Blogoteca: Extraños en un tren, por Martín Prieto (El Mundo)

lunes, 29 de octubre de 2007

Extraños en un tren, por Martín Prieto (El Mundo)

BAJO EL VOLCAN

A Cataluña parece haberla mirado Zapatero, aunque tenga dos ojos, y a los desastres de un AVE que no hay que soterrarlo porque avanza a través de los socavones se suma el circo mediático-sociológico-judicial del veinteañero perdido agrediendo a una menor ecuatoriana. ¿Racismo? Sí, pero la chica es blanca, de piel menos atezada que el vándalo que desde el paro lo ve todo xenófobo. Las televisoras han hecho su negocio morboso repitiendo ad nauseam el incidente en programas sensacionalistas y de corazón, mezclando los romances con una paliza y pagando mil euros por entrevista al agresor, crecido por la fama y el desmayo judicial que le deja en libertad sin fianza. Creerá que ésta ha sido su mejor hazaña.

Aduce el barbián que estaba borracho «...y punto». No parece de equilibrio inestable en el vídeo de seguridad del tren, y el valeroso cascador de niñas desconoce los matices del don de la ebriedad. El melancólico llora borracho, como el nostálgico, el afectuoso besa a todo el mundo; el generoso limosnea su dinero, y el asesino mata. El alcohol es un sacacorchos que te desinhibe y saca a la superficie lo más profundo de ti. Si el truhán hubiera estado ebrio habría matado a la chica porque su naturaleza parece la del escorpión. Además es dudosa su palabra disculpatoria porque no dio tiempo a hacerle la prueba de alcoholemia.

Analfabeto funcional en español y catalán, este orillero debería ser encerrado, no sé si seis meses o seis años, en un centro psiquiátrico penitenciario por ver si se encuentra a sí mismo.

Lo que no puede hacer es vivir en sociedad, al margen del examen forense de la víctima que, milagrosamente, no presenta lesiones, lo que devalúa el caso. Y es que este hotentote tiene que arrastrar problemas mentales que le llevan a aterrorizar a los indefensos, y por menos que eso se ha inhabilitado o internado a más de un ciudadano. Familia desestructurada, fracaso escolar, un solo trabajo como limpiador, desempleo, marginación, pandilla y violencia latente. Sus vecinos, que son sabios, le llaman «locati».

La justicia catalana, espejo de disparates, no sabe qué hacer y de alguna manera se está lavando las manos dejando al bárbaro en libertad sin fianza con unos cargos que se diluirán en el espacio y en el tiempo, que serán superados por otros méritos contraídos por el asocial. Yo me siento seguro y confiado viajando en tren con el encarcelado Julián Muñoz, por mal nombre El Pantojo, que con el loco de las patadas en la cara. Los Latin Kings quieren ir a por él, otros que tal. West side story en las barriadas del lumpen. Del cero para todos sólo se salva la chica.

© Mundinteractivos, S.A.

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