon más de un 60% de credibilidad. Si aquella campaña hubiera sido sólo radiada o en prensa, Nixon habría ganado a los puntos, esto es, por argumentos.

Se entiende la prevención de Mariano Rajoy ante TVE-1 la televisión del Gobierno, porque no es inocente que sobreimpriman en tu cara imágenes de las torturas en Abu Ghraib, y otras delicadezas, pero la 5 no es menos gubernamental, aunque no tanto como la Sexta. Pío García Escudero y José Blanco han pactado hasta la temperatura del plató, pero no tienen control sobre el regidor y los cámaras. Pueden abusar de tus peores planos, o delatar nerviosismo en el movimiento de la piernas o matarte si te rascas la nariz. Con que te brille el maquillaje has perdido puntos.

Zapatero va de lindo don Diego, flaco, ojos claros, cejas circunflejas, suelto de cuerpo y con un discurso nada agresivo y festoneado de buenismos. A Rajoy no le queda otra que representar el papel de malo, de agresor, de abroncador, porque no se puede hacer oposición con minifalda. Hay que estar bien bragado y con los machos bien sujetos. Las elecciones no sé, pero en la tele gana Zapatero.


Regreso a Mariano Digital


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