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lunes, 29 de octubre de 2007

Una carrera de torpes: Zapatero contra Rajoy o viceversa, por Jesús Cacho (El Confidencial)

Un amigo mío sacaba esta semana a colación a Max Weber y su Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, citando una sentencia del economista, político y sociólogo alemán según la cual “Dios permite la pobreza porque los pobres no serían capaces de hacer frente a las tentaciones que trae consigo la riqueza, y ésta suele expulsar la religión de los hombres”. De donde infería que ese mismo Dios, al no simpatizar con el Tripartito catalán, lo ha predestinado a la catástrofe colectiva hundiendo Carmelos, apagando luces y colapsando viarios varios a cuenta del Ave Fénix de la alta velocidad, y ello a costa de permitir el fusilamiento al amanecer, tras las grises almenas de Montjuïc, de uno de los suyos, de apellido Villar Mir, un ricohome con todas las papeletas para engrosar la lista de mártires de la era ZP.

Para intentar remediar el colapso catalán, Rodríguez Zapatero, ese genio de la lámpara que nos gobierna desde hace casi cuatro años, se fue ayer por sorpresa a visitar las obras del AVE en Hospitalet de Llobregat. “¡Zapatero se pone al frente de la crisis!”, rezaba ayer tarde el titular del diario digital de Ramírez. Y una ola de pánico similar a un oriental tsunami se extendió por España, al punto de que todavía se desconocen los muertos causados por susto tan brutal, aunque el encofrado del tren de alta velocidad acusó el golpe bajo propagandístico de Moncloa y se hundió un tramo más, un nuevo socavón. Y nadie sabe lo que podrá ocurrir hoy en el túnel que une las estaciones de Sants y Bellvitge, aunque los arúspices se temen lo peor, que este hombre trae muy mala suerte por donde pasa.

Eso sí, con mucha cámara de televisión por delante –no olvidemos que se trataba de una visita sorpresa- y mucha sonrisa, sin un mal gesto, que estamos en la España del buen rollito. Sin acritú, que decía Felipe. Me cuentan amigos de Barcelona que hay gente que se queda a dormir en la ciudad para no llegar tarde al trabajo al día siguiente; ¡hay quien ha tardado tres horas en alcanzar Barcelona desde la vecina Castelldefels! Pero no pasa nada, el gran Zapatero ha subido al puente de mando con todos sus galones, decidido a tomar el timón de la nave, y se van a enterar los elementos, va a saber el cambio climático lo que vale un peine. Y, en su magnífica disposición a admitir errores ha reconocido que “ha habido fallos”, así, tal cual, y se ha quedado el tío tan ancho.

Respecto a la petición de dimisión de la ministra Maleni, el señor presidente, también conocido como Su Serenísima Solemnidad (SSS), profirió ayer una de sus sentencias ejemplares, asegurando que “es evidente que, en la situación en la que estamos, no hay prevista ninguna decisión al respecto, ni la va a haber”. Es decir, que cómo demonios vamos a mandarla a su casa a estas alturas de la película, cuando quedan menos de cinco meses para las generales y cuando la desaparición del espantajo Maleni de la primera línea de fuego podría incitar al bueno de Juan Español a volver su mirada hacia Moncloa, do mora el gran responsable del pifostio (de pifia) que hoy nos abruma, que de eso va la historia pánica que nos aflige desde marzo de 2004, de una broma pesada que los españoles se gastaron a sí mismos con la elección como presidente de un tipo al que le faltaban varios hervores, cosas estas, errores, dislates, propios de países tipo Argentina -donde acaban de elegir presidenta a la esposa del señor presidente, porque sí, con un par-, pero impropios de un país maduro, que sabe dónde le aprieta el zapato.

De modo que a ver cómo tapamos los socavones, cómo ralentizamos o acallamos el eco de las obras sin que se note, cómo le echamos la culpa al Villar Mir de turno, un capitalista de tomo y lomo merecedor del fuego del infierno, y a llegar vivos a marzo, que de eso se trata, disimulando nuestra absoluta incapacidad intelectual y técnica -de la moral ni hablamos-, la mía y la de mi Gobierno, para presidir un país como España. Porque si llegamos a marzo sin ninguna gran desgracia que nos haga desaparecer por las alcantarillas de la Historia como una pesadilla, entonces tenemos serias posibilidades de seguir cuatro años más en el machito, contando, naturalmente, con el respaldo del gigantesco aparato de agitprop que nos mantiene en pie y, mucho más importante, con la ayuda milagrosa que cada semana, 15 días a lo sumo, viene a depararnos con regularidad de reloj suizo ese gran manta, marmolillo o mendrugo que es don Mariano Rajoy, sacando a relucir a alguno de sus primos expertos en física, química y cambio climático.

La prensa de derechas se volcaba ayer domingo con Rajoy, a quien el PP valenciano obsequió con algo parecido a un balón de oxígeno tras los palos recibidos a cuenta del famoso primo. Rajoy tiene ese aire de profeta de Sagradas Escrituras, esa barba antigua, esa elegante parsimonia, esas viejas tablas de la Ley y ese triste semblante, como si acabara de asistir a una misa funeral con España de cuerpo presente. “Desengáñate, Jesús –me decía el otro día un barón del PP-, Rajoy no quiere ganar las elecciones. Lo que verdaderamente ansía es volver a su oficio de registrador en Santa Pola, lejos del gran ruido madrileño y cerca de los atardeceres levantinos. Mariano no quiere ser Presidente del Gobierno”. A lo mejor tiene razón, y eso explica la existencia de tantos primos como abundan en la derecha. Porque solo así se puede entender que el Partido Popular no lleve ahora 10 puntos de ventaja en las encuestas al PSOE de SSS. Entre zotes anda el juego.


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