Blogoteca: 'Maleni', por Carmen Rigalt, El Mundo

sábado, 27 de octubre de 2007

'Maleni', por Carmen Rigalt, El Mundo


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Las cosas, como son: cada vez que truena Maleni nos imaginamos al oso Cascos convertido en Santa Bárbara. Alvarez Cascos sería un borde (que lo era) y un atrabiliario (que también) y su mamoneo político tenía un sello inconfundiblemente franquista. Además, deterioró su imagen con asuntos de entrepierna y quiso controlar los medios de comunicación. Pero la nueva titular de Fomento lo ha hecho santo.

Maleni mea fuera de tiesto, es arrebatada y hosca, ineficaz, pendenciera, cultiva la soberbia sociata y se ha convertido en el grano purulento del Gobierno ZP. Maleni es demasiada Maleni. Llegó a Madrid con una tarjeta de recomendación de Chaves, lo que, según dicen, era una estrategia para quitársela de encima. Había comprometido su aureola de consejera económica en la unificación de las cajas andaluzas, un asunto con el que encabronó a todo el mundo.

Maleni Alvarez sabía mucho de números, pero carecía de habilidad política y se llevaba mal con la prensa. Fue precisamente la prensa la que la bautizó con los apelativos de dama de queroseno y lady Aviaco. Lo primero, por sus modales incendiarios (cada vez que hablaba, saltaban chispas). Lo segundo, porque siendo consejera de Aviaco pidió 444 billetes de avión (gratis total) para su uso y disfrute. Pese al esfuerzo de algunos equipos de investigación, no llegó a descubrirse la razón de aquella estrambótica cifra. Quién sabe: a lo mejor Maleni ampara sus secretos en la cabalística.

A Maleni Alvarez le hicieron ministra y, lejos de atemperar su arrogancia, se puso más chula. Pero las condiciones habían cambiado y su desvergüenza ya no colaba. Aquella laringitis crónica que a otra ministra le hubiera valido el calificativo de sugerente, a ella le convirtió en un personaje bastorro que no cuadraba ni en el repertorio de Los Morancos. Desde el principio usó su cartera impúdicamente: inauguraba a golpe de helicóptero, fundía colaboradores por un tubo y seguía provocando conflictos cada vez que abría el pico. Con todo, eso no era lo peor. Día a día se labraba fama de mala ministra. Sabría un huevo de números, pero las carreteras y los trenes le quedaban grandes.

En pleno conflicto catalán, muchos piden a gritos la dimisión de Maleni. Pues no. A Maleni no hay que sustituirla. Y no sólo porque estamos fuera de agenda (menudo marrón para el agraciado) sino porque ningún ministro puede arreglar un entuerto de semejantes proporciones. El problema de los trenes catalanes exige, de momento, un gabinete de crisis para salir del atolladero. Y de ahí para arriba.

Mandar a Maleni a casa sería un regalo. Que vaya a Barcelona a hacer los deberes. Que se cosa la boca y preste atención al comportamiento de los maltratados usuarios (eso sí es educación para la ciudadanía). Que coja un pico y una pala. O que se calce un casco y se ponga a dirigir una cuadrilla.

© Mundinteractivos, S.A.

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