Blogoteca: Tintero de plata, por Raúl del Pozo (El Mundo)

sábado, 6 de octubre de 2007

Tintero de plata, por Raúl del Pozo (El Mundo)


VICIOS DE LA CORTE

Ortega, Marañón y Ayala, los tres mosqueteros de la República, ya lo avisaron: quemar no demuestra celo republicano, sino carne chamuscada consignada a tiranías. Digo esto cuando no nos dejan dormir las lenguas de fuego.

Los monárquicos tienen una pulga dentro de la camisa y los republicanos pensaban que a la Tercera va la vencida; pero no era ésta, no era ésta, con escamots que cuelgan al Rey. Los comunistas, que hicieron tanto como los primeros para consolidar la Monarquía Constitucional, no ayudaron al Rey a colocarse el manto de armiño después de proclamarlo El Breve, sino para fortalecer la democracia. Carrillo fue un 'Cánovas' clandestino que aguantó los fusiles con ojos del 23-F. Ahora la poca izquierda no de diseño que queda no se va a unir a los pelotones de las casacas verdes, aunque vayan encapuchados (los del CUP, cachorros escindidos de Terra LLiure, han sido subvencionados por la Generalitat).

José Luis Rodríguez Zapatero dice que la fogata es virtual, pura pirotecnia. Mariano Rajoy insinúa que ZP, como Nerón, ha incendiado España y ahora se dedica a tocar la lira. Lo cierto es que en el noroeste del circo, lejos del palatino, arde el Rey y no sabemos a quién creer; ignoramos si el juego acabará en mascletá o en catarsis. Por emplear la expresión de Lenin, no sabemos si la chispa provocará la llama. José María Aznar declara que se ataca al Rey, y que, en un nuevo alarde de frivolidad, los que tienen el deber constitucional de defenderlo, se inhiben. Los independentistas avisan: si la Audiencia Nacional persigue a la minoría, generará más adhesiones. Avisan de que la mano dura sería como dar coces contra el aguijón.

No hay tanques de agua como en Lo que el viento se llevó, que no se lo llevó el aire sino el incendio de Atlanta. Los fuegos, como las repúblicas, llegan por advenimiento, dijo Antonio García-Trevijano, es decir, arriban como el Papa o el Rey, según una liturgia no programada, de forma espontánea. Ocupan los vacíos que dejan en el Estado los reyes.

Ahora el vacío no lo ha hecho el Rey, sino los nacionalistas, apoyados por sus turbas de choque. Por ahora es una diversión, una movida, una fogata organizada con precisión desde el ala radical de ERC. A la basca le suele gustar mucho la guillotina y los incendios. El último rey, Alfonso XIII, cayó como el que tropieza; también entonces el castillo de fuegos artificiales enganchó a los jóvenes airados. «En pleno terror» -escribió Pla- «la gente oía el golpe seco de la cuchilla como quien oye llover».

El onanismo de los catalanes y la impaciencia de los nacionalistas vascos encandilarán el fuego, pero este país no se parece en nada a aquél en el que Alfonso XIII cogió la pluma clavada en el tintero de plata y con su letra grande y picuda para redactar su última proclama.

© Mundinteractivos, S.A.

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