Blogoteca: Eta, diciembre- por Raúl del Pozo, El MUndo

martes, 4 de diciembre de 2007

Eta, diciembre- por Raúl del Pozo, El MUndo

Otra vez diciembre y otra vez la celebración de la sangre y siempre el miedo. Cuentan que la madre de Thomas Hobbes le parió prematuramente porque mientras tendía la ropa en Malmesmury sonaron las campanas para avisar de que se acercaba a la costa inglesa la Armada Invencible.Tal vez por eso, Hobbes dijo: «Cuando yo nací, nacimos dos hermanos gemelos: el miedo y yo». Cuatrocientos años después las mujeres españolas, con ligas de rueda de camión, tendían la ropa en los cables de alambre y tenían que salir corriendo porque atacaban los chatos o los junkers. Años más tarde, nosotros teníamos que tener cuidado para no confundir las piñas con los obuses cuando en la escuela estaba el retrato de un hombre de caqui que le caía por la pierna abajo la mecha de un chisquero. Nos acojonaban con todo, con el pequeño escribiente florentino y con las pajas.

El miedo y nosotros, los españoles, también somos hermanos gemelos.El primer Leviatán eran tíos y abuelos que volvieron del frente y se morían tísicos en mecedoras; el último Leviatán son esas naciones imaginarias con pancartas de domingo, detrás de las cuales se enmascaran unos bribones y petimetres, beatos, chantajistas, que no sólo nos esquilman, sino que esperan del efecto tiro en la nuca que les sigamos costeando la independencia.

De entre todos los meses, para mí diciembre, y no abril, es el mes más cruel; primero porque cumplo años; sé por experiencia que no brotan lilas sino neuras; las familias se destetan más que nunca. Diciembre suele ser el mes del terror y del consumo.Los alcaldes se podían meter las bombillitas en los huevos porque nunca dan buen bají. En la puerta hay niños patera, más hermosos que el sol bello, esperando entrar por la chimenea con un cuchillo para poder cenar. Los griegos, el día de la cena de navidad no retiran el mantel de la cena, pues según la creencia Cristo vendrá a comer durante la noche. Aquí, escondidos en el funesto ternurismo de diciembre, aparecen los comandos de ETA, entre los rascacielos desdibujados.

Maldito diciembre, mes de los aniversarios, que suelen ser fechas equivocadas, siempre el mes de los Inocentes, la costumbre de la sangre, los muertos como tributo a los presos. Mientras los partidos se disfrazan para ir detrás de las pancartas, los terroristas preparan zambombazos. Los dos bloques de españoles, los que piensan y los que creen, los que embisten o los que eluden, van a estar tres días juntos gritando a por ellos, a buscarlos y es muy posible que el Gobierno no les deje presentarse a las elecciones.

Están perdidos; han dinamitado su propio santuario. Pero yo veo con pesimismo estas uvas de niebla, al descubrir que Zapatero no logró que hicieran el relato de su acabamiento. Los etarras no supieron coger el último tren y vuelven con sus aguinaldos de bombas.

Otra vez diciembre y siempre, el miedo.

© Mundinteractivos, S.A.

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