Blogoteca: Un mensaje para Solbes: España debe decidir entre ser como Irlanda o acabar como Portugal, Carlos Sánchez, El Confidencial

lunes, 22 de octubre de 2007

Un mensaje para Solbes: España debe decidir entre ser como Irlanda o acabar como Portugal, Carlos Sánchez, El Confidencial

El profesor Samuel Bentolila -uno de esos ‘sabios’ que no se dejan ver por los medios de comunicación pero que pululan por los escasos centros de pensamiento que a duras penas subsisten en este país- ha escrito un atinado artículo en el que sugiere un interesante dilema: España debe optar entre acercarse al modelo de crecimiento de Irlanda o al de Portugal. El primero de los modelos representa el éxito; y el segundo, el fracaso. Mientras que Irlanda ha crecido hasta situar su PIB per cápita como el segundo más elevado de la Unión Europea (sólo por detrás de Luxemburgo), Portugal llegó a rozar con los dedos el paraíso tras formar parte de la moneda única desde el primer día, pero la realidad es que desde hace años arrastra unos problemas económicos de indudable envergadura.

Bentolila, en la página sociedadabierta.es echa mano para su análisis de un reciente trabajo del economista del MIT Olivier J. Blanchard, quien ha encontrado paralelismos entre Portugal y España, y de ahí el interés de su artículo. Por si sirve de algo, sólo basta recordar que Portugal lleva siete años en recesión o algo muy parecido a ello, mientras que Irlanda es una máquina de generar riqueza. Bentolila recuerda en su artículo que debido a la reducción de los tipos de interés previa a la Unión Monetaria y a la expectativa de mayor convergencia, Portugal tuvo una clara expansión económica entre 1995 y 2000, periodo en el que su tasa de desempleo cayó del 7% al 4%; pero, al mismo tiempo, y de ahí sus problemas, su déficit corriente pasó del 0% al 10%, similar, por lo tanto al de España.

Al final, y como no podía ser de otra manera, la economía entró en recesión, ya que en una unión monetaria, sin posibilidad de tocar los tipos de interés en beneficio propio y sin poder manipular el tipo de cambio, recuperar la competitividad perdida requiere mayor crecimiento de la productividad o menor aumento de los precios. Ni una ni otra cosa se ha dado en España en los últimos años.

Bentolila recuerda que el crecimiento anual de la productividad desde 1995 ha sido de un ‘penoso’ 0,2%, mientras que la competitividad con respecto a la zona del euro ha caído un 30% en términos de costes laborales unitarios. La conclusión es obvia, en palabras de Blanchard: “El caso de Portugal se puede repetir en España”.

Admite el autor del artículo que no hay que exagerar el paralelismo entre ambos países. Entre otros motivos debido a que el mercado de trabajo ha cambiado gracias a la entrada masiva de inmigrantes, como se manifiesta en el hecho de que la población activa extranjera ha pasado de representar el 1% al 14%, lo que ha permitido moderar los salarios y mantener la inflación en niveles inferiores al 3%.

¿Es esto suficiente? Sin duda que no. No parece serio que el futuro del país se confíe a la entrada de mano de obra inmigrante en cantidad suficiente como para presionar a la baja los salarios de los trabajadores autóctonos. Como dice un viejo economista que ha sido cocinero antes que fraile, lo que ha ocurrido en este país es que la inmigración ha hecho la reforma laboral que ningún Gobierno se ha atrevido a hacer. Así de claro. ¿Quiere decir esto que hay que echar mano de las viejas recetas neoliberales para flexibilizar el mercado de trabajo? No parece que esa sea la solución. Parece evidente que hay que articular un nuevo modelo productivo capaz de poner el acento en la formación de los trabajadores, para lo cual es fundamental una reforma del sistema educativo que no parece que esté entre las prioridades de nuestras autoridades. Ni de las centrales ni de las autonómicas, siempre dispuestas a asumir competencias (salvo las policiales por su alto coste político), pero terriblemente serviles a la hora de cambiar el signo de los tiempos. A la hora de levantar un nuevo edificio del conocimiento que dé cobijo a la ‘inteligencia’ de este país, que sin duda la hay.

De lo contrario, acabaremos como dice Bentolila, en el peor de los escenarios posibles: “La próxima recesión en España podría no ser tan corta como la de principios de los años 90, sino larga, como la de 1975 y 1985”, lo que se puede agravarse con el progresivo envejecimiento de la población. Así de claro.

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