Blogoteca: Jiménez Losantos, por Martín Prieto (El Mundo)

jueves, 25 de octubre de 2007

Jiménez Losantos, por Martín Prieto (El Mundo)


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Lo más llamativo del nuevo maquillaje de El País es la transmutación de Ernesto Ekaizer en cronista de almuerzos reales con Jiménez Losantos como piedra de escándalo. Es muy saludable que el Rey se cabree mientras no lleve a los hechos sus palabras. El Rey representa El Rey que rabió. Losantos no se desayuna cada mañana pidiendo la abdicación del Monarca; lo ha hecho unas pocas veces, en años y con algún circunloquio. No invita a sus oyentes a tomar la Bastilla, pero como siempre dice lo que piensa a veces no piensa lo que dice, porque para la abdicación no es el tiempo, ni hay ganas, ni sería el Príncipe la mejor solución para los problemas que nos afligen. Empero cualquier ciudadano está en su derecho de pedir la abdicación de Don Juan Carlos y hasta de fundar un partido abdicatorio con ese único fin.

La Cope no molestaba cuando sus emisoras desconexionadas rezaban el Ave María o daban charlas pías. La actual Cope es la segunda cadena de radio pese a sus mermados medios de transmisión, y sus enemigos la comparan con la hiperpolitizada Radio María, bastión de la derecha polaca. Las jaurías que persiguen a Losantos no van por sus huesos informativos sino por la Conferencia Episcopal. Expulsado Losantos a las tinieblas exteriores le seguirían Ignacio Villa, jefe de los Informativos, y César Vidal, conductor de La Linterna. Tres patas del mismo banco cuya ausencia dejaría la Cope gravemente quebrantada. Si tales sucesos se produjeran, tras el almuerzo real, bien podría repetirse aquello de que el impulso fue soberano. Si el Rey cree en la libertad de expresión no debe usar un almuerzo institucional para borbonear a nadie.

Empezamos por el lavado de fachada de El País que ve cómo le roen los calcañares. En sus tiempos fundacionales había un subdirector que lo primero que leía era la mancheta, por si había mudado su posición en la empresa. Hoy la mancheta ha adelgazado tanto, ha quedado tan jerarquizada, que no merece la pena consultarla. Tras mucho esperar a Forges le llegó su hora en la página noble, y el gran Máximo está ausente en las manos de Dios. El diseño original era del alemán Reinhard Gad con muchas barbas, muy serio, sin concesiones, casi prusiano. El blanco y negro era una opción, no una necesidad. La tilde de país se suprimió para dar limpieza a la cabecera y ahora aparece en azul manchando demasiado.

El subtítulo Diario independiente de la mañana, que tantas bromas produjo, cambia por El periódico global en español sin que se sepa bien si alude a la globalización o al globo terráqueo. El auténtico «cambio» del periódico lo simbolizó Jesús de Polanco en su última comparecencia pública anunciando el despido de Hermann Tertsch por su antizapaterismo. La alegre «independencia» del diario duró los tres primeros años, los suficientes para que empezara a ganar dinero y Polanco a urdir negocios fraternales con el partido socialista.

© Mundinteractivos, S.A.

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