Blogoteca: El valor de la palabra, por Rosa Díez (El Mundo)

lunes, 10 de diciembre de 2007

El valor de la palabra, por Rosa Díez (El Mundo)


Hace unos días visitó España uno de los expertos internacionales captados por el PSOE para ayudarles a hacer el programa. No he tenido tiempo de comentar que un partido político busque expertos extranjeros para que le ayuden a resolver los problemas de los españoles... Como nada nos sorprende, hemos dejado pasar, como algo normal, el hecho de que se busque el diagnóstico y la opinión de sabios mundiales que admiten, de entrada, no conocer apenas España.

Yo les quería hablar de uno de esos sabios, George Lakoff. El experto aclaró que es un teórico y que desde esa perspectiva, tratará de explicar a «mister Caldera» la forma de «vender los conceptos de nación, inmigración y terrorismo». Lakoff explicó, como profesor que es, asesor de los demócratas en EEUU, que: «la reiterada repetición de los mensajes modifica el cerebro del receptor, de modo que lo que moviliza a los votantes es el pensamiento inconsciente». Para concluir su diagnóstico, definió al grupo de los 14 asesores extranjeros como «expertos en la gente».

Ya no se trata de utilizar las técnicas de comunicación para ayudar a que una idea llegue con nitidez: se trata de asumir que lo mejor que se puede hacer es manipular el cerebro de los ciudadanos y provocar su voto «inconsciente». Muerte al pensamiento crítico; al voto reflexivo. Manipulemos el cerebro reiterando mensajes clave, utilizando las palabras clave. Lo de menos es el significado: lo importante es provocar el «voto inconsciente». Se trata de renunciar a la idea y utilizar la comunicación para engañar al ciudadano.

Pues en eso Lakoff tiene poco que enseñar al PSOE y al Gobierno. Esta ha sido la Legislatura de la perversión del lenguaje; quizá les refine un poco: la manipulación de los términos al servicio de la manipulación de la política ha sido el mayor éxito de toda la Legislatura.

A revisar la transición lo llamaron ampliar el consenso.

A revisar el modelo de Estado, pactándolo con los partidos que no creen en el Estado, lo llamaron incorporar a los nacionalistas.

A los terroristas les llamaron violentos.

A los batasunos les llamaron hombres de paz.

A lo que los etarras llaman «proceso de resolución» (negociar con ellos cuestiones políticas, lo que hicieron) lo llamaron proceso de paz.

A mandar a casa a De Juana Chaos, cumplir la ley.

A permitir que ETA/ANV volviera a las instituciones, cumplir escrupulosamente la ley.

Al zulo de Amorebieta (éste que estaba preparando el comando Vizcaya, del que es miembro integrante y dirigente la terrorista detenida en Francia tras haber asesinado a los dos compañeros de la Guardia Civil), el ministro del Interior lo llamó proyecto de zulo.

Al robo de armas en Francia (como estábamos en vísperas de que llevaran al Parlamento Europeo el apoyo al proceso de paz de Zapatero) lo llamaron aprovisionamiento.

A cumplir la Ley de Partidos el fiscal general del Estado lo llamó «Guantánamo electoral».

Podríamos seguir poniendo ejemplos hasta aburrirnos. Ejemplos de la estrategia de pervertir el lenguaje ejercida hasta la saciedad y con una táctica perfectamente definida, para provocar el adormecimiento de los ciudadanos y la aceptación como bueno o inevitable de todo aquello que estaba ocurriendo por la mera voluntad de sometimiento a los nacionalistas y a ETA del Gobierno de Zapatero; un gobernante que decidió sustituir la voluntad de derrotar a ETA por la de llegar a un final dialogado con la banda; un final dialogado en el que la banda adquirió la consideración de «interlocutor político imprescindible»; un interlocutor con el que se empezó a negociar sobre nuestra democracia. Pero como el lenguaje está pervertido, todavía hay quien se atreve a decir que el hecho de que no llegaran a ningún acuerdo significa que no han cedido...

En el mismo momento que el Gobierno empieza a hablar de las instituciones democráticas con la banda, ya ha cedido. En ese momento, ya hemos perdido los demócratas. Aceptar a una banda terrorista como interlocutor político es algo que ningún gobierno hizo antes que éste. Cuando se apela a la memoria para justificar lo injustificable, cuando se pone como ejemplo que «otros lo intentaron antes», de Argel (con Felipe González) o Suiza (con Aznar), se oculta lo principal: nuestros gobiernos nunca hablaron de política con la banda. González levantó aquellas reuniones en el mismo momento en el que la banda exigió una mesa de partidos. Y lo que hizo el Gobierno de Aznar en Suiza ya lo contó, además del propio Gobierno, la propia ETA: cuando quisieron hablar de política, se levantó la reunión. O sea, antes no se hizo esa cesión; y ahora, tampoco hay que consentir que se haga.

Todo esto venía a cuento de Lakoff, que pretende enseñar a los socialistas y al Gobierno cómo han de manipular a los ciudadanos y cómo conseguir el «voto inconsciente». El experto norteamericano tiene en el PSOE y en el Gobierno unos alumnos aventajados. Quizá ellos le puedan enseñar a él.

Rosa Díez es portavoz de Unión Progreso y Democracia (UPyD).

© Mundinteractivos, S.A.



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